Desaire internacional
Pocos gobernadores pueden decir que tienen exposición internacional, pero uno de ellos es el de Zacatecas, David Monreal, aunque no precisamente por una buena razón. Resulta que el mandatario desairó a un grupo de líderes migrantes zacatecanos en el sur de California, quienes invitaron al mandatario a su evento anual. Pues el gobernador no asistió, lo que, ciertamente podría entenderse si por agenda se le complicara, pero lo que lo deja muy mal es que, no solo no asistió, sino que ni siquiera se dignó a notificar si asistiría o no; bueno, parece que ni les contestó. Más de cuatro años de gobierno y sigue ninguneando a una comunidad que es más que relevante para la entidad. Ni como ayudar a David Monreal. (Redes de Poder, Reporte Índigo, Reporte, p. 3)
Las elecciones del martes pasado en Estados Unidos han alterado el equilibrio de poder. Las lecciones son muchas. La primera es la conclusión inevitable de que el trumpismo se ha excedido en su regreso a la presidencia. El asalto contra las instituciones democráticas, la crueldad sistemática hacia diversos grupos y la obstinación con la política arancelaria punitiva le han valido al presidente de Estados Unidos una contundente reprobación. No hay coalición electoral que sobreviva a un gobierno inepto y cruel.
La segunda conclusión tiene que ver con el Partido Demócrata. Muchos habían decretado ya su inviabilidad. Era —y es— una demostración de ignorancia y miopía, no solo porque la política es cíclica (siempre y cuando existan condiciones democráticas mínimas), sino porque el partido de oposición en Estados Unidos cuenta con recursos y figuras suficientes para competir. El problema central de los demócratas era, eso sí, la falta de un mensaje coherente. Aquí también, Trump les ha hecho un favor a sus adversarios.
El costo de la vida ha subido a tal grado en Estados Unidos que los demócratas se han unificado alrededor de la noción de asequibilidad. Ya sea desde la vertiente socialista que representa el nuevo alcalde de Nueva York o, de manera mucho más significativa y numerosa, desde las distintas voces centristas del partido, la urgencia por encontrar políticas públicas que hagan la vida más asequible le ha dado nueva vida al Partido Demócrata.
La última gran lección —y esta es claramente digna de celebrarse— es la reacción del voto hispano. Después de 2024, cuando Donald Trump obtuvo un porcentaje histórico del voto latino (aunque no mayoritario, conviene aclararlo una vez más), no faltaron las voces que anunciaban un parteaguas hispano en favor del Partido Republicano. Algunos incluso sugirieron que, gracias a Trump, el electorado se encontraba a las puertas de un realineamiento racial y cultural.
Fue un muy mal pronóstico.
En las elecciones de la semana pasada, los latinos registraron porcentajes de votación notables a favor de los candidatos demócratas. No debería ser ninguna sorpresa. Los hispanos reaccionan naturalmente con la misma indignación ante el alto costo de la vida (en parte por eso castigaron a los demócratas en 2024). Se están comportando cada vez más como votantes estadounidenses, no únicamente como votantes latinos. Pero en esta ocasión hay otro factor que lo cambia todo.
La crueldad de Donald Trump y la complicidad aberrante de los legisladores republicanos en la persecución de la población inmigrante han colocado al gobierno en el sitio moral que le corresponde. Durante meses, los hispanos han sido testigos de cientos de imágenes, videos e historias de sus vecinos, colegas o familiares abusados, maltratados y expulsados sin miramientos del país. Esta campaña de terror ha provocado que los jóvenes hispanos —hijos o nietos de inmigrantes— salgan a las calles a defender a sus familias. Era cuestión de tiempo para que también salieran a las urnas.
