Que el gobierno federal designó como director general de Centros de Formación para el Trabajo, de la Secretaría de Educación Pública, a Francisco Garduño Yáñez, sí, aquel ex comisionado del INM en cuya gestión ocurrió un incendio en una estación migratoria de Ciudad Juárez, en 2023, que cobró la vida de al menos 40 personas y del que se lavó las manos. Ahora el titular de la SEP, Mario Delgado, dijo que el recluta es un funcionario ejemplar y su participación será fundamental para la reforma de Bachillerato Nacional. Bueno.
Que los vecinos de Tecámac, Estado de México, se están organizando para poner ellos mismos un alto a la delincuencia, porque las autoridades, encabezadas por la alcaldesa morenista, Rosa Yolanda Wong, y la titular de la Guardia Civil, Rubid Suárez, en lugar de combatir el hampa ordenaron desde hace un par de meses retenes de policías municipales que se dedican a extorsionar a automovilistas y motociclistas en los límites con Tonanitla, en el entronque con la carretera que va al AIFA, mientras los otros pillos asaltan y roban a placer. Ojo ahí. (Trascendió, Milenio, Nacional, p.2)
Hoy se cumple el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump. Lo que se conoce como Trump 2.0 ¿Cómo ha sido la relación México-Estados Unidos (EU) en estos doce meses?
Para usar un término lo más descriptivo posible, se puede afirmar que ha sido “atípica”, dentro de la historia de más de 200 años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. No fue la experiencia traumática de la guerra de 1846-1848 tras la cual perdimos casi dos millones de kilómetros cuadrados (extensión similar a la de Groenlandia), pero tampoco la de la “Buena Vecindad” que caracterizó a los años sesenta del siglo pasado, cuando tuvimos el programa Bracero y la Alianza para el Progreso.
En estos doce meses hemos registrado claroscuros. Los claros: pasamos a ser el primer importador de productos made in USA y el primer exportador de productos “hecho en México”, además de registrar el menor flujo de emigrantes de nuestro país hacia EU en los últimos 25 años, el mayor ingreso de turistas del vecino país y el mayor registro de sus ciudadanos residiendo fuera de su territorio. La tuerca de la integración dio una vuelta completa al tornillo.
Pero los oscuros también son notables. Tienen que ver con el tema de la seguridad, el combate a los cárteles de la droga (especialmente del fentanilo) y las reiteradas propuestas y amagos para que ingresen tropas estadunidenses a territorio mexicano a combatirlos, algo que la Presidenta de México ha rechazado una y otra vez, de manera firme y reiterada, ofreciendo a cambio cooperación, colaboración y coordinación para enfrentar ese flagelo. “Cooperación, sí; subordinación, no”.
Es altamente probable que las peticiones y planteamientos de una participación directa de las fuerzas estadunidenses in situ sigan registrándose.
La negociación del T-MEC durante el primer semestre de este 2026 es un estímulo muy fuerte para que estos planteamientos se intensifiquen. La Estrategia de Seguridad Nacional 2026 presentada en diciembre pasado en el Capitolio reconoce abiertamente que las negociaciones comerciales y diplomáticas pasarán por una especie de verificación para validar que el combate a las “organizaciones narcoterroristas extranjeras” es una prioridad nacional en los países socios.
Es decir, ya no existe aquel principio de negociación que planteaba “no contaminar” temas comerciales con asuntos de otra naturaleza (seguridad, migración, energía, derechos humanos, etc.); por el contrario, hoy todos los temas son variables dependientes y subordinadas del tema nodal: seguridad nacional, y este es un cambio de enfoque que no existió en su momento en la negociación del TLCAN.
La segunda mitad de 2026 estará a su vez marcada por un evento de política interior estadunidense, que será la elección de medio término el martes 3 de noviembre, donde se elegirán 36 gubernaturas, 33 senadurías (un tercio del Senado) y la Cámara de Representantes (diputaciones federales) completa, que desde ahora se prevé altamente competida, y donde México podría ser convertido en un tema de agenda electoral.
