Opinión Migración 101225

Desde el biopoder / Compromiso con los migrantes

Los sacerdotes de la Compañía de Jesús y la Universidad Iberoamericana Puebla mantienen su apoyo hacia los migrantes que salieron de sus lugares de origen en buscan mejores condiciones de vida.

Alejandro Guevara Sanginés, rector de la institución que forma parte del Sistema Universitario Jesuita, aseguró que las investigaciones y acciones a favor de las personas en condiciones de movilidad continuarán a lo largo de 2026.

Al igual que sus antecesores, Mario Patrón, Fernando Fernández Font, en paz descanse, y David Fernández Dávalos, el actual rector de la Ibero Puebla resaltó la importancia de seguir trabajando para apoyar a los llamados “sin nombre”.

De múltiples formas, la población en movilidad sigue siendo asediada por las políticas migratorias y por grupos delictivos que aplican las llamadas políticas de muerte y del desecho.

En medio del panorama de movilidad, Guevara Sanginés destacó que, la Ibero Puebla, consciente del panorama y con una vocación jesuita en favor de las y los demás, impulsa investigaciones, encuentros y acción a favor de los seres humanos.

El rector de la Ibero Puebla resaltó el trabajo que realizan investigadores como Guillermo Yrizar Barbosa, quien impulsa el proyecto Voces Buscadoras, en el que se establece la necesidad de la transdisciplinariedad ante el fenómeno de las desapariciones de personas migrantes en territorio mexicano.

“Tenemos un investigador muy connotado en el tema de migración y, continuamente, estamos organizando foros y participando en foros nacionales, proponiendo políticas públicas”, expresó Guevara Sanginés.

Para la Ibero Puebla, el diálogo con múltiples instancias y sobre todo la sensibilización entre las juventudes, es fundamental para impulsar el respeto hacia todas las personas, sin importar su origen.

Sin duda que como lo impulsa la institución poblana, el respeto a los derechos humanos y la atención a las problemáticas sociales, no están a discusión y son una prioridad porque la vida de las personas es lo más importante. Reflexionar, considerar y actuar en contextos de movilidad, es un primer paso ante violencias históricas, simbólicas y legales contra las personas que están en la lucha por sus sueños. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla)

En Privado / La Presidenta y los fantasmas de la oposición

RETALES

  1. CARETAS. El Senado bateó la aprobación de los jueces sin rostro, que operan en otros países sitiados por el crimen organizado, como México. Eso lo entiendo después de revisar las incapacidades de muchos de las y los juzgadores del acordeón;

  1. PRESO. Sigue ingresado en el Centro de Detención de Migrantes de San Bernardino, en California, el principal accionista del grupo de transportes TUM, Mauricio Quintanilla, quien tiene seis órdenes de aprehensión en México. La empresa salió a desmarcarse, pero no le alcanzó; y

  1. VACACIONES. Diputados y senadores se van de vacaciones hasta el 1 de febrero. El periodo termina constitucionalmente el 15 de diciembre, pero les salió lo guadalupanos y holgazanes. Es la legislatura con más ausencias de que haya registro.

Nos vemos mañana, pero en privado. (Joaquín López Dóriga, Milenio, Al Frente, p. 3)

Veranda / CBX, 10 años del driver de CaliBaja

San Diego, California.— Laura Diez Barroso, una de las inversionistas que desarrollaron el Cross Border Xpress (CBX), narró en el décimo aniversario de esta obra que liberó el potencial de CaliBaja –como se conoce a la región conformada por Baja California y California– cómo nació este proyecto desde una torre de control.

Junto con su esposo, Carlos Laviada, estaban en el punto de observación más alto del Aeropuerto de Tijuana, cuando vieron un enorme terreno vacío en EU, pegado a la frontera con México. “Vamos a comprarlo”, decidieron, para construir un puente seguro que agilizara el acceso entre ambos países y que a ellos les costaba hasta tres horas de espera cuando iban a visitar a su mamá.