Si Trump insiste, como parece que lo hará, en esta política de abuso y fractura de familias inmigrantes, el Partido Republicano podría enfrentar no solo la pérdida del apoyo que había cosechado en 2024, sino algo mucho más peligroso: una consolidación del voto latino en torno al Partido Demócrata. Y no se trata de que los demócratas lo merezcan. Durante años, en efecto, han dado por sentado el apoyo de los hispanos. Pero entre un partido que da por hecho tu respaldo y otro que encabeza una campaña de terror y persecución contra tus vecinos y familiares —a quienes agrede, persigue y repudia de manera cotidiana—, el destino del voto es evidente.
Los hispanos parecen haberle dicho a Donald Trump, y a todos aquellos que lo impulsaron a regresar a la Casa Blanca a sabiendas de que desataría esta persecución salvaje, que la crueldad no será tolerada. Cuesta trabajo pensar en una mejor noticia. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A9)
El terremoto político de la semana fue la confirmación, porque se veía venir, de que el señor Zohran Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York con una mayoría muy seria. El crecimiento electoral del señor Mamdani, no parece ser sorpresa para quienes entienden la política local en Nueva York. El nuevo alcalde tenía mucha experiencia electoral en Nueva York y un olfato pertinaz para entender cuál era el tema de campaña y dónde se tenía que hacer esa campaña. Eso, aunado a su carisma, lo hicieron un buen candidato, y ganó.
Todo proceso y resultado electoral es un cúmulo de cosas, algunas lógicas, algunas no. Vamos a tratar de resumir algunas de las que he escuchado de gente que es experta en el ecosistema neoyorquino.
La primera es que la competencia del señor Mamdani fue deplorable; los populismos de aquí, allá y acullá ganan por el hartazgo general al estereotipo del político normal. El exgobernador Cuomo, que era la otra opción “real”, es el más de lo mismo que el establishment pudo anotar como opción al señor Mamdani, un político cansado y desgastado que la gente ya no quería ver ni en pintura. Llama la atención la sequía de liderazgos conservadores del mundo del derecho en el epicentro actual de los abogados del mundo.
La segunda es el cambio demográfico neoyorquino. Quien diga que la migración no tiene efectos electorales miente, y quien diga que esos efectos electorales no son resultado del perfil de migrante miente más. Nueva York ha pasado de 90% de gente blanca en 1950 a sólo 31% en 2024. Aunque las élites blancas de las costas de Estados Unidos han sido más proclives a votar por los demócratas, no está claro que un candidato tan extremista como el señor Mamdani, guardando las proporciones de la época, hubiera ganado con una composición demográfica como la de 1950. Esto nutre la idea conspiratoria de que la política de migración europea empujada por los partidos progresistas tiene como objetivo garantizar que la “izquierda” tenga siempre votantes para subsistir.
La tercera, la inaccesibilidad económica de Nueva York para jóvenes y migrantes. Nueva York es invivible, los jóvenes que terminan una carrera profesional, que antes garantizaba un ingreso con el que se podría vivir, ya no les alcanza para hacerlo. Esto no es un fenómeno único de Nueva York, también pasa en Europa y pronto en México. La falta de vivienda accesible es un problema autogenerado por los gobiernos para crear una confrontación que genere campo fértil a ideas como las del señor Mamdani (o Susana Díaz en España o los Batres aquí) de congelar rentas, expropiar casas, proteger okupas, que generan el incentivo contrario a lo que se tiene que hacer. Mientras más vivienda se construya, mayor oferta y baja el precio.
La vivienda y su inaccesibilidad fue el asunto de campaña del señor Mamdani, junto con otros económicos y su promesa de dar cosas gratuitas a la gente, hizo eco en la juventud, en las “minorías” y en las feministas. Para ello el señor Mamdani tendrá que generar ahorros de otros sitios, como la policía de Nueva York, que él considera que recibe demasiado.
Hay quienes dicen, que hay que dejar, en lugares controlados y, de vez en cuando, que un comunista llegue al poder, para poder demostrar a las generaciones nuevas lo que ya ha sucedido cientos de veces en países y territorios; el socialismo/comunismo no funciona.