En este año de relación “atípica”, la característica más notable, sin lugar a dudas, es la manera como la presidenta Claudia Sheinbaum ha sabido enfrentar las presiones y pretensiones de nuestro vecino, con cabeza fría, pero también con una estrategia de dignidad y firmeza diplomáticas, avalada y arropada por la aceptación y el apoyo de la mayoría del pueblo de México, sin el cual ningún mandatario en el país hubiese salido adelante. (Ricardo Monreal Ávila, Milenio, Política, p. 8)
El 20 DE enero de 2025 tomó posesión en Washington el presidente Donald Trump. Obtuvo una mayoría indiscutible de votos sobre su rival del Partido Demócrata, Kamala Harris. En los meses que siguieron fue perdiendo el apoyo popular y hoy en día las encuestas le son desfavorables. Su administración ha sido caótica dentro y fuera de su país. Algunas de sus posiciones son irracionales. Justifica, por ejemplo, su obsesión de apoderarse de Groenlandia pertenece a Dinamarca porque no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz. En realidad no es Dinamarca el que hace la selección, sino un comité de cinco miembros designado por el Parlamento de Noruega. Para la presidenta Sheinbaum ha sido una tarea mortificante y agotadora sobrellevar la relación con Trump, siempre bajo la amenaza de enviar militares a México a combatir narcoterroristas.
Su templanza y paciencia, lo que llama “cabeza fría”, ha impedido que lo haga. Pero faltan tres largos años de lidiar con un personaje complicado e impredecible. Hay mucho en juego: el territorio, la independencia y soberanía del país, el tratado de libre comercio, la protección de millones de migrantes que viven al otro lado de la frontera, sus remesas y más. Serenidad y paciencia, Presidenta, así le tocó. (Enrique Galván Ochoa, La jornada, Política, p. 8)
Que el gobierno de Estados Unidos haya declarado una alerta para sobrevolar zonas de México (y otros países) ante la posibilidad de realizar acciones militares en ellas, sí es un tema que debe ser tomado en consideración. La respuesta de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes diciendo que esa alerta no era para vuelos mexicanos, sino para pilotos estadunidenses, es de una banalidad absoluta ante el peso de la propia alerta. Por qué la emitió la FAA no lo sabemos, pero no es en absoluto una decisión menor, sobre todo tomando en cuenta el texto y el lenguaje subyacente del último comunicado emitido por el departamento de Estado y la Cancillería mexicana.
El hecho es que la colaboración existente, sobre todo en el ámbito de inteligencia y militar, es muy superior a lo que en ocasiones se reconoce por el gobierno federal, que vive en una suerte de esquizofrenia derivado del doble efecto de las presiones de Washington y las de los duros de Palenque, con una Presidenta que debe decidir si dará o no un golpe sobre la mesa, asumiendo que no hacerlo le está quitando capacidad de negociación y de interlocución con Washington y dentro de su propio gobierno y partido.
El caso del avión Hércules que aterrizó en Toluca lo demuestra. ¿Qué importancia podría tener en cualquier otro lugar del mundo que aterrizara un avión de transporte de Estados Unidos en uno de los países supuestamente aliados de Washington? Ninguna, tendría que ser, como lo es, un hecho intrascendente. En nuestro caso se volvió tendencia porque durante toda una semana se exageró y alimentó un discurso nacionalista contra la intervención de Estados Unidos que no tenía asidero con la realidad.
No la tiene porque no está en la agenda una intervención de ese tipo: lo que se le ha propuesto a la presidenta Sheinbaum es la participación de fuerzas estadunidenses, militares y de la CIA, en operativos contra los cárteles, acompañando a fuerzas mexicanas, bajo mando de nuestras fuerzas militares. Se podrá estar de acuerdo o no, pero no es algo descabellado, y tampoco es sinónimo de una intervención.
La indefinición existente a la hora de golpear a los políticos y funcionarios protectores y cómplices de los grupos criminales es lo que alimenta las presiones estadunidenses y la tentación de lanzar en forma unilateral acciones en nuestro territorio. Establecer con claridad y transparencia los mecanismos de colaboración y asumir esa tarea en forma integral es lo mejor que podría pasar en la relación bilateral. Aunque eso implique costos en los equilibrios internos de los grupos en el poder.
