Opinión Migración 050426

La Esquina

Pese a la presencia de latinos, entre ellos mexicanos, en las filas del Ejército de EU que defienden en combate la soberanía y seguridad estadounidenses, Donald Trump no ha cesado en sus políticas antiinmigrantes. El republicano, contradictorio en sus acciones, ha rendido homenaje a hispanos caídos, pero no ha reconocido que es esta comunidad la que siempre está en la primera línea. (Redacción, La Crónica, P.p)

Las batallas perdidas de Trump

La incompetencia y la enfermedad mental dominan las decisiones de la Casa Blanca en la guerra contra Irán y en otros temas. Donald Trump lleva varias batallas perdidas, interna y externamente, y es probable que también pierda la guerra en Irán. El culto a la figura de Trump está haciendo que el centro racional de decisiones de Washington pierda piso y rumbo. Por lo pronto, Trump está atribulado. No le salen las cosas. La Suprema Corte de la Nación cuestiona su decreto para impedir el derecho a la nacionalidad por nacimiento en territorio de Estados Unidos y es probable que, en unos tres meses, la corte falle en su contra.

La misma corte le echó para atrás, por ilegales, la imposición generalizada de aranceles que ha alterado las relaciones multilaterales y los mercados globales. El despido de Kristi Noem, exsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional –debido a las salvajadas de ICE en contra de migrantes y ciudadanos estadunidenses, lo cual pone en entredicho su agresiva política migratoria– es otro episodio más para el consternado magnate. El despido, también fulminante, de la fiscal general, Pam Bondi, que estuvo dispuesto a darlo todo por él y que en el caso Epstein (lo dice la Casa Blanca) no pudo parar el riesgo de desprestigio al que ha estado expuesto el presidente, presunto cómplice de Epstein en sus fechorías sexuales en contra de niñas y mujeres menores de edad.

El repliegue obligado de su ofensiva en contra de la apropiación de Groenlandia, frente a lo cual sus aliados europeos actuaron unánimemente en contra, obligando a Trump a darle carpetazo al caso en su discurso de Davos. El fracaso en su política exterior en contra de Canadá, a quien amenazó con convertir en el estado 51 de la Unión, dándole a los liberales gasolina para elegir a Mark Carney como primer ministro, dejando al candidato conservador aliado de Trump prácticamente desahuciado en medio de la campaña del año pasado. El rechazo y sanción en contra de la construcción de su vulgar salón de baile es otro escollo. Con China, a quien Trump intentó torcerle el brazo, la agresiva política arancelaria tuvo que ser moderada, llegando a un acuerdo con Pekín, en el tema de las tierras raras, entre otros insumos que EU ve como imprescindibles en la producción de semiconductores. Dicho sea de paso, China es el gran ganador de las pérdidas de EU en Irán.

Y, ahora, es Irán el asunto que marca su fracaso más estrepitoso en la política exterior de su mediocre mandato. La ausencia del más mínimo cálculo estratégico en su aventura bélica en contra del régimen tiránico de los ayatolas es, ahora, más obvia que nunca y su alianza con Netanyahu es un verdadero desastre: no ha habido ni cambio de régimen ni evidencia de que Irán haya logrado en sus instalaciones nucleares la producción de más de 60% de uranio enriquecido que le permitiera fabricar la bomba atómica, como lo pregonaron Israel y Washington.

A Trump le está pasando lo mismo que a George W. Bush, cuando, en su afán por atacar e invadir Irak, inventó, junto con Colin Powell, la gran mentira de que Sadam Hussein tenia armas de destrucción masiva en su posesión, lo cual resultó ser totalmente falso. Como en los tiempos del golfo de Tonkín en Vietnam, la mentira se ha convertido para Washington en una herramienta para amedrentar política y militarmente a sus contrincantes y ganar terreno a sus expensas, así como justificar el ataque y la guerra. Con Trump, EU aparece como un hegemón depredador. Según Stephen M. Walt, si la política depredadora de EU continúa definiendo la “estrategia estadunidense en los años por venir, la hegemonía depredadora debilitará a EU y a sus aliados, generará un creciente resentimiento global, creará tentadoras oportunidades para los principales rivales de Washington y dejará a los estadunidenses menos seguros y prósperos”, (Foreign Affairs, marzo-abril, 2026).

