Opinión Migración 181125

Ambigüedad estratégica

El engendro avieso terminó de zafarse el velo: era un estorbo inútil. Estados Unidos está decidido a actuar conforme a la imagen de su realidad efectiva: si somos el terror, actuemos en consecuencia. Somos los dueños de Occidente, en primerísimo lugar de la América hasta Tierra de Fuego; tomemos ya, enteramente, lo que es nuestro. ¿Algún mareado narcoterrorista reclama? Lo perseguiremos y lo mataremos, sin resquemores: matar es lo nuestro; sabemos cómo hacerlo. Hemos dicho, porque es así al menos desde John Foster Dulles, que no tenemos amigos, sino intereses. Hemos dicho, porque es así al menos desde Theodore Roosevelt, que nuestra política exterior es el Gran Garrote. Pues ya está, nadie se llame a engaño. Si algún sujeto interno alza la voz, es también un narcoterrorista.

El nombre del Departamento de Defensa era pura hipocresía; llámese, debidamente, Departamento de Guerra. Hemos decidido asumir así, proactivamente, la responsabilidad de coordinar y supervisar todas las agencias y las funciones relacionadas con la seguridad nacional y las fuerzas militares de Estados Unidos: Ejército, Armada, Fuerza Aérea, Fuerza Espacial, Infantería de Marina: el conjunto armado más letal del planeta. Avancemos. Trump anunció que Estados Unidos reanudaría sus “ensayos nucleares”. ¿Objetivo? Prevalecer como superpotencia y engrandecer, vale decir, enriquecer, sin freno, a los de arriba, especialmente a Trump y a los escogidos de MAGA. No hay límite. Queremos Groenlandia y también Canadá, no consentiremos pasos atrás. Tomemos nuestras reservas de petróleo venezolano. El discurso trumpiano se desgañita, pero por ahí algo tiembla. Trump es un gorila, pero también es un fanfarrón maniático.

Desde agosto, Estados Unidos ha desplegado una brutal fuerza militar frente a las costas de Venezuela: buques de guerra, submarinos, aviones de combate y tropas para luchar… ¡contra el narcotráfico! Bájenle. Estados Unidos ha bombardeado presuntas lanchas con drogas y asesinado a decenas de personas, venezolanos y otros latinoamericanos, al margen de toda ley internacional, que es así como opera la violencia del engendro del norte. La ley me vale madres, suele decir JD Vance. Por sí y ante sí, Trump acusa al presidente Nicolás Maduro y a un grupo de altos funcionarios venezolanos de integrar el inexistente Cártel de Los Soles; sólo Trump y MAGA, y seguramente la CIA, saben de tal organización. Su ambición, o su sueño guajiro, es derrocar a Maduro, instaurar un gobierno pelele con Corina Machado o bicho similar, y cargarse el crudo venezolano.

El martes 11 de noviembre, Trump sumó el Gerald R. Ford, el mayor portaviones del mundo, al despliegue militar acumulado en el área gringa Comando Sur. El Gerald R. Ford llegó con 4 mil marines y docenas de aviones tácticos y, dicen los militares gringos, puede “catapultar, lanzar y recuperar simultáneamente aviones de ala fija en su cubierta de vuelo”. Y sigue gastando millones de dólares en amontonar armamentos en el área. Estados Unidos presenta falsamente su intervención como un conflicto entre dos naciones. No hay tal conflicto, Estados Unidos sueña con engullirse Venezuela.

El pasado 7 de noviembre, en el National War College de Washington, ante responsables del ejército y representantes de la industria de las armas, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en un discurso de 30 páginas, anunció su estrategia “para potenciar” el ejército estadunidense. Se trata de eliminar las regulaciones “demasiado pesadas”, y burlar los contratos públicos obligatorios para la adquisición de nuevas armas. “Nuestro objetivo es sencillo. Transformar todo el sistema de adquisiciones para que funcione en tiempos de guerra… Estamos viviendo un momento como el de 1939 o, esperemos, como el de 1981. Un momento de creciente urgencia. Los enemigos se están reuniendo, las amenazas se intensifican… Estamos sentando las bases para un dominio continuo durante las próximas décadas”. Así aúllan las sirenas de Hegseth; le urge bombardear y matar a diestra y siniestra. Y que vengan los businesses.