Hemos dicho muchas veces que desde febrero del año pasado hay elementos del ejército estadunidense en tareas de entrenamiento y capacitación en México, de la misma forma que hay elementos militares mexicanos en Estados Unidos, en forma permanente en la sede del Comando Norte en Colorado, como en otras tareas de capacitación y entrenamiento, eso incluye elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
El trabajo realizado en forma conjunta, en muchos ámbitos, pero sobre todo en la frontera norte para cerrarle el paso a la migración ilegal es reconocido a ambos lados de esa frontera. Hay mucho margen para avanzar y profundizar los acuerdos de colaboración en seguridad, pero sin asumir costos políticos internos será muy difícil no quedar atrapados en un discurso falsamente nacionalista que poco y nada tiene que ver con la realidad. Son horas de definiciones. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
¿Es la locura de Trump algo totalmente novedoso? No. “Utilizo la emoción para la mayoría y reservo la razón para la minoría”, Hitler. Misma autoría. “El primer requisito para el éxito es el uso constante y regular de la violencia”. 365 días. El ICE –con el doble de elementos– en toda la Unión. Minneapolis quedará en el mosaico histórico de la represión. Aterrorizar en general, pero, sobre todo, en las “ciudades santuario”. Confrontaciones, detenciones arbitrarias y violentas. Aterrorizar para mandar. Aterrorizar a los migrantes y lo logró. Aterrorizar a los iraníes para buscar un reacomodo. Irán, tres veces mayor en territorio que España y muchos recursos. Aterrorizar al mundo con los aranceles, pero las consecuencias para sus consumidores.
Aterrorizar a los venezolanos para convertirse en su redentor. Y, en ese ambiente, doblegar a Petro y a Díaz-Canel. Y, por qué no, a México: amenazas de acciones terrestres, sobrevuelos a su capricho. El ataque es permanente, igual a Ucrania que a la Unión Europea. No busca la victoria de uno u otro. Pretende erigirse en el que la decida. Infinitos ataques verbales a la prensa, pero también transgresión de normas básicas de convivencia, como el cateo a la casa de Hannah Natanson, del Washington Post. El asesinato de Renee Nicole Good por el ICE, tendrá monumento.
No es nuevo. “De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”, es de Napoleón y entonces… a invadir sin miramientos. “La mejor manera de mantener la palabra es no darla”, eficaz la fórmula. She is a nice lady, de Sheinbaum, pero el país está gobernado por los narcos. Con independencia de los errores internos que están destruyendo al país, a la Presidenta le tocó en suerte lidiar con un demente. Pero Sheinbaum ha procedido con serenidad. Al país le ha caído bien la presión. Las acciones concretas de SSPC y las de “colaboración” son nuestra mejor arma de defensa de la soberanía. Pero el secretario Rubio es claro: quieren una muestra política de que hay un rompimiento con el narcoestado. Esta no se ha dado. ¿Por qué? ¿No quiere o no puede? Con la información que ya tiene la inteligencia de EU, llevarse a un capo-político sería el próximo y anunciado paso. Sobre advertencia no hay…
Recordemos a Hitler: primera condición del éxito: el uso constante y regular de la violencia. Entonces sobre Groenlandia, por las buenas o por las malas, sea esto lo que sea: la compro, la invado. Pero la humanidad no está condenada a los geniales dementes. De hecho, es precisamente ese desenfreno el que los lleva al fracaso. Napoleón en Santa Elena con poco más de 50 años. Hitler: suicidio, 56 años. Qué podemos esperar. La locura de Trump ya ha generado reacciones fuertes e interesantes. Es un despertar. De entrada, la reacción frente a los nuevos aranceles a Europa por no apoyar la apropiación estadunidense. La Unión se unió. “Europa no se dejará chantajear”, Macron. Trump se burla y ofende a los habitantes de la isla-continente: “Su defensa son dos perros y un trineo”. Agrega otro trineo. “Pueden contar con nosotros”, Von der Leyen. Francia, Alemania, Canadá, Noruega, Países Bajos, Dinamarca enviando armamento. La relación especial con el Reino Unido se cimbra. “Los vamos a defender”. El canciller danés es duro y sin concesiones. Los habitantes del territorio en disputa, sobre todo niños, pintan su bandera y salen a las calles. Asia observa. La OTAN está en declive, dicen. Quizá esta sacudida la haga revivir. Nacida en 1949 frente a la amenaza expansionista de la URSS, se basa en algo sencillo: un ataque a un miembro es un ataque a todos, “Defensa Colectiva”, (artículo 5) y defensa de los valores democráticos.
