El próximo Mundial de Futbol 2026 está poniendo a prueba la capacidad de respuesta del sistema aeroportuario mexicano, no solo en términos de volumen, sino de calidad operativa. Lo que hoy se observa en las tres sedes -Guadalajara, Monterrey y la CDMX- es contrastante: dos aeropuertos regionales que avanzan con claridad estratégica y una sede principal que sigue operando bajo presión estructural.
Guadalajara ha mostrado planeación aeroportuaria con visión de evento y de legado. La inversión superior a 15,000 millones de pesos en su modernización no solo responde a los estándares de FIFA, sino que lo posiciona como un hub internacional robusto. La expectativa de alcanzar hasta 1.9 millones de pasajeros en junio de 2026 -medio millón más de lo habitual- refleja no solo la demanda inducida por el Mundial, sino la capacidad instalada para absorberla. La ampliación de rutas, el fortalecimiento de procesos migratorios y la integración con transporte masivo como el BRT “Mi Macro Aeropuerto” son señales de una lógica sistémica que trasciende el evento.
Monterrey, por su parte, ha optado por una estrategia distinta pero igualmente efectiva: la tecnificación de la experiencia aeroportuaria con confort para el pasajero. El aeropuerto ha invertido en automatización -eGates, filtros migratorios autónomos, self bag drop- con una lógica clara de eficiencia operativa. Estos 128.5 millones de pesos en tecnología forman parte de un plan mucho más ambicioso de 8,000 millones en cinco años, con el objetivo explícito de consolidarse como el principal hub del país. Hoy mueve 15.5 millones de pasajeros al año y se prepara para incrementos de hasta 20% durante el Mundial, lo que confirma una apuesta de largo plazo que utiliza al evento como catalizador, no como fin en sí mismo.
En contraste, la CDMX presenta una faceta más ambigua. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) ha anunciado inversiones cercanas a 9,000 millones de pesos para rehabilitación y modernización, incluyendo mejoras en drenaje, señalética, filtros de seguridad y calles de rodaje. Se trata de intervenciones necesarias -incluso urgentes- para un aeropuerto saturado en el lado tierra, pero que difícilmente transforman la experiencia de fondo. La construcción de nuevas calles de rodaje, por ejemplo, optimiza tiempos en pista y seguridad operacional, pero no resuelve el problema central: la falta de capacidad inducida por la limitación de slots que, cada día queda más claro, está estrangulando a la principal terminal del país.
En este contexto, el papel del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) sigue siendo incierto. Aunque se le presenta como solución a la “saturación” del AICM, hay poca información pública sobre adecuaciones específicas de cara al Mundial. Su infraestructura moderna podría jugar a favor, pero la ausencia de una narrativa clara de integración operativa con el sistema aeroportuario metropolitano limita su impacto potencial.
El Mundial 2026 será, en términos aeroportuarios, un stress test de coordinación, infraestructura y experiencia de usuario. Guadalajara y Monterrey parecen haber entendido que la competencia global ya no es por pistas, sino por eficiencia, conectividad y percepción del pasajero. El AICM enfrenta el reto de demostrar que puede operar al límite sin comprometer la calidad. La diferencia no es menor: en un evento de esta magnitud, el aeropuerto es la primera y última impresión del país. (Rosario Avilés, El Economista, Empresas y Negocios, p. 30)
En muchas partes del mundo los pueblos sufren por la guerra, por el hambre, por la desigualdad convertida en paisaje y por la indiferencia disfrazada de imparcialidad. Sufren por una extrema derecha que ha convertido al desprecio en política de Estado, la indolencia en norma y el odio en común denominador.
En ese escenario, cada vez son menos las voces que se atreven a hablar desde la dignidad en la esfera internacional. Por ello, el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum del pasado 18 de abril en la Cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona es un mensaje indispensable en nuestros tiempos.
Sólo basta escucharla. Mientras otros líderes eligen la neutralidad —o peor, el silencio— la Presidenta fue a Europa a recordar algo que parecía olvidado: la democracia no se defiende con pasividad. Se defiende con principios: justicia social, soberanía popular, derechos y democracia. Y se defiende, sobre todo, sin odiar ni denostar. Sus palabras nos muestran que es posible enfrentar al extremismo sin convertirse en su espejo.
La Presidenta lo dijo sin estridencia, pero sin ambigüedad: frente al extremismo, humanidad. Frente al odio, la mano tendida a los más pobres, a las y los migrantes, a los desposeídos.