Siendo accionistas del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), sabían que el tránsito entre ambos países aumentaría enormemente, comenzando porque el aeropuerto de San Diego opera con horarios limitados para evitar la contaminación auditiva.

Eduardo Sánchez Navarro, también socio del GAP, y Juan Gallardo estuvieron de acuerdo; pero los inversionistas españoles de la organización aeroportuaria se opusieron, por los riesgos que conllevaría obtener los permisos del gobierno de EU. En cambio aceptaron que los mexicanos lo hicieran, pero con una empresa distinta.

Gallardo era amigo de Sam Zell (q.e.p.d.), el mayor desarrollador inmobiliario de EU, hombre duro y astuto, que escribió una autobiografía llamada Para decirlo sutilmente, cuando él podía ser cualquier cosa menos sutil, según cuenta el empresario. Zell se entusiasmó con la idea y con sus relaciones y poder logró que el gobierno de Barak Obama diera los permisos de una obra que, según Gallardo, sobre todo fue posible porque hubo confianza entre socios y porque todos apostaron su dinero. La obra inicial costó 130 millones de dólares de 2015 y Gallardo y Sánchez Navarro me dijeron que por lo menos la mitad fueron aportaciones, pues hasta que estuvo el terreno y comenzó la construcción se obtuvieron los créditos.

Ayer, en un emotivo evento por los 10 años en donde autoridades de los dos países compartieron elogios sobre este proyecto binacional, Jorge Goytortúa, el director general del CBX, celebró el empuje de quienes vieron el potencial del puente, arriesgaron su capital y persistieron hasta conseguirlo. Hoy, 29.5 millones de usuarios han cruzado y de los dos millones al año que se estimaban al principio, este año lo harán 4.1 millones, siendo 2022 el año récord con 4.2 millones por la recuperación de la pandemia. El trabajo de Goytortúa, quien comenzó su carrera en el mundo de la aviación detrás de un mostrador de Mexicana, es que el CBX siga creciendo.

El cruce de viajeros está limitado por condicionantes exógenas como la capacidad aérea, hoy, por ejemplo, sigue afectada 21% de la flota de los Airbus de Viva y Volaris; el comportamiento de la economía y hasta por situaciones políticas, como el temor que causó a comienzos de año entre los mexico-estadunidenses, el endurecimiento de las políticas migratorias de Donald Trump.

Hoy 70% de los ingresos los generan los cruces, 20% el estacionamiento y el resto otros servicios, por eso ahora el consejo de administración está analizando abrir un hotel de 140 habitaciones, para el que incluso podrían contratar nuevamente al despacho Legorreta, que diseñó el edificio del CBX.

También se prevé ampliar los cajones de estacionamiento, pues actualmente pernoctan allí hasta cinco mil vehículos, pues 75% de los clientes reside en California y sólo 25% es de México y otros países. Además, el sitio web se está convirtiendo en un market place para la venta de seguros, servicios internacionales de telefonía (e-sims) y venta de paquetes de viajes con agentes y operadores asociados.

Otro dato es que 38% de los californianos, incluyendo el norte del estado, que viajan a México lo hacen a través del CBX y 50% de los mexicanos que, a su vez, van a California.

El nuevo sueño es hacer un CBX peatonal por la garita de San Isidro, por donde cruzan 50 mil personas diariamente, quizá un capítulo más de una historia empresarial que ha probado el poder de las alianzas entre mexicanos y estadunidenses. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 4)

Rompe-cabezas / Doctrina Donroe

Washington vuelve a poner la mira en América Latina. Donald Trump reinaugura la Doctrina Monroe con su peculiar sello: obsesión geopolítica, despliegue militar y la política de la zanahoria y el garrote. La nueva estrategia de seguridad nacional es un manual para recolocar a América Latina bajo la sombra de Estados Unidos con la finalidad de contener el avance de Rusia, China, Irán y cualquier actor que no responda los mandatos de Trump. No es gratuita la “revelación” de los espías rusos o el supuesto intento iraní de asesinar a la embajadora en México (ambos desmentidos por el gobierno mexicano).

