Opinión Migración 131125

Duda Razonable / El costo de que todo sea Palacio Nacional

Más allá de que, como traté de contar ayer, no hay mucho que hacer con los políticos y quienes gobiernan Michoacán, es cierto también que la apropiación del conflicto y su solución de parte de la Presidenta tiene costos. Hay un cambio en la manera de gobernar y de comunicar ese gobierno entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador.

Es cierto que la figura del ex presidente parecía abarcarlo todo por sus maneras, su historia y sus dichos. Pero también es cierto que en muchos conflictos prefería hacerse a un lado, hablar de otras cosas, cuidando que el costo político de esas cosas no lo afectara. Siempre había otro que “era el culpable” o, en los casos en que no había cómo, que otro dentro del “movimiento” lo resolviera y en silencio.

No se habló mucho, creo que nada, de centros de migrantes después del trágico incendio que dejó muertos a decenas de ocupantes de aquel terrible lugar. Como poco se habló del fracaso del culiacanazo o la masacre de la familia Le Barón o la explosión de Tlahuelilpan. No hubo frente a esos asuntos grandes planes anunciados en Palacio Nacional con todo el gabinete.

La presidenta Sheinbaum tiene otro estilo de gobernar, administrar y comunicar, qué duda cabe. Lo dicen sus biógrafos y sus cercanos, su manera de involucrarse en cada detalle, en decidirlo casi todo. El problema es cuando eso se hace público o tan público.

Escribí ayer que los políticos michoacanos —seré generoso— no sirven para mucho; se entiende que la figura presidencial esté en el centro, pero hay consecuencias.

Cómo olvidar aquella foto de Calderón con los militares y haciéndose el militar. O qué tal Peña Nieto, que ante la crisis michoacana decidió mandar a un hombre muy cercano a él desde que era gobernador de Estado de México a una especie de virreinato, controlado desde Los Pinos, efectuando el plan de Los Pinos, que tampoco funcionó. Aquello de Michoacán no marcó a Peña como a Calderón, porque Ayotzinapa. Al final de aquel sexenio, los asesores cercanos a Peña se lamentaron siempre de haber atraído el tema, de hacerlo un asunto federal que terminó con aquello de que “fue el Estado”. Irremediablemente eso pasa.

No es que esté mal que un presidente o una presidenta asuman responsabilidad. Pero tiene costos políticos. Tendría, por supuesto, también beneficios de lograrse algo.

Pero si uno voltea a ver la historia de Michoacán, el último cuarto de siglo y los planes y esfuerzos hechos… pues no apostaría mucho. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)

Apuntes incómodos / Michoacán. El espejo mexicano

Los planes tienen puntos, las estrategias piensan en conceptos que involucran las consecuencias directas e indirectas de las acciones. Ven el problema completo. Después de Uruapan, casi como si este fuese una excepción a la realidad de centenares de municipios en el país, volvemos a hablar de puntos de inflexión que nunca llegan.

La movilización de tropas es muletilla en las políticas de seguridad, en buena medida, gracias a la tranquilidad que, fuera de las zonas de conflicto —eso son Culiacán o Uruapan— proporcionan los efectismos frente a las naturalezas estructurales. Dentro de aquellas regiones la tendencia es más violencia.

La atención a la violencia cambia de localidades, volteamos a Michoacán, después al Estado de México. Unos meses a Chiapas o a Guerrero. Sinaloa sigue ahí. Y en ese traslado de inquietudes fingimos conjugar en pasado lo que simplemente se traslada.

¿Cuántos planes caben en la ausencia de estrategia? Sumamos decenas, como a cada ocasión cuando la violencia se escapa de las capacidades digestivas. Su acumulación no implica mayor dimensión en el entendimiento para solucionar las condiciones de inhabitabilidad mexicanas.

Son demasiados años desde que este país hizo de la nota roja su materia de Estado. Aquel margen dedicado al exceso y a la singularidad, es un gran objeto nacional del trabajo académico y editorial por encima de lo tradicionalmente político, porque criminalidad y política son la raíz conjunta de la pesadilla estructural.

El distanciamiento de las preocupaciones regulares para tratar en su lugar a la violencia, con sus formas y extraña adecuación a nuestras costumbres, es el gran símbolo de una ruta que trazamos con entusiasmo destructivo.

