Opinión Migración 120126

Desde las cloacas / ICE acumula un escándalo más

Al inicio de la administración trumpista, eran los migrantes quienes se quejaban de la acciones emprendidas por parte de los agentes de ICE. Hoy, son los propios ciudadanos norteamericanos quienes rechazan y descalifican sus prácticas.

Hace unos meses en este mismo espacio, le conté sobre los abusos y atropellos cometidos por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE, por sus siglas en inglés) contra los migrantes que radican en la unión americana, principalmente latinos e hispanos.

El miércoles pasado en Minneapolis, la ciudad más grande del estado de Minnesota, el tema escaló a otro nivel.

Renee Nicole Good, una ciudadana norteamericana de 37 años y madre de tres hijos, murió por varios disparos perpetrados a su camioneta por un agente de ICE que aseguró que la mujer intentaba atropellarlo junto a sus compañeros en una redada realizada en esa ciudad.

Los videos del momento de su muerte se viralizaron de inmediato en redes sociales, así como los de agentes migratorios agrediendo y rociando con gas lacrimógeno a los manifestantes que exigían justicia por el asesinato de Renee.

El tema causó tal indignación que llegó hasta las altas esferas del poder en el gobierno estadounidense, al grado que el presidente Donald Trump escribió en su cuenta de Truth Social:

“Las imágenes son una cosa horrible de ver… la conductora se comportó de forma muy desordenada, obstruyendo y resistiendo… el agente de ICE parece haberle disparado en defensa propia” aseguró el mandatario.

De igual manera, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, se pronunció sobre el caso y se refirió al incidente como “un acto de terrorismo doméstico contra el servicio migratorio”.

Ambas declaraciones indignaron por completo a los ciudadanos, quienes elevaron las protestas contra los operativos migratorios de ICE en el país.

Incluso, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, declaró estado de emergencia y pidió a su policía prepararse para las manifestaciones y los reclamos de la sociedad civil ante la situación.

También el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, ofreció una rueda de prensa en donde acusó a ICE de “estar matando gente, separando familias y sembrando caos y desconfianza en todas las ciudades de Estados Unidos”.

Cabe recordar que no es la primera vez que se da un caso de abuso policial en Minneapolis. En 2020, durante la pandemia por COVID 19, el afroamericano George Floyd fue asesinado, en esa misma ciudad, por policías que lo habían detenido después de que el empleado de una tienda lo acusara de haber pagado con un billete falso.

En aquel entonces hubo protestas masivas contra la brutalidad policiaca, no sólo en aquella ciudad, sino en todo el mundo.

La realidad es que, a casi un año de la llegada de Trump al poder, muchas de sus políticas migratorias siguen resultando excesivas, racistas y sobre todo violentas, algo que incluso los propios ciudadanos estadounidenses están reconociendo.

Basta por hoy, pero el próximo lunes… regresaréeeeeeeeee!!! (El Duende, La Razón, México, p. 5)

Pulso Político / Trump amenaza ahora a Cuba

Ante la instalación de “barreras flotantes” en el río Bravo para impedir la migración ilegal a Estados Unidos, la embajada de ese país advirtió que el muro en la frontera sur no está sólo en tierra sino a lo largo de 800 kilómetros del afluente que es frontera natural entre los estados de Texas y Tamaulipas. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 7)

Quebradero / Recuperar territorio

Es incuestionable el peso e influencia de Donald Trump en el mundo y, evidentemente, en nuestro país. La agenda nacional tiene como uno de sus ejes al presidente, cada declaración que hace termina por repercutir en la gobernabilidad y en la narrativa de la Presidenta.

La llegada de Trump cambió la agenda presidencial mexicana. Hubiera no es un buen verbo, pero no deja de estar en el radar lo que hubiera pasado al interior del país si no nos hubiera presionado como lo hace.

Se han forzado muchas estrategias para, por un lado, tratar de demostrar nuestra mejor cara ante el vecino y también, no pasa por alto, la imperiosa necesidad de enfrentar las cosas de manera distinta. Quizá esto no haya sido necesariamente del gusto de la Presidenta, particularmente porque ha tratado de tener materialmente como intocable todo lo que hizo y no hizo López Obrador.