El fraseo institucional asegura que el continente está amenazado por regímenes autoritarios, redes criminales, ahora terroristas, y migración forzada, temas que Washington considera de seguridad nacional. Se revive la imagen del “patio trasero” de Estados Unidos y se vuelve a infantilizar a millones de latinoamericanos como si no fuesen capaces de vigilar su propio destino y necesitan “la ayuda” de “los estadunidenses”.

El mapa

Resultan muy obvias las alianzas y los enemigos. Argentina, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú, Ecuador y República Dominicana son los socios amigos, combaten la migración y prestan su territorio a sus “amigos”. Por supuesto, estos aliados son premiados con acuerdos comerciales preferenciales, respaldo político y promoción de los liderazgos de derecha. Bukele y Milei son los más claros ejemplos.

Los enemigos declarados y que podrían configurar el actual Eje del Mal está integrado, obviamente, por Cuba, Venezuela y Nicaragua. Antes pertenecían a este mismo grupo Bolivia y Honduras. En el caso particular de Honduras y Argentina, Trump ya demostró que está dispuesto a inclinar la balanza electoral con incentivos para la población.

Para esos países enemigos, peligrosos, “comunistas”, se imponen castigos no vistos desde la Guerra Fría. Bombardeos contra embarcaciones en el Caribe, desplazamiento del portaaviones más grande del mundo, amenazas de intervención terrestre, sanciones y congelamiento de ayudas. Un caso particular es el de Gustavo Petro, presidente de Colombia, que abiertamente desafió la Doctrina Donroe y recibió el garrotazo inmediato de Trump.

Para muchos analistas, se escuchan ecos de la Operación Cóndor. Claramente, no podría repetirse ese infame capítulo de la historia, pero la memoria trae a colación ver como enemigos a los distintos, alentar cambios de gobierno, acciones militares e intervenciones con el supuesto fin de preservar la seguridad hemisférica. De nueva cuenta, un espíritu de tutela en América Latina.

¿A dónde voltear?

Los gobiernos de derecha en Latinoamérica ven en Donald Trump una suerte de padrino para crecer electoralmente. Otros, como Brasil, buscan disminuir la dependencia a través de los BRICS, que también ya están en la mira de Washington. Países como México, con vínculos y asimetrías profundas con Estados Unidos, sortean los humores del presidente y tratan de ser pragmáticos sin perder independencia.

En tanto, el común denominador es la esperanza de que la mirada de Trump se pose en otros continentes, esperar los tres larguísimos años que le quedan en el gobierno y tratar de obtener estabilidad, inversión y legitimidad política.

Washington, al igual que en la década de los setenta, considera que tiene el soberano derecho de proteger, someter o intervenir en América Latina con prácticas que creíamos arcaicas, pero que le están funcionando. La pregunta es: ¿cuánto y hasta dónde estamos dispuestos a soportar?

POST SCRIPTUM

Europa vive una encrucijada similar siendo agredida, una y otra vez, por su otrora socio, aliado y guía, quien hoy la percibe como una carga pública. (Kimberly Armengol, Excélsior, Global, p. 25)

Viñetas Latinoamericanas / Estado de emergencia en la frontera entre Chile y Perú

En Estados Unidos se han vuelto tristemente comunes las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) contra migrantes en diversas ciudades de ese país. En el otro extremo de América, el suramericano Chile, podrían repetirse esas escenas deplorables. El candidato de la derecha, José Antonio Kast, ha prometido la expulsión de 330 mil migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos y haitianos, del territorio chileno.

