Aquí estamos, en buena medida, casi solo por… Donald Trump.
Si sumáramos y escribiéramos los adjetivos que se le han puesto al carácter, manera de actuar, amenazas, palabras y acciones directas del presidente Trump en toda su historia, pero sobre todo desde que regresó a la Casa Blanca, ocuparían una plana de este diario. Y sí, tal vez muchos de esos adjetivos describen algo que hemos visto en este poco más de un año.
Un par de cosas están claras: la más importante es que más allá de especulaciones de que si era o no mucha palabrería, él y quienes le rodean, creen en lo que dicen y cuando pueden, muchas veces, más allá de consecuencias para Estados Unidos y el mundo, actúa.
Por eso, aquí estamos. Con los ataques a Irán que han desestabilizado a Oriente Medio, afectado economías mundiales por el petróleo, provocado las broncas con Europa y ahora Francia mandando barcos a la zona. Por eso Venezuela, lejos de volver a la normalidad y sometida —voluntariamente, gracias a sus “líderes”—; Cuba en una crisis espantosa, los migrantes en Estados Unidos viviendo con miedo cotidiano, México con un muro en el sur del país quieren aventarse el tiro, Canadá y México en la incertidumbre de en qué va a acabar lo del T-MEC ahora que se sienten con Estados Unidos, China siendo el objetivo de buena parte de las decisiones económicas y comerciales… Y así podríamos seguir.
Trump y los suyos tienen una cosa clara: son la potencia económica y militar más importante del mundo. Y por mucho. Eso utilizan, así actúan. Sin pudor y sin pedir perdón.
Con este contexto hay que analizar la reunión de hace unos días con un numeroso grupo de líderes de países latinoamericanos que han llegado ahí después de un profundo cambio en cada uno de esos países de sus preferencias políticas recientes. ¿Quién hubiera imaginado hace unos años lo de Argentina o Chile?
El tono del discurso y la “proclamación” publicada por la Casa Blanca son de un tono agresivo, militarista y que poco traerá como resultados. Menos por las ausencias —y qué bueno—. Sin México, Brasil, Colombia o Venezuela cómo se va a combatir en serio el narcotráfico.
No son tiempos de especulaciones sobre qué sucederá después del evento en Florida y la proclamación. Bastantes especulaciones fallidas hemos leído en este año.
Pero una cosa está clara: para algo la utilizará Trump y se hará acompañar, mientras duren de los países que asistieron.
Vaya usted a saber en qué acabará esto en unos años, más allá de una América Latina diferente a la de hace muy poco. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
San Antonio, Texas.- En estos días asistí a una reunión de economistas de distintas partes del mundo en esta ciudad, aunque venían principalmente de nuestro continente, en el cual se intercambiaron diversas experiencias y visiones de lo que está sucediendo en nuestros países. Se resaltó el impacto de las acciones militares del gobierno norteamericano en el mundo, el cambio de las tendencias y políticas económicas en Latinoamérica y la creciente participación de las criptomonedas. Por otro lado, me llamó la atención la recomendación de que tuviera conmigo mis papeles de turista y la razón por la que estaba en ese país, para evitar una situación desagradable con algunas autoridades. También pude constatar la falta de personal en tiendas, restaurantes y hoteles donde incluso había inmigrantes de países tan lejanos como Afganistán. Esto es debido a la política contra trabajadores inmigrantes de Latinoamérica. Por otro lado, al platicar con diversas personas se nota la creciente división entre aquellos que apoyan la actual política militar del gobierno y aquellos que se oponen. También constaté los cambios en los precios de la gasolina al consumidor en las distintas gasolineras lo cual, de mantenerse varias semanas más, tendría un impacto negativo en la inflación y presiones sobre las tasas de interés.
Al estar escuchando las distintas presentaciones en el evento recordé el viejo chiste de que cuando hay dos economistas en una reunión se tienen tres versiones contradictorias de la realidad: La que tienen cada uno de ellos y la nueva que desarrollan ellos dos en conjunto. Sin embargo, es claro que se hubo brillantes conferencias y participaciones en este evento.
Destaca la que se refiere al papel del banco central en los distintos países y la aparición de las criptomonedas. Se estima que en la actualidad existen cerca de 18,500 de estas monedas, lo cual es la versión moderna de lo que existía en Estados Unidos, y en el mundo, hasta principios de la década de los 30´s del siglo pasado. En esa época el 90% del dinero que circulaba en ese país era emitido por bancos y entidades privadas. Por lo mismo se tenían que hacer cotizaciones entre sí para saber su equivalencia, además de que había dudas sobre el riesgo de cada una, lo que dificultaba el comercio, el crecimiento económico y las distintas actividades financieras. La aparición de la Fed o banco central, apoyado por el gobierno federal, fue aceptado al facilitar la actividad económica.
