Opinión Migración 290326

Sacapuntas

Reclama México muerte de paisano

Hablando de Estados Unidos, otro mexicano murió en instalaciones del ICE. Con este deceso son ya 14 paisanos los fallecidos tras ser capturados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. La cancillería, a cargo de Juan Ramón de la Fuente, exigió una investigación. Las autoridades estadounidenses ni siquiera han revelado la causa de la muerte. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Soberanía y migrantes

¿Qué significa defender la soberanía nacional si no es proteger la dignidad y la vida de las personas que integran la nación, dondequiera que estén? Todo lo demás —instituciones, territorio o comercio— resulta accesorio frente al interés central de este concepto: la persona.

En México, sin embargo, para el gobierno y buena parte de la opinión pública, la preocupación soberanista ha girado más en torno a los desplantes diplomáticos de Donald Trump, las presiones en materia de seguridad o el comercio binacional que en torno a la mayor afrenta que ha sufrido la nación en meses recientes: la persecución masiva y racial de mexicanos en Estados Unidos y el maltrato al que son sometidos en los centros de detención migratoria.

El 25 de marzo, en su conferencia matutina, la Presidenta informó que, desde la llegada de Trump al poder, más de 177 mil mexicanos han sido detenidos, casi 200 mil han sido repatriados y más de 13 mil permanecen bajo custodia en centros de detención del ICE. El dato más grave: 13 mexicanos han muerto bajo custodia o durante operativos.

¿Y cuál ha sido la respuesta del gobierno mexicano? La Presidenta y el canciller presumieron visitas consulares, digitalización de trámites y apoyo legal. Grandes logros: ¡28 contrataciones adicionales en consulados y 16 fianzas pagadas para migrantes detenidos! Y ante las muertes, el clásico de la casa: “que se investigue”.

Como si la magnitud de la crisis no exigiera un fortalecimiento operativo y una estrategia diplomática de gran escala: robustecer el cuerpo consular, inundar los tribunales estadounidenses con demandas, cabildear en el Congreso y convertir los abusos contra mexicanos en una causa internacional y mediática permanente.

El problema va más allá del presupuesto o de medidas burocráticas: es, sobre todo, una cuestión de prioridad política, la que no ha mostrado Claudia Sheinbaum frente a Donald Trump.

El tema migratorio debería ocupar un lugar al menos tan central como los de seguridad o comercio. Cualquier negociación —por no llamarla concesión— que se ha hecho en esas agendas debería estar condicionada a acuerdos que garanticen un trato diferenciado y más digno para los mexicanos, e incluso a impulsar vías de regularización para los millones que siguen allá.

El problema es que, más allá del discurso soberanista, desde López Obrador México “dobló las manos” en materia migratoria. No sólo en la defensa de sus propios ciudadanos, sino también aceptando medidas indignas como recibir deportados de terceros países. Y hay una contradicción difícil de ignorar: ¿con qué autoridad moral puede México reclamar por migrantes muertos bajo custodia del ICE, cuando en nuestra tierra murieron 40 migrantes calcinados en una estación migratoria y el caso quedó impune?

Lo cierto es que para el régimen, la “soberanía” significa que Washington no interfiera en sus aventuras autoritarias o con sus narcopolíticos, no la defensa de la dignidad de los connacionales.

Mientras tanto, la persecución migratoria no se detendrá. El ala dura del gobierno de Trump habla de alcanzar un millón de deportados al año. Con el tiempo, las redadas terminarán alcanzando a cualquier mexicano, incluso a quienes llevan décadas viviendo allí y no tienen antecedentes penales.

No hay que esperar a que caigan bombas en nuestro territorio para hablar de pérdida de soberanía. Si México no puede defender a los suyos en el exterior, ya perdió en su primera línea de defensa. (Carlos Matienzo, El Heraldo de México, País, p. 6)

Red Compartida / Un levantón de gringos

El viernes pasado se le preguntó a la presidenta Sheinbaum sobre el ingreso de militares estadounidenses a suelo mexicano, vía Nogales. La respuesta de la presidenta fue concreta: Fue un internamiento de unos 2 metros; se les pidió que se regresaran y lo hicieron. Nada más. Ese es el hecho, el asunto es que, según cuentan en los equipos de seguridad que hay en la CDMX, la capital está llena de espías de todo el mundo si bien es cierto que tiene que ver con la proximidad del mundial de futbol más de uno de esos elementos tiene que ver con operaciones encubiertas. Nos dicen que hay muchos de EU, pero Canadá, Israel, Francia, Rusia y China tienen desplegados elementos trabajando. Es pues un nido de espías. Hay además otra vertiente importante que se debe de considerar y es el nerviosismo que prevalece en el gobierno federal ante la posibilidad de que algún político mexicano aparezca en algún pueblo perdido de Colorado, Nevada, Nuevo México rodeado de agentes de la DEA, FBI o de la ATF con una pila de acusaciones encima. Lo que sabemos es que en el círculo cercano a la presidenta están tranquilos y están advertidos de que no se va a meter las manos por nadie y en el caso de los cercanos al ex presidente López Obrador pues lo mejor es que tengan sus asuntos en orden. (Red Compartida, La Prensa, p. 2)

Crónica, la vulnerabilidad de las personas trabajadoras del hogar

Desde 1988, el 30 de marzo se conmemora el Día internacional de las Trabajadoras del Hogar, a raíz del Primer Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Trabajadoras del Hogar, realizado en Bogotá, Colombia. En el ámbito internacional, el 16 de junio ha sido determinado Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores Domésticos, por haberse adoptado ese día de 2011 el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo. En México, de acuerdo con la Secretaría de Economía, 1.84 millones de personas, de un promedio de 46 años de edad y 7.6 años de escolaridad, se ocupa en el trabajo doméstico remunerado; 96.6% son mujeres y 3.4% hombres. Al mes ganan 4,130 pesos, en promedio; 96.3% trabajan de manera informal. Para el 6.8%, se trata de su segundo empleo.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2023, 71.3% de las mujeres empleadas en el hogar no recibía prestaciones laborales y sólo 2.5%tenía acceso a instituciones de salud y otras prestaciones.

En los indicadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en febrero de 2026 aparecen 59,017 puestos afiliados de personas trabajadoras del hogar: 38,643 correspondientes a mujeres y 20,374 a hombres. El salario diario promedio reportado es de 447.70 pesos para mujeres y 581.70 pesos para hombres.

El Inegi, a través de su Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares estima que en 2024 las labores domésticas y de cuidados equivalieron a 8 billones de pesos: 23.9% del PIB. En promedio, las mujeres aportaron, por persona, 82,339 pesos; los hombres, 34,695 pesos.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) agrega que, en 2022, 4.3% de las mujeres trabajadoras del hogar en forma remunerada de 18 años y más eran analfabetas; 7.4% hablaban alguna lengua indígena; 97.3% no tenían contrato escrito; 92% no recibían pago o apoyo para seguro social o médico, y 88.1% no contaban con prestaciones como aguinaldo o vacaciones pagadas. Además, 34.7% reportó haber sido discriminada o menospreciada, porcentaje que, entre personas hablantes de lengua indígena, subía a 36% y a 37.2% entre quienes se adscribían como personas indígenas.

En el “trabajo doméstico”, las instituciones públicas incluyen la limpieza de hogares, el lavado de ropa ajena, el cuidado de personas en hogares, la cocina en hogares particulares y el servicio de chofer u operador en hogares. Desafortunadamente, estas actividades hacen más difícil ubicar las características que tiene particularmente en las mujeres.

La Ley Federal del Trabajo (LFT) en su capítulo XII, “personas trabajadoras del hogar”, artículos 331 al 343, estableció la equiparación de derechos laborales y el acceso a seguridad social, a través de la creación de condiciones específicas para trabajadoras de planta. Sin embargo, su aplicación es muy difícil aplicación porque depende absolutamente de la buena voluntad de la parte patronal y es prácticamente imposible su vigilancia.

Las trabajadoras domésticas forman un grupo de personas cuyas condiciones sociales representa una suma de vulnerabilidades de urgente atención: las estadísticas nacionales muestran que es un trabajo socialmente devaluado, con una informalidad superior al resto de actividades económicas, que es realizado fundamentalmente por mujeres migrantes internas, indígenas, con baja escolaridad, ausencia de protecciones sociales y laborales y aislamiento social. Estas condiciones las vuelven víctimas frecuentes de discriminación y otros abusos, incluso graves. Aunado a lo anterior, la ausencia de protección social vuelve crónica la vulnerabilidad, por la inexistencia de previsiones para un retiro o jubilación.

Urge la solidaridad social e institucional para las personas trabajadoras del hogar. (Lenia Batres, El Universal, Opinión, p. 14)

De Política Y Cosas Peores // El traidor

El padre Antisamio odiaba a los americanos. No los podía ver ni en pintura. Les tenía ojeriza; guardaba para ellos un rencor insano; los vilipendiaba siempre, y no perdía ocasión para denostarlos duramente. En todos sus sermones los ponía como lazo de cochino, como cuera tamaulipeca, como jaula de perico, como trepadero de mapache, como no digan dueñas, como Dios puso al perico. Decía en sus prédicas que los yanquis nos arrebataron la mitad de nuestro territorio, que siempre han intervenido en los asuntos de este país, que tratan muy mal a los migrantes. No dejaba nunca de hablar mal de “los gringos”, como decía él. En cada misa, con cualquier pretexto, tronaba contra ellos y decía horribles pestes en su contra. Había un problema, sin embargo: entre sus feligreses se contaban muchos estadounidenses. Llegó un punto en que los sermones antiamericanos del agresivo cura les resultaron ya intolerables, y un buen día formaron una comisión. Acompañados por un representante del consulado fueron a hablar con el obispo de la diócesis, y le presentaron su queja. Le dijeron que había un sacerdote enemigo del pueblo norteamericano, al cual constantemente vituperaba y hacía objeto de toda suerte de diatribas.

Le pedían que lo metiera al orden a fin de que cesara en sus acerbas críticas, en sus ataques sistemáticos. El dignatario vio la razón que asistía a los quejosos, y al día siguiente hizo llamar al padrecito. Con severidad le dijo sin preámbulos: “Mire usted, padre Antisamio. Vinieron miembros de la colonia americana a quejarse de que usted se dedica a atacar continuamente a los estadounidenses. Eso, aparte de que va contra la caridad cristiana, no tiene razón de ser, y puede acarrearle muchos problemas, y acarreármelos también a mí. De modo que le ordeno que en adelante se abstenga usted de hablar mal de los americanos en sus prédicas”. “Pero, Su Excelencia —replicó el padrecito—. No sé si ya está usted enterado de que los yanquis nos han invadido en varias ocasiones; nos quitaron la mitad de nuestro territorio; tratan muy mal a nuestros paisanos y siempre se han metido en los asuntos nacionales”. “Sé bien todo eso, padre —contestó el obispo, amoscado—. Pero esas cosas no atañen a nuestro sagrado ministerio, que es de paz y de amor entre todos los hombres. Así pues le repito, y es una orden, que debe usted abstenerse de hacer en sus sermones cualquier referencia a los americanos”.

“Está bien, señor —dijo con un suspiro de resignación el padrecito—. Haré lo que usted manda, pero sólo por virtud de la santa obediencia”. Obedeció en efecto el señor cura. No volvió en sus homilías a hablar de los estadounidenses. Nunca hacía ya alusión a ellos ni para bien ni para mal. Los norteamericanos se tranquilizaron al ver que el presbítero cesaba sus ataques. Pero llegó la Semana Santa, y en el sermón alusivo a la Última Cena comenzó a decir don Antisamio: “Ahí estaba Nuestro Señor Jesucristo, hermanos míos, en la mesa, rodeado de sus apóstoles. De pronto fijó en ellos una mirada triste y les dijo con su dulce voz: ‘Uno de vosotros me traicionará’. Preguntó Juan, el discípulo amado: ‘¿Acaso seré yo el traidor?’. Le contesta el Señor: ‘Tú no lo serás’. Preguntó Pedro: ‘¿Seré yo, maestro?’. ‘Tampoco tú’. Así todos los discípulos le fueron preguntando, y a todos les dijo el Señor que ninguno de ellos sería el traidor. Pero le llegó el turno a Judas Iscariote, hermanos míos. Y aquel infame, traidor, alevoso, vil, canalla, bellaco, tunante maldecido, le preguntó al Señor: ‘Oh, perdonarme, my Lord, ¿acaso ser yo el que ir a traicionarte?'”… FIN.

A aquella muchacha feúcha le decían “La dieta”. Nadie la seguía… (Catón, reforma, Opinión, p. 9)