En 72 horas, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio muestras de un manejo de crisis totalmente inapropiado ante la amenaza del presidente Donald Trump, de imponer cinco por ciento de aranceles, que irían escalando en represalia por las insuficientes acciones para frenar a la migración centroamericana. El Presidente fue de una posición enérgica a una serie de equivocaciones tácticas, falta de estrategia, situaciones embarazosas para su secretario de Relaciones Exteriores, y afirmaciones donde mostró un giró de su actitud soberana, para caminar hacia la capitulación. Después de esos tres días erráticos y confusión política, el Presidente continuó enredándose en declaraciones y Trump escalando el costo político para el gobierno mexicano. El resultado de las pláticas esta semana en Washington no pinta bien para el gobierno lopezobradorista. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, p. 46)
Ayer se dio la consecuencia de seis meses de un silencio oprobioso de la Presidencia de la República ante las amenazas e insultos de Donald Trump a nuestro país. Todos los productos que ingresen a Estados Unidos desde México tendrán un impuesto de cinco por ciento, porque según Donald Trump no estamos haciendo nada para detener la migración ilegal. Durante seis meses de este gobierno Donald Trump nos ha pegado con todo, y como respuesta ha encontrado una estrategia equivocada: decir que el gobierno mexicano respeta los dichos de Donald Trump. “Amor y paz”. ¿Con quién cree que está tratando el presidente de México? El que se agacha ante Estados Unidos paga las consecuencias doblemente. (Pablo Hiriart, El Financiero, p.44)
Washington aplicará aranceles a las exportaciones mexicanas (o importaciones desde México) porque a su entender nuestro país no ha hecho lo necesario ni lo deseable para reducir/impedir/contener la migración centroamericana hacia Estados Unidos. No se trata de un conflicto comercial. Trump está haciendo lo que México siempre debió haber hecho, lo que Peña Nieto y Videgaray dijeron que iban a hacer, y que ni ellos ni López Obrador han realizado en realidad: adoptar un enfoque integral de la relación entre ambos países. Desde la época de Salinas se insistió en que todo debía avanzar por vías separadas; hoy el gobierno repite la misma tonada. En lo migratorio, Trump exige tres concesiones mexicanas. La primera, la más urgente y lastimosa, consiste en la formalización del Acuerdo de Tercer País Seguro que en los hechos se empezó a poner en práctica con el convenio “Remain in México”. Formalizarlo significa que al ser México un país “seguro”, no hay necesidad para ningún “tercero” (hondureño, cubano, congolés) de pedir asilo en Estados Unidos. Como Austria y Alemania, pues. Ya ni siquiera tendrían derecho a audiencia; deberán regresarse a sus países, o pedir asilo en México. (Jorge G. Castañeda, El Financiero, p. 53)
No quisiera estar en los zapatos del canciller mexicano ni de su jefe en esta hora del nuevo muro que el presidente Trump ha lanzado sobre México. Es un muro de aranceles, pero es en realidad un muro de política pura y dura, camino a la reelección del presidente estadunidense, en el uso y abuso de su probado chivo expiatorio en la materia: México. Las coordenadas estructurales de la relación son claras y estables, con las variantes que impone el momento: seguridad, migración, libre comercio, integración. El acento duro de la coyuntura es en el tema migratorio. A este propósito, el presidente Trump parece dispuesto a abrir un nuevo capítulo de discurso antimexicano. (Héctor Aguilar Camín, Milenio Diario, p.3)
Es evidente que esta medida iría en contra del NAFTA, hoy vigente, de las reglas de la OMC, y del nuevo acuerdo, aún no ratificado, el T-MEC. Más importante aún, para poder hacer algo así, Trump tendría que utilizar algún argumento absurdo que le permitiese dar la vuelta a la facultad que, en Estados Unidos, tiene el Congreso en lo relativo a comercio exterior. Ya nos aplicó un arancel al acero y aluminio argumentando seguridad nacional, decisión inusitada que no sólo nos incluyó a nosotros, sino a Canadá, los dos grandes aliados de Estados Unidos que le han garantizado la paz por décadas. Ahora, según parece, dirá que se trata de una emergencia económica, aunque la razón que arguyó para el alza de aranceles es que México no controla la migración hacia su país. (Macario Schettino, El Financiero, p. 47)