El final de la Segunda Guerra Mundial, la aparición de los acuerdos de Bretton Woods y otras instituciones financieras globales, así como el Plan Marshall generalizó el uso del dólar en Europa y en general en el comercio mundial. Hoy en día, el uso de esta divisa en el mundo sigue siendo predominante, pero su brillo se empieza a deslucir por acciones autoinflingidas por el mismo gobierno norteamericano. Entre las mismas están su elevado déficit fiscal y su creciente deuda pública, los fuertes ataques del gobierno federal al banco central y la excesiva regulación al sistema financiero. Además, es patente que los bancos centrales han sido sorprendidos por el rápido avance de la tecnología, tanto por parte de aquellos que desarrollaron las nuevas criptomonedas, como por el avance de los bancos en los distintos medios de pago.
Entre otros temas que despertaron interés, está lo que sucede en Argentina y su drástico recorte del gasto público, lo que les ha permitido tener por primera vez un superávit fiscal y crecimiento económico en varias décadas, pero también tiene la resistencia de importantes sectores del gobierno y de parte de la población que han resultado afectados. Además, aunque el gobierno ha liberado numerosos sectores económicos, todavía mantiene el control sobre el tipo de cambio, lo cual le reduce capacidad de reacción y limitación en sus recursos.
Otros temas que destacaron fueron la importancia del Estado de derecho en el crecimiento económico y la preocupación por los ataques al libre comercio destacando su importancia el desarrollo de las naciones. Me llamó la atención la acción del gobierno venezolano de exigir que el pago de los impuestos solo puede hacerse en moneda local, es decir en bolívares, lo cual puede tener una fuerte contracción monetaria, lo que podría acabar la hiperinflación que sufre ese país. (Benito Solís Mendoza, El Financiero, Economía, p. 10)
¿Se les acabó el trabajo a diputados?
Apenas a año y medio de su gestión, tal parece que a los diputados ya se les acabó el trabajo. Según el balance del líder de la mayoría de Morena, Ricardo Monreal, una vez “desechada” –que todo indica que así será, dijo– la iniciativa de reforma electoral, ¡ya no tienen pendientes!, solo las iniciativas del Ejecutivo que están por llegar. Enumeró que esperan las de pensiones “doradas” de altos funcionarios, de propiedad industrial, del sistema anticorrupción, migración, cinematografía y al Código Penal. ¿Y las miles de iniciativas de los partidos pendientes de dictamen? Pero ellos cobran cada mes y lo harán hasta el 31 de agosto de 2027. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 35)
Si alguien imaginaba que las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se discutirían en una mesa diplomática, con banderas, traductores y un mínimo de solemnidad, estaba equivocado. La nueva modalidad consiste en hacerlo entre hoyos de golf, cócteles tropicales y habitaciones del hotel del anfitrión.
Así ocurrió en Mar-a-Lago, el club, hotel, residencia, negocio familiar y ahora también sede diplomática de Donald Trump, donde se celebró la minicumbre bautizada con el pomposo nombre de Shield of the Americas-Escudo de las Américas. El título suena a película de superhéroes de bajo presupuesto, pero en realidad fue una reunión de 12 mandatarios
No deja de ser una sutil y mercantil coincidencia: convocar una cumbre continental en el propio negocio. Algunos líderes latinoamericanos han privatizado países; Trump, en cambio, privatiza la diplomacia.
Los 12 mandatarios representaron a los siguientes países de Latinoamérica: Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Guyana, Honduras, Paraguay, Panamá, Trinidad y Tobago, a ellos se unió el presidente electo de Chile. Brasil, México y Colombia fueron excluidos por “mal portados”. Mejor que no hayan asistido a la clase donde el profesor reparte regaños mientras cobra la renta del salón.
La cumbre tenía como objetivo construir una gran alianza continental contra los cárteles del narcotráfico. Una especie de OTAN tropical, con palmeras y mojitos. Todo marchaba con la solemnidad esperada hasta que el anfitrión tomó la palabra y decidió ilustrar a sus invitados sobre un asunto lingüístico de gran importancia hemisférica. Con su acostumbrada delicadeza verbal, Trump declaró: “No aprenderé su maldito idioma”.
El comentario, pronunciado frente a una docena de presidentes cuya habla es precisamente ese “maldito idioma”, produjo un silencio profundo. Nadie protestó. Nadie carraspeó. Nadie pidió siquiera una traducción diplomática. Los mandatarios permanecieron inmóviles, como alumnos disciplinados cuando el maestro se burla del apellido de uno de ellos. Tal vez pensaron que protestar podría arruinar el postre.
El episodio revela algo curioso: el español lo hablan más de 635 millones de personas en el mundo, pero al parecer en Mar-a-Lago es un dialecto menor que no merece ni una leve defensa por parte de sus propios representantes políticos.