Esto –por desgracia– apenas empieza. Pero en los delirios de Trump deberán aparecer Santa Elena y el búnker. Ya está reprobado en la opinión pública. Allí está el impeachment, destitución, juicio político por delitos graves o abuso de poder.
Digo, ¿por qué no? (Federico Reyes Heroles, Excélsior, Nacional, p. 10)
Hoy se cumple el primer aniversario del regreso de Donald Trump a la Oficina Oval. Doce meses que han transcurrido con la velocidad de un carrusel desbocado. Aquí estamos: con más de cien civiles muertos en aguas internacionales, una de las agencias humanitarias más importantes del mundo desmantelada y un bloqueo naval en el Caribe que evoca los peores fantasmas imperiales de hace un siglo. Eso por no hablar de los hombres y mujeres ultimados por ICE. Lo más perturbador no ha sido la previsibilidad de Trump, sino la velocidad con la que Estados Unidos abandonó cualquier pretensión de operar dentro de marcos institucionales reconocibles.
Empecemos por su “política antinarcóticos”. Desde septiembre, la Armada estadunidense ha destruido más de 30 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de, al menos, 105 personas muertas. No detenidas. Muertas. Sin proceso judicial, sin verificación de que transportaban drogas, y en varios casos con evidencia de que se “remató” a sobrevivientes. Expertos lo dicen sin ambigüedades: ejecuciones extrajudiciales y posibles crímenes de guerra.
Tras traer a todos los países en un hilo con su “guerra arancelaria”, Trump decidió ir más lejos en sus pretensiones de confrontación y declaró a los cárteles como “organizaciones terroristas” y anunció un “conflicto armado no internacional” para usar fuerza letal sin declaración de guerra del Congreso. “Vamos a matar a las personas que traigan drogas al país”, declaró en octubre. Y lo ha cumplido, aunque organizaciones de derechos humanos documentan que muchas víctimas podrían haber sido pescadores civiles. En la lógica de Trump, la sospecha es suficiente sentencia.
Este despliegue naval —el más grande en el Caribe en décadas— es también el preludio del bloqueo que Trump ordenó en diciembre contra petroleros venezolanos. Un bloqueo que la ONU califica de “ataque armado ilegal”. Trump exige que Venezuela “devuelva” petróleo, tierras y activos supuestamente “robados”. No es sutileza: quiere las reservas petroleras más grandes del planeta. Trump cerró la agencia que administraba 72 mil millones de dólares —menos de 1% del presupuesto federal— en ayuda humanitaria para más de 120 países. Elon Musk la llamó “organización criminal”. El resultado: en Somalia, la desnutrición infantil aguda se duplicó; en Ucrania, medios independientes cerraron; miles de organizaciones en América Latina perdieron todo su financiamiento. Y, claro, China aprovecha el vacío. Pero aparentemente es un precio aceptable por la “eficiencia” de Musk.
En el frente doméstico, Trump desató el ataque más sistemático al sistema migratorio que se recuerde. Terminó con CBP One, eliminó protecciones para DACA, canceló programas de reunificación familiar. Los videos de agentes enmascarados realizando arrestos violentos se volvieron rutinarios. En enero, un agente de ICE incluso mató a tiros a una ciudadana estadunidense en Minneapolis. Y está el Proyecto 2025, ese documento que Trump juró no conocer, pero que ha implementado meticulosamente.
Lo más aterrador no es ninguna acción aislada, sino la velocidad. Cada semana trae una nueva transgresión, un nuevo ataque a instituciones que se creían sólidas. Trump ha operado bajo la premisa de que las normas son sugerencias y que el Poder Ejecutivo no tiene límites si tienes voluntad de ignorar a quienes te piden detenerte. ¿Estamos bajo el agua? Tal vez. Pero no por accidente. Trump ha inundado el espacio público con tanta violencia institucional que resulta imposible procesar cada atropello antes de que llegue el siguiente. Es una estrategia. Y le ha funcionado. Hoy cumple un año. Faltan tres más. La pregunta ya no es qué tan hondo puede caer Estados Unidos, sino cuánto oxígeno le queda, a EU y al mundo. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)
Hoy se cumple un año del inicio del segundo periodo de Donald Trump, aunque parece una eternidad por todo lo que tiene significado para el mundo, el balance ya no puede hacerse solo desde Estados Unidos.
