Opinión Migración 120426

Trascendió

Que terminó por dispersarse la caravana migrante que había llegado a Chiapas desde Guatemala en los últimos días de marzo y que en medio de las férreas medidas migratorias del gobierno de Donald Trump pretendía llegar a Estados Unidos, no llegó ni a la Ciudad de México el contingente de medio millar de personas y no logró mantener su marcha… (Trascendió, Online)

Trump: demoledor de la economía

Antes de los devastadores incendios que arrasaron los barrios de Eaton y Palisades el año pasado, la zona metropolitana de Los Ángeles padecía un déficit de 70 mil trabajadores de la construcción calificados. Ahora, la carencia de carpinteros, electricistas, soldadores y otros obreros especializados se estima en 100 mil personas, que la megaurbe californiana intenta formar por medio de programas de educación técnica. Pese a la urgencia de contar con trabajadores en una de las áreas más prósperas y dinámicas de Estados Unidos, los esfuerzos de las autoridades locales enfrentan la escasez de candidatos, la deserción escolar y los recortes presupuestales del trumpismo: la administración federal republicana frenó la entrega de 2 millones de dólares al Colegio Técnico-Comercial de Los Ángeles porque, a su juicio, éste promovía valores como la diversidad, equidad, inclusión y justicia ambiental.

Una ciudad tan rica como la angelina no debería tener problemas en cubrir los aportes federales retirados, pero el caso del programa de formación de técnicos constructores provee un ejemplo perfecto de la manera en que el radicalismo ideológico y las taras mentales del presidente Donald Trump y su equipo sabotean la economía estadunidense. En el mismo ámbito de la construcción, la cacería antimigrante ha dejado a las empresas sin posibilidades de cubrir el medio millón de vacantes disponibles ante el auge de los centros de datos, plantas de energía y otra infraestructura tecnológica requerida para el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Paradójicamente, Trump considera el dominio de la IA crucial en la competencia contra China, hasta el punto en que ha prohibido cualquier regulación para dejar que las grandes corporaciones hagan lo que quieran, sin reparar en costos energéticos trasladados a los hogares, daños ambientales ni transgresiones éticas.

En el cuarto trimestre de 2025, la economía estadunidense tuvo un crecimiento de únicamente 0.5 por ciento a tasa anual, una tercera parte de lo estimado previamente por el Departamento de Comercio, así como una desaceleración estrepitosa con respecto al 4.4 por ciento registrado en el tercer trimestre. La causa principal de esta caída fue el cierre de 43 días del gobierno federal –el más largo en la historia de ese país– suscitado por el empecinamiento de la Casa Blanca en eliminar subsidios de salud y recortar hasta una quinta parte del gasto gubernamental en todos los rubros, excepto el aparato militar y represivo, para el que pidió un incremento de 65 por ciento sobre un presupuesto ya totalmente hipertrofiado.

El incremento del déficit derivado del gasto bélico y de los recortes de impuestos a los más ricos (los cuales profundizaron la “generosidad” fiscal que el mandatario ya había implementado para sí mismo y sus colegas millonarios en su primer periodo presidencial) es responsable de una pérdida de confianza en el que por décadas ha sido visto como el mercado de deuda más seguro del mundo. En consecuencia, sólo en el primer semestre de 2025, el dólar perdió 11 por ciento de su valor, su peor devaluación en medio siglo, y se calcula que para finales de este año habrá perdido 10 por ciento adicional.

Para colmo, la ofensiva ilegal contra Irán, emprendida por Trump a instancias de Tel Aviv, provocó un aumento de casi 40 por ciento en los precios de la gasolina, uno de los indicadores más sensibles para las familias en un país con una dependencia absoluta del automóvil privado. Lejos de buscar un alivio para las personas de a pie, el magnate ya anunció su intención de incrementar en 50 por ciento el gasto militar actual de un millón de millones de dólares anuales, lo que dejaría al gobierno sin dinero para cualquier otra labor que la guerra. Él mismo lo expresó la semana pasada al afirmar que el gobierno federal no puede financiar la salud ni las guarderías y que los estados tendrían que hacerse cargo de ello.