Para mí sí es un tema porque el set de principios morales de personas de este perfil es completamente distinto y es por ello que uno observa la destrucción de las mismas instituciones que defendían, cuando les servían. Por lo que pienso que no hay ambiente controlado que sirva para ello. Mi preocupación máxima, es que han logrado un perfeccionamiento de la narrativa con la que es difícil competir. Si esto pasa en Europa y Nueva York, donde uno presume mayor educación, ya podemos explicarnos lo que pasa en lugares como México.
El destino es el fracaso, pero nadie lo cree hasta que pasa. Urgen barreras de entrada en la democracia, llevo tiempo diciéndolo. (Luis F Lozano Olivares, Excélsior, Nacional, p. 19)
México requiere abrir sus brazos al mundo y diversificar sus relaciones comerciales, decíamos en nuestra colaboración anterior, pero eso no significa restar importancia al principal instrumento internacional de nuestro país, el T-MEC, un acuerdo comercial con muchos bemoles y contrahechuras de origen, pero un esquema que ha resultado de suma positiva para las tres partes, pues los tres países, México, Estados Unidos y Canadá, en distinto grado, han salido ganando.
Las frías cifras, no las apreciaciones subjetivas, así lo revelan: al amparo del TLC, hoy T-MEC, el comercio entre Mé-xico y sus dos socios comerciales ha cre-cido de manera exponencial durante los pasados 31 años. De 1994 a la fecha el volumen de comercialización entre nues-tro país y Estados Unidos pasó de 82 mil millones de dólares a 840 mil millones, un incremento de más de 1000 por ciento. Las exportaciones mexicanas a Estados Unidos fueron de 506 mil millones de dólares, 6 por ciento más que en 2023, mientras las importaciones estadunidenses de México sumaron 334 mil millones de dólares, un aumento de 3 por ciento. Para Estados Unidos, el intercambio con México representó 15.8 por ciento de su comercio total en 2024, superando a Canadá y a China.
Mientras el intercambio de bienes y servicios entre México y Canadá ha aumentado más de 800 por ciento desde 1994. En 2024, el comercio bilateral entre nuestros países alcanzó casi 56 mil millones de dólares canadienses (CAD). Las exportaciones de México a Canadá ascendieron a 18 mil 856 millones de USD; en tanto que las importaciones mexicanas desde Canadá fueron de 12 mil 263 millones de USD.
El T-MEC es el mayor mercado regio-nal del mundo, pues representa casi 30por ciento de la economía global y más de 20 por ciento de las exportaciones globales. Cubre una zona de libre comer-cio de más de 510 millones de personas y un PIB nominal de alrededor de 30 mil 997 billones de dólares, lo que lo po-ne al frente de otros bloques económicoscomo la Alianza del Pacífico, la ASEAN y la Unión Europea. En 2024 el volumende comercio entre los países de Norteamérica llegó a 1.6 billones de dólares, lo que representa un crecimiento de 1.3 por ciento respecto al año anterior.
En 2024, los sectores vinculados al comercio de bienes –incluidas las industrias manufactureras, el comercio al por mayor, el transporte y almacenamiento, así como los servicios financieros y de seguros– generaron 56.2 millones de empleos (Inegi, US Bureau of Labor Statistics y Statistics Canada). Además, más de 10 millones de empleos dependen directamente de las exportaciones de bienes (Brookings).
El acuerdo comercial, que eliminó gradualmente aranceles sobre la ma-yoría de productos, trajo consigo impor-tantes oportunidades de inversión, crecimiento, creación de empleos, mayor competitividad y desarrollo de sectores de la economía con vocación exportadora.
Es importante tenerlo presente porque una vez que termine la revisión bilateral preliminar de Estados Unidos y Canadá iniciarán las consultas previas trilaterales, este mismo mes, rumbo a la negociación formal, y hay sectores proteccionistas que no han dimensionado los beneficios de este tratado comercial. Hay sectores que, por ejemplo, en su xenofobia antinmigrante afirman que el T-MEC ha cerrado fuentes de empleo en la industria manufacturera de algunas regiones de Estados Unidos, cuando es la inteligencia artificial la que está modificando los procesos laborales en todo el mundo.
