Opinión Migración 141225

La estrategia de seguridad nacional de EU: Trump va por todo

Trump va por todo en su estrategia de política exterior. Como en los tiempos de Theodore Roosevelt, el mundo se le presenta a su antojo. Pretende el dominio total del acontecer global. Y por lo visto, la práctica, antes que la estrategia, lo muestra en plenitud. Washington se prepara para ejercer un nuevo sistema de control que le permita dominar las diferentes regiones del mundo. La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que publicó la Casa Blanca en días pasados establece con toda claridad este planteamiento. Estados Unidos utiliza el poder económico, incluidas amenazas de fuertes aranceles para imponerse. Además, ya no se descarta el empleo de la fuerza militar para lograr su cometido, incluso contra aliados. El documento evidencia el espíritu de la máxima expresada por el gobierno de Trump: Estados Unidos primero. Trump defiende una visión distópica del mundo en la cual el orden internacional liberal es reemplazado por una sucia forma de llegar a acuerdos basados únicamente en la fuerza y el dominio de Washington. Mientras la estrategia de anteriores presidentes era hacer del mundo uno seguro para la democracia, la versión de Trump se ve más inclinada a hacer este mundo seguro para el iliberalismo. La ESN es quizás el primer documento de política exterior del movimiento MAGA (Make America Great Again) y será un documento base para la expansión de la política de dominación que Washington quiere imponer en las diferentes regiones a que se refiere, a saber Europa, América Latina, África y Asia.

En su introducción el documento dice textualmente que “para asegurar que Estados Unidos siga siendo el país más fuerte, más rico, más poderoso y el más exitoso del mundo, en la próximas décadas nuestro país necesita una estrategia coherente y enfocada con relación a como interactuamos con el mundo. Y para hacerlo bien, todos los estadunidenses necesitan saber qué es, exactamente, lo que estamos tratando de hacer y por qué. Después del fin de la Guerra Fría, las élites de la política exterior estadunidense se convencieron de que la dominación permanente de EU del mundo entero, estaba en los mejores intereses de nuestro país. No obstante, los asuntos de otros países son nuestra preocupación sólo si sus acciones amenazan directamente nuestros intereses”.

Así las cosas, la ESN representa un cambio sustancial acerca del papel que EU juega en el orden internacional bajo tres principios: 1) paz a través de la fuerza, 2) realismo flexible y 3) respeto a la soberanía. En esta visión se combinan el realismo clásico, el nacionalismo económico y un enfoque francamente transaccional de las relaciones internacionales en donde los Estados continúan como actores relevantes, pero las instituciones multilaterales son ampliamente prescindibles e incluso se les combate (ver: L. Castro Obregón, La estrategia de seguridad nacional de EU: aliados bajo presión, rivales a la expectativa, El Financiero, 09/12/2025). En este sentido la democracia es utilizada como moneda de cambio para instaurar regímenes autocráticos y de extrema derecha en Europa y en otras regiones del globo. Se alude a la necesidad de que Estados Unidos se mantenga como potencia en el sector industrial, energético, tecnológico y científico. Con una China contenida y una Europa subordinada con las cuales las garantías de seguridad dejan de ser un bien público global y pasarán por el escrutinio y por las relaciones mercantiles que más convengan a EU. Los aliados quedan expuestos a estos acuerdos y sujetos al estatuto de seguridad estadunidense ya expuesto. América Latina es concebida como un anillo para la seguridad estadunidense y en la cual la prioridad es que los países de la región contengan los flujos migratorios, combatan a los cárteles criminales y mantengan un orden democrático que permita darle estabilidad y seguridad a Estados Unidos. Se trata de que los aliados del hemisferio occidental acuerden ser actores confiables y subordinados para Washington, tanto en sus procesos políticos como económicos, y sean garantes de mantener un patio trasero en equilibrio y bajo la presión de esta novedosa estrategia. Según el Economist, la redacción de este documento fue responsabilidad del extremista vicepresidente J.D. Vance, del secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional, Marco Rubio, del populista antiinmigrante Stephen Miller y consejero senior de la Casa Blanca, de halcones antichinos como Elbridge Colby, subsecretario para políticas del Pentágono, y los negociadores Scott Bessent, secretario del Tesoro y los enviados personales de Trump: Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner. Todos ellos firmes afiliados del movimiento MAGA y acólitos cercanos del sórdido empresario inmobiliario. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 11)

¿Cuánto aguantará México la coacción de Trump?