A unos días de las elecciones presidenciales en Chile, en las que se espera un triunfo de Kast sobre la candidata de izquierda, Jeannette Jara, la ansiedad se desata en las comunidades migratorias. Miles de migrantes comienzan a trasladarse a la frontera con Perú, con el propósito de salir del país. En la zona fronteriza, históricamente disputada de Tacna y Arica, se acumulan grupos de migrantes que huyen de una posible expulsión de Chile.

A pesar de la sintonía ideológica que podría establecerse entre el gobierno provisional de José Jerí en Perú y un probable gobierno de José Antonio Kast en Chile, el regreso de cientos de miles de venezolanos y haitianos, por la frontera peruana, atiza el conflicto. El gobierno peruano ha decretado el estado de emergencia en Tacna y ha procedido a la militarización de la frontera.

En Perú hay más de un millón de migrantes venezolanos y el gobierno de Jerí sostiene una posición antimigrantre y xenófoba muy parecida a la de Kast. Pero esa coincidencia multiplica las tensiones porque dos países vecinos convergen en una misma intolerancia a la regularización de migrantes venezolanos y haitianos.

La candidata de la izquierda chilena, Jeannette Jara, ha propuesto opciones de regularización de los migrantes. También ha hablado de la creación de un corredor humanitario, siempre y cuando sea negociado con los gobiernos de Perú, Ecuador y Bolivia. Kast, en cambio, habla de un corredor humanitario como vía de evacuación de cientos de miles de migrantes expulsos.

El canciller peruano Hugo de Zela ha sostenido que Perú no puede aceptar la internación de los migrantes que huyen de Chile, como consecuencia de una política de expulsión. El posicionamiento del canciller forma parte de una línea de rechazo al gobierno de Nicolás Maduro, compartida por otros gobiernos vecinos como los de Bolivia y Ecuador.

El antimadurismo, por lo visto, no es suficiente para concertar iniciativas de regularización de los migrantes en esos países y, mucho menos, para negociar con Venezuela una repatriación masiva.

La fricción transnacional en el Pacífico que genera la propuesta antimigrante de Kast, va más allá del apoyo o el rechazo a Maduro. Ninguno de los gobiernos involucrados es aliado de Maduro y todos se inscriben en el espectro de las derechas. Sin embargo, en las cancillerías andinas se reproduce la sensación de que Kast proyecta traspasar a sus vecinos la tensión xenofóbica y racista que propaga su propio electorado. (Rafael Rojas, La Razón, México, p. 6)

Project Syndicate / El impuesto de Trump a las remesas de los pobres

NUEVA YORK – El presidente estadounidense Donald Trump parece decidido a llenar las arcas estadounidenses a costa de otros países y de las personas más vulnerables del mundo. Además de los recortes en la ayuda al extranjero y los fuertes aumentos de aranceles, la “ley grande y hermosa” de su gobierno introdujo un nuevo impuesto del 1% a las remesas enviadas desde Estados Unidos pagadas con instrumentos físicos (por ejemplo dinero en efectivo, cheques y giros postales). Este “impuesto a los pobres”, como lo denominó la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, generará graves costos económicos y sociales en los países en desarrollo.

En las últimas tres décadas, la cantidad de dinero enviada por trabajadores migrantes a familiares y amigos en países de ingresos bajos y medios (PIBM) se multiplicó por más de 17, hasta alcanzar los 685,000 millones de dólares en 2024 (más que la suma de las ayudas oficiales al desarrollo y la inversión extranjera directa). Las remesas ya constituyen no menos del 3% del PIB en más de 77 países, y superan con creces el otorgamiento anual de crédito del Grupo Banco Mundial a los países en desarrollo (128,000 millones de dólares) y el total de préstamos adeudados al Fondo Monetario Internacional (unos 145,000 millones de dólares).

Este enorme crecimiento implica un cambio fundamental: las remesas se han convertido en el vínculo más directo y dinámico entre migración y desarrollo, ya que actúan como fuente de divisas y fuerza de estabilización macroeconómica en los PIBM. El impuesto del 1% introducido por Trump pone en riesgo este avance mundial y aumenta todavía más el costo de oportunidad de la fuga de cerebros.