A la luz de las amenazas de ISIS del viernes de quemar iglesias y sinagogas, enemigos furiosos de EU estarían preparando ya sus respuestas en contra de Washington y su aliado Israel. En el mismo texto ya citado, Walt nos dice que un hegemón depredador es una gran potencia dominante que trata de estructurar sus transacciones con otros sobre la base de un juego suma cero, de tal forma que los beneficios son siempre distribuidos a su favor.

En este sentido, el objetivo primario de un hegemón depredador no es el de construir relaciones estables y mutuamente benéficas que deje a las partes en mejor forma, sino asegurar más ganancias que los otros en cada interacción llevada a cabo. Además, un acuerdo que deja al hegemón en mejor posición que sus contrapartes es preferible que un arreglo en el cual ambos lados ganen, pero la contraparte gane más. Un hegemón depredador siempre quiere la parte del león.

Trump, que es la más nítida expresión de este hegemón, ha llevado al extremo todos los temas de los que se encarga y ha coaccionado o intentado hacerlo a todos sus interlocutores y aliados (en Europa y en otras partes, como Japón), a los cuales ha tratado peor que a sus verdaderos enemigos. Pero en Irán le falló el cálculo y es muy probable que, ante las pérdidas militares que les ha ocasionado Teherán a EU e Israel, EU tenga que recular y retirarse en pocas semanas del absurdo teatro de guerra que armaron ilegalmente Washington e Israel en Oriente Medio desde el 28 de febrero pasado. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 11)

Alumnos trasnacionales

Hace algunos años, las autoridades de la fronteriza Universidad de San Diego State —campus Calexico— me invitaron a dar una charla sobre los estudiantes trasnacionales. Por aquella época eran cientos de niños y adolescentes quienes, a diario, solos o de la mano de sus padres cruzaban la frontera para estudiar en la ciudad vecina. Iban de Mexicali a Calexico con el conocimiento y aquiescencia de la autoridad migratoria norteamericana. En aquel país no se exige comprobante de ciudadanía para cursar la educación básica.

Habiendo concluido el estudio que coordiné como especialista en educación de El Colegio de la Frontera, hube de presentarlo por cortesía a la autoridad de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de este lado. Y vaya sorpresa. Cierto que como maestro de primaria en algunos ejidos del Valle de Mexicali lo había vivido, pero no tenía idea de la cantidad de niños quienes, con acta de nacimiento de Estados Unidos, estudiaban en nuestras escuelas elementales.

Aquellos, mayoritariamente son de clase media o alta, que van en búsqueda de una experiencia internacional y en particular para adquirir el idioma inglés. Éstos, los niños que estudian en nuestras escuelas, son de condición humilde, hijos de jornaleros agrícolas que nacieron allá y que su familia vive en la frontera, porque el papá —y a las veces la mamá—, permanecen largos periodos trabajando al otro lado.

Juzgo positivo que se dé esa simbiosis educativa y cultural. Aunque en algunos casos, los niños aprenden a mentir porque cursan sus estudios en un país distinto al propio. Ambos grupos aprenden a ser indocumentados, porque hay un vacío que aprovechan en su beneficio.

Creo que pudiera haber una especie de “zona libre educativa”, donde ambos grupos de niños y jóvenes pudieran estudiar legalmente, mediante algún tipo de registro y extensión de cuotas y colegiaturas.

Así podrían esos menores aprovechar correctamente el potencial de conocer bien a su vecino y su cultura. Finalmente, la condición de fronterizos, en la mayoría de los casos, la tendrán toda su vida. En lo social y laboral habrán de ir y venir enriqueciendo para bien la cultura y las relaciones transfronterizas.

Desafortunadamente, fenómenos como este son desconocidos por las autoridades centrales de ambas naciones y, de esa manera, la realidad regional supera a las reglas y leyes establecidas. (Antonio Meza, El Heraldo de México, País, p. 5)

Días de observar

Escribe Enrique Quintana que “hay momentos en los que un país entero parece mirarse al espejo con tal intensidad que deja de ver lo que ocurre a su alrededor. México vive uno de esos momentos. La conversación pública gira sobre sí misma México no está fuera de la ecuación global, aunque a veces se comporte como si pudiera vivir al margen de ella” (Enrique Quintana, ¿Somos el ombligo del mundo?, El Financiero, 31/3/26 ).