No somos de la idea de que el expresidente esté en la mira de Washington. No hay indicios, pero quienes sí están en el radar son personajes de la política que fueron sus cercanos. López Obrador tiene como constante desconocer a los de su entorno inmediato si están involucrados en irregularidades, aunque las conozca.

Hay muchos ejemplos que igual pasan por el caso Ahumada hasta los desiguales costos de sus obras emblemáticas, pasando por el decomiso en su sexenio de 20 millones de barriles de petróleo encontrados en Altamira, de los cuales poco se ha sabido en los últimos días, entre otros.

La Presidenta sabe que la Casa Blanca debe tener en la mira a diversos funcionarios del Gobierno, lo cual se ha convertido en una dificultad tangible en la relación con EU, no pareciera que se hayan tomado medidas en este sentido. No pareciera tampoco que se haya planteado la pregunta del porqué le han revocado la visa a diferentes políticos del país.

Por más que se haya convertido en un lugar común, es importante repetir que no hay manera de que la delincuencia organizada se desarrolle en nuestro país si no es por la complicidad con políticos y empresarios.

La insistencia de Trump en referirse a que son los cárteles los que gobiernan el país tiene que ver con ello. Mientras no se tomen medidas en esta línea, difícilmente se atemperarán los ánimos por más convocatoria al diálogo y a la soberanía que haga la Presidenta.

Cuando se plantean conceptos como autodeterminación y soberanía no puede pasarse por alto que partes de nuestro territorio son controladas por la delincuencia organizada. Lo que se tiene que hacer es recuperar territorios, porque en ello también está de por medio la soberanía y la autodeterminación.

Trump, como uno de los ejes de nuestra agenda, ha reconocido avances. El más importante es que le hemos hecho a EU la tarea en materia de migración en nuestras fronteras. También se ha logrado reducir de manera importante el tráfico de la droga, lo cual ha sido ponderado desde una perspectiva unilateral por el presidente estadounidense, partiendo de que México está haciendo lo que está pudiendo.

Es claro que no hay manera de satisfacer a Trump. Lo importante es que con firmeza se siga enfrentando la relación, pero también entender ante lo que estamos y más por lo que se va a venir este año en EU, donde tendrán elecciones intermedias. Trump va a buscar la manera de satisfacer a sus fervorosos electores y nuestro país no deja de estar en el centro.

Lo que empieza a ser un hecho es que se le empiezan a abrir frentes importantes al interior. Las movilizaciones en buena parte de EU tienen que ver con las acciones del ICE, pero también subyace un cuestionamiento a su gobernabilidad.

Para responderle a Trump hay que ir recuperando el territorio que está en manos de la delincuencia organizada.

RESQUICIOS.

El Gobierno tiene otro problema, diríamos, problemón, con el caso cubano. Trump va a empezar a cerrarle aún más las llaves al Gobierno de la isla y de seguro vendrán cuestionamientos por la entrega del petróleo mexicano y los médicos cubanos. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La Dos, p. 2)

Trump: el Hitler del siglo XXI

En octubre de 2024, el general estadounidense John Kelly —el jefe de gabinete que más tiempo permaneció en la primera administración de Donald Trump—, alertó públicamente que el mandatario naranja gobernaba con rasgos fascistas y era admirador de Adolf Hitler, fundador del totalitario Tercer Reich.

Hoy, a un año de iniciado su segundo mandato, esa advertencia se volvió certeza. Trump confirmó ser un mandatario narcisista y supremacista, cuya megalomanía tiene en un hilo la paz mundial y la vida humana, igual que el criminal fascista Adolf Hitler.

Pero las similitudes entre Hitler y Trump son cada vez más evidentes y alarmantes.

 

La mentira como estrategia

Ambos utilizaron el miedo para imponer su autoritarismo. Construyeron su poder mediante discursos incendiarios, nacionalistas, populistas, proteccionistas y excluyentes, deliberadamente engañosos, bajo la promesa de “salvar” a sus pueblos de enemigos internos y externos. La falsedad como método de gobierno.

 

Propaganda

Joseph Goebbels perfeccionó la propaganda nazi basada en la mentira repetida hasta convertirla en verdad oficial.

Trump actualizó ese modelo mediante anuncios espectaculares y amenazas en sus redes sociales con la exaltación emocional.

La manipulación sustituye al debate y la propaganda a la realidad en ambos casos.