El Presidente Andrés Manuel López Obrador se ha visto sometido a muchas presiones en las pasadas dos semanas; primero, por las renuncias en su gabinete, y luego por la declaración de guerra comercial por parte de la Casa Blanca, Donald Trump. Además del contexto electoral, las amenazas de Trump deben analizarse a partir de sus pretensiones: quiere que México se convierta en su border patrol que impida el paso de migrantes a su territorio y que acepte a todos los deportados. López Obrador se vio obligado a dejar de lado la política de mirar para otro lado y envió una misiva al presidente estadounidense para pedir que se abra un canal de negociación; además designó a una delegación de alto nivel encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, cuyo primer resultado es la reunión del próximo miércoles con una delegación estadounidense encabezada por el secretario de Estado, Mike Pompeo. (Francisco Santiago, Contra Réplica, p.8)
Vamos a una crisis en la relación con Donald Trump. Era previsible, y si no había ocurrido antes es porque se hizo todo lo posible por complacerlo. Faltó firmeza. Estamos en una especie de callejón sin salida, porque la exigencia de terminar con el paso de migrantes hacia el norte y el establecer controles más eficaces al tráfico de drogas, no dependen de nuestro país, ya que son problemas que tienen carácter global. Esto lo saben en la Casa Blanca y por ello buscarán un compromiso todavía mayor en la contención de los viajeros que vienen de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador. La temporada electoral requiere de resultados y es lo que estarán empañados los próximos meses. Trump quiere que el gobierno mexicano se encargue del trabajo sucio, de las detenciones y en todo caso de las largas esperas de quienes buscan migrar, sobre todo en la frontera con Texas y California. (Julián Andrade, Contra Réplica, p. 5)
Dice el presidente de Estados Unidos que si México no reduce la migración, se le castigará con aranceles. Asombra que Trump pretenda reducir la migración dañando la economía mexicana. Un México económicamente inestable es el caldo de cultivo perfecto para una explosión migratoria masiva. Así ocurrió después del error de diciembre de 1994. A raíz de la devaluación y la pérdida de empleos, miles de mexicanos buscaron un futuro mejor en Estados Unidos. En el México contemporáneo, dada la inexistencia de partidos de oposición sólidos, el Presidente López Obrador únicamente reconoce dos contrapesos reales: los mercados y Estados Unidos. El mandatario mexicano ha mostrado prudencia en su trato con el gobierno norteamericano, pero no deberían ponerlo contra la pared si saben que en su base electoral destacan algunos ultranacionalistas y simpatizantes del chavismo. La hostilidad de Trump puede alejar a México de la esfera de influencia estadounidense y acercarlo a la rusa o china. Malas noticias para quienes creemos en la integración de América del Norte y en la democracia liberal. (Raudel Ávila, Contra Réplica, p.6)
Una vez más, Donald Trump agarró a México de piñata. Pero ahora la ofensiva no se limitó a lanzar tuitazos ofensivos: el presidente de Estados Unidos anunció el jueves pasado la imposición de aranceles (empezando en 5% y llegando eventualmente a 25%) a las exportaciones mexicanas, como una medida para obligar a nuestro país a detener la migración centroamericana hacia el país vecino. Esto, por supuesto, no se puede leer fuera del contexto político estadounidense. El presidente Trump enfrenta la posibilidad de un juicio político en la Cámara de Representantes como resultado del reporte Mueller. Asimismo, su campaña por la reelección luce complicada: en encuesta tras encuesta, se ubica abajo de casi cualquier contendiente demócrata. (Alejandro Hope, El Universal, p.15)