Tiene razón Enrique al apuntar el vicio mayor de nuestra conversación del presente: negar la complejidad del mundo y hacer caso omiso de la lección cotidiana de la globalidad: fronteras hay y no parece factible borrarlas con una reiterada afirmación de lo que entendemos por “soberanía”. El discurso que a veces emana de los corredores de Palacio se vacía de contenido y es de temerse que su insistente emisión se haya vuelto motivo de broma cruel en los otros corredores, donde busca tejerse y dar sentido al mundo desarticulado de hoy.

Este empecinamiento en eludir la realidad y olvidarnos de sus ominosas perspectivas nos lleva a negar y renegar de lo obvio: que el contexto actual impuesto por el gobierno de Estados Unidos de América nos presenta como una economía política dominada por el estancamiento y una elevada y aguda concentración de ingresos y riqueza que, a su vez, bloquea el crecimiento futuro que todos, o casi todos, decimos querer y que por ello será diferente y menos cruel que el que ha definido nuestro presente “continuo” en lo que va del siglo. Junto a este fardo del no crecimiento se ha impuesto una persistente desatención de los derechos sociales que contradice los logros micro redistributivos del ingreso y nos deposita en una perenne desarticulación productiva y regional.

No es cuestión de reinventar fórmulas que nos saquen de este atolladero, pero sí de reconocer que nos llegó la hora de un balance descarnado de la coyuntura y de hacer cuentas sobre nuestra efectiva disposición a cambiar el rumbo y de imponernos un giro en la visión y la conducción del Estado. Sin ello, se repetirá la desalmada conseja: “la neta, no hay futuro”.

Vivimos ante un complejo escenario que no regala paciencia, que nos pone de cara a la violencia más destructiva imaginable la cual, además, sigue marcada por la gran variable demográfica de la migración masiva y una caída en los desempeños poblacionales de algunas de las naciones-territorios que se disputan el liderazgo posglobal y la rescritura de las reglas para sobrevivir este mundo, sin duda nuevo, pero a más de cruel e implacable en la imposición de sus designios, vistos y entendidos como nuevos “Destinos Manifiestos”.

Por lo pronto, asumamos que las cifras del crecimiento inmediato presentadas por Hacienda no pueden satisfacer a nadie; que regodearnos en un desempeño tan insatisfactorio, desde el punto de vista de las necesidades de la sociedad, no sirve ni como resignación prepotente para gobernantes y gobernados.

Más allá de esta pasividad corrosiva, una recuperación de nuestro “Espíritu público” tiene que implicar, sin remilgos, la construcción de un pacto social como plataforma de un crecimiento económico con capacidades redistributivas y conducido a sentar las bases de una reproducción ampliada del conjunto de la formación social. La interdependencia abandonada en la apuesta por el libre comercio incondicional e incondicionado tiene que rencontrarse, especialmente en el proceso de inversión e innovación que ha quedado trunco y que Trump y sus piratas no nos van a conceder.

Auspiciar una suerte de renacimiento de nuestra idea del desarrollo tiene que volverse nuestra tarea mayor, entendida como reconstrucción nacional, del Estado y de su aturdida economía política.

Por lo pronto, generosas Pascuas. (Rolando Cordera Campos, La Jornada, Opinión, p.9)

Para el doctor Juan Ramón De la Fuente: no es un adiós, sino un hasta pronto

Por lo alto, el doctor Juan Ramón de la Fuente marcó una etapa en la Cancillería, en un momento inédito en la historia de la diplomacia mexicana y en un cambio de paradigma del concierto internacional, con una conducción digna de reconocerse por la estabilidad alcanzada ante la fuerte presión geopolítica, y de manera central por la relación con Estados Unidos.

Razones personales para el cuidado de su salud lo hacen separarse de la encomienda, con el reconocimiento de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien le anticipó que este capítulo no se trata de una despedida sino de un hasta pronto.

“Le dije no, no te vayas”, relató la Presidenta al conocer la solicitud del doctor De la Fuente, porque él es parte del proyecto, explicó en el video en el que hizo el anuncio. “Le reconozco el gran trabajo que ha hecho en la Secretaría y me ha prometido que va a seguir colaborando con nosotros”, compartió la mandataria.