 

Criminalización racial

Hitler cimentó el nazismo en la falacia de la “superioridad aria” y elevó el racismo a política de Estado. El resultado fue el mayor crimen humanitario de la historia: el Holocausto.

Trump impulsa un supremacismo blanco estadounidense que criminaliza a los migrantes latinoamericanos.

Institucionalizó la violencia en su contra persiguiéndolos, encarcelándolos, deportándolos y separando a sus familias. La misma lógica de deshumanización clasista.

 

Aparatos de represión

La Gestapo simbolizó el terror y la represión nazi. Con Trump, la policía antiinmigrante, ICE, se consolidó como un aparato represivo contra los “criminales” latinos, con licencia para violar derechos humanos igual que la Gestapo. En ambos regímenes, la ley dejó de ser límite y se transformó en arma.

 

Vocación genocida

El Holocausto convirtió a Hitler en el mayor genocida del siglo XX. Trump respaldó el genocidio del sionista Netanyahu en Gaza, un crimen que ha dejado casi 100 mil palestinos muertos y cerca de 200 mil heridos y mutilados, en su mayoría niños, además de una generación entera de huérfanos.

 

Autócratas

Hitler y Trump concentran el poder del Estado en su persona, sin rendir cuentas ni respetar leyes ni libertades. Se asumen poseedores de la verdad absoluta para perpetuar y expanden su dominio, eliminando contrapesos, invadiendo territorios y saqueando recursos.

La posibilidad de perder el poder los aterra, por eso Hitler se suicidó antes de perderlo y Trump reprime para mantenerlo.

Hitler se proclamó Führer indispensable. Trump se erige como el único capaz de volver a “hacer grande a América”, reactualizando la Doctrina Monroe y quebrantando instituciones, leyes y acuerdos internacionales mediante la fuerza militar.

 

Imperialistas

Hitler invadió Europa para luego ir por el dominio del mundo.

Trump despliega una política exterior intimidatoria, violenta y unilateral: sanciones, operaciones militares extraterritoriales, secuestros políticos y violaciones de la soberanía, como en Venezuela, para apropiarse de recursos naturales ajenos.

Además, amenaza con tomar por la fuerza otros países y territorios, como Canadá, Groenlandia, el Canal de Panamá, México y Colombia, justo como lo hizo Hitler con otras naciones.

La lógica es la misma: el mundo como botín del fascismo.

 

¿Qué hacer?

 A Hitler solo lo detuvo la unidad internacional, tardía pero decisiva, de las naciones. El narcisismo del nuevo Führer norteamericano exige hoy la misma respuesta: unidad. Si el mundo no cierra filas para detenerlo, mañana puede ser demasiado tarde. (Víctor Hugo Romo De Vivar Guerra, El Heraldo de México, Desde el Legislativo, p. 10)

Pepe Grillo

El salvaje nuevo mundo

Una vez que Donald Trump puso en marcha la etapa de acción directa de la Doctrina Donroe; o sea, con botas de marines en el territorio, los países en la mira de la Casa Blanca, México entre ellos, han tenido que regresar a los temas básicos como soberanía e independencia, un día sí y otro también. El panorama internacional remite al libro del erudito embajador Juan José Bremer que, con clarividencia devastadora, hablaba del salvaje nuevo mundo. Un clan cavernario, con tecnologías de última generación, cuyo único argumento es la fuerza, impone condiciones sin más límite que su apetito de poder, donde los organismos internacionales son irrelevantes. El caso de México es ilustrativo. La cooperación ha dado resultados estupendos en temas como el fentanilo y la migración indocumentada. Una acción militar unilateral de EU podría abrir un periodo de inestabilidad aquí que detone el tráfico de fentanilo y la migración que, por lo menos en el discurso, es lo que quieren evitar. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)

El disparo que encendió a Estados Unidos

Los ojos del mundo han estado atentos a la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela. Pero al interior de la Unión Americana, el foco está en la muerte de una mujer de Minnesota a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

El hecho ocurrió en el contexto de las redadas migratorias masivas en ese estado. Renee Nicole Good, de 37 años y madre de tres hijos, conducía su coche de regreso a casa cuando se topó con el operativo. De acuerdo a las autoridades federales estadounidenses, ella intentó atropellar al agente Jonathan Ross y él se defendió a balazos. Testigos aseguran que no fue así; sostienen que Renee solamente se detuvo para apoyar a sus vecinos con un silbato. El hecho detonó protestas y obligó a declarar estado de emergencia.