Si lo que tuviésemos fuese una estrategia para contener la violencia y atender sus efectos, estaríamos obligados a pensar en el desplazamiento forzado al que están sometidas las comunidades víctimas de los infinitos puntos de inflexión que evocamos. Y esa estrategia, que no existe, contemplaría qué sucede con los migrantes que van huyendo del horror para encontrarse con el miedo cotidiano al norte de la frontera. La consecuencia indirecta que no figura realmente en un plan que no es más que eso. (Maruan Soto Antaki, Milenio, Al Cierre, p. 43)

El triunfo de un migrante

La noche del martes 4 de noviembre la ciudad de Nueva York retumbó con el triunfo del demócrata Zohran Mamdani. Con 50.4 por ciento de los votos, superó a su adversario más cercano, Andrew Cuomo, por lo que a partir del primero de enero de 2026 Mamdani será primer alcalde musulmán de una de las ciudades más poderosas del mundo. De origen ugandés y perteneciente a una clase privilegiada, Mamdani, de 34 años, ganó porque su campaña se dedicó a hacer lo que los políticos casi no hacen: escuchar los reclamos más sentidos de las comunidades.

Para las que vivimos en esta ciudad, nuestras quejas son las mismas: el alza de las rentas de los departamentos, lo caro que es comprar la canasta básica y lo difícil que es que cuiden a tus hijos mientras se trabaja en esta urbe de hierro. Tanto en inglés como en español, sus mensajes iban dirigidos a la gente común, como usted o como yo, que todos los días usamos el transporte público, pagamos servicios y, sobre todo, estamos bajo el yugo de la actual administración, que insiste en perseguir a las comunidades con base en un perfilamiento racial –tengas o no documentos–, mientras estamos en Estados Unidos.

Unos días después de las elecciones históricas que favorecieron a las y los demócratas, pareciera que existe una pizca de esperanza entre la comunidad migrante de que todo estará bien, después de tanta persecución. Esta administración de Donald Trump ha sido peligrosa para todas las nacionalidades, pero para las y los mexicanos ha sido brutal. La retórica antimigrante y la criminalización se han concentrado en nosotros; ejemplo de esto es la cifra que da el ICE de 49 mil 341 personas mexicanas detenidas de enero a julio, muy por arriba de Guatemala, Honduras, Venezuela y El Salvador.

En este maremoto de emoción el triunfo de Zohran parece lógico. La crisis que se vive en Estados Unidos hizo que sectores que usualmente no se involucran en la política salieran a exigir un cambio. Zohran ganó cuatro de los cinco condados de Nueva York; ganó 33 por ciento del voto judío, obtuvo el voto joven, el las diásporas africana, latina y asiática, así como el de la población universitaria.

Contrario a lo que ocurrió con la población blanca mayor de 60 años y en el condado de Staten Island – una de las zonas más privilegiadas de Nueva York–, donde ganó Andrew Cuomo. La gran pregunta es qué espera la comunidad migrante indocumentada ante el triunfo de Zohran. La respuesta es clara: justicia. Al cuestionar a Emiliano, del pueblo zapoteco, sobre qué opina del triunfo del próximo alcalde, menciona: “Ojalá detenga todo esto que estamos viviendo con la migración”.

A pesar de que nadie está seguro de lo que pasará en los próximos meses, algunos expertos mencionan que con la victoria de Zohran se tendrá que esperar una mayor presencia del ICE en las calles, así como una potencial llegada de la Guardia Nacional, como ocurrió en Washington, Los Ángeles o Chicago. Lo único cierto es que el triunfo de Zohran nos da esperanza, esa que ya parecía perdida por todas las atrocidades que hemos atestiguado en estos meses.

De madres y padres arrestados frente a sus hijos, de mujeres arrojadas contra el piso por migración sólo por clamar misericordia, de hombres de la construcción manteniéndose por horas en los techos para evitar ser capturados, de gente caminando por la calle que es detenida sin razón alguna, y así podemos seguir por horas mencionando los atropellos a los que nos hemos enfrentado. Por esa razones y muchas otras Zohran ganó; no importó que se nombrara comunista o que sea musulmán. Lo que sí es relevante es que la sociedad estadunidense está dolida, sobre todo la comunidad latina, que ha sido muy golpeada.

Ha sido una gran traición la persecución que se está viviendo, pues después de ser el motor de esta economía, ahora somos perseguidos. Ya no vale ser los que todas las noches limpian los grandes edificios de Wall Street, el cocinero que trabaja en la zona exclusiva de Soho, el repartidor de comida que ayudó tanto durante el covid-19 o el conserje de los departamentos del Upper East Side que todos los días amablemente saludan.