Ahora sabemos lo que se necesita para conseguir una respuesta de Andrés Manuel López Obrador a las amenazas y calumnias de Donald Trump. Como lo hizo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, el presidente de Estados Unidos ha agredido a México desde el principio de la Presidencia de López Obrador. Ahí están los tuits, las declaraciones y, sobre todo, las medidas punitivas contra los migrantes centroamericanos y los indocumentados que residen en Estados Unidos, en su mayoría mexicanos. López Obrador no respondió a ninguno de esos ataques, que tanto daño han hecho a millones de personas de origen mexicano, al buen nombre de México e incluso a la cordura de la sociedad estadounidense. Antes que contestar con dignidad y fortaleza a ese golpeteo incesante, López Obrador prefirió no solo el silencio sino la colaboración con un gobierno empecinado en la discriminación. Al menos ahora sabemos exactamente por qué. Como el gobierno anterior, este gobierno tiene una prioridad en la relación bilateral: la agenda comercial. Que Trump le escupa a millones de inmigrantes mexicanos todo lo que quiera, pero que no se le ocurra imponer aranceles. La amenaza arancelaria despertó, esa sí, al gobierno mexicano. Es bueno conocer sus prioridades. (Leon Krauze, El Universal, p. 14)
Nuestro país tiene hasta este miércoles para decidir cuál es su prioridad, el bienestar de los centroamericanos o el de los mexicanos. Y ya no es cuestión de convencer con razones al gobierno de Donald Trump porque sus acciones contra México no están basadas en el raciocinio, sino en cómo ganar una reelección que cada vez luce más difícil de ganar. Así, claramente, la única forma de desarticular a México de la estrategia de campaña de Donald Trump es convertirse en un aliado de su pelea contra la inmigración ilegal. Si México lo hiciera dejaría de ser pato y se convertiría en escopeta. Al final, el enorme problema de indocumentados es de Centroamérica, ya no de México. Por otra parte, si el gobierno mexicano siguiera dándoles visas a los centroamericanos, el pleito con Trump seguiría aumentando porque México le estaría dando precisamente lo que él quiere— alguien a quien golpear y a quién culpar delante de los millones de ignorantes que aún lo siguen. Y créame, son muchos millones los que quieren a un Presidente que, aunque no gane, ni cumpla lo que promete, de la impresión de que sigue peleando por los trabajadores estadounidenses. (Armando Guzmán, El Heraldo de México, p. 24)
Buscapiés.- Encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, la delegación gubernamental mexicana está en Washington para sostener conversaciones a partir del miércoles con sus contrapartes estadunidenses, en un intento de conjurar la amenaza de Trump de imponer aranceles a las exportaciones del vecino del sur si éste no acaba con el flujo de drogas y migrantes que viajan hacia el norte. En ese contexto, Trump y AMLO subieron tuits radicalmente distintos ayer. El estadunidense dijo que México abusa de su país, mientras que AMLO deseó seguir siendo amigo de Trump. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, p.2)
El canciller Marcelo Ebrard encabeza la delegación mexicana que en Washington busca un encuentro con su homólogo y representantes comerciales de aquel país, para tratar de impedir que se aplique esa medida, que de suyo representa un severo golpe a la economía de ambos lados de la frontera. ¿Qué lleva en el portafolio Ebrard para negociar? Absolutamente nada, a no ser el compromiso de refrendar el papel que está jugando nuestro país con el rol de “tercer país seguro”, y con ello convertirse en la aduana que contiene a los miles de migrantes centroamericanos. A pesar de que se niegue sistemáticamente ello, los hechos confirman que se hace lo que en Washington se ordena, no sólo en el tema migratorio, sino también en una serie de concesiones que están incluidas en el T-MEC. López Obrador no tiene canicas para negociar ni siquiera una seria amenaza de imponer aranceles a productos norteamericanos, ya no digamos en otros frentes, como podría ser desde el Congreso mexicano o con la comunidad hispana en cuanto a pronunciamientos directos contra la política proteccionista de Trump. (Alejo Sanchez Cano, El Financiero, p.39)
La amenaza de Trump a México no sería una más de tantas que lanza todos los días, si no fuera porque la diferencia ahora es que si realmente llegara a cumplirla nuestro país se vería económicamente muy afectado, al grado de entrar en una dura recesión, por lo que urge que el canciller mexicano piense muy bien lo que le va a prometer al presidente de Estados Unidos para dejarlo contento. Todos sabemos que el capricho del mandatario estadounidense es que ningún centroamericano, africano, cubano, chino, venezolano o mexicano ingrese a su país de manera ilegal, mucho más en estos momentos en que está de campaña para que sus gobernados lo reelijan otