UN ASUNTO que debería interesar mucho al gobierno de México comenzó a discutirse en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos. Es un profundo debate jurídico que ya ha recorrido todo el camino judicial, sobre si es posible o no pedir asilo en la frontera. El gobierno de Donald Trump busca reactivar la política de “dosificación”, que llevó a miles de migrantes a instalarse en campamentos improvisados del lado mexicano, en espera de obtener la cita para solicitar el asilo norteamericano.
SEGÚN LO QUE decidan las y los ministros, podría repetirse en nuestro país la crisis migratoria que se vivió al final del gobierno de Joe Biden y al inicio del actual mandato de Trump. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
Avanza plataforma para migrantes
Se reunieron el canciller Juan Ramón de la Fuente y el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, para revisar los avances de la Plataforma UNAM Acción Migrante. El programa cumplió un año, y al cierre del 4 de febrero pasado registró más de 81 mil visitas. A partir de esos resultados ambos acordaron reforzar la colaboración en favor de los paisanos. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Los menores migrantes, niños y niñas que buscan mejores condiciones de vida y una casa, se dirigen hacia un lugar en donde no tengan miedo y en donde puedan crecer sin preocupaciones.
Las historias de quienes buscan una nueva tierra y de quienes luchan por reunirse con quienes aman, son recopiladas en el libro La tierra que nos sueña. Historias de niñas, niños y jóvenes que migran.
Verónica Macías Andere, Rosalba Elizabeth Rivera Zúñiga y Karla Villaseñor Palma, investigadoras y autoras de la obra, la presentaron en la Feria Nacional del Libro (Fenali) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).
Los personajes y sus historias que aparecen en las páginas del libro son reales. Se trata de textos basados en experiencias de niños y adolescentes. Los menores migrantes tuvieron que irse para siempre del sitio donde nacieron y, sin importar que esté en riesgo su vida, luchan por sus sueños.
En los relatos aparecen menores que, a veces viajan sin compañía o, en ocasiones, siguen a sus padres o a sus hermanos, en busca de un espacio en el que puedan desarrollarse.
Los menores están viajando para dejar atrás la violencia, las agresiones, las violaciones a los derechos humanos. A pesar de los riesgos, los menores buscan que sus experiencias se conviertan en historia de aventuras.
El libro que se convierte en un homenaje a la antropóloga Valentina Glockner Fagetti, es una muestra de la valentía, fuerza y ternura de las niñas, los niños y adolescentes que se dirigen a una nueva tierra. Glockner Fagetti fue una antropóloga mexicana cuya obra transformó de manera decisiva los estudios sobre infancia y migración en México y América Latina. El legado de la investigadora permanece como una referencia para repensar la migración infantil desde la dignidad y la justicia social.
Las 13 historias de niños y niñas migrantes de la obra se traducen en una muestra de la realidad que viven miles de menores que decidieron luchar por sus sueños. Al final, en la obra, como lo estableció Verónica Macías Andere, una de las autoras, se presenta el llamado “a conjuntar las herramientas para no dejar que los adultos decidan la vida de las niñas y los niños migrantes”. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)
Sabemos que la zona Roma en la Ciudad de México exige ahora habilidades de políglota. Pero entendamos las razones.
Un departamento en la calle de Mérida se renta por 28 mil pesos mensuales y está casi en la esquina con la calle de Colima, que hoy mismo es, en efecto, una muestra probablemente válida, estadísticamente, de los humanos para cualquier marciano que haga experimentos.
No vayamos muy lejos: un apartamento equivalente en la zona de Gaslamp, en San Diego, aquí pasando Tijuana, cuesta al menos el doble para quien desea el mismo espacio. Ojo, no es Midtown en Nueva York.
La gasolina que representaba una razón de ahorro para los vecinos se ha puesto tan cara en California como en la Ciudad de México: 23 pesos el litro esta semana, de acuerdo con la Agencia de Información Energética del país vecino. Vaya, hasta los Doritos Nachos cuestan ya el doble allá.
Con la debida estrategia, quienes emigran de norte a sur pueden bajar su tasa de impuestos del 34% que les cobra el IRS a solamente 2.5% que exige el SAT a quien se registra en el RESICO, lo que a alguien que gana el equivalente a unos 3 millones de pesos al año le permite evitar el pago de casi un millón a su gobierno y usarlo, digamos, en Ixtapa y en un coche nuevo.
Durante décadas los mexicanos cruzaron la frontera buscando mejores salarios. ¿Cuándo hablaremos del movimiento inverso?
Los estadounidenses que cruzan esa misma frontera están buscando algo muy simple: que su salario vuelva a alcanzar.
Estados Unidos vive una tensión económica y social que empieza a ser visible en sus números. La concentración de riqueza alcanzó niveles que no se veían desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
El 1% controla cerca de un tercio de la riqueza del país y el 0.1% ha incrementado su fortuna de manera acelerada en los últimos años.
