Que la titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial, María de los Ángeles Ballesteros García se reunió con la diputada local del Partido Verde, Beatriz Manrique Guevara, quien encabezó esa misma dependencia durante los gobiernos de Miguel Barbosa y Sergio Céspedes. El encuentro fue de cortesía, pero también de respaldo mutuo pues la extitular no sólo acumuló experiencia y conocimiento técnico al frente de dicha cartera, sino que también demostró resiliencia en momentos complejos de su vida. (Trascendió, Milenio Puebla, Online)
Hasta ayer, el Instituto Nacional de Migración no había dado a conocer las cifras de llegadas de viajeros internacionales a México al cierre de abril; pero los datos del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), que dirige Raúl Revuelta, son significativos.
El promedio de sus 12 aeropuertos mostró un decremento de 6.3%, Puerto Vallarta, Tijuana y Los Cabos tuvieron decrementos de 17%, 10.5% y 8.1% sumando a mexicanos y extranjeros.
En la llegada de viajeros internacionales, las bajas fueron de 10.9% en Tijuana; 23% en Puerto Vallarta y 9.7% en Los Cabos.
En Montego Bay, Jamaica, el aeropuerto operado por GAP fuera de México registró una disminución del 22%.
Pero de todas estas cifras, una llama mucho la atención y es que el Cross Border Express, el puente estéril entre Tijuana y San Diego que dirige Jorge Goytortúa y que lleva años acumulando éxitos y crecimientos asombrosos, tuvo una baja de 10.3% en abril y de 11% en el primer cuatrimestre contra el mismo periodo de 2025.
Esta situación complicada se explica por un conjunto de hechos que, por su magnitud, todavía no son una “tormenta perfecta”; pero sí están pasando de ser “chubascos” aislados, para volverse un “aguacero torrencial” en toda forma.
Los componentes son los siguientes:
El precio de la turbosina, que representa alrededor de la tercera parte de los costos fijos de las aerolíneas, se ha incrementado más o menos 50% por el conflicto bélico que iniciaron Estados Unidos e Israel en contra de Irán.
El 22F, día en que fue abatido El Mencho por las Fuerzas Armadas de México, fue el detonador de la imagen de inseguridad que hoy pesa sobre el país en general y sobre entidades como Jalisco y Baja California en particular.
El peso se ha apreciado frente al dólar casi 4% en lo que va del año y más de 8% en los últimos 12 meses, lo que ha vuelto a México más caro.
Por todo esto, las aerolíneas están recortando su oferta de asientos, para aplicar una fórmula que les ha dado buenos resultados en el pasado: menos asientos disponibles y, por tanto, ajustes en lo gastos; boletos más caros para quienes están dispuestos a pagarlos y cierre de rutas poco rentables.
Según datos que se desprenden de OAG, que hoy se llama Aviation Analytics y que antes era la Guía Oficial de Aerolíneas, en el primer cuatrimestre del año la caída de asientos en el Aeropuerto de Tijuana fue de 7.5% acumulado, pero Puerto Vallarta se llevó el campeonato con -15%.
En el primer cuatrimestre de abril, la caída de turistas internacionales a Tijuana sumó -7-7%; -3.9% a Los Cabos y -11.3% a Puerto Vallarta; lo que está padeciendo el principal destino turístico de Jalisco sólo fue superado por Manzanillo con -12%, pero en el primer caso sumaron 314 mil viajeros menos y en Colima sólo 12 mil.
Comparto un dato que todavía no es oficial, pero que una fuente bien informada me dio como bueno, y es que en mayo el número de asientos disponibles bajó 10.5% contra 10% en abril en Tijuana, así es que el problema sigue.
Una crisis se gesta con elementos que no son predecibles y viene el “respiro” del Mundial, pero ya hay elementos para afirmar que 2026 no será un gran año para el turismo. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)
Ante la dinámica migratoria que se presenta en la parte norte del continente americano, México y estados del centro del país como Puebla, se está colocando como un punto destino de quienes buscan mejorar sus condiciones de vida en un lugar diferente al que nacieron.
De acuerdo con la Estrategia Nacional de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la salida de comunidades expulsoras mexicanas como la Sierra Mixteca poblana, se redujo y, a la par, aumentan los retornos de quienes se fueron en busca del llamado sueño americano.
