Opinión Migración 300126

Malos Modos // El peor trabajo del mundo (y el mejor)

Hace un par de días, la fiscal Ernestina Godoy anunció que quedaba resuelto el caso del Interoceánico, ese descarrilamiento que se tradujo en 14 muertos y 98 heridos. ¿Cuál creen que fue el problema? No, el problema no fue ni la premura con que armaron e inauguraron la obra el sexenio pasado; ni la supervisión –pro bono, ¿eh?– del cachorro del ex presidente; ni el hecho de que el tren en cuestión sea un peligro —lo dijo la Fiscalía— si agarra una curva a más de 50 por hora; ni la falta de señalización; ni el hecho de que la tecnología ferroviaria del Bienestar obligue al maquinista a controlar la velocidad in situ, onda tren del Salvaje Oeste, y aparentemente a ojo, ni los proveedores, igual que no parece haber ningún indicio inquietante en que los trenes cuatroteístas hayan tenido seis accidentes en dos años. No.

El problema es que el chofer le pisó. Imagínense que agarró la curva a 65, y que en algunas rectas no se limitó a los 75 —leyeron bien— que marca un manual que, por otro lado, quién sabe dónde andará. Resultado: maquinista detenido y listo para que se le abra una “carpeta de investigación”. A la cárcel.

No es el único caso. ¿Recuerdan la explosión de una pipa en Iztapalapa? Resultó que el problema no fue ni el acné crónico que distingue a las calles chilangas desde que las gobierna el pueblo, ni el camión mismo. El problema fue que al chofer, como al del Interoceánico, le gustaba pisarle. Así que: carpeta, y a lo que sigue.

De este modo, mi consejo fraternal es que si quieren chambear en tiempos de la democracia popular, que no sea de chofer. Ni modo. La buena noticia es que con la Cuarta, que va, hay chambas apetecibles y poco riesgosas. Como el huachicol fiscal. O como proveedor del gobierno. O, mejor aun, como titular de Migración. Fíjense nomás qué maravilla de puesto: se mueren decenas de migrantes calcinados, dices “Ups, sorry”, y te dan un cargo en la SEP, para que aportes tus infinitos talentos a la tarea inaplazable de educar a la niñez mexicana. (Julio Patán, El Heraldo de México, País, p. 8)

Sobreaviso // Poder desbalagado

Tampoco es el momento de resucitar, así sea en el imaginario, el presidencialismo todopoderoso, capaz de determinar hasta la caída de las hojas secas. Es hora de administrar y cuidar el poder, sobre todo, si –llegado el caso– es menester ejercerlo a fondo. No hacerlo es despilfarrarlo.

En esa tesitura, la jefa de Estado no debería asumir responsabilidades e irresponsabilidades de otros. No toca a ella defender a Francisco Garduño, el excomisionado de migración que lleva la ceniza de los migrantes calcinados; los yerros, excesos y deslices de los ministros de justicia, incapaces de entender lo que representan; a las y los gobernantes con presuntos vínculos con el delito o tentaciones propias de caciques; a los mercaderes de la política con disfraz de aliados; y menos aún a los corruptos con influencias y ascendencia.

Empeñarse en esas causas –por así, llamarlas– es autoinfligirse un castigo y desgastarse. Revela que, en la apariencia concentrado, el poder es disperso, no suyo. No muestra fortaleza, sino debilidad. (René Delgado, El Financiero, Opinión, p. 39)

A Ras de Suelo // ICE: la mano dura que erosiona a Trump

En los últimos 5 meses, la actuación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha derivado en un patrón creciente de abusos documentados y difíciles de justificar. Con 73 mil detenidos, la cifra más alta registrada, las detenciones aumentaron 75% respecto a enero de 2025, con 73% sin antecedentes penales. A ello se suman detenciones sin orden judicial, perfilamiento racial y la omisión del registro inmediato de las personas detenidas, lo que dificulta su localización y obstaculiza el acceso a una defensa efectiva. Bajo la administración Trump, ICE ha detenido al menos a 170 y asesinado a dos estadounidenses, mientras que 32 migrantes han muerto bajo custodia del gobierno y más de 400 menores han sido retenidos por más de 20 días, en violación del Acuerdo Flores.

Los operativos se han concentrado en ciudades santuario, especialmente las gobernadas por rivales de Trump. Tras la aprobación de la Ley Grande y Hermosa, la policía migratoria ha ampliado sus recursos y capacidad operativa. Actúa como una fuerza militarizada, con uso excesivo de la fuerza y sin mecanismos de rendición de cuentas. Videos y testimonios muestran a agentes del ICE realizando acciones que recuerdan más a un aparato de control y persecución que a policías civiles. La respuesta del gobierno federal ha sido una defensa acérrima de sus agentes y políticas, lo que ha profundizado el deterioro de la credibilidad institucional. Además, ha buscado deslegitimar a las víctimas como Renee Good y Alex Pretti y amedrentar a quienes los cuestionan.