Resulta difícil imaginar la escena inversa: 12 presidentes europeos escuchando a un mandatario extranjero decir que no piensa aprender su “maldito idioma”. Probablemente la cumbre terminaría antes del café. En cambio, en la reunión en Florida lo único que se movió fue la sonrisa diplomática de los invitados, una especie de gesto que combina genuflexión y obediencia con un leve temor de que el anfitrión retire la invitación al campo de golf.
Después de resolver el asunto lingüístico, Trump pasó al tema central: la guerra contra el narcotráfico. El planteamiento fue sencillo y contundente. Si es necesario, dijo, Estados Unidos podría utilizar misiles para atacar a los capos. Incluso sugirió la posibilidad de dirigirlos directamente a las habitaciones donde se encuentren. La propuesta tiene cierto atractivo cinematográfico. Uno imagina un misil de precisión atravesando la ventana de un narcotraficante mientras suena música épica de fondo.
El único detalle incómodo es que el problema del narcotráfico no empieza en la selva latinoamericana, sino en el mercado que lo financia: el consumo gigantesco dentro de Estados Unidos. Es decir, se propone lanzar misiles contra la paja en el ojo ajeno mientras se ignora tranquilamente la viga en el propio. Porque los cárteles existen por una razón muy sencilla: hay millones de consumidores dispuestos a pagar por lo que venden. Y esos consumidores no viven precisamente en Tegucigalpa ni en Asunción. Viven en ciudades estadounidenses donde la demanda de drogas mueve decenas de miles de millones de dólares cada año.
Pero en la lógica geopolítica del momento, el problema siempre está al sur de la frontera. Las drogas vienen del sur. La violencia viene del sur. Los migrantes vienen del sur. Y ahora, según parece, también el idioma más molesto viene del sur. (Manuel Ajenjo, El Economista, Política y Sociedad p.41)
No son interpretaciones ni sospechas. El tono va creciendo de manera acelerada. Algunos pensarán que sólo es retórica; sin embargo, todo discurso entraña una intención práctica. Las cartas están sobre la mesa. Las cosas no regresarán a su estado original.
El fin de semana, el presidente de los Estados Unidos recibió en Miami a líderes de 12 países de América Latina en una cumbre regional que busca construir una cooperación más estrecha en temas de seguridad, migración y combate al crimen organizado.
El encuentro reunió a mandatarios cercanos ideológicamente que han decidido hacer explícita su coincidencia con el poder hegemónico del norte a través de un lenguaje más directo y sin rodeos diplomáticos. México, socio económico principal de los Estados Unidos, Colombia y Brasil no fueron siquiera considerados.
El lanzamiento del Escudo de las Américas establece compromisos concretos, a la sombra de la Doctrina Donroe, que pretenden impulsar estrategias conjuntas frente al narcotráfico, fortalecer la cooperación regional y discutir el papel de potencias externas en América Latina, especialmente China.
Trump está articulando un alineamiento político, económico y militar que tendrá consecuencias para todo el continente. Sus palabras, durante la apertura del encuentro, no dejan dudas: “No podemos tolerar ni toleraremos más la anarquía en nuestro hemisferio” (…) la única manera de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestras fuerzas armadas. Tenemos que usar nuestras fuerzas armadas, ustedes tienen que usar las suyas”.
Rodeado de fans, Trump lanzó un dardo directo: México ha rechazado sistemáticamente su sugerencia de permitir que Estados Unidos erradique los cárteles que operan en territorio nacional. El epicentro de la violencia de los cárteles es México. Las organizaciones nacionales están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio, y el gobierno de Estados Unidos hará todo lo necesario para defender su seguridad nacional.
La reacción tomó un fin de semana de “cabeza fría”. La presidenta Sheinbaum respondió que no permitirá el ingreso de tropas estadunidenses al país y demandó a Washington frenar el tráfico de armas que abastece a los cárteles. “Qué bueno que el presidente Trump dice públicamente que, cuando nos ha propuesto que entre el ejército de Estados Unidos a México, hemos dicho que no. Porque es la verdad: hemos dicho que no. Y, orgullosamente, seguimos diciendo que no”.
Ya encarrerada remató: para poder avanzar es indispensable la disminución del consumo de drogas en Estados Unidos. Y presumió: “Estamos colaborando muchísimo, se ha reducido a la mitad el fentanilo, lo que cruza de México a Estados Unidos, y otras drogas también”.
Más allá de los dimes y diretes, la presión sobre México continuará. Stephen Miller, asesor de seguridad nacional del presidente Trump ha sido más directo: los gobiernos latinoamericanos deben combatir a los cárteles del narcotráfico como si fuesen grupos terroristas como ISIS o Al-Qaeda.