Los hombres del MAGA alardean: Trump es un “maestro de la ambigüedad estratégica”, dicen. Pues, puede que sirva para el terror sicológico. Mientras, los precios de los alimentos aumentan y el empleo se debilita, así que Trump recula echando atrás diversos aranceles; y una encuesta de YouGov informa que 58 por ciento desaprueba su gestión; su aprobación neta en el tema migratorio es de -7, y en el de la gestión de los precios es de -33 por ciento. Y nada vale tanto para Trump como preservar el gobierno para MAGA en las intermedias del año próximo, y en la siguiente presidencial.

Trump no puede derrocar el gobierno de Maduro sin una invasión de cientos de miles de soldados. Pero una cantidad así es imposible que llegue por mar o por aire; y por Colombia no se puede por ahora. Con los datos señalados, parece que prevalecerá, por lo pronto, la “ambigüedad estratégica”, más que la invasión de Venezuela. Instalado en el fangal de sangre, Trump puede intentar asesinar a Maduro, pero en Venezuela esto no equivale a un cambio de régimen. (José Blanco, La Jornada, Opinión, p. 26)

México-Estados Unidos: narrativas interesadas

En el marco del Encuentro Nacional de Coparmex, Tijuana 2025, tuve la oportunidad de compartir, con empresarios de todo el país, mis puntos de vista sobre la situación que guarda la relación bilateral en un momento crítico para los dos países. La migración, la seguridad, la política exterior y, por supuesto, el comercio siguen generando fricciones y desencuentros, rumbo al futuro proceso de revisión del T-MEC.

A pesar de la restauración de un modelo proteccionista, las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos registraron un crecimiento anual de 6.2 por ciento durante la primera mitad de 2025, al alcanzar un valor total de 264 mil 382 millones de dólares, de acuerdo con cifras oficiales del Buró del Censo estadunidense. Con una participación de 15 por ciento sobre el total de importaciones estadunidenses, México sigue por delante de sus principales competidores comerciales: Canadá y China.

Estas cifras se dan en un entorno complejo para el comercio bilateral, marcado por la construcción de “narrativas interesadas” en debilitar la posición mexicana rumbo a la revisión conjunta que pretende evaluar el funcionamiento del tratado y decidir si se extiende por otros 16 años o si se llevan a cabo revisiones anuales en caso de no llegar a un consenso.

Kenneth Smith, experimentado exnegociador de asuntos comerciales, no pronostica un colapso en revisión, a pesar de existir turbulencia por asuntos que no necesariamente están conectados a nuestros lazos económicos. Es importante recordar que, si alguno de los socios solicita reabrir el texto y los demás lo aceptan, podrían introducirse cambios sustanciales en los términos del acuerdo.

En este contexto, durante los meses por venir, los aspectos técnicos de la negociación podrían verse severamente afectados por temas no comerciales, como la afinidad del gobierno mexicano por las tres dictaduras del continente: Nicaragua, Cuba y Venezuela. La política exterior de México se ha alejado sustancialmente de los valores y principios de la Carta Democrática Interamericana, misma que suscribió en Lima, Perú hace 24 años.

De la mano de una “narrativa” que coloca a México de la mano de Maduro, Díaz-Canel y Ortega, de la descripción de un país violento e inseguro “gobernado por cárteles” y de una reforma judicial que pone en peligro la seguridad jurídica de los inversionistas extranjeros, es previsible que Estados Unidos aproveche la revisión para incrementar la presión por ajustes en capítulos clave del tratado.