Ambos se conocen desde hace décadas, una relación que surgió en la UNAM y se ha mantenido al paso de los años en que han hecho equipo, hasta empujar el avance de nuestra democracia, que hoy nos ha llevado a tener a la primera mujer presidenta de la nación.

Juan Ramón de la Fuente ha sido parte del proyecto político del gobierno que llegó a la conducción del país en 2018, siendo representante permanente de México en la ONU, y seis años después le correspondió organizar los Diálogos por la Transformación en la campaña de la doctora Sheinbaum, con la tarea de sistematizar y definir rutas del gobierno y solución de problemas. Finalmente, ambos son académicos, disciplinados y rigurosos en sus métodos de trabajo.

El hoy excanciller tiene una trayectoria brillante que en diferentes ocasiones le valió ser considerado presidenciable por su solvencia y capacidad de diálogo con todos los actores de la vida pública. Médico de profesión construyó su carrera pública como secretario de Salud y preferentemente como rector en la UNAM, donde replanteó la investigación, la docencia y atendió las protestas estudiantiles.

Así que ahora deja el gabinete sin marca negativa, ni por incurrir en algún exceso o con acusaciones detrás. Al contrario, a pesar de las dos operaciones que ha tenido, se ha mantenido en la línea de fuego de la política exterior sin aspavientos, sino en consonancia con el tono de la “cabeza fría”, ante las controvertidas declaraciones de Donald Trump y algunos de sus funcionarios.

En su reciente regreso tras el quirófano retornó con bríos para representar a la Cancillería, para hacer valer sus buenos oficios y ser uno de los ministros de Relaciones Exteriores del mundo con mayor capacidad de diálogo con el secretario de Estado, de Estados Unidos, Marco Rubio y, -reitero- tener la templanza requerida en el momento más complejo de la relación moderna con el vecino país, incluida por supuesto la defensa de nuestros connacionales migrantes.

La coincidencia en los tiempos de gobierno ha hecho que la presidenta Sheinbaum deba convivir con un presidente impredecible, y en esa ruta la acompañó el doctor De la Fuente en la Cancillería. Un reto siempre mayor, pero hoy potenciado, como ya he señalado.

Juan Ramón de la Fuente será reemplazado por el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco Álvarez, quien tras ser ratificado por el Senado, será uno de los secretarios más jóvenes y capaces que tendrá la Cancillería. Para él, el doctor de la Fuente ha tenido siempre referencias de reconocimiento.

Siempre con los pies bien plantados, el exsecretario dejó patente un mensaje el respaldo a la doctora Sheinbaum. Porque México, aseguró, tiene a una presidenta con prestigio internacional para defender a nuestra nación. En esa tarea puso su esfuerzo, y ahora vamos a esperar su retorno, porque como está dicho, no se trata de un adiós. (Ulrich Richter, El Universal, Opinión, p. A15)

¿Qué nos dicen las previsiones económicas de Hacienda para 2027?

  1. PURGA EN EL PENTÁGONO. La desesperación de Trump también se deja ver también en la creciente oposición que enfrenta en su país. Dos asuntos cruciales de su política interna han terminado con los ceses de las funcionarias responsables de atenderlos y resolverlos: la ahora exsecretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem por los excesos cometidos por el ICE y otras agencias en las redadas de inmigrantes, y la exfiscal general Pam Bondi por el mal manejo en el escándalo de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein que involucran al presidente de estados Unidos. Otra señal de su desesperación la serie de cambios que ha hecho durante los últimos días en los altos mandos de las fuerzas armadas de su país y que muchos aseguran que es consecuencia de la negativa de los removidos de iniciar una invasión terrestre a Irán. La purga incluyó, entre otros, al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general de la Fuerza Aérea, Charles Q. Brown (sustituido por el general en retiro Dan Cainme); al jefe del Estado Mayor del Ejército Randy George (remplazado interinamente en su posición oficial de mayor rango de la fuerza armada de tierra por Christopher LaNeve); a la jefa de Operaciones Navales, almirante Lisa Frachetti; al comandante del Cuerpo de Marines, Eric Smith; al jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, David Allvin y al jefe de las Fuerzas de Operaciones Especiales, Chance Saltzman. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, A14)