La justificación de Trump se parece a la que usó para la guerra comercial. Así como el crecimiento de las importaciones de Estados Unidos superó al de las exportaciones y amplió el déficit comercial, las remesas salientes también crecieron más que las entrantes. Por ejemplo, en 2012 salieron de Estados Unidos en forma de remesas unos 200,000 millones de dólares, mientras que solo entraron 7,000 millones, lo que supone un aumento del 34% en la salida neta en comparación con 2017. Estados Unidos ya es el principal emisor de remesas, con no menos de 134 países receptores en 2021 (el último año con datos bilaterales fiables).

El impuesto de Trump tendrá amplias consecuencias. En Estados Unidos, se espera que desincentive la inmigración, disuada el empleo no autorizado y reduzca la salida neta de recursos. Cálculos preliminares indican que el gravamen (que se aplicará a toda persona que envíe remesas, cualquiera sea su condición migratoria o de ciudadanía) generará algo menos de 10,000 millones de dólares en ingresos durante el próximo decenio. Y quienes comparten el pensamiento de suma cero de Trump (“dinero enviado al extranjero es dinero que no se gasta en bienes y servicios locales”) incluso sostienen que impulsará el consumo y el crecimiento dentro de los Estados Unidos.

Pero las implicaciones globales son más preocupantes. Está comprobado que el costo de transacción es un predictor significativo del volumen de remesas formales; así pues, el impuesto de Trump reducirá ese flujo saliente. Una disminución de las remesas, unida a recortes de la ayuda internacional, puede causar en los PIBM depreciación de la moneda local, presiones inflacionarias y agravamiento de la inestabilidad macroeconómica. Riesgos particularmente graves para los países sobreendeudados, que quedarán más expuestos a perturbaciones en los flujos comerciales o de capital.

En los PIBM más vulnerables, las remesas también son importantes en el nivel microeconómico, ya que permiten a los hogares mantener un consumo más uniforme, hacer frente a crisis económicas e invertir en salud y educación, elementos cruciales todos ellos para reducir la pobreza y mejorar el bienestar.

Datos de economías en desarrollo asiáticas muestran que un aumento de un punto porcentual en las remesas internacionales como cuota del PIB puede reducir un 22.6% el coeficiente de brecha de pobreza. Asimismo, un estudio de 122 países en desarrollo entre 1990 y 2015 halló una reducción de las tasas de malnutrición y mortalidad infantil a continuación de un aumento del 10% en el nivel de remesas per cápita.

El impuesto de Trump a las remesas no sólo puede deshacer estos avances, sino que también va en contra del compromiso asumido por la comunidad internacional (dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas) de reducir los costos de transferencia de remesas de los emigrantes (que a fines de 2023 llegaban a un 6.4% en promedio) a menos del 3% en 2030. El encarecimiento de las comisiones llevará a los migrantes a usar canales informales (por ejemplo criptomonedas y el mecanismo de “hawala”) y puede ampliar el mercado negro para esta clase de servicios, con los importantes riesgos relacionados.

Lo único positivo que se puede decir del nuevo impuesto de Trump es que visibiliza los riesgos que supone para los PIBM depender de las remesas para sostener el desarrollo económico y financiar ítems esenciales como la alimentación, la educación, la atención médica y la vivienda. Aunque un flujo sostenido de remesas reduce el costo de oportunidad de la fuga de cerebros, no resuelve sus causas subyacentes.

La solución está en que los PIBM diseñen estrategias económicas que favorezcan el crecimiento con base amplia, la creación de empleo, el cierre de brechas tecnológicas y la mejora de la productividad. Para subir en la cadena mundial de valor y generar prosperidad duradera, estos países todavía necesitarán a sus emigrantes, pero por sus conocimientos técnicos y experiencia científica, no solo por su dinero. Contribuyendo a la “circulación de cerebros” y a la transferencia tecnológica, los emigrantes pueden promover el desarrollo simultáneamente en los países de origen y en los de acogida.