 

Tricia McLaughlin, subsecretaria de Seguridad Nacional, afirmó que se trataba de una “alborotadora violenta” y la acusó de terrorismo por usar su coche como arma para matar a los oficiales. Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, respaldó esa versión y añadió que el oficial actuó para protegerse. El vicepresidente, JD Vance, aseguró que el agente tiene “inmunidad absoluta” porque se trataba de una operación federal. Donald Trump culpó de lo ocurrido a la izquierda radical.

En contraste, el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, acusó a ICE de separar familias, generar caos y matar gente. Rechazó la versión del ataque en defensa propia y calificó de basura el argumento del gobierno federal. “Get the fuck out!”, dijo con contundencia a los agentes de ICE.

Al día siguiente de la muerte de Renee, manifestantes se congregaron frente a un edificio federal de Mineápolis. Ahí los integrantes de la Patrulla Fronteriza les lanzaron gases lacrimógenos y los rociaron con gas pimienta para alejarlos de la puerta. Al menos ocho personas fueron detenidas.

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, declaró estado de emergencia y comparó la situación actual con la de 2020 tras la muerte de George Floyd a manos de policías. Alertó además sobre el caos que genera el despliegue federal cuando no hay coordinación con el gobierno local. Las autoridades estatales acusaron al FBI de negarles acceso a la evidencia, por lo que ya iniciaron su propia investigación criminal.

Las protestas en contra de la política migratoria de la actual administración continuaron durante el fin de semana. Son evidencia de la profunda división que hay entre los estadounidenses. Mientras tanto, los medios digitales siguieron difundiendo versiones radicalmente opuestas de lo sucedido. La alteración de imágenes que logra la inteligencia artificial confunde aún más a una población que solo recibe incentivos para acercarse a los extremos. Con ello, quienes respaldan a Donald Trump se alejan más y más de quienes no. La moderación y el diálogo parecen remotos. Es la peligrosa polarización en la era de la posverdad. (Paola Rojas, El Universal, Opinión, p. A14)

Bajo Sospecha / Estados Unidos va por cárteles mexicanos

Una nueva amenaza fuerte y directa ha hecho el presidente Donald Trump a los cárteles de la droga mexicanos: que van a comenzar a realizar ataques terrestres contra los cárteles de la droga en territorio mexicano.

Reiteró lo que ha dicho en muchas ocasiones: “Los cárteles están controlando México”. Lo dijo durante una entrevista a la cadena Fox News, en la que agregó: “Es muy, muy triste ver lo que le ha pasado a ese país; los cárteles están funcionando y matando a 250, 300 mil personas en nuestro país cada año”.

Donald Trump también mencionó que ha ofrecido ayuda a la Presidenta Sheinbaum para combatir a los grupos criminales, pero que ella ha rechazado la intervención, insistiendo en la soberanía de México y su preferencia por soluciones sin violencia.

Luego de las amenazas de Trump, la Presidenta respondió diciendo que instruyó al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, a entablar una comunicación con el Gobierno de Estados Unidos, para hablar de los avances en materia de seguridad y el combate al narcotráfico. En su conferencia matutina, desde Guerrero, la mandataria detalló que le pidió al canciller contactar directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, y “de ser necesario” solicitar diálogo con Trump.

La mandataria mexicana detalló que las declaraciones del presidente de Estados Unidos son su “manera de comunicar”, y agregó que habló por teléfono con su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con quien abordó la situación de América Latina y la defensa de la soberanía, además de que le explicó que México tiene un entendimiento con el presidente Trump sobre seguridad, en el que se están fortaleciendo las acciones.

Y es que, evidentemente, tras la detención de Nicolás Maduro habrá reacomodos en América Latina. Hoy muchos otros países, sobre todo los que tienen presencia de cárteles de la droga, están o deberían estar muy preocupados. Nicolás Maduro está acusado de liderar el Cártel de los Soles. Quien también tiene acusaciones de tener relaciones con grupos del narcotráfico es Gustavo Petro, de Colombia, quien hace unos días tuvo comunicación con Trump.