Al contrario de estas versiones, la única manera de que Estados Unidos se mantenga como la primera economía del mundo, en volumen y dinamismo, es que se refuercen los lazos y se eficienten las cadenas de producción entre las tres economías, para ganar competitividad frente a otros bloques económicos, especialmente frente a China, la principal amenaza exógena a la supremacía estadunidense.
Por eso, es preciso que todas las par-tes se sumen a una negociación eficaz que preserve al T-MEC, como ya lo han sugerido más de 200 directivos de las principales empresas estadunidenses, pues de ello depende mantener las cadenas de valor y la competitividad internacional de sus firmas corporativas, entre ellas, Walmart, General Motors, Ford Motors, PepsiCo, Pfizer y otras conoperaciones significativas en México y Canadá, quienes se benefician del entorno comercial estable que proporciona el tratado trilateral. Estas empresas han solicitado formalmente al gobierno estadunidense, también, que se eliminen ya los aranceles impuestos este año a México y Canadá.
El T-MEC, lo hemos dicho siempre, es un tópico de claroscuros para México. No podemos dejar de mencionar, como uno de sus grandes pasivos y distorsiones, el hecho de que no tiene ninguna cláusula que contemple, a diferencia de otros bloques económicos con la Unión Europea, el libre tránsito de las personas, o cuando menos que contemple facilidades migratorias para una estancia temporal estable, cierta y digna para los productivos trabajadores mexicanos que, con su esfuerzo y talento, han construido los cimientos de la mayor economía del mundo, sobre todo en estados como California, Texas y Florida, con un PIB que excede el de varios países europeos.
Sin embargo, es mucho más lo que pueden ganar los tres países, que lo quedejarían en el camino. Con defensa de lasoberanía y apertura a las nuevas realidades, el T-MEC debe seguir apuntalando las economías de México, Estados Unidos y Canadá. (José Murat, La Jornada, Política, p. 18)
WASHINGTON, DC – Como muchos esperaban, la Reserva Federal de los Estados Unidos bajó 25 puntos básicos (a 4‑4.25%) la tasa de referencia. Una ligera mayoría del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por la sigla en inglés) a cargo de la decisión prevé nuevos recortes en las reuniones de octubre y diciembre; y se prevé que la flexibilización monetaria continuará en 2026. Pero la Fed ha optado por una política demasiado laxa y corre riesgo de tener que volver a subir las tasas el año que viene.
El argumento en favor de iniciar un ciclo de flexibilización monetaria en septiembre se basó en tres apreciaciones. En primer lugar, que el deterioro de la mejora en la creación de empleo (la economía estadounidense creó una media de solo 29,000 puestos de trabajo netos al mes, y el empleo se contrajo en junio) es un fuerte indicio de debilitamiento del mercado laboral. En segundo lugar, que la inflación subyacente va camino de regresar a la meta de la Fed, aunque en forma gradual. Y en tercer lugar, que hay una distancia considerable entre la tasa de referencia de la Fed y el tipo de interés en el cual la Fed ya no estaría frenando el crecimiento económico. Según la Fed, este tipo neutral se sitúa en el 3 por ciento.
Pero la Fed se equivoca en los tres ítems.
Las cifras de empleo son difíciles de interpretar, como resultado de cambios súbitos en las pautas de inmigración. Es probable que la creación neta de empleo necesaria para seguir el ritmo de crecimiento de la población sea menos de 50,000 puestos al mes. Incluso es concebible que futuros cambios en los flujos migratorios netos lleven el nivel neutral de creación mensual de empleo a territorio negativo: puede ocurrir que para que el mercado laboral se mantenga a la par de los cambios demográficos, haya que reducir puestos de trabajo.