Balance
La nueva estrategia fue anunciada unos días antes por el secretario de Guerra, Pete Hegseth durante la conferencia inaugural Las Américas contra los cárteles, en la sede del Comando Sur de Estados Unidos (Southcom) en Doral, donde reafirmó que la nueva Doctrina Donroe justifica ataques militares a narcotraficantes en Latinoamérica. Esto se hará, solos o acompañados.
Existe un cambio profundo en el paradigma de seguridad: el combate a las organizaciones criminales se hará con todo el poder del aparato militar de Estados Unidos. La migración ilegal es una vertiente del terrorismo que recibirá un tratamiento militar. Como epicentro del problema, más nos vale estar preparados. (Francisco GuerreroAguirre, Excélsior, Nacional, p.10)
El trumpismo ha decidido hacer una nueva guerra en Medio Oriente, una ocurrencia, un impulso, porque si no tiene más límite que su propia conciencia moral, el mundo está cada día en un mayor peligro.
El Medio Oriente es una región muy lastimada, que ha vivido las últimas décadas en una montaña rusa de inestabilidad y guerras, y hoy se enfrenta de nuevo a los poderes expansionistas de la alianza de Israel y Estados Unidos. Si no se aprende de la historia, y casi nunca sucede, se repiten los errores, como lo que pasa ahora. Estados Unidos no aprendió nada de su intervención en Irak en 2003, que dejó un país más fragmentado e inestable, con una condición más polarizada, donde surgió el autodenominado Estado Islámico (ISIS); quedan también los casos de Siria y de Libia, ambos con condiciones de mayor inestabilidad y fragmentación, para no hablar del desastre de la intervención estadounidense en Afganistán.
Hasta hace muy poco el discurso norteamericano era intervenir para implantar la democracia, hoy el trumpismo cambió de narrativa y se preocupa por sus intereses de dominación y sus ganancias económicas, por lo menos se ha caído la máscara ideológica y ahora queda al desnudo el pragmatismo militarista que comparte con su socio genocida, Netanyahu.
La guerra actual del trumpismo está reprobada por los ciudadanos de Estados Unidos: 27% aprueba, 43% desaprueba, 39% aprueba la gestión de Trump, a 8 meses de las elecciones intermedias, datos de Reuters/Ipsos, (Reforma 6 de marzo 2026). La prensa crítica de Estados Unidos, como The New York Times, le preguntó a Trump: “¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?”, y responde que fue imprudente, que no tiene estrategia, que violó la normatividad del país y el derecho internacional, pero al mismo tiempo, afirma que: el “régimen iraní, no merece ninguna consideración. Desde su revolución hace 47 años, ha generado miseria en su propio pueblo, en sus vecinos y en todo el mundo. Este año ha matado a miles de manifestantes. Encarcela y ejecuta a disidentes políticos. Oprime a las mujeres El gobierno de Irán representa una amenaza distinta porque combina esta ideología asesina con ambiciones nucleares”.
Esta guerra pone en juego la configuración del Medio Oriente para las próximas décadas. Según algunos analistas hay un modelo que se quiere imponer por la fuerza y que llevará a una peligrosa fragmentación, divisiones internas y más polarización. “Palestina sigue siendo la expresión más clara del orden regional que Israel y Estados Unidos han tratado de imponer, con el apoyo activo de los Emiratos Árabes Unidos: enclaves aislados, sometidos a una presión militar permanente de baja intensidad en Cisjordania y a una destrucción total en Gaza. La capacidad de autogobierno significativo ha sido sistemáticamente desmantelada, mientras que la expansión territorial de Israel continúa” (Jonathan Whittall, www.aljazeera.com, 6/03/2026).
En otras miradas ya se anticipa que la guerra en contra de Irán, que es una potencia media en la región, intentará destruir las redes de este país en el Líbano, Irak y Yemen. Trump quiere intervenir en el nombramiento de un nuevo liderazgo, que sea dócil a Estados Unidos al estilo de lo que pasó en Venezuela. Pero Irán ya se adelantó al nombrar como líder máximo a Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido ayatola. Por lo pronto, se prevén oleadas de inmigración masiva y mucha inestabilidad energética global, como lo muestra el alza de los precios del petróleo. “Desestabilizar Irán podría acabar creando las amenazas que Washington espera eliminar” (Alexander Clackson, www.aljazeera.com, 6/03/2026).
La pérdida de vidas humanas inocentes, como suele pasar en las guerras, sumadas a los costos de una fragmentación, luchas intestinas, desorden, polarización nacionalista, inmigraciones masivas, imposición de Israel como potencia en toda la zona y un mundo más peligroso e incierto, parecen ser algunas piezas que dejará la nueva guerra en Medio Oriente… (Alberto Aziz Nassif, El Universal, Opinión, p. 15)

(Xolo, 24 Horas, Pág. 2)