Al magnate todavía le quedan tres años en la Oficina Oval, pero a su país le tomará décadas y no es seguro que lo consiga– levantarse de la catástrofe económica inducida por su irresponsabilidad. (Editorial, La Jornada, Editorial, p. 2)

Perú elige nueva presidencia: su impacto en México

El electorado peruano elige a su próxima o próximo jefe del Ejecutivo, en un ambiente marcado por la inestabilidad de cuando menos los últimos ocho presidentes. Ante ello nos preguntemos. ¿La nueva presidenta o presidente logrará terminar el mandato en el tiempo establecido por su constitución?

En esta ocasión la contienda esta conformada por una plantilla de treinta y cinco candidaturas. Según los más recientes sondeos, sólo tres tienen posibilidades de ganar. De acuerdo al margen de triunfo, se daría una segunda vuelta el primer domingo de junio de este año.

Encabezan las métricas, Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori. Keiko ya contendió en anteriores ocasiones y los resultados no le favorecieron. Detrás de la candidata se encuentran en la cima de las preferencias, el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, y muy parejo en números Carlos Álvarez, un comediante, que nos hace recordar lo sucedido hace apenas algunos años en Guatemala. En la nación centroamericana, Jimmy Morales, surgido de la televisión de espectáculos, se convirtió en presidente en el período 2016-2020.

En ese sentido el resultado de esta elección presidencial incide en la región. Primero por el circuito andino con Bolivia y Ecuador. Segundo por la ruta cono sureña que geográficamente impacta con los países circunvecinos. Principalmente con Chile. Con el país austral comparte una siempre complicada línea fronteriza. La frontera impone una agenda en donde la migración siempre es un tema que disocia intereses. Ello ha motivado algunas declaraciones llamativas del presidente chileno, José Antonio Kast.

Lo cierto es que esta contienda electoral no resulta ajena a México y mucho menos a los dos gobiernos de la Cuarta Transformación, pues como todos sabemos la solidaridad de López Obrador con el depuesto Pedro Castillo, escaló a un nivel de permanente tensión. Durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, se confirmó la ruptura de relaciones diplomáticas. Antes de la ruptura, la Dra. Sheinbaum fue declarada por el entonces gobierno peruano como “non grata” como resultado del asilo a Betssy Chávez, exministra de Castillo, en la Embajada mexicana en Lima. Con la llegada en febrero de este año, del presidente interino José María Balcázar, del partido de Castillo, se llegó a pensar que las relaciones diplomáticas se restablecerían, pero no aconteció. Apenas esta semana conocimos la declaración de Ricardo Belmont, ex alcalde de Lima y candidato, que parafraseó a López Obrador al decir que a la inseguridad hay que enfrentarla con “abrazos y no con balazos”.

México, junto con Perú, Colombia y Chile integran la Alianza del Pacífico desde el 2011 y las relaciones diplomáticas, políticas y culturales con Perú son históricas. El gobierno de Claudia Sheinbaum asumió apenas en enero de este año la presidencia Pro Tempore de la “Alianza”. El resultado de la elección también seguramente marcará el destino de algunos proyectos relacionados con México. La mencionada Alianza del Pacífico. Pero, sobre todo, qué curso van a tomar las relaciones diplomáticas. Es decir si se mantienen cerradas o se logra algún acuerdo que vislumbre apertura. Algo que se percibe muy difícil si se confirma el triunfo de Keiko Fujimori, o de alguno de los dos candidatos mejor posicionados en las encuestas, es decir Carlos Álvarez o Rafael López Aliaga. De confirmarse este resultado el desafío será conocer por cuánto tiempo más las relaciones diplomáticas seguirán en el estatus de “canceladas”.

Es probable que ante este escenario se sostenga una agenda binacional con Perú más bien de tipo comercial. La Alianza del Pacífico será fundamental. Todo dependerá también del mapa ideológico que impere en la región. Apenas ayer la Presidenta de México anunció su participación en una cumbre progresista de carácter iberoamericano en Barcelona el próximo 18 de abril. En este momento en la órbita de la geopolítica regional todo debe ser tomado en consideración. En todo caso recordemos que México y Perú son dos naciones que comparten un imponente legado de civilizaciones milenarias. (José Francisco Mejía Flores, El Universal, Opinión, p. A15)