La mejor medida de rigidez del mercado laboral suele ser la tasa de desempleo (un cociente que tiene en cuenta los cambios migratorios tanto en el numerador como en el denominador); y adquiere importancia adicional hoy que esos cambios dificultan la interpretación de las estadísticas de empleo. La tasa de desempleo en agosto fue 4.3%, una cifra bastante baja que sólo ha crecido diez puntos básicos en el último año.
Los salarios cuentan la misma historia que la tasa de desempleo: muestran un crecimiento firme, que se va enfriando lentamente, e indica que las estadísticas de empleo nos dicen más sobre la oferta de trabajadores que sobre la demanda por parte de las empresas.
Un deterioro notable del mercado laboral como el que insinúa la Fed sería muy difícil sin un aumento de la cantidad de despidos. Pero durante el último año, la cifra se mantuvo estable (alrededor de 1.8 millones de despidos al mes, más o menos el mismo nivel que en 2019, con un mercado laboral caliente).
En cuanto a la inflación subyacente, estoy más preocupado de lo que parece estar la Fed. Aunque durante 2021 la Fed demoró reconocer la amenaza inflacionaria, su decidida respuesta en 2022 llevó a que la inflación subyacente empezara a reducirse en la segunda mitad del año. La inflación núcleo, medida por el deflactor del gasto en consumo personal (GCP), se redujo unos tres puntos porcentuales entre la primera mitad de 2022 y la primera mitad del 2024.
Pero en el último año, la inflación núcleo de GCP no mejoró, ya que entre abril de 2024 y abril del 2025 cayó solo 28 puntos básicos. Y lo más inquietante es que después de eso aumentó, llegando a 2.9% en julio, muy por encima del objetivo de la Fed y yendo en la dirección equivocada.
Puede que esta aceleración de la inflación subyacente obedezca a subidas de precios por única vez como resultado de los nuevos aranceles. Pero el gasto en consumo (principal motor de la demanda agregada) se mantiene firme. Los datos de ventas minoristas de agosto sorprendieron a los analistas (que esperaban cifras menores) con un fuerte incremento interanual del 5 por ciento.
Esta fortaleza se refleja en los pronósticos a muy corto plazo. Los economistas de Goldman Sachs están previendo un crecimiento anualizado de la economía del 2.5% este año, y los cálculos de la Reserva Federal de Atlanta apuntan a un 3.3% en el trimestre actual. Las dos estimaciones superan el potencial subyacente sostenible de la economía, lo que implica presión alcista sobre los precios.
A juzgar por el mercado laboral, la inflación de precios, el gasto en consumo y la actividad económica general, no parece que una tasa de referencia del 4.4% haya puesto un freno significativo a consumidores y empresas. El cálculo que hace la Fed del tipo neutral está equivocado. La tasa de referencia necesaria para que la Fed ponga freno a la demanda parece ser superior al 4%. Pero la Fed tiene intención de bajarla a 3.6% este año, con un recorte adicional en 2026. Es probable que esto genere escasez de mano de obra en un mercado laboral que ya está tenso, y puede provocar una aceleración de la inflación. En tal caso, la Fed habrá bajado los tipos este año sólo para tener que volver a subirlos en 2026.
Si a esto se le añaden las continuas amenazas del presidente Donald Trump a la independencia política de la Fed, la situación se torna todavía más preocupante. Un miembro del FOMC prevé cinco bajadas adicionales antes de que termine 2025, lo que situaría la tasa de referencia por debajo de 3%. Si algunos de sus colegas tienen ideas similares, es posible que la presión inflacionaria crezca todavía más y aumente la probabilidad de que la Fed tenga que subir los tipos el año que viene.
A veces los generales pierden la guerra actual porque están peleando la guerra anterior. Y en el caso de la Fed, parece que está mirando dos guerras atrás, a la debilidad del mercado laboral que siguió a la crisis financiera de 2008 y el bajo tipo de interés neutral de aquellos años. Pero la economía actual es muy diferente, y la Fed todavía no ganó la guerra más reciente contra el regreso de la inflación. (Michael R. Strain / Project Syndicate, El Economista, Finanzas Globales, p. 47)