Petro afirmó que la llamada con Donald Trump ayudó a bajar la tensión entre Colombia y Estados Unidos. Reveló que Trump mencionó posibles acciones duras en Colombia, pero consideró que el escenario quedó “congelado”. Petro dijo que apostó por el diálogo para evitar una escalada y mantener la relación bilateral.

Lo cierto es que en Colombia hay elecciones para renovar al presidente y al vicepresidente de la República, y están programadas para el 31 de mayo del 2026.

Si ninguno de los candidatos obtiene más de la mitad más uno de los votos en esa primera vuelta, se celebraría una segunda el 21 de junio de 2026. Me imagino que en Estados Unidos esperarán a ver qué perfil de mandatario llega a gobernar al país y ver los acuerdos a los que pueden llegar.

Es difícil pensar que Estados Unidos se esté metiendo de esta manera en América Latina solamente por ser un buen samaritano; hay intereses de por medio. Uno de ellos, importantísimo, es tener una América Latina en paz, con oportunidades en sus países y bajando los índices delictivos para contener la migración a su país.

Y es que son miles las personas que han tenido que salir de sus países por falta de oportunidad laboral, por dictaduras y por crimen organizado. Controlando la migración y el tráfico de drogas, la seguridad interna de Estados Unidos se fortalece.

Desde el domingo 4 de enero, un día después de la captura de Maduro, el presidente estadounidense dijo:

“Hay que hacer algo con México. México tiene que organizarse, porque se están filtrando drogas desde México y vamos a tener que hacer algo. Nos encantaría que México lo hiciera; son capaces de hacerlo, pero, desafortunadamente, los cárteles son muy fuertes en México”.

No es la primera vez que Trump asegura que va a exterminar a los cárteles de la droga mexicanos. A principios del año pasado, EU quiso ir un paso más allá de catalogar a los cárteles de la droga como terroristas y busca eliminarlos.

Sin duda, las organizaciones criminales mexicanas son su principal objetivo, ya que somos vecinos y argumentan que la seguridad en su país está en riesgo por estos traficantes.

Desde el año pasado comentábamos en esta columna que los funcionarios estadounidenses están tratando de mostrarse lo más duros y amenazantes posible.

Justo hace un año, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, publicó un memorándum dirigido a todos sus empleados en el que anunciaba una serie de medidas para la “total eliminación de los cárteles y organizaciones criminales transnacionales” en la lucha contra las drogas.

Bajo el argumento de proteger su “soberanía”, el documento señalaba que se deben redirigir recursos para perseguir a liderazgos y miembros de mediano rango dentro de las organizaciones, implementar la pena capital contra los criminales e incluso proponer una serie de reformas en el Congreso. Es lo mismo que se dijo desde el inicio de la campaña de Trump y se sigue haciendo.

El mismo día que Trump tomó posesión, firmó una orden ejecutiva en la que declaraba como terroristas a los integrantes de los cárteles mexicanos de la droga. Con esta orden ejecutiva aprobada por los estados donde tiene mayoría, EU puede ir tras los cárteles de la droga que considere un “peligro para su país”, aunque éstos operen en territorio mexicano.

En el memorándum de la fiscal Bondi, el tono es aún más agresivo contra los cárteles mexicanos, justificando posibles o futuras acciones militares en territorio nacional.

Bajo esta lógica, y sin necesidad de una investigación jurídica previa, Estados Unidos podría retener a cualquier persona asegurando que es parte de un cártel de la droga. Ya ha sucedido en otros países que han considerado zonas de guerra, como Irak y Afganistán.

 El Gobierno estadounidense tiene un mecanismo para no depender de acuerdos con el Gobierno de México y poder actuar directamente contra los cárteles sin ningún obstáculo. ¿Lo hará? Sí puede hacerlo, pero por ahora creo que es más ejercer presión sobre las autoridades mexicanas y que éstas actúen o intervengan directamente en México.

Si bien es cierto que tanto Omar García Harfuch como el general Ricardo Trevilla han trabajado bien y con una postura fuerte contra las organizaciones criminales, Estados Unidos busca además las redes políticas que están ligadas al crimen organizado.