Este doble beneficio depende de mejorar el clima de inversión para las empresas privadas y profundizar la integración regional, de modo tal que los PIBM puedan aprovechar economías de escala puestas al servicio de un crecimiento económico firme y de la sostenibilidad a largo plazo. Para la creación de un entorno de negocios más propicio, las autoridades deben reforzar las instituciones y normas regulatorias, mejorar la rendición de cuentas y la gobernanza y resolver obstáculos como la represión financiera y las deficiencias de infraestructura. Esto también alentará el uso de las remesas para inversiones a largo plazo (no solo para el consumo). Además, los PIBM podrían diversificar sus fuentes de financiación creando bonos para migrantes con un tipo de interés más bajo.

El impuesto de la administración Trump a las remesas es solo la última de una serie de medidas punitivas estadounidenses contra los países en desarrollo; ya se sumarán otras. Los PIBM deben reconocer la necesidad de romper el ciclo de dependencia y crear un círculo virtuoso de crecimiento basado en la tecnología que genere resiliencia económica, impulse la prosperidad compartida y mitigue las presiones migratorias. (Hippolyte Fofack, El Economista, Finanzas Globales, p. 39)

A un mes de la entrada en vigor del impuesto a las remesas

Los migrantes enfrentarán nuevo impuesto a las remesas en efectivo, lo que impulsará el uso de canales digitales mientras persisten riesgos económicos y políticos que afectan los envíos desde Estados Unidos hacia México.

El 1 de enero de 2026 entrará en vigor el impuesto del 1% a las remesas que se envíen en efectivo desde Estados Unidos. Esta medida afectará al 60% de los envíos.

Para Banco de México, el 99.1% de las remesas se realizan por transferencias electrónicas y sólo el 0.9% se hacen en efectivo, en especie o por orden de pago; en realidad, lo que está diciendo es que prácticamente todas las remesas utilizan algún medio digital.

De considerar al pie de la letra esta clasificación, los migrantes que envían dinero a sus familias no tendrían de qué preocuparse, pues el impuesto sólo aplicaría a las remesas enviadas en efectivo. Justo ahí radica la confusión, pues, de acuerdo con la clasificación de Banxico, sólo se pagaría el 1% del 0.9%, que sería algo así como 5.6 millones de dólares, suponiendo que en el año se enviara el mismo monto que en 2024: 64,745 millones de dólares, 96.6% de los cuales vinieron desde Estados Unidos, es decir, 62,529 millones de dólares.

Sin embargo, el impuesto del 1%, que deberán pagar quienes envíen dinero a México desde Estados Unidos, aplicará a todas las remesas cuyo origen sea en efectivo; esto se refiere a las remesas que se envíen a través de alguna casa comercial o remesadora, como pueden ser Western Union, MoneyGram, Xoom, Ria, entre muchas otras. Esto no quiere decir que el envío no sea digital; de hecho, todas utilizan algún canal digital, pero el origen de más del 60% es en efectivo. El impuesto sólo exime a aquellas transferencias que se originen por alguna cartera digital, tarjeta de débito o crédito utilizando algún dispositivo electrónico como celular.

Los envíos por cartera digital o tarjeta son aproximadamente el 40% del total; estos quedarán exentos del impuesto. Lo que seguramente veremos a partir de enero es un crecimiento vertiginoso del envío de remesas por estos canales, incluso empleando stablecoins con carteras digitales, como ya lo hacen de manera incipiente algunas empresas.

Para el cierre de 2025 se estima una caída de 5% en el envío de remesas; no es una cifra alarmante si consideramos las dos razones principales que bien podrían haber provocado un mayor declive. La primera es de carácter estructural, como es un menor crecimiento de la economía estadounidense, que de una tasa de 2.8% en 2024 bajará a 1.9% para el cierre de 2025, con una tasa de desempleo elevada del 4.3 por ciento.