Bovino, quien estuvo a cargo del operativo en Minnesota hasta hace unos días, llegó a amenazar a quienes “insulten” a las fuerzas del orden o las comparen con la Gestapo. La secretaria Noem, la vocera más agresiva del gobierno, defendió a los agentes falseando la realidad y calificó tanto a Good como a Pretti de “terroristas domésticos” sin permitir investigaciones, alimentando la percepción de una falta de transparencia institucional.

Los excesos del ICE han derivado en múltiples demandas federales por detenciones sin orden judicial ni causa probable, en violación de la 4a Enmienda; por condiciones de reclusión inhumana, como hacinamiento, atención médica deficiente y restricciones al acceso a la defensa; así como por la transferencia y retención irregular de menores y los arrestos en tribunales. Las denuncias se repiten en distintos puntos del país e incluyen también el hostigamiento a observadores civiles estadounidenses que documentan operativos migratorios, en contravención de la 1a Enmienda.

La postura despótica del gobierno encontró un límite político y social con el asesinato de Pretti a días del de Good y con la detención de Liam, un niño de 5 años arrestado por ICE. Dos de los agentes implicados en el asesinato del enfermero fueron suspendidos, y la crisis obligó a Trump a moderar su discurso. Lo que hasta ahora había sido una defensa rotunda de la mano dura, se ha transformado en un discurso sobre “investigaciones en curso”, “revisión de protocolos” y llamados a bajar la tensión política y social, en un intento evidente por contener la indignación pública y la presión ciudadana contra la violencia institucional. A la par, Tom Homan ha iniciado campañas para moderar el tono de las críticas hacia el ICE.

Las estrategias agresivas de la administración Trump han tenido un efecto adverso en la opinión pública. Según una encuesta, 53% de los estadounidenses desaprueba la política migratoria de Trump, mientras que 58% considera que las acciones del ICE han ido demasiado lejos.

Aun cuando muchos estadounidenses respaldaban las políticas migratorias de Trump, el abuso sistemático en contra de su población, la impunidad y la violación de principios básicos terminaron por erosionar su legitimidad interna. A pocos meses de las elecciones intermedias, la popularidad de Trump está en descenso. Queda por ver si su gobierno será capaz de corregir el rumbo y recuperar el respaldo social indispensable para sostener su autoridad. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. 5)

Desde afuera // Cambio de tono, pero no de tonada

La misión del “zar fronterizo” Tom Homan en Minneapolis fue más apaciguar las aguas y calmar los ánimos que dar marcha atrás en la campaña antiinmigrante emprendida por el gobierno del presidente Donald Trump. Podría definirse como un cambio de tono, pero no de tonada, en medio de lo que se describe ya como una crisis política por la forma en que se ha desarrollado buena parte del mandato.

Hay ciertamente la creciente indignación pública por las tácticas usadas y la división dentro del gobierno Trump entre “halcones” que, como Homan, creen que esa extrema visibilidad es contraproducente. Pero están también la irritación entre estadounidenses y su posible impacto político.

Mientras los partidarios del presidente Trump favorecen sólidamente la campaña, aunque difieran en las formas, una mayoría de demócratas e independientes está cada vez más inconforme y muchos republicanos comenzaron ya a advertir de problemas en las elecciones legislativas en noviembre.

La diputada María Elvira Salazar, de origen cubano, ha advertido reiteradamente que la hemorragia de votantes latinos puede costarles la mayoría republicana en al menos una de las dos cámaras del congreso federal.

Pero los extremistas en el gabinete de Trump, como la secretaria de Seguridad Doméstica, Kristi Noem, y su consejero Corey Lewandowsky, así como el subjefe de asesores de la Casa Blanca Stephen Miller, tienen un respaldo considerable dentro del partido.

Las divergencias sobre tácticas para desarrollar arrestos y deportaciones empeoraron por la creciente irritación causada por el asesinato de dos civiles estadounidenses por miembros de la Patrulla Fronteriza que enfrentaban a manifestantes promigrantes en Minneapolis, una ciudad a 2,500 kilómetros del punto más cercano de la frontera con México. Y sobre todo, por los intentos de culpar a las víctimas.

Minneapolis se convirtió en un punto candente luego de que el gobierno Trump acusó a los gobiernos del estado de Minnesota y de la propia ciudad, encabezados por demócratas, de tolerar fraudes atribuidos a refugiados somalíes. De hecho, se le ve más bien como parte de un juego de represalias políticas.

El gobierno envió tres mil agentes federales para su campaña, supuestamente para apoyar a los 600 agentes de la Policía local. Para sus críticos, ese ha sido el patrón de la campaña antimigrante: intimidación y violencia que han llevado a imágenes brutales, pero también a temores sobre la instauración de un estado policiaco, donde los opositores del gobierno sean acusados de “terrorismo doméstico.

La campaña de arresto y deportación masiva de migrantes puede ser un éxito, pero la polarización creada por las imágenes de tácticas y la politización de sus acciones anuncian tiempos difíciles para su gobierno y la posibilidad de que use distractores que pueden tener un impacto en el mundo. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)

¿Cambiará Trump tras Minneapolis?