Su regreso al poder ha reconfigurado el tablero político regional y ha colocado a México en una posición especialmente delicada, recordándonos esa frase porfiriana “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” que encapsula la compleja posición geográfica e histórica de México, reflejando la complicada relación en materia migratoria y de seguridad, principalmente, y desafíos económicos.
Desde una mirada feminista, este segundo mandato no solo representa la profundización de un proyecto autoritario, sino una amenaza concreta para los derechos, la democracia y la soberanía entendida como protección efectiva de las personas.
Trump volvió sin máscaras. Si en su primer período ensayó el poder desde la provocación, hoy lo ejerce desde la revancha, incluso anunciando el abandono de decenas de organismos internacionales de derechos humanos. La misoginia, el racismo y el desprecio por los derechos humanos dejaron de ser excesos retóricos para convertirse en instrumentos de gobierno. La política migratoria, la criminalización de la movilidad humana y el uso del comercio y la seguridad como mecanismos de presión son prueba de ello. Para México, esto implica tensiones constantes, chantajes diplomáticos y un riesgo permanente de subordinación.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado, hasta ahora, por una estrategia de contención institucional: evitar la confrontación directa, insistir en el respeto a la soberanía y apostar por la vía diplomática, mientras impulsa una reforma electoral innecesaria que acentúa la polarización interna. Esta postura ha permitido sortear el primer año sin crisis abierta, pero también ha mostrado sus límites.
Desde el feminismo, preocupa que la agenda bilateral priorice seguridad, control migratorio y comercio, mientras se relegan los impactos diferenciados que estas decisiones tienen sobre las mujeres. Las políticas de Trump afectan directamente a mujeres migrantes, solicitantes de asilo y trabajadoras transfronterizas, muchas de las cuales quedan atrapadas entre la militarización de fronteras y la ausencia de políticas de cuidado, protección y derechos.
Este primer año también deja claro que Trump no distingue entre gobiernos. Su lógica no es ideológica, sino de fuerza. México seguirá siendo presionado y la pregunta clave es si el Estado mexicano está dispuesto a sostener una posición firme basada en derechos humanos o si seguirá administrando los costos políticos de cada embate.
¿Qué esperar para lo que sigue? Más presión migratoria, intentos de condicionar acuerdos comerciales, uso de México como chivo expiatorio y una narrativa que buscará responsabilizar a nuestro país de problemas internos de Estados Unidos. Frente a ello, la respuesta no puede ser solo técnica o diplomática. Requiere una estrategia política clara, una defensa activa de los derechos humanos y una visión feminista que ponga en el centro la vida, la dignidad y la igualdad.
Porque cuando el autoritarismo avanza en el norte, sus efectos no se quedan en la frontera. Y si algo ha demostrado este primer año del segundo Trump, es que mirar hacia otro lado nunca ha sido una opción para México. (Martha Tagle, El Sol de México, Análisis, p. 22)
Aspirantes de Zacatecas “miden fuerzas” con paisanos
Desde Zacatecas nos cuentan que tres suspirantes a la gubernatura estatal por la 4T se fueron a placear a Estados Unidos con la comunidad migrante. Se trata de la senadora Verónica Díaz Robles (Morena), con la bendición del gobernador David Monreal Ávila (Morena), así como el diputado federal Ulises Mejía Haro (Morena) y la senadora Geovanna Bañuelos de la Torre (PT), quienes salieron bien posicionados en la primera encuesta del partido guinda. Nos precisan que, aunque no se pueden ver “ni en pintura”, ninguno está dispuesto a ceder terreno y se encontraron en los festejos del 23 aniversario de la Federación de Clubes Zacatecanos de Fort Worth, Texas, para medir fuerzas. ¡Qué tal! (Kiosko El Universal, Estados A11)
Es público que la clase política de Morena dejó de viajar a Estados Unidos. Aunque las recomendaciones para evitar viajes no necesarios a ese país surgieron en el último año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la preocupación y el miedo se materializó con las primeras cancelaciones de visas a políticos, comenzando con la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, en mayo del año pasado. Hasta hoy, más de 100 mil visas a funcionarios y políticos mexicanos y mexicanas han sido canceladas. Y seguirán creciendo.