Esa es la visión progresista y humanista que la Presidenta llevó a Barcelona. Como ella misma lo refirió: la visión de Morelos, que se lanzó contra la opulencia y el sistema de castas; la de Leona Vicario, que defendió la igualdad entre hombres y mujeres; la de Benito Juárez, que enarboló la paz como principio universal; la del general Lázaro Cárdenas, que encarnó la fraternidad de los pueblos. Una visión que defiende —sin complejos— la igual dignidad de todas las personas, la solución pacífica de los conflictos y la felicidad de los pueblos como fin último del Estado.
En el fondo, las palabras de la Presidenta nos recuerdan que lo que hoy se disputa en el mundo no es sólo quién gobierna: es qué significan las palabras. La extrema derecha secuestró la libertad para vaciarla de contenido: la redujo a libertad para someter, excluir, explotar, acumular sin límite. Frente a ese concepto maltratado, la Presidenta defendió la libertad en sentido pleno: con justicia social, democracia, cooperación y dignidad humana. La libertad de participar y ser escuchado. La libertad, también, de no vivir con miedo.
Esa, en esencia, es la diferencia entre la izquierda y la derecha; entre el progresismo y el conservadurismo. Una visión que anhela un mundo donde quepan todas las personas, pueblos y lenguas, frente a otra que necesita excluir para existir.
El proyecto democrático que defendió la Presidenta no es puro idealismo; refleja una apuesta política clara que hoy resuena en el escenario internacional. México no fue a Barcelona a pedir permiso ni a adornar una foto. Fue a decir que otra forma de hacer política es posible y a probar que ya se está haciendo, como lo acreditan los resultados de su administración.
Por ello su presencia importa. En un tiempo en que la política global se ha vuelto espectáculo de cinismo y los liderazgos se miden por su capacidad de provocar y no de construir, escuchar a una jefa de Estado hablar —con serenidad y con fondo— de democracia, de soberanía y de los pobres del mundo es más que un gesto: es un recordatorio. Un testimonio de que México sigue teniendo voz propia. Y de que esa voz, cuando habla desde la dignidad, no habla solo por las y los mexicanos: habla también por millones de personas, en todos los continentes, que siguen creyendo que un mundo más justo no es consigna, sino una tarea impostergable.
En suma, la Presidenta hizo lo que pocos se atreven: puso palabras firmes donde otros guardan silencio y principios donde otros ponen indolencia. En medio del ruido del mundo, hay una voz mexicana que se oye con claridad. Una voz que no se rinde al miedo ni al desprecio. Una líder que ofrece esperanza dentro y fuera de México y que es un faro para los pueblos progresistas del mundo. (Arturo Zaldívar, Milenio, Justicia, p. 7)
5 Interlocución. Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación, abrió la puerta a una conversación necesaria al recibir a Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, en un encuentro largo, donde se pusieron sobre la mesa desapariciones, migración y violencia de género. La cita ocurre en un momento en que Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, necesita sostener credibilidad internacional sin ceder control político interno. Que no haya declaraciones no implica vacío, sino cálculo. Gobernación asume el rol de bisagra frente a un escrutinio externo que no se puede esquivar. Urgen respuestas claras. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 13)
Claudia Sheinbaum asistió el fin de semana pasado a la Cumbre de países enmarcados en la agenda progresista, dicen ellos: Global Progressive Mobilisation.
Las figuras centrales, Pedro Sánchez de España, Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia, más Uruguay, Sudáfrica y otra docena de países. Todos gobiernos de izquierda o identificados con partidos e ideologías de izquierda.
El gran reto del evento era impedir que la narrativa anti-Trump, antiimperialista, anticapitalista y ahora agravada por las guerras, antimilitarista, pudiera dominar el encuentro.
La solución fue invertir el discurso: en vez de señalar todo lo que rechazan, los múltiples no a la guerra, al bloqueo comercial en Cuba, a la inmigración perseguida y encarcelada de forma inhumana, etcétera. Eligieron con tino afirmar “Por la defensa de la democracia”.
Y ahí sí existen coincidencias porque es tan genérico el título, que hasta Putin afirma que protege y defiende la democracia.
¿La democracia de quién? ¿La de qué sello y estilo?
En México, Morena y Claudia Sheinbaum se autodefinen como demócratas progresistas, cuando buena parte de sus reformas jurídicas, sus iniciativas de ley y su centralización del poder son retardatarias y han arrasado con instituciones democráticas, contrapesos al poder.