De la misma forma, se registra un incremento en la llegada de personas nacidas en Centroamérica, Sudamérica y hasta de los continentes asiáticos y africanos, con lo que, aparece México como un destino.
El análisis resalta “México atraviesa una transición hacia un rol creciente como país de destino”. A lo largo del año pasado, ocho de cada 10 personas en situación de movilidad revelaron que llevaban más de seis meses en territorio mexicano, de los cuales, 51 por ciento ya ve al país como su destino final, casi el doble de lo que sucedía en 2024.
Para la OIM, es fundamental que en todo el territorio mexicano se desarrolle un plan integral para gestionar la movilidad humana bajo principios de dignidad y seguridad, es decir, que sean tratados como personas y no como objetos.
Preservar la vida mediante ayuda humanitaria, gestionar soluciones al desplazamiento interno y fomentar rutas migratorias legales, son los tres ejes centrales que propone la OIM para garantizar el respeto de las personas que están en busca de mejores condiciones de vida.
La OIM reconoció que se presenta una complejidad en el fenómeno migratorio, por ello, es fundamental la coordinación entre todos los sectores de la sociedad como la academia, la parte empresarial y el área civil para que trascienda a las capacidades gubernamentales.
En conclusión, la movilidad de las personas en estados como Puebla y, en general, en todo el territorio mexicano, no puede ser vista como una crisis, por lo que, se requiere tomarla como una oportunidad estratégica para mejorar la realidad actual y mejorar las oportunidades para todos sin importar su lugar de nacimiento. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)
Pertenezco a una generación de mexicanos que visualizamos nuestra vecindad con Estados Unidos como una oportunidad más que como una amenaza.
Todavía en el sexenio de De la Madrid (1982-1988) se veía con recelo al vecino del norte. La relación bilateral fue tormentosa en ese periodo por varios asuntos complicados: la Revolución Sandinista, el asesinato de un agente de la DEA y la personalidad ruda del embajador estadunidense.
El péndulo de la historia giró durante el sexenio de Salinas (1988-1994). El expresidente entendió que la solución económica para México, en el contexto del desmoronamiento de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, era la integración comercial con Estados Unidos. Ahí comenzó a visualizarse al poderoso vecino del norte como una oportunidad.
Salinas logró que el presidente Bush padre firmara el primer Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que entró en vigor el último año de ese sexenio. La expectativa era altísima: que México transitara al primer mundo, tal y como había prometido Salinas en su campaña.
Sin embargo, vino la crisis de 1994. Estados Unidos se convirtió en el gran salvador. El presidente Clinton garantizó el pago de la deuda mexicana con un paquete de 50 mil millones de dólares (equivalentes a 109 mil millones de hoy).
Durante el sexenio de Zedillo (1994-2000), la relación bilateral fluyó con relativa tranquilidad. En México se iba asentando la idea de un vecino del norte como oportunidad.
Al punto de que, cuando llegó Fox en 2000, el nuevo presidente tenía una apuesta por profundizar la integración económica con Estados Unidos incluyendo un acuerdo migratorio amplio. Las cosas iban de maravilla con el presidente Bush hijo, quien había sido gobernador de Texas, y veía a México con buenos ojos.
No obstante, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 terminaron con esa ilusión. Estados Unidos se embarcó en una larga y costosa guerra contra el terrorismo. La relación bilateral con México pasó a un segundo plano en modo de business as usual.
Así continuó con el presidente Calderón (2006-2012), salvo el logro del reconocimiento de corresponsabilidad de Estados Unidos en el combate del crimen organizado con la Iniciativa Mérida. Mientras tanto, gracias al TLCAN, se fueron profundizando las relaciones comerciales de ambos países.
México se convirtió en potencia exportadora, disputándose con China y Canadá el primer lugar en exportaciones a la economía más dinámica del mundo. Todavía con el presidente Obama, Estados Unidos seguía representando una gran oportunidad para México.
Y luego llegó Trump…
Desde el primer día que anunció su intención de competir por la Presidencia, Trump hizo de México un tema electoral. Para mal. Ese día consideró a los mexicanos como “violadores”. No sólo éramos los principales culpables de la migración de indocumentados, sino les habíamos “robado” millones de empleos por las empresas que habían movido su producción a nuestro país.
