Los migrantes, entre ellos, los que cruzan por México hacia Estados Unidos, deben ser tratados “como seres humanos y no peor que a los animales”, expresó el papa León XIV.
A bordo del avión en el que regresaba de su gira por África el jueves 23 de abril, el pontífice reiteró la postura de la religión católica, misma que impulsa Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla, en torno a la importancia del respeto a los derechos de todas las personas sin importar su lugar de origen.
León XIV resaltó que el tema de la migración es muy complejo y afecta a muchos países, entre ellos, España, a Europa, a Estados Unidos y al continente americano; además, lamentó que sufren “el tema de trato humano y del tráfico de personas”.
El papa reconoció que un Estado tiene derecho a poner reglas para su fronteras; sin embargo, rechazó que se presenten situaciones injustas y momentos complicados para quienes salieron de su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida.
“Quizá a nivel mundial tenemos que trabajar para promover mayor justicia e igualdad”, añadió León XIV, quien, de alguna forma, está mostrando el camino para contrarrestar los abusos y las violaciones a los derechos humanos que están sufriendo los seres humanos en situación de movilidad.
León XIV destacó con énfasis, una idea en la que todas las autoridades y todos los sectores de la sociedad pueden y deben estar de acuerdo: los migrantes “son seres humanos y tenemos que tratar a los seres humanos en un modo humanitario y no tratarlos peor que las mascotas de casa o a los animales”.
En Puebla, así como en diferentes partes del país, la arquidiócesis impulsa acciones de apoyo y defensa de los migrantes ante la operación de redes criminales que buscan captarlos y engrosar sus filas.
Dentro de la arquidiócesis que encabeza Víctor Sánchez Espinosa, existe una red de albergues que opera con el apoyo de la sociedad civil para brindar apoyo a los llamados “sin papeles”.
Sin duda, como expresó el papa: “hay un desafío muy grande, que un país dice que no podemos recibir más y todo esto … pero cuando llegan las personas son seres humanos y merecen el respeto que cada ser humano tiene por su dignidad humana”. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Opinión, Online)
Haiga sido como haiga sido con la CIA
El que aplicó el famoso “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón fue el diputado panista Federico Döring. Lo hizo para defender a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, metida en problemas por permitir la participación de agentes de la CIA en un operativo antinarco en su estado, Chihuahua, facultad que sólo tiene el Gobierno Federal con aprobación del Senado. Don Federico afirmó: “El operativo es exitoso, se diga lo que se diga, y lo vienen a regatear porque no lo hicieron ellos (Morena)”. Mientras sigue creciendo la tensión entre Palacio Nacional y el gobierno de doña Maru, nos comentan que el líder nacional del PAN, Jorge Romero, anunció que hoy fijará postura.
La despedida de Esteban Moctezuma
Nos cuentan que quien se encuentra en nuestro país es Esteban Moctezuma, quien se prepara para salir como embajador de México en Estados Unidos, para darle entrada a Roberto Lazzeri. Nos dicen que como parte de su “gira de despedida”, don Esteban se reunió con el canciller Roberto Velasco para reportar los pendientes que quedan, principalmente en la negociación del T-MEC, la protección a mexicanos en el exterior y el reciente caso de los agentes de la CIA que fallecieron en Chihuahua tras un operativo. Nos dicen que, pese a su paso sin pena ni gloria por la embajada, podría tener de consolación un puesto en el gobierno de México. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
› ¿La tercera es la vencida?
Para quienes no se enteraron, Bertha Gómez Fong, la esposa del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, que había sido detenida a finales de marzo por agentes del Servicio de Migración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), fue liberada este mes. Ah, pero resulta que, para su mala suerte, las autoridades migratorias de ese país —que andan implacables en esta época— la volvieron a aprehender y la tienen bajo su custodia.