Se llenan la boca al hablar de democracia, cuando todos los días, paso a paso —observe usted en detalle los candidatos seleccionados para la renovación de consejeros electorales—, toman medidas para disminuir la democracia real, la competencia equilibrada en elecciones abiertas, ciudadanas, democráticas, sin la participación de un Estado nacional que incline la balanza e influya en los resultados.
Eso no es democracia. Está muy bien defenderla en el discurso, pero no estaría mal hacerlo en los hechos también.
¿De qué reforma quiere usted hablar? ¿De la electoral? Que pretendía quitarle derechos a los partidos, reducir el número de representantes ante el Congreso, disminuir los presupuestos asignados a los partidos —de oposición, se entiende— porque el que gobierna tiene acceso a todo.
¿De la judicial? La que eliminó la pluralidad de jueces y magistrados, ministros todos acólitos de la misma capilla, para tener un solo modelo, sistema y práctica judicial, la que defienda al gobierno y a su partido.
¿De la reforma que eliminó los organismos autónomos?
Sigo buscando una auténticamente democrática y no encuentro. Lo invito, por favor, a que me corrija.
Probablemente las pensiones y los programas sociales sean muy democráticos; el problema es que no hay padrones, registros, controles ni transparencia en el manejo de cientos de miles de millones de pesos que, con una altísima probabilidad, se usan también para otros fines político-electorales.
México ha retrocedido en su posición mundial de regímenes democráticos porque se reconoce en el mundo que en nuestro país se han dado pasos en reversa de la consolidación de un régimen plenamente democrático.
El partido en el poder lo controla todo, lo abarca todo y se niega al menor diálogo con la oposición o con los otros poderes fácticos.
La repetida súplica —perdón, invitación— a los empresarios para que inviertan se enfrenta una y otra vez al mismo obstáculo: la falta de certidumbre jurídica, de credibilidad en las instituciones, de seriedad legislativa. Especialmente cuando aprueban corregir pensiones garantizadas en franca, flagrante y cínica violación a la Constitución al aplicar nuevas leyes retroactivas.
Es penosa la contradicción. Muy común en la izquierda latinoamericana, tan afecta a permanecer en el poder, aunque para ellos haya que aplastar derechos, leyes y avances jurídicos.
La eterna defensa de Cuba como un valor intrínseco a todo partido de izquierda es una negación misma a la democracia, que, por supuesto, en la isla no existe. Pero de todos modos se le defiende, ¡faltaba más!, si es el mito fundacional de la izquierda continental.
Con todo, se reconoce el esfuerzo de la presidenta por regresar a México a la escena internacional. Por dialogar —su antecesor solo hablaba con el espejo— con líderes de otras latitudes y, reconocimiento doble, por normalizar las relaciones con España.
Esconderse en el kiosko de Macuspana le resultó enormemente caro a México al retirarse de foros y debates, donde su doble papel de socio estadounidense y, al mismo tiempo, bisagra latinoamericana, fue abandonado por los últimos 7 años.
Claudia vuelve a la escena internacional y ese solo hecho es valioso y trascendente.
Ojalá y pueda también hablar con la oposición al interior de México, algún día, por lo menos. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Opinión, p. 28)
WELCOME BACK, PAISANO es el programa de Tecate con el que espera apoyar a aquellos connacionales que se han visto forzados a dejar su vida en Estados Unidos. Y es que el endurecimiento migratorio, presión política y ciclos electorales al norte de la frontera están redefiniendo flujos laborales que antes eran invisibles. Frente a ese contexto, la iniciativa privada empieza a ocupar un espacio que el Estado no alcanza a cubrir del todo. Cien contrataciones suenan modestas frente a las cifras de repatriación, pero lo relevante es que Heineken, dirigida por Oriol Bonaclocha, apuesta por la reintegración que no puede depender solo de programas asistenciales. Porque mientras Estados Unidos ajusta su discurso, México necesita transformar el retorno en oportunidad productiva real que permita a la gente reintegrarse a su país. (Darío Celis Estrada, El Heraldo de México, Merk-2, p.18)
Hispanos y Trump
Don Alfred, me dicen que un buen número de hombres hispanos votaron por Trump, se me hace increíble, ¿qué sabe usted de esto?
Alrededor de 54% de los hombres latinos apoyó a Trump, frente a un porcentaje menor de mujeres latinas. El aumento del costo de la vida, la inflación y los precios altos de la gasolina y los alimentos hicieron que muchos sintieran que Trump ofrecía más protección al trabajo y a sus ingresos. Además, algunos se identificaron con su tono duro sobre inmigración, orden público y valores tradicionales, especialmente hombres hispanos más religiosos, mayores o de zonas fronterizas. En estados clave como Florida, Arizona y Texas, comunidades cubanoestadunidenses y otros grupos latinos con experiencia históricamente negativa de gobiernos de izquierda tendieron a preferir al partido republicano. También influyó el cansancio frente a lo que algunos percibieron como discursos políticos polarizados o poco cercanos a sus realidades económicas.