Hay más visas canceladas de personas que sin estar en la política, tienen relación con figuras públicas. Personas que vivieron ese tránsito han descrito cómo al llegar a Estados Unidos han sido llevados a un cuarto en el aeropuerto, donde agentes del FBI y del Departamento de Seguridad Nacional los han interrogado sobre sus relaciones con funcionarios y exfuncionarios a los que tienen bajo investigación. En algunos casos los interrogatorios han durado seis horas, al término de los cuales han sido deportados. En otros, en particular del círculo familiar de López Obrador, les han permitido la entrada, pero han tenido que acudir a oficinas del FBI en Dallas, particularmente, para interrogatorios informales.
Las visas, comentó un funcionario estadounidense, se han convertido en un certificado de honestidad para los mexicanos. En ese sentido, la recomendación que le hizo a López Obrador el exfiscal general Alejandro Gertz Manero, que se le hizo extensiva a varios miembros del gabinete, líderes de Morena y gobernadores, indirectamente reconocía que en sus filas había deshonestos que podrían tener problemas si buscaban entrar a Estados Unidos. El número de visas que cancelaría el Departamento de Estado ascendía a 300, entre funcionarios y exfuncionarios en los tres niveles, así como miembros de partidos, sindicalistas y personas en general, por sus presuntos vínculos con el crimen organizado.
El temor entre funcionarios y políticos, notoriamente de Morena, es derivado de que están viendo acciones concretas en la cancelación de visas, que sólo en un número reducido de suspensiones se ha hecho público. La revocación de visas se realiza de manera discrecional por parte del Departamento de Estado, en coordinación con el Departamento de Seguridad Nacional, que se establece caso por caso, de acuerdo con la proclamación del presidente Donald Trump que restringe la entrada de “ciertos” extranjeros para prevenir “amenazas de seguridad nacional y de salud pública”.
La cancelación de visas es resultado de un proceso iniciado en el gobierno de Trump donde se han revisado los antecedentes de cientos de figuras públicas y sus relaciones con el crimen organizado, que en el pasado, aunque existía la información, no se había tomado la decisión política de actuar, como señaló una fuente estadounidense. En la clase política del régimen, públicamente minimizan, niegan o caricaturizan que existan listas negras en Washington, pero en los hechos, han optado por no viajar a Estados Unidos. Diplomáticos estadounidenses han entregado a la presidenta Claudia Sheinbaum varias listas de miembros de su partido vinculados con los cárteles de las drogas, y le han pedido que actúe, pues de otra manera, el Departamento de Justicia podría hacer pública una imputación y pedir la extradición.
Entre los nombres de las principales figuras en las listas que han entregado se encuentran gobernadores, legisladores, secretarios de Estado y líderes de Morena. La cancelación de las visas no ha tenido como objetivo central imputarlos, sino que ha servido como una advertencia de que se encuentran bajo investigación. No todos aquellos o aquellas a quienes se les ha revocado la visa, han recibido notificación de ello, por lo que no se sabe cuántos de esos 100 mil que ya no la tienen, están conscientes de su situación.
La cancelación de visas en Estados Unidos no es un trámite administrativo menor ni un gesto burocrático rutinario. Es, en la práctica, un instrumento de poder. Silencioso, discrecional y profundamente político. Cuando Washington cancela una visa, no necesita explicarse; el mensaje va implícito y el destinatario lo entiende con claridad quirúrgica.
Sheinbaum ha sido interrogada varias veces sobre la política de Trump, y ha señalado que es una atribución única y soberana de Washington. Al menos dos gobernadores mexicanos, reveló un funcionario estadounidense, lograron evitar la cancelación de sus visas o lograron condiciones extraordinarias durante un año a cambio de que les proporcionaran información. Los gobernadores, muy cercanos al expresidente López Obrador, se convirtieron en informantes informales de las autoridades estadounidenses.