Cuando la riqueza se concentra, aparecen presiones políticas para redistribuirla. En Estados Unidos, el debate sobre nuevos impuestos a los ricos ya está en marcha. Algunos estados discuten gravámenes extraordinarios sobre grandes fortunas, mientras en Washington resurgen propuestas para aumentar impuestos sobre ingresos altos o sobre ganancias de capital.
Ese clima genera incertidumbre entre quienes tienen ingresos elevados o patrimonio significativo.
El mes pasado, The Wall Street Journal publicó que, en 2025, Estados Unidos experimentó su primera migración neta negativa desde 1935, con un estimado de 150 mil personas más que salieron respecto a las que entraron.
Los principales destinos incluyen Portugal, Irlanda, Tailandia y México.
El trabajo remoto rompió la antigua relación entre lugar de trabajo y lugar de residencia. Un programador en Austin o un diseñador en San Francisco puede trabajar para una empresa estadounidense mientras vive en otro país. Y cuando comparan números, el cálculo es evidente.
Por eso empiezan a aparecer comunidades de trabajadores remotos en ciudades mexicanas. Ciudad de México, Mérida, Playa del Carmen o Puerto Vallarta ya ven llegar profesionales extranjeros que no vienen como turistas. Vienen a vivir.
Para México, esto representa una oportunidad poco analizada: atraer consumo extranjero sin exportar personas ni bienes físicos.
Los trabajadores remotos traen ingresos en dólares y los gastan localmente. Pagan renta, consumen servicios, utilizan transporte, contratan médicos, comen en restaurantes. Permanecen meses o años.
En términos económicos, funcionan casi como una exportación de servicios al revés.
Durante generaciones, los mexicanos migraron hacia el norte buscando prosperidad.
Tal vez estamos entrando en una etapa en la que algunos estadounidenses cruzarán hacia el sur buscando algo distinto. No riqueza. Simplemente una vida que vuelva a ser pagable. (Jonathan Ruiz Torre, El Economista, Empresas y Negocios, p. 28)
El Doctor Patán vio con envidia que un contingente de todo el mundo, algo así como las Brigadas Internacionales en versión siglo XXI, se lanzaba a Cuba para apoyar a la isla en su lucha gloriosa contra el imperialismo. Me adelanto a las críticas. No: no es que quiera aprovechar la coyuntura para ganarme un viaje.
Dicho con toda la humildad que me distingue, he podido viajar no poco en los ya bastantes años de vida que cargo, a muchos países y en varios continentes. De hecho, su Doctor ha tenido, también, la oportunidad de conocer Cuba. No se trata de eso. De lo que se trata es de sentir en el pecho, incandescente hasta el punto del dolor, pero dolor del bueno, del bonito, el fuego de la solidaridad de tipo socialista.
Me estoy viendo. Primero, foto con unos galones de diésel, unas celdillas solares tipo casa de Avándaro (la revolución será verde o no será, salvo que llegue el petróleo ruso), unos frijolitos del Bienestar, unas latas de atún, unas sudaderas, unos ejemplares de “25 libros para el 25”, y pónganle que unas aspirinas.
Después, una pestañita en el vuelo, para llegar con energías a apoyar a la causa; un saludo entusiasta de los compañeros agentes de migración en el aeropuerto José Martí, que seguro van a estar muy hospitalarios y muy conmovidos por tanta fraternidad universal de izquierdas; camioncito eléctrico al hotel, con pláticas antiimperialistas que con los compañeros de Podemos, que con el compañero militante de Santa Mónica, California, que con una activista noruega y que con un diputado de Morena, y al check in.
Adelanto que el hotel del compañero Pablo Iglesias me parece suficiente. Si tienen un cuarto con balcón, ejecuto unas fotos con el IPhone, para denunciar la devastación que ha producido en el entorno el imperialismo, un purito, un ron y a dormir hasta el día siguiente, cuando se pone buena la cosa.
¡Uf! ¡Vaya jornadas! Que comida con la vocera del compañero Díaz-Canel; que visita a un koljós donde se producen plátanos (es un decir: también pueden ser cocos); que pase de lista en la secundaria “Fidel Castro Ruz”; que desfile de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en homenaje al compañero Fidel Castro Ruz; que visita a la policlínica Fidel Castro Ruz… Supongo que me explico.
En el camino, en el mismo camioncito, mucha foto y mucho video del pueblo que nos saluda con el puño alzado, una camiseta del Che para la señora de la casa y, para los hijos, unas de Fidel Castro Ruz. Permítanme citar a los compañeros de Pemex: pura “ignición” rebelde.
Si no es mucho pedir, aquí su Doctor quisiera también, como sorpresa de último día, un almuerzo con el compañero Silvio y, obvio, unos AK-47. Perdón: AKM. Prometo hacer una crónica larga y contra hegemónica nada más llegar a México.
Ándenle, canijos. Inviten a Cuba. La historia nos lo agradecerá. (Julio Patán, El Heraldo de México, País, p. 9)

(El fisgón, La Jornada, Política, p. 4)