Jóvenes latinos más integrados, angloparlantes y expuestos a medios similares que el resto de estadunidenses se inclinaron más hacia el voto republicano, encontrando en Trump una figura de liderazgo fuerte frente a la crisis económica y la inseguridad. En conjunto, la decisión se explica por una mezcla de economía, valores, experiencia migratoria y contexto político local.
Mi opinión: apabullante número de incultos, ignorantes y egoístas. (Alfredo La Mont III, Excélsior, Comunidad, p. 22)
Han sido semanas de una turbulencia internacional pocas veces vista. Distintas calamidades recorren el planeta generando un sentimiento de zozobra que nos recuerdan los días negros de la pandemia. El futuro luce sombrío y la gente común se pregunta: ¿Qué sigue? ¿Cuál es el destino para millones de jóvenes que buscan una oportunidad de vivir plenos y tranquilos? ¿Seguirá la guerra? ¿Cuántos muertos más?
Alejados del humanismo y el respeto a los derechos humanos, vivimos un mundo pragmático y de transacciones inmorales que denota una crisis de liderazgo a nivel mundial. Pocos alzan la voz. Privan los intereses y la búsqueda de ganancias rápidas. La quimera de una globalización compartida se va fracturando cada vez más.
La vieja noción del liderazgo político entendido como la capacidad de influir, guiar y representar a la sociedad para alcanzar grandes objetivos comunes está dando paso a un ejercicio del poder público basado en la defensa de pocos en detrimento de muchos.
Lejos estamos de la refundación política y civilizatoria que significó la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. La ONU languidece atrapada en los controles políticos y financieros. Los migrantes son perseguidos y hostigados. La ética pública se ha guardado en un cajón. La tolerancia y la empatía son vistas como un estorbo.
Sin visión ni compromisos reales, muchos líderes sobreviven el día sin una brújula ética que genere confianza social derrumbando un puente indispensable entre la ciudadanía y las instituciones.
Como ha señalado Santiago C. Leiras, durante los años 90, ante el colapso del modelo estatal-nacional y la ruptura y desarticulación del orden social, se gestó también una crisis de representación política, dada la dificultad que se le presentó a los partidos políticos para cumplir las funciones de agregación de intereses, articulación de demandas ciudadanas y formulación de proyectos o visiones globales. A través de los años, los partidos políticos fueron diluyendo el cumplimiento de las funciones de gobierno y representación comunitaria. Ante el cansancio social, resurgieron en América Latina nuevos liderazgos políticos de la mano del carisma y el populismo.
Con base en un estilo neopopulista y una estrategia neodecisionista de liderazgo político, nuevos líderes intentaron afrontar el colapso de las recetas tradicionales. Casos paradigmáticos cómo los de Carlos Menem, Fernando Collor de Mello, Alberto Fujimori, Abdalá Bucaram y Hugo Chávez representaron “liderazgos de ruptura” en medio de un contexto de crisis del Estado, fragmentación y desestructuración social y crisis de representatividad política.
Este tipo de liderazgos produjeron múltiples crisis económicas, una nueva camada de millonarios, golpes de Estado y el nacimiento de un narcoEstado cómo Venezuela, encarnado en la infame figura del dictador Maduro y su camarilla de secuaces.
BALANCE
En plena era de redes sociales y algoritmos, es urgente recuperar la figura del líder político como el de una persona que ejerza su autoridad basándose en la confianza y el reconocimiento general de sus atributos humanos y personales, en una nueva ecuación que premie las virtudes y castigue los excesos.
Regresando a los fundamentos clásicos, se requiere de líderes que prediquen con el ejemplo, construyendo una actitud de coherencia entre lo que se dice, se aconseja o se enseña y las acciones reales que se realizan desde el gobierno.
En un mundo doliente de valores y principios, urgen nuevos liderazgos cimentados en la coherencia. Los países que son capaces de confiar en sus líderes son más adaptables y están más dispuestos a enfrentarse al cambio, porque saben que cuentan con un apoyo real. El valor de los principios y los valores. (Francisco GuerreroAguirre, Excélsior, Nacional, p. 12)

(Rictus, El Financiero, Nacional, p. 34)

(Alarcón, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)

(Obi, Reforma, Opinión, p. 8)

(Xolo, 24 Horas, Página 2, p. 2)

(Tacho, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Calderón, Reforma, Opinión, p.9)

(Rocha, La Jornada, Política, p. 5)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 46)

(Chelo, El Universal, Opinión, p. A17)