Dicen las personas que están familiarizadas con su caso que eso de tropezar de nuevo y con la misma piedra le puede costar a la también extitular del DIF chihuahuense, pues ya se encuentra en proceso de deportación a México. Para nadie es un secreto que la esposa de Duarte —detenido en diciembre por presunto lavado de dinero— también tiene pendientes con la justicia mexicana, por eso es que el trámite para devolverla al país implicará que permanezca bajo arresto, al enfrentar cargos por robo y peculado, delitos en los que habría incurrido durante el gobierno de su marido. Tsss.
› ¡Afuera!
Y a juzgar por la reacción del gobierno de Argentina a la captura del contralmirante Fernando Farías, resulta que sería más pronto de lo esperado que el detenido pudiera estar siendo enviado al país, para que enfrente la justicia. Y es que hay que ver la vehemencia con la que Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad Nacional del gobierno de Javier Milei, se refirió ayer al caso del exmando de la Armada. “Atrapamos a Fernando Farías Laguna, mexicano, exvicealmirante.
La Argentina no es refugio de criminales”, refirió la funcionaria, tras dar cuenta de que el detenido enfrenta cargos por crimen organizado, robo de combustible e intento de homicidio. Además, de que entró a su país con un pasaporte guatemalteco falso. Incluso sostuvo que Farías es “pieza clave” de una estructura criminal, dedicada al tráfico de combustibles y que “lo buscamos, lo encontramos, lo detuvimos y próximamente ¡afuera!.. el que las hace las paga”, advirtió mientras tronaba los dedos. En el caso se verá si procede un juicio de extradición o se da una deportación. Pendientes. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Una vez más, como cuando un comando estadounidense capturó en Culiacán a Ismael El Mayo Zambada en 2024, el gobierno mexicano no sabe ahora qué estaban haciendo agentes de la CIA en un operativo conjunto con la policía ministerial de Chihuahua. Se queja y reclama reconociendo sus límites, sin exabruptos, pero con dubitaciones sobre qué hacer. El gobierno se siente traicionado y humillado, otra vez. Todavía no le dice Estados Unidos cómo se llevaron a Zambada. Y no encontrará el gobierno en esta ocasión una respuesta satisfactoria. Nuevamente le jugaron a sus espaldas.
Hay quienes dentro del gobierno se preguntan por qué, si han escuchado de voces estadounidenses lo maravillosa que ha sido la cooperación en seguridad, y otros, simplemente tratan de dilucidar qué sucedió. La respuesta quizás se encuentra en “Tercera Opción”, un concepto operativo dentro del pensamiento estratégico estadounidense que utiliza consistentemente la CIA en todo el mundo. Es una doctrina informal que fue descrita por Loch Johnson en su libro The Third Option (2022), donde enumera los tres grandes instrumentos que guían la política exterior de su país: the treaties power (la diplomacia), the war power (las guerras) y the spy power (la inteligencia).
Si empalmamos la forma como los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador abordaron la cooperación con Estados Unidos en el campo de la seguridad, podemos entender lo que está viviendo y sufriendo la presidenta Claudia Sheinbaum, que ha sido no solo heredera de la ruptura del tejido que se había construido por años, sino envuelta en la imbricada red que le dejó López Obrador, cuyo lastre está afectando su credibilidad en Washington.
La primera opción, la diplomacia, fue cerrada casi al arrancar el gobierno de Peña Nieto, cuando en una reunión bilateral de alto nivel, el exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo, palabras más, palabras menos, que se había acabado el tiempo de concesiones del expresidente Felipe Calderón, y que no permitirían que se socavara la soberanía. El resultado fue el desmantelamiento de Plataforma México, que culminó con la destrucción de la inteligencia criminal, una espiral de violencia imparable y la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, que pudieron recapturar, paradójicamente, con información de la CIA.