Varias secretarías de Estado en Washington están involucradas en el monitoreo y seguimiento de la información que tienen, pero el Departamento de Estado está haciendo un seguimiento permanente de figuras públicas en México como nunca lo habían hecho. De este seguimiento pueden derivarse revocaciones de visa, incluidas personas que no tengan relación con el crimen organizado, pero que han tenido posiciones contrarias a las políticas de la administración Trump o utilicen un lenguaje que pueda ser considerado de odio, que es una de las razones por las que, de acuerdo con la proclamación de Trump, pueden ser sujetos a la cancelación de su permiso para entrar a Estados Unidos.
Pero para un político o funcionario, la cancelación de su visa significa la pérdida de interlocución, margen de maniobra y, sobre todo, credibilidad. Ser persona non grata al norte del río Bravo tiene consecuencias prácticas inmediatas. El daño no es sólo personal; es reputacional, institucional y, en algunos casos, letal para una carrera pública. La gobernadora de Baja California, la figura de mayor jerarquía a la que le revocaron la visa, es un ejemplo de ello, aunque la presidenta Sheinbaum haya salido a arroparla. La cancelación de visas es realmente, en el fondo, una forma de diplomacia punitiva. No busca humillar públicamente, sino corregir conductas sin escalar conflictos. La gobernadora procedió a su divorcio, para tirar lastres. Otro gobernador negoció que su familia se quedara a vivir en Estados Unidos. Uno más acudió a la embajada de Estados Unidos para neutralizar los daños sobre una investigación en curso en su contra.
Durante años se cultivó la idea de que la relación con Estados Unidos podía administrarse desde la retórica nacionalista sin consecuencias reales. Se acabó. Esa ficción empezó a resquebrajarse cuando las visas comenzaron a revocarse. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)
Lamentablemente México se ha convertido en un país donde a diario desaparecen personas.
Y reaparecer, cuando ocurre, a veces significa que lo que pasó fue peor de lo que imaginábamos.
Lo del académico de la Ibero, Leonardo Escobar, no puede tratarse como un episodio más en la fila interminable de historias que el país aprende a olvidar. No solo por quién es, ni por lo que representa, sino porque muestra al Estado como amenaza.
Porque lo que empieza a asomarse es una hipótesis gravísima, donde el académico asegura, habría sido víctima de una detención ilegal por parte de la Guardia Nacional, la misma que nos fue vendida como la solución a los problemas del país. La corporación que, en el discurso, iba a garantizar seguridad, legalidad y derechos humanos.
La que, en la práctica, se ha convertido para muchos en uniformes con poder y sin control.
De comprobarse, no es menor la historia del investigador, quien relata los hechos con ecuanimidad, sin estridencias, aunque por momentos genera más dudas que certezas. Y justo por eso pega más. Narra irregularidades que se cruzan como estafeta entre autoridades. Los policías del aeropuerto, policías de Apodaca, procedimientos que nadie documenta, traslados confusos y versiones que no cuadran.
La vieja fórmula mexicana es que cuando todos “intervinieron”, nadie se hace responsable.
Y mientras las instituciones se lavan las manos con burocracia, el ciudadano queda indefenso y expuesto.
Esto podría tratarse de una postal del país.
Un país donde el abuso de autoridad no es excepción, donde muchos hombres y mujeres de bien viven con temor de salir de casa y no regresar o regresar después de haber pasado por un infierno sin expediente.
El caso del académico de la Ibero exhibe algo que México no ha querido enfrentar con seriedad, como la normalización del atropello.
La pregunta central no es si fue o no fue la Guardia Nacional, sino cuántas veces sí ha sido y no hubo nombre, ni Ibero, ni presión pública.
Porque el escándalo no es la denuncia, sino que resulte creíble.
Ojalá este episodio no se archive en el cajón del “ya pasó”. Y ojalá que esta vez, las instituciones entiendan que la exigencia ciudadana es que se descubra la verdad, se dé con los responsables y que haya consecuencias. (Alberto Rueda, Milenio Puebla, Online)

(Chelo, El Universal, Opinión, p. 15)

(Xolo, 24 Horas, Pagina 2)

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 9)