En el primer periodo de Trump, los mexicanos comenzamos a dudar de nuevo si Estados Unidos era oportunidad o amenaza.
Por un lado, nuestra economía estaba integrada a la del vecino del norte y dependía mucho de ese país. Por el otro, el nuevo presidente estadunidense se convirtió en un dolor de muelas por sus políticas antimigratorias y su rechazo al TLCAN existente.
Al presidente Peña (2012-2018) le tocó la ardua tarea de renegociar un nuevo tratado de libre comercio, el T-MEC, que profundizó más la relación comercial bilateral.
A López Obrador (2018-2024) le tocó lidiar un par de años con Trump, ya con un tratado planchado por Peña. Tuvo la enorme fortuna que Biden le ganara la elección de 2020 en Estados Unidos. Este nuevo mandatario, un político profesional, suavizó la relación bilateral sin que hubiera desencuentros importantes, salvo la extracción ilegal de El Mayo Zambada.
En 2024, Sheinbaum y Trump ganaron las elecciones presidenciales. A la Casa Blanca retornó un Trump recargado. Con experiencia y empoderado, el magnate tensionó mucho la relación bilateral en todos sus ámbitos. En lo comercial, impuso unilateralmente aranceles violando el T-MEC. En lo migratorio, exigió que México detuviera a los indocumentados al sur de su frontera. En seguridad, nombró a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas internacionales convencido que a nuestro país lo gobierna el crimen organizado.
Durante meses, Sheinbaum capoteó a Trump de manera eficaz e inteligente. La acusación de “los diez de Sinaloa” cambió eso. Se le agotó la paciencia y “cabeza fría”. En su discurso del domingo, la Presidenta regresó a la vieja visión de Estados Unidos como una amenaza para México.
Después de casi cuatro décadas, el péndulo de la historia giró de nuevo (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 13)
El triunfo de Abelardo de la Espriella en las primarias colombianas y el anuncio del apoyo de la otra candidata de la derecha, Paloma Valencia, a esa opción de gobierno, hace avanzar más la expectativa de un giro ideológico y político en América Latina y el Caribe. El resultado, abiertamente celebrado por líderes de la misma corriente en la región, como el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, alienta, en paralelo, la candidatura de Keiko Fujimori en el balotaje peruano.
De llegar a la presidencia De la Espriella y Fujimori en las próximas semanas, toda la región del Pacífico suramericano estará en manos de la derecha. Buena parte de Centroamérica y el Caribe, también, por lo que la contención que hasta ahora han intentado desplegar Brasil con Lula da Silva y México con Claudia Sheinbaum, perderá impulso de manera irremediable.
La presión externa sobre las elecciones colombianas muestra que la tendencia a la derecha no es necesariamente espontánea o doméstica. Por supuesto que hay una inflexión en las ciudadanías gobernadas por proyectos de la izquierda, en América Latina y el Caribe, en condiciones de recesión o contracción económica, alza inflacionaria y aumento de la pobreza y la desigualdad, que las hace optar por la alternancia.
A esa oscilación pendular se superpone una fuerte agenda geopolítica que, desde Estados Unidos, busca alinear a toda América Latina en una corriente que responda de manera generalizada a las prioridades de seguridad hemisférica y control migratorio establecidas en la Doctrina Donroe. Se produce entonces una situación muy parecida, aunque ideológicamente inversa, a la del avance de la izquierda bolivariana en la primera década del siglo XXI, cuando el intervencionismo electoral del chavismo era denunciado con frecuencia.
Frente a la reorientación geopolítica que se está viviendo, las respuestas de los gobiernos de izquierda tienen el inconveniente de carecer de foros regionales, prácticamente implosionados. Si esas respuestas, como se ha visto hasta ahora, persisten en la ruta de la denuncia de fraude, que ha iniciado el presidente Gustavo Petro, es esperable que el acompañamiento brasileño y mexicano sea cada vez más tímido o poco eficaz.
La narrativa del fraude en Colombia, suscrita desde izquierdas gobernantes como la mexicana o la brasileña, en un contexto en que la propia opción de la izquierda colombiana debe jugar con las reglas del árbitro electoral y, por tanto, aceptar sus resultados de aquí a la segunda vuelta, parece tener poca recepción regional.