Está en la cancha del Gobierno ver qué cabezas entregan, un gesto importante para Estados Unidos, y que calmaría las amenazas de que entren a territorio mexicano. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 10)

La Feria / La respuesta a la amenaza

Venezuela es la zona cero de un cambio telúrico que no empezó ahí ni el 3 de enero. Para seguir con la analogía sísmica: tras la abducción de Nicolás Maduro cualquiera sabe que, hasta nuevo aviso, puede temblar igual en otro país, y México está, para más INRI, justo en la falla tectónica con origen político en Estados Unidos.

Tras la caída de Nicolás el criminal y su cómplice esposa, en México no ha habido sino proclamas de uno y otro lado, en un ambiente donde privan por igual la apátrida esperanza de los que ansían que Trump les haga el milagrito, que el catastrofismo y la resignación de que será lo que el señor quiera; sin faltar las quinielas, unas más sofisticadas y otras puro “melatismo” sobre si las botas de los chicos de Donald Trump harán retemblar nuestra tierra. Y poco más.

Pero si algo ha quedado claro luego de estos 10 días que han sacudido al mundo, es que los halcones de Washington prefieren que la banda criminal que provocó ocho millones de migrantes y mantiene a 800 presos políticos permanezca en el poder en Caracas, a hacerse cargo directamente de un país en ruinas.

Es decir, hay algo aún racional en las tarascadas injerencistas que Marco Rubio y Stephen Miller diseñan. Si esa estrategia de encargar la contención a los criminales maduristas no resulta, si incluso puede traer más migración o caos, y poco petróleo, ésa será otra cosa.

Por lo pronto, qué puede hacer México frente a las amenazas de trumpistas que dicen que sólo la ley del más fuerte impera hoy. Y es que se va a necesitar mucho más que marchitas morenistas o la instrucción presidencial de que el canciller busque a Rubio.

Antes, la relación entre México y Washington implicaba presiones desde el norte al vecino del sur sin sobrepasarse con el gobierno azteca. Éste ofrecía garantizar estabilidad; a cambio requería margen de maniobra a fin de que el discurso patriótico fuera creíble en casa.

El primer año de Claudia Sheinbaum operó bajo el mismo paradigma. La presidenta entregó presos, acotó a China, atacó al fentanilo y mejoró el muro fronterizo que opera desde AMLO con Trump I. El problema es que Trump II quiere más, y con más espectacularidad.

México tiene que trazar una ruta que por un lado salvaguarde la soberanía para ejercer su voz, tanto en alternativas a la visión de Trump, como en su inalienable derecho a tener relaciones y hacer negocios con quien quiera, e incluso a apoyar a países como Cuba.

Y por otro lado, debe calcular los costos de atravesarse en los deseos de Washington, como con la cuestión cubana, isla con la que Trump ha ido subiendo el tono de las amenazas luego de que el presidente colombiano Gustavo Petro decidiera ir a someterse a la Casa Blanca.

La respuesta a la amenaza no se ve por ningún lado. Es cierto que día con día desde el 3 de enero la situación ha ido de sorpresa a sorpresa, pero frente a ello, ¿habrá cambios en la diplomacia mexicana? ¿En los cuadros y en las prioridades? ¿Se invertirá más en presencia y cabildeo en Estados Unidos, se pondrá a un embajador que no sea “el que ya estaba”? ¿Se trabajará a la prensa de ese país? ¿A la IP? ¿Revivirá el Congreso de la Unión para intentar interparlamentarias?

A Venezuela le reclaman daños a empresas e intereses de EU. Qué tan blindadas jurídicamente hablando están decisiones como la expropiación de AMLO de Calica a la empresa Vulcan; cuán lejos se va a ir en las pesquisas de tráfico ilegal de energéticos provenientes del norte, y, desde luego, cuándo caen los políticos cómplices de los narcos a los que el Tío Sam acusa de envenenar a sus hijos.

Los resultados en seguridad alineados con Trump, la oferta para que la inversión de Estados Unidos venga, la apertura a renegociar el T-MEC incluso –y en sentido contrario, apechugar y no protestar demasiado por los abusos de ICE contra paisanos– no alcanzan hoy.