Ahora ya nada importa, pues somos el epicentro del odio de esta administración, a la cual le interesa hablar por horas contra los inmigrantes que tratar de arreglar la economía estadunidense, que se cae a pedazos. Por estas razones era inevitable la victoria de Zohran, que abre la esperanza para que en las próximas elecciones se haga justicia y, mientras eso llega, desde las comunidades celebramos la victoria de un migrante en Nueva York. (Fabiola Mancilla Castillo, La Jornada, Opinión, p. 21)

La fe y la política

En la exhortación apostólica recién publicada por el primer pontífice de origen estadounidense hay un párrafo que dice: “La experiencia de la migración acompaña la historia del pueblo de Dios. Abraham parte sin saber adónde va; Moisés conduce a un pueblo peregrino por el desierto; María y José huyen con el Niño a Egipto. El mismo Cristo, que <<< (Jn 1,11), vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor, que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha: >>Estaba de paso, y me alojaron<< (Mt 25,35)”.

León XIV es agustino e inició su pontificado en un mundo polarizado, donde se privilegia la ganancia política producto de los populismos. Tanto las izquierdas como las derechas aprovechan los odios y los prejuicios que campean en las sociedades contemporáneas para ganar adeptos.

En estos días, buscar enemigos es el deporte de moda; mientras en Europa aparecen neonazis y neofascistas, en México los seguidores de López Obrador se desgañitan contra españoles, clases medias y ciudadanos con alguna aspiración.

Para sacar raja se vale todo, incluso pasar por arriba de principios, virtudes y los derechos humanos de comunidades.

Para estar a tono de alguno de los polos se traicionan creencias y se hacen malabares para hacer compatibles posturas de antaño con imposturas del presente. “El que pierde la vergüenza no sabe lo que gana” es el grito de guerra de no pocos políticos y de muchos personajes de la fauna nacional.

En varios países occidentales se puso “mala onda” tener un horizonte abierto al respeto al otro. La agenda progresista se volvió poco deseada y avanzaron la intolerancia, el autoritarismo y la represión. (Rubén Moreira, Reporte, Índigo, Reporte, p. 6)

Desde Afuera / Republicanos y Demócratas en reconstrucción

Son tiempos complicados para los dos grandes partidos políticos estadounidenses, en proceso ahora de reorganizarse y prepararse a nuevas batallas electorales, las legislativas de 2026 y las Presidenciales de 2028.

Y sobre todo, como ocurre después de cada período electoral, mantener a sus militantes y crear nuevas coaliciones de votantes. Pero esta vez, después de las brutales derrotas sufridas por los republicanos en las recientes elecciones, cuando perdieron dos gubernaturas y la alcaldía de Nueva York, las cosas parecen distintas.

Los republicanos tienen ventaja en tanto que parecen mejor organizados, pero el problema de un líder dominante, el presidente Donald Trump, que cuenta con un formidable grupo de leales, pero también provoca una animadversión creciente y ya no estará directamente en las boletas de votación, impedido legalmente de buscar una segunda reelección.

“El mayor peligro… reside en la posibilidad de una coalición entre dos fuentes de descontento: los votantes de clase trabajadora, molestos por la falta de acceso a una vivienda asequible, y los votantes de clase media alta, con estudios, indignados por las amenazas a la democracia (los manifestantes del movimiento No Kings/no reyes). La unión de estos dos grupos podría desencadenar una feroz reacción anti-Trump, tal como ocurrió el 4 de noviembre”, consignó el politólogo Bill Schneider.

Además, otros sectores que fueron clave para el triunfo de Trump en 2024 parecieron abandonar a los republicanos: jóvenes entre 18 y 29 años, hispanos y una minoría de afro-estadounidenses.

Los temas centrales para los votantes de Trump –clase media rural y semirural, empresarios, sectores afectados por el libre comercio– fueron economía, seguridad y migración. Pero la percepción de la situación económica no ha mejorado pese a las proclamas del mandatario, la cuestión migratoria ha producido imágenes de abusos desacostumbrados y la aparición de soldados en las calles resulta intranquilizante para muchos.

De acuerdo con Taegan Goddard, un analista demócrata, “la coalición que llevó a Trump al poder hizo colapso”. Por su parte, los demócratas parecen optimistas pero con problemas propios. De entrada, hay una lucha de poder entre moderados y progresistas por el rumbo que debe tomar el partido, aunque unidos por Trump, el enemigo común al que acusan de tratar de reformar el sistema político estadounidense en detrimento de minorías étnicas, sexuales o religiosas, y clases sociales menos favorecidas.

Pero todavía deben restablecer la que fue su coalición de votantes la década pasada: mujeres, minorías, jóvenes, clase media con títulos universitarios.

Y peor aún, deben resolver el choque entre grupos centristas que buscan el diálogo y el compromiso, y nuevos votantes que, al igual que creen que los demócratas, deben ser más combativos y chocar de frente con sus contrapartes republicanas. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)

Cartones

Para presumirlo

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(Magú, La Jornada, Política, p. 4)