En todo caso, si la derecha colombiana logra consumar la alternancia en el poder en el balotaje, la ofensiva diplomática a favor del Escudo de las Américas y la Doctrina Donroe se acentuará en los meses que siguen. De producirse, en octubre, una derrota de Lula da Silva en Brasil, dicha ofensiva se volverá apoteósica y el campo de la izquierda quedaría reducido a un México sometido al T-MEC. (Rafael Rojas, La Razón, México, p. 4)
La administración del presidente Donald Trump está empeñada en detener y deportar el número más grande de inmigrantes indocumentados posible de los Estados Unidos, pero también está encontrando dificultades reales para realizar esta tarea. La logística para encontrar, procesar y remover a los inmigrantes indocumentados es parte del problema, pero también las decisiones de los tribunales y la resistencia de ciudadanos comunes y corrientes, lo cual ha forzado cambios de estrategia. Frente a esta realidad, la administración parece cada vez más enfocada en hacer la vida difícil para los indocumentados para que decidan salir del país por decisión propia.
Las cifras de deportaciones del interior del país son muy difíciles de rastrear, ya que la administración ha dejado de publicar estadísticas consistentes. Basado en datos fragmentarios e incompletos, parece probable que logren deportar entre 400,000 y 500,000 indocumentados durante el año fiscal del gobierno estadounidense, que va desde octubre pasado a septiembre próximo, lo cual es una cifra importante pero mucho menor frente a su ambición de deportar a un millón por año, y una fracción de los 14 a 15 millones de indocumentados que viven en los Estados Unidos (de los cuales, aproximadamente 40 por ciento son mexicanos, según cálculos del Instituto de Políticas Migratorias).
Ha habido un giro notable desde las protestas en Minneapolis y el cambio de secretario de Seguridad Interior hacia una estrategia de detenciones menos confrontacional y menos visible. Pero la administración ha perseguido una serie de otras medidas para incentivar la “autodeportación” como alternativa. Esto incluye la decisión de quitar el estatus temporal que gozaban migrantes de ciertas nacionalidades, así como alargar el periodo para esperar un permiso de trabajo para los que solicitan asilo.
Asimismo, un cambio reciente de las reglas de visas requiere que muchos de los que quieren solicitar residencia permanente por matrimonio o a través de sus hijos, quienes son ciudadanos (o residentes permanentes), tendrán que regresar a su país de origen para hacerlo, lo cual elimina la vía principal de regularización que existía para algunos indocumentados (que no pueden salir del país sin ser prohibidos a regresar). Aunado a esto, hace unos días, la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva que requiere que el Departamento del Tesoro (Hacienda) revise las reglas de los bancos e instituciones financieras para brindar servicios a los clientes que no pueden probar su presencia legal en el país, aunque los cambios aún no se definen y hay resistencia de las instituciones financieras a estas medidas.
Los acuerdos con 27 países para deportar migrantes de otras nacionalidades a su territorio también se han usado para que los migrantes indocumentados piensen dos veces si quieren quedarse en el país. Hay un número cada vez mayor de detenidos que firman su “salida voluntaria” del país en vez de seguir el proceso legal para determinar si serán sujetos a deportación, más de 80,000 desde enero de 2025 a marzo de 2026, un incremento de 700 por ciento, según un estudio del Instituto Vera. El temor a ser enviado a un tercer país parece estar funcionando para generar este cambio.
Sospecho que la gran mayoría de indocumentados se quedarán en el país a pesar de las nuevas formas de adversidad, porque ya tienen muchos años aquí y mucho arraigo, ya que 80 por ciento tienen más de 5 años de residencia y 59 por ciento más de 15 años en el país. Pero sin duda se está viviendo un momento difícil para los que carecen de documentos en los Estados Unidos, con nuevos escenarios de incertidumbre por delante, y es una parte integral de la estrategia oficial del gobierno federal. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p. a14)
Subiéndole el nivel

(Magú, La Jornada, Política, p. 4)
Cerrarle el pico

(Rocha, La Jornada, Política, p. 7)
Metiendo su cucharota

(Fisgón, La Jornada, Política, p. 5)
Poniendo límites

(Jerge, La Jornada, Política, p. 11)