Por ello, ante riesgos de estancamiento y mayor desempleo, la Fed ha empezado a bajar tasas, pero el gobierno busca una política monetaria más activa, de ahí que Trump haya propuesto un nuevo presidente de la Fed más ad hoc a sus políticas anticíclicas de cara a las elecciones intermedias. Es decir, el mensaje es que Estados Unidos no puede entrar en recesión.

La segunda causa de la caída en remesas es de carácter político, pues las redadas del Servicio de Inmigración (ICE) han mantenido en vilo a la población migrante que, ante un entorno adverso y reducción de puestos de trabajo, ha enviado un menor monto de remesas a México.

No obstante, estimamos que nuestro país recibirá, al cierre de diciembre, más de 62,000 millones de dólares por concepto de remesas, 97% de los cuales vendrán de Estados Unidos, casi 50% de los cuales vienen de California y Texas, con 32% y 14%, respectivamente. Suponiendo que se mantuviera este monto, para 2026, los que envíen remesas en efectivo pagarán, por concepto de impuesto del 1%, alrededor de 360 millones de dólares. Por ello, estimo altamente probable que los migrantes optarán por usar los medios de originación que no estén sujetos al pago del impuesto: tarjetas de crédito o débito para envío por celular de cuenta a cuenta y carteras electrónicas.

A pesar del escenario adverso, pero que dista mucho de ser catastrófico, los 62 mil millones dólares (mmdd) que recibirá México por remesas seguirán siendo la segunda fuente de divisas para el país (alrededor de 3.5% del PIB), por encima del petróleo (27.6 mmdd), agroalimentos (53.8 mmdd), inversión extranjera directa (36.8 mmdd) y turismo (31.7 mmdd), sólo detrás de la industria manufacturera, de la que destaca la industria automotriz (160 mmdd). El monto de remesas que envíen los migrantes a México en 2026 dependerá del comportamiento económico y de la política migratoria estadounidense. (Horacio Esquivel, El Economista, El Foro, p. 54)

Día con día / Más allá del Mundial: la Doctrina Monroe

Lo que era una interpretación de observadores, ya es oficial y sabido de todos: Trump tratará de imponer sobre el continente americano una variante de la Doctrina Monroe (América para los americanos).

La definición ha quedado impresa en el nuevo documento de Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que plantea un viraje sustancial en la misión que Estados Unidos se confería hasta ahora como potencia mundial.

Desaparece en el documento el acostumbrado retrato de Estados Unidos como el poder de Occidente que encarna y defiende la libertad en el planeta.

En su lugar, aparece una potencia obsesionada con reducir la migración, neutral ante la índole autoritaria de los gobiernos de otros países y atenta a la globalización no como espacio de responsabilidad política, sino como un stand de socios rentables.

“Buscamos buenas relaciones diplomáticas y relaciones comerciales pacíficas con las naciones del mundo, sin imponerles cambios democráticos o cambios sociales que difieran mucho de sus tradiciones y su historia”.

Lo que tenemos en el nuevo documento de seguridad estadunidense, es el perfil de una potencia que ya no quiere modelar el mundo según sus valores, sino hacer negocios: defender y ampliar sus intereses económicos.

Para América Latina hay un diseño puntual. En nuestro continente, Estados Unidos buscará “reafirmar y aplicar la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadunidense”.

Al efecto, los diplomáticos de Washington buscarán “oportunidades económicas” en los países del continente: “especialmente, grandes contratos de gobierno”.

Parece anunciado aquí un camino distinto al T-MEC: la opción de un capitalismo de amigos, sin reglas como las del T-MEC, donde Estados Unidos buscará ser el Amigo Mayor.

La estrategia enunciada es brutalmente adversa a las democracias europeas, a las que juzga, por su política migratoria, como “borradoras de la civilización”-

Ofrece una salida retórica a la guerra de Ucrania, favorable a Rusia, y una oferta estrictamente comercial, no militar, de competencia y complementariedad con China. Rusia y China lo han celebrado.