Las más recientes encuestas muestran que el apoyo a las deportaciones masivas del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se desplomó tras las trágicas muertes de dos ciudadanos estadounidenses en manos de agentes de migración en Minnesota.

Pero de allí a que el Mandatario cambie su política migratoria hay un largo trecho.

Hay varias razones por las que Trump probablemente no dará marcha atrás en su línea dura en materia migratoria, a pesar de que esa política es cada vez más impopular, se basa en falsedades y es económicamente contraproducente.

En primer lugar, la migración es el principal, si no el único tema que mantiene unida a su base política.

El movimiento MAGA del magnate está cada vez más dividido por la hiperactividad política de su líder -ya sea en Venezuela, Irán, Groenlandia o Canadá-, su reticencia a revelar los archivos del depredador sexual convicto Jeffrey Epstein, y la abierta simpatía de algunos de sus miembros por Adolf Hitler.

Además, el Partido Republicano está dividido por los aranceles de Trump, la intervención del Gobierno en las empresas privadas y los intentos de socavar la independencia de la Reserva Federal.

Todo eso va en contra de los principios tradicionales de los republicanos a favor del libre mercado.

Es poco probable que el Presidente destruya el principal pilar de la unidad de su facción en momentos en que necesita motivar a su base antes de las elecciones legislativas de noviembre.

La segunda razón por la cual la ofensiva antimigración de Trump probablemente no se detendrá es que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) acaba de recibir un presupuesto gigantesco de 75 mil millones de dólares.

Esta agencia ahora cuenta con mayores recursos que la CIA y el FBI juntos. Recientemente ha contratado a 12 mil nuevos agentes.

Tendrá desde ya más dinero y personal que nunca para continuar con su campaña de arrestos y expatriaciones sin temor a recortes presupuestarios por parte del Congreso.

En tercer lugar, aunque el Mandatario habló de retirar a algunos de los 3 mil agentes federales que envió a Minneapolis, la historia reciente sugiere que podría tratarse de una medida táctica, más que un cambio de política.

Aaron Reichlin-Melnick, abogado del American Immigration Council, un grupo de defensa de los migrantes, me recordó que ya hemos visto repliegues temporales de Trump después de enfrentamientos parecidos en ciudades como Los Ángeles, Chicago y Nueva Orleans.

“Dan unos pequeños pasos atrás, y a las pocas semanas vuelven a empezar sus deportaciones masivas a toda velocidad”, me señaló.

Algunos argumentan que la trágica muerte del enfermero Alex Pretti a manos de agentes del ICE en Minneapolis y el posterior descenso de la popularidad del Presidente lo obligarán a reconsiderar su política migratoria.

Una encuesta de Reuters/Ipsos del 26 de enero muestra que sólo 39 por ciento de los estadounidenses aprueba la gestión de Trump en materia migratoria, frente al 50 por ciento de hace un año.

Pero un análisis más detallado de los sondeos resulta aún más revelador: un sólido 55 por ciento de los republicanos todavía apoya el aumento al financiamiento de ICE, según una encuesta de YouGov.

El magnate solo cambiará su política migratoria cuando haya una cantidad suficiente de republicanos que no se opongan únicamente a las tácticas contra los migrantes, sino a su narrativa sobre las deportaciones masivas.

Trump dijo durante su campaña presidencial que iba a expulsar principalmente a los indocumentados que han cometido crímenes. Sin embargo, 73 por ciento de las capturas recientes de ICE han sido de personas sin antecedentes penales, según un estudio del Instituto Cato basado en datos oficiales.

Contrariamente a la propaganda del Gobierno, los agentes migratorios ahora arrestan principalmente a gente honesta y que, en muchos casos, estaba legalmente en Estados Unidos tramitando su estatus de residencia.

En resumen, lo que pasó en Minneapolis fue un desastre propagandístico para la Casa Blanca, pero no ha cambiado el problema de fondo.

Mientras la migración siga siendo la causa que unifique al Partido Republicano, la maquinaria de deportación masiva de la Casa Blanca seguirá funcionando.

A menos que más republicanos empiecen a cuestionar las falsas premisas de la política migratoria del Gobierno, es probable que siga la estigmatización de los migrantes y que haya más tragedias. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 20)

Pepe Grillo

“Telefonazos, no balazos”

Fran Ruiz, experto en política internacional de esta casa editorial, calificó la estrategia seguida por el gobierno de Claudia Sheinbaum para tratar con Donald Trump como Telefonazos, no balazos. Ayer hubo una nueva llamada de Palacio Nacional al Salón Oval de la Casa Blanca. Al parecer salió bien, por lo pronto contribuyó a distender un poco el ambiente muy recargado la semana pasada.

A Trump se le vino encima la avalancha de Minneapolis y está tratando de esquivarla, por lo que puede abrirse una pausa en su acoso sobre México, pero no hay que celebrar nada.

Donald ya antes piropeó a la presidenta y un par de horas después regresó con amenazas todavía más destempladas que, ya lo vimos en Venezuela, puede concretar cuando lo crea conveniente. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)

CARTONES

Llevándole el ritmo

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(Kemchs, El Universal, Opinión, p. 10)