Este lunes, 10 días después del golpe en Venezuela, no puede ser el inicio de una semana más ni en el gobierno, ni en la oposición o la sociedad civil. Porque de que desde la Casa Blanca o Mar-a-Lago van a seguir desatando tempestades y temblores, que ni qué. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 31)

Tolvanera / México no es Venezuela

Tras el golpe estadounidense en Venezuela un ambiente de confusión nubla al gobierno mexicano. Por un lado, hay cautela, incluso en el lenguaje, y por otro se desata la estridencia y el pánico. La presidenta Claudia Sheinbaum no ha solicitado en ningún momento la liberación de Nicolás Maduro y en cambio ha solicitado un juicio justo. Ha condenado la intervención militar estadounidense y ha expresado un discurso de mantenimiento de la cooperación con Washington sobre todo en materia de seguridad.

El partido oficial, Morena, en cambio, ha desplegado acciones propagandísticas y movilizaciones donde exigen la liberación de Maduro sin expresar ninguna crítica a la situación venezolana, los excesos del gobierno madurista y la represión contra opositores y periodistas.

Al golpear a Venezuela, el gobierno estadounidense tenía muy claro que sofocaba a Cuba. Y aquí es donde la cautela mexicana, con iniciativa, debe afianzarse para evitar mayores daños. Tener lecciones de los anteriores intentos de mediación en Venezuela para evitar una catástrofe mayor en Cuba y Latinoamérica. No colocarse en el fango y entre las patas de los caballos. No provocar.

Sobre todo entender que una estrategia diplomática apegada a nuestras mejores tradiciones y adecuada a las graves circunstancias internacionales de destrozo de leyes y convivencias, es vital para proteger a México.

Venezuela era clave en el abastecimiento energético cubano. México no puede sustituirlo. Tampoco el régimen político mexicano es similar al venezolano como para intentar emparentar al estilo isleño y caraqueño. Acá existen libertades y opciones democráticas que antes que cerrarse deben ampliarse y consolidarse. Un asunto clave en la reforma electoral, en la convivencia política y en el mensaje internacional.

El periodista Gerardo Arreola apuntó en una videocharla con Julio Hernández, Astillero: el gobierno de México debe ver la crisis cubana como un tema de seguridad nacional por encima de temas sentimentales o de simple solidaridad.

Autor de “Cuba, el futuro a debate”, explicó: “pasa el tiempo y el gobierno mexicano no hace transparente el comercio petrolero ni del gobierno pasado ni de este (con Cuba); debería hacerlo de manera franca, abierta, transparente como parte de un acuerdo multilateral”.

Arreola propuso que México estimule una iniciativa multilateral, similar a la practicada cuando la crisis centroamericana con la creación del grupo Contadora que medió en la guerra de Nicaragua y propició firmas de paz en El Salvador y Guatemala. Una mediación que evite un desastre mayor en Cuba y claramente se ponga en la mesa de negociación con Estados Unidos, donde el tema del abasto petrolero se transparente y se explique a los mexicanos.

Efectivamente, si México quiere ayudar a Cuba debiera hacerlo a partir de una estrategia integral, diversa, democrática y solidaria que aísle el conflicto de fuerza y permita una expresión auténtica de los cubanos, los únicos que pueden decidir sobre su destino.

Una estrategia que propicie reconciliación entre los isleños, ayude en la desactivación del bloqueo económico, anime acciones democráticas y de respeto a derechos humanos. Como punto nodal debiera estar la atención del tema migratorio tanto del trato (o maltrato) a migrantes que pasan por México, como de la situación de aquellos que ya han establecido residencia en territorio mexicano o estadounidense bajo condiciones inseguras.

Una acción de fuerza o una intervención externa en Cuba sería desastrosa no solo en términos de la reiteración de la ruptura de leyes internacionales, sino en consecuencias sociales y migratorias que amenazarían directamente a México.

No es una fatalidad la acción punitiva y de fuerza de Estados Unidos contra quien se le atraviese. Es tiempo también, de resistir y conciliar. De mediar y dialogar. Y no debe ser conducta solo internacional. Inicia desde adentro, desde nuestra conciliación y entendimiento. (Roberto Zamarripa, Reforma, Opinión, p. 9)

CARTONES

Uso excesivo de la fuerza

Uso excesivo de la fuerza

(Waldo, El Universal, Opinión, p. 15)

Defensa a la mexicana

Defensa a la mexicana

(Magú, La Jornada, Política, p. 7)