López Obrador recibió de Peña Nieto un país rojo, que lo llevó a escarlata. Si su predecesor frenó la cooperación bilateral, él la cerró por completo. Dejó de enfrentar al crimen organizado, al que le abrió –como contraprestación de financiamiento y acciones electorales– el territorio nacional para sus negocios, entregándole, por omisión o comisión, funciones del Estado a cárteles, pandillas y caciques asesinos locales, con lo cual, en la lucha por los lucrativos mercados, elevó los asesinatos a números nunca antes vistos en tiempos de paz.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia fue vista en Washington como una oportunidad para restablecer lo destruido. Retomaron la “primera opción” de la diplomacia, aunque acompañada de la retórica amenazante y vitriólica del presidente Donald Trump para forzar la aceptación de tropas en México para combatir al crimen organizado. Se estableció un nuevo mecanismo de cooperación, que se fue agotando al topar la presidenta con la barrera que no ha podido franquear: el desmantelamiento de la cadena de complicidades entre criminales y políticos, especialmente del régimen obradorista.
La segunda opción, la militar, sigue vigente, pero inviable bajo una lógica práctica: una intervención militar terrestre detonaría una inmigración masiva de mexicanos que desestabilizaría política, social y económicamente todo el sur de Estados Unidos. El discurso militarista de Trump y varios de los halcones en su gabinete y en el ecosistema de medios conservadores y de extrema derecha, se ha mantenido como un distractor involuntario, para que la CIA, camuflada tras los bramidos, pusiera en práctica la tercera opción, las operaciones encubiertas, con campañas de propaganda, actividades políticas y acciones paramilitares.
No se ven, pero están aquí hace tiempo. No han sido en la forma de nuevas acciones de extracción como la de Zambada –que la hizo el gobierno demócrata de Joe Biden, que subraya que México es visto como un asunto de Estado en Washington–, que fue espectacular, pero que han sido más extensas, más intimidantes, y con un proceso similar a las viejas técnicas de tortura, donde se tiran gotas en el mismo punto de la cabeza para someter. El dolor no se siente en un principio, pero con el tiempo enloquece.
Una de las herramientas que han utilizado es la cancelación de las visas, cuya información la recopilan los servicios de inteligencia estadounidenses, que ha alterado la vida cotidiana de muchos políticos del régimen. Desde el gobierno de López Obrador, los temores a acciones punitivas de Washington contra miembros del gabinete provocaron la recomendación para que nadie, que no tuviera algo importante que hacer en Estados Unidos, viajara a ese país. En la actualidad, ya no hace falta la sugerencia: simplemente no viajan al norte. Las cancelaciones de las visas han aumentado, y seguirán acumulándose.
Sheinbaum padece y trata al mismo tiempo de administrar las consecuencias de poco más de una década de conflictos entre los dos países por el tema de la seguridad, sin muchos espacios de maniobra. La muerte de los dos agentes de la CIA en un accidente carretero en la Sierra Tarahumara hizo emerger súbitamente la forma como se está aplicando la tercera opción, que no fue meramente una acción unilateral, sino resultado de la cerrazón a la cooperación bilateral y las negativas para comenzar a barrer la narcopolítica y la relación de figuras de alto nivel de la cuatroté no solo ligadas al crimen organizado, sino como parte estructural de él.
Chihuahua fue la prueba pública de que Estados Unidos no se quedó esperando a que el gobierno mexicano cooperara plenamente, y comenzó a tejer relaciones y cooperación con gobiernos estatales y locales. El gobierno federal se ha atorado en el análisis superficial. La CIA operó transversalmente, desde los sótanos y las cañerías, hasta las salas más exclusivas del poder. ¿Qué tanto infiltraron y penetraron al gobierno federal y a poderes en el resto del país para poder combatir lo que consideran es una amenaza de seguridad nacional? No es posible saberlo, pero, por la experiencia en Chihuahua, es mucho más profunda de lo que imaginamos. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)

(Tacho, Milenio, Al Frente, p. 3)

(Darío, Milenio, Al Frente, p. 2)