El documento no es obligatorio para Washington, sino indicativo, y tiene la fecha de caducidad del gobierno de Trump.

Pero sería un error no ponerlo en el radar para entender los propósitos reales de Washington y de su imprevisible mandatario. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Al Frente, p. 3)

Atando Cabos / Más claro ni el agua

Para terminar el año, pocas cosas como leer el documento que sacó la Casa Blanca (Estrategia de Seguridad Nacional), en el que define la visión del mundo del gobierno de Donald Trump y lo que piensa hacer en el futuro para garantizar su carácter de superpotencia. Es un documento que tiene la virtud de la claridad respecto a cómo nos ve nuestro vecino y socio comercial y, por lo tanto, sobre los márgenes en los que nos podemos mover.

La visión del mundo y del lugar de cada uno. Estados Unidos no se propone ejercer una dominación global y no está dispuesta a permitir que nadie más aspire a hacerlo. Ve un mundo en el que varias potencias regionales tendrán áreas prioritarias de influencia, y Estados Unidos se asigna como área prioritaria y exclusiva al continente americano, por lo que se propone ir sacando todas las influencias que le sean hostiles del área, en concreto chinas y en menor medida rusas e iraníes.

Se plantea en el texto que este ya no es un mundo globalizado en el que la prioridad es la producción de bienes cada vez más baratos y mantener un crecimiento sostenido, sino un mundo donde los sujetos son los Estados-nación compitiendo y defendiendo sus intereses, que en el caso de Estados Unidos define como mantener y expandir su economía, su base industrial y capacidad productiva para asegurar la riqueza que le permita sostener un aparato militar imbatible, así como trabajo y buenos ingresos para sus ciudadanos.

Declaran, también, que los Estados Unidos de Trump se interesaran en los asuntos de los demás países solo en la medida en que vean amenazados sus intereses. Sostienen que mantendrán buenas relaciones con otros países sin tratar de imponerles la democracia como forma de gobierno o valores y prácticas que sean ajenas a sus tradiciones e historia (es un mundo de Estados con intereses y no de ciudadanos con derechos).

Esperan de los países en su área de influencia prioritaria (todo el continente americano) lo siguiente:

Gobiernos que colaboren con ellos contra el narcoterrorismo, los cárteles y otras organizaciones criminales trasnacionales.

Un continente que esté libre de incursiones extranjeras hostiles (a ellos) o que se adueñen de recursos naturales prioritarios, de sitios geográficos estratégicos (Canal de Panamá o Guantánamo) o controlen cadenas de suministro críticas (para ellos).

Se proponen enlistar a los países amigos en el continente e ir cultivando nuevos aliados. De los aliados se espera que los ayuden a detener la migración y las drogas, expandir economías locales y garantizar cadenas de producción vía nearshoring.

Se proponen alentar y premiar a los gobiernos que colaboren con ellos y a los partidos políticos y movimientos que se alinean con su estrategia y sus ideas (aseguran que no van a ignorar o antagonizar con gobiernos que tengan otras ideas, pero que compartan intereses con Estados Unidos y quieran trabajar con ellos).

Quieren que el continente americano tenga gobiernos que sean razonablemente estables y lo suficientemente eficaces como para evitar y prevenir migraciones masivas.

Hay múltiples mensajes para nosotros. Lo central es replantear la relación en esos términos, porque parece ingenuo que sigamos viendo como horizonte de la relación la renovación del T-MEC. Ellos ya no se plantean el comercio como un fin en sí mismo, sino como un elemento más dentro de una batalla por su supervivencia como potencia.

Y en ese escenario, si lo entendemos, tenemos con qué negociar. (Denise Maerker, Milenio, Política, p. 8)

CARTONES

Colorario Trump

El Fisgón

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)