La narrativa de un México controlado por intereses criminales se va construyendo día con día con la presentación de historias o relatos que proyectan debilidad y vulnerabilidad extrema. Estas narrativas son utilizadas para formar la percepción pública de un socio comercial renuente a combatir a los criminales o a erradicar las dictaduras del vecindario. (Francisco Guerrero Aguirre, Excélsior, Nacional, p. 10)

Bajo Reserva

Empieza la mudanza en la embajada de EU

A casi un año de que el entonces embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, la dejó inaugurada pero inconclusa, la nueva sede de la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México está lista. Nos comentan que en la actual embajada estadounidense hoy se realiza una subasta para sacar “todo lo viejo” y comenzar a realizar trámites y servicios en el nuevo edificio de la alcaldía Miguel Hidalgo. Nos dicen que el embajador Ronald Johnson, después de varias supervisiones, está listo para despachar en la nueva sede en la que se espera se facilitarán más los trámites y servicios para ciudadanos mexicanos y estadounidenses. (Bajo Reserva, El Universal, A2)

El observador / La peligrosa trampa del volumen en el turismo

El turismo en México luce fuerte en los números, pero pierde valor. Aunque el gobierno celebra crecimientos de dos dígitos en visitantes internacionales, la derrama económica se está encogiendo. Si no se corrige el rumbo, México corre el riesgo de convertirse en un destino de bajo valor agregado.

La semana pasada, la Secretaría de Turismo festejó en un boletín de prensa que llegaron 71 millones de visitantes entre enero y septiembre, un crecimiento de casi 14% respecto del mismo periodo de 2022. Mientras que el ingreso de divisas por el turismo internacional se incrementó 6.2%, a más de 25 mil millones de dólares.

Las cifras agregadas encubren una peligrosa tendencia que advirtió Arena Pública en un artículo el domingo pasado: que las cifras descansan en un modelo de volumen, principalmente de visitantes fronterizos, que hacen ver a México como una potencia turística, aunque la calidad del turismo internacional que llega al país se está debilitando.

Los datos más recientes del INEGI confirman la tendencia. En septiembre ingresaron 7.3 millones de visitantes internacionales, un aumento de 16% anual.

Pero solo 3.2 millones -el 44% del total- fueron turistas que pernoctaron en el país. Y ahí está el foco rojo: ese grupo, el que realmente genera derrama, cayó 3.2% en el último año.

Los turistas que pasan una o más noches en México gastan mucho más que quienes solo cruzan por unas horas, como los excursionistas fronterizos o los visitantes de crucero. Son ellos, no los de paso, quienes sostienen la economía turística.

Para dimensionarlo: en septiembre, un turista que pasó una o más noches en México gastó en promedio 988 dólares. En contraste, un excursionista de crucero desembolsó apenas 81 dólares y un visitante fronterizo, 59 dólares. Más aún, los viajeros que llegan en avión y se hospedan aquí son los que verdaderamente sostienen la derrama turística: gastaron en promedio 1,111 dólares y generaron más del 70% del gasto total de los visitantes internacionales. Esa es la magnitud de su peso en la economía.

Pero mientras el país presume cifras récord, el turismo que realmente importa muestra un tropiezo: los visitantes internacionales que llegan por vía aérea -los de mayor gasto- llevan meses a la baja y en septiembre cayeron 1.7% anual. Entonces surge la pregunta: si los turistas de mayor derrama disminuyen, ¿quién está impulsando el ‘boom’ que celebra la Secretaría de Turismo? La respuesta es contundente. Más del 89% del crecimiento de visitantes internacionales en el último año proviene de los llamados ‘excursionistas fronterizos’.

Su salto de más de 36% anual no solo compensó la caída de los turistas que pernoctan, sino que también ocultó la contracción de 4.0% en el turismo aéreo, precisamente el que más recursos deja en la economía. (Samuel García, El Sol de México, Finanzas, p. 14)