Opinión Migración 220226

Instantáneas

REMESAS. Las remesas enviadas a México disminuyeron el año pasado en casi tres mil millones de dólares al pasar de 64 mil 700 millones de dólares en 2024 a 61 mil 700 millones de dólares en 2025, de acuerdo con las más recientes estadísticas del Banco de México. No obstante, y pese a las agresivas políticas antiinmigrantes, persisten dinámicas y mantienen hoy su relevancia, considera el exdirector del Instituto Nacional de Migración y profesor del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, Tonatiuh Guillén. Realmente es admirable y poderoso el esfuerzo de las y los mexicanos en Estados Unidos. Tanto así que el mayor crecimiento de las remesas ocurrió justo al iniciar la pandemia en 2020, en el momento más difícil para las familias tanto en México como en Estados Unidos. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, p. 14)

Fuck ICE

A la mierda con ICE, a la mierda con la migra, maldita migra o jódete ICE podrían ser traducciones de la expresión Fuck ICE, que se ha difundido en las ciudades donde la migra actúa, en las redes sociales, en importantes eventos y entre muchos artistas y líderes de opinión. Una versión más discreta es la de Out ICE o ¡fuera ICE! que utilizan las autoridades y algunos medios de difusión para evitar la “mala” palabra.

En lo que respecta al ICE (Immigration and Customs Enforcement), su traducción literal sería agencia de control de aduanas e inmigración, que tampoco expresa correctamente su significado porque el término enforcement tiene el sentido de aplicar la ley, o de ejecutarla con toda su fuerza.

Esta agencia ha sido la encargada de llevar a cabo la promesa de Trump de deportar a 10 millones de indocumentados, de los cuales 5 millones tienen algún tipo de trámite legal pendiente o de protección. El ICE va camuflado con letreros de policía, cuando en realidad no lo son, ya que es una agencia federal. Las policías no pueden actuar como agentes de inmigración, a no ser que se tenga algún tipo de convenio como el 287g que se aplica en Florida, pero no en California ni ciudades como Chicago y Nueva York.

Por otra parte, sus agentes van encubiertos en automóviles sin identificación y con armamento muy sofisticado. Todo esto como parte de un protocolo de amedrentamiento, pero también responde a la oposición de la gente que está en contra de ICE: se esconden detrás de un pasamontaña porque la gente rechaza sus métodos, arbitrariedades, forcejeos, abusos y errores. Hasta los nativos americanos se han visto afectados porque los identifican como latinos.

Ahora está pendiente la aprobación del presupuesto, precisamente de una gran partida para el ICE, a condición de que sus agentes vayan con la cara descubierta, que operen con los protocolos de cualquier policía, que lleven cámaras incorporadas y que respondan ante la justicia. En el caso del enfermero Alex Pretti, de 37 años, asesinado en Mineápolis, no se sabe quiénes fueron los responsables de dispararle en el suelo y maniatarlo. Por el contrario, en el caso del asesinato de Renee Good, se sabe quién fue y hay fotografías. Aunque en ambos casos la defensa cerrada de las autoridades vaticina impunidad.

Dos asesinatos de personas blancas y ciudadanos, en Minéapolis, documentados por la gente con sus celulares, fueron la gota que derramó el vaso y forzó el cambio de una política de apoyo irrestricto a los desmanes de ICE. La llegada del zar de la frontera Tom Homan a Mineápolis puso orden en sus huestes y conjuró un conflicto de mayores proporciones con el gobernador y el alcalde de la ciudad.

En ambos casos, podemos considerar que fue un asesinato en contra de activistas que protestaban contra los desmanes de ICE y defendían a los migrantes.

En el caso de Alex Pretti, existen varios videos donde se le ve protestando en diferentes fechas y lugares; en uno de ellos patea una camioneta, le rompe la calavera y luego es golpeado y gaseado por los agentes, que se bajan furiosos del vehículo; también hay un video donde habla en español y da recomendaciones a los migrantes que se ven acosados por el ICE, y también se difundieron varios videos de diferentes ángulos en los que se pone en evidencia el asesinato por parte de dos agentes del ICE.

El acceso generalizado a un celular, a la posibilidad de tomar fotos y video y de difundirlas en las redes sociales, se ha convertido en un arma de defensa fundamental para los activistas y los ciudadanos en general. No hay prueba más contundente que un video, incluso siendo anónimo. Una prueba que ya no sólo está en manos de los jueces y abogados, sino a la que todo el mundo tiene acceso y sobre lo cual se puede emitir una opinión, un juicio.

Fuck ICE es un llamado a la lucha, a la defensa de los migrantes, en contra del racismo y la discriminación. La persecución de migrantes y la exigencia de que las personas se identifiquen y demuestren su nacionalidad fue demasiado para una sociedad donde incluso no hay un documento nacional de identidad y lo que se usa es la licencia de conducir, pero que no prueba la nacionalidad.