La política exterior se hace en la conferencia “mañanera” y se concentra en la voz cantante de Sheinbaum, sin recurrir a la orquesta diplomática para dirigir el concierto. En el neopresidencialismo, la cuestión clave es cuanto aguantará ella la coacción estadunidense por tomar definiciones ante su duro y crudo intervencionismo en la crisis de Venezuela y otros de la región incluido, por supuesto, México.

Colocar a la diplomacia en segundo plano de la “guerra comercial” de Trump desdibuja la política exterior o la relega a un resumen de la interior en unas cuantas palabras de la defensa de la autodeterminación, aunque la Presidenta goce de prestigio internacional. En un momento en que la polarización cierre espacio a posturas neutrales y la campaña militar de Washington en Latinoamérica de su nueva estrategia de seguridad nacional, no reconozca soberanías.

La presencia de México en el mundo cayó desde el sexenio pasado en mayor aislamiento; y en ese retraimiento, la diplomacia perdió claridad, proyecto y definición de contornos del plan de EU para restaurar su hegemonía en el hemisferio occidental. Las alertas están encendidas en el mundo y Latinoamérica, pero en México no se escuchan fuerte y claro los riesgos del nuevo expansionismo apoyando oposiciones como la de María Corina en Venezuela o perjudicando a insurrectos como Petro o Lula. La crítica lo explica por la continuidad de la máxima obradorista de que la mejor política externa es la interna, que se traduce en abandono de la escena internacional y concentración de la relación con EU. La táctica de evitar la confrontación directa y el discurso de minimizar los riesgos sostuvo el T-MEC en el primer gobierno de Trump, aunque con importantes concesiones en migración a cambio de poner en veda a la política interna. 

Pero la fórmula del apaciguamiento es frágil en el tiempo porque suele ser una reacción transitoria antes de enfrentar o transigir, como acaba de pasar con el reclamo del agua. El mundo que le toca a Sheinbaum es distinto al de su antecesor por la “guerra comercial” y el viaje del péndulo hacia la derecha en Latinoamérica a través de la injerencia electoral de la Casa Blanca a favor de oposiciones amigas con la cuales “alistar y expandir” la Doctrina Monroe 2.0. En la retórica de la dicotomía entre países hostiles y quienes cooperan, hay poco espacio para blindar la política interna; por percibirse como origen de los mayores males lo mismo del “narcogobierno” mexicano que del colombiano o el venezolano.

La amenaza de invasión a Venezuela es inaceptable para la región, tanto como la dictadura de Maduro. Pero EU explota la división interna para exhibir gobiernos a los que culpa de la migración y el narco dentro de su guerra comercial. Ya no son épocas de golpes blandos en nombre de la democracia y derechos humanos, sino del objetivo crudo de imponer orden y estabilidad en países que impliquen una amenaza a sus intereses, como ocurrido ya en Honduras o Ecuador, o protegiendo amigos como Argentina. Lo más preocupante es que encuentra una región más polarizada que nunca, lo que facilita intervenir elecciones en esos países; o valerse de opositores como María Corina para apuntalar su campaña militar con la legitimación internacional de un liderazgo que los invita a atacar a su país con el Premio Nobel en la mano, como si hubiera tiranos buenos y tiranos malos.

La 4T está atrapada en la polarización de la política del amigo-enemigo, que paradójicamente aplica al interior. Sus dilemas están entre alinearse con EU para salvar el T-MEC y mantener independencia en AL o diversificar sus relaciones con el mundo; sostener alianzas con gobiernos de izquierda, y enemistarse con otros de signo político distinto de Perú, Ecuador o Argentina; refutar el proteccionismo de Trump y poner aranceles a Asia, como exige para expulsar de la región libre a China y Rusia. ¿Cuánta tensión puede aguantar la Presidenta?

Su mayor ventaja es la falta de oposición interna. Pero así y todo México no podrá refugiarse en viejos principios de política exterior del rechazo al injerencismo y defensa de la autodeterminación para evadir tomar posturas, simplemente porque EU no respeta la legalidad internacional y la subordina a sus criterios de seguridad nacional contra narcos convertidos en terroristas y gobiernos controlados por éstos, como tilda a México y Venezuela, para desaparecer su soberanía. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p.12)

Trump nos quiere de rodillas

EN EL FRENTE MIGRATORIO no hay que perder de vista este dato: Estados Unidos ha deportado de octubre de 2024 a este mes de diciembre a 217 mil 109 migrantes sin papeles, de los cuales 200 mil 540 son mexicanos y 16 mil 569 de otras nacionalidades. Si comparamos con los 113 mil mexicanos deportados en 2024 y los 151 mil de 2023, la cifra sigue siendo alta no obstante que ha disminuido la migración irregular. (Raúl Rodríguez Cortés, EL Universal, Opinión, A20)