La persecución se desbordó y afectó a la ciudadanía en general que no está dispuesta a que la interpelen. La promesa de Trump de deportar a 10 millones de indocumentados cada día está más lejos y encontró su propia némesis en los agentes del ICE encapuchados. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)

Matrimonios…

Entre vecinos, como en los matrimonios, la paz requiere trabajo continuo. Este principio de convivencia es aplicable a nuestros países que desde hace décadas optaron, primero de facto y luego a través de acuerdos formales, por aprovechar la vecindad para multiplicar los beneficios de la cercanía. En estos tiempos de tensión, parte por la retórica de unos y las violaciones a esos acuerdos de otros (en ocasiones los mismos), resulta evidente que la paz -y los beneficios- sólo pueden lograrse mediante la existencia de reglas explícitas que se hacen cumplir.

No es necesario remontarse a la invasión estadounidense de 1847 para observar una historia de complejas interacciones que incluyen comercio, tránsito de personas, venta de armas (en una época de sur a norte, estos días en sentido contrario), drogas, acuerdos en materia de aguas, ecología, inversión, drenajes y un sinnúmero de otras cosas que son inevitables entre dos naciones tan distintas y, a la misma vez, tan cercanas y que experimentan una imparable integración tanto humana como económica.

La retórica sugeriría que hay una contradicción entre la intensa interacción económica que caracteriza a las dos naciones y la retórica norteamericana, especialmente respecto a la migración y la presencia de un amplio número de extranjeros, muchos de ellos mexicanos, viviendo ilegalmente en Estados Unidos. Yo no veo contradicción alguna.

La existencia de acuerdos formales y debidamente ratificados por los respectivos cuerpos legislativos, notablemente el TLC, expresa el reconocimiento de ambas sociedades sobre la necesidad de establecer reglas para normar esa interacción, a la vez de darle curso y viabilidad. Por su parte, la inexistencia de reglas similares en materia migratoria, asunto típicamente unilateral y soberano de cada nación, constituye una evidente e inexorable fuente de controversia y disputa política.

En los tempranos noventa, México y Estados Unidos elaboraron reglas de convivencia que facilitaron un creciente intercambio comercial a la par con flujos de inversión que acabaron desarrollando una imponente planta manufacturera y una imparable interdependencia entre las dos naciones. Son cada vez más los bienes y sectores que interactúan y que dependen de intercambios entre las tres naciones de Norteamérica para el funcionamiento de la vida cotidiana.

Lamentablemente, en paralelo con ese extraordinario dinamismo económico, se permitieron y hasta se fomentaron, desde ambos lados, medidas irregulares que violaban las reglas acordadas en los tratados formales o, simplemente, se cerraron los ojos ante el crecimiento de intercambios flagrantemente violatorios de las leyes y reglamentos existentes. No hay mejor ejemplo de esto que el contraste entre las reglas que norman el comercio entre las naciones signatarias y la forma en que opera, en el plano de la realidad, el mercado laboral. Estados Unidos no ha protestado las múltiples violaciones que el gobierno mexicano le ha infligido al tratado, en tanto que el candente asunto migratorio se esquiva con retórica, persecuciones y desdén por sus consecuencias económicas.

Por el lado de la inversión y el comercio las reglas son estrictas y (casi siempre) se hacen cumplir; sin embargo, por lo que toca al mercado laboral, los americanos no han sido capaces de legislar en materia migratoria, tanto para las visas de personal altamente calificado, especialmente en el sector tecnológico (H-1B), como para la mano de obra de la cual dependen sectores enteros: desde la agricultura hasta los servicios, e incluyendo diversos sectores industriales y la construcción. Este asunto involucra a muchos mexicanos, pero abarca a personas de todas las nacionalidades.

Un principio elemental de los migrantes que ofrecen su mano de obra es que responden a la demanda de fuerza laboral y no tienen mayores opciones: migran desde los lugares más remotos del orbe porque saben que hay oportunidades, es decir, responden ante una realidad económica que el aparato político estadounidense no ha reconocido de manera formal, pero que -hasta recientemente- había aceptado por la demanda de los empleadores que enfrentan permanente escasez de trabajadores. Inevitable la dislocación política que esto generó sin encararse, hasta que triunfó un candidato decidido a hacerlo de manera violenta, pero sin ofrecer una solución económicamente viable.

El resultado es que el mercado laboral real ha funcionado, pero ante la realidad política actual demanda una definición integral para la cual no ha habido capacidad de atender. Por otra parte, quienes creen que es factible un divorcio entre las dos naciones viven sueños guajiros de soberanía y autosuficiencia cuando lo que se requiere es diálogo y programas conjuntos para resolver los ingentes problemas de la relación, pero sobre todo de la seguridad y la parálisis económica mexicana.

El statu quo es insostenible porque es la causa de la reacción visceral en ambos países, que nos ha retrotraído a donde nos encontramos y que se traduce en propuestas extremas de solución. La única forma de combatirlas es con estrategias conjuntas, producto de la interacción política y diplomática que parta del imperativo que produce la vecindad: convivencia pacífica en la que cada quien pone de su parte. Como en los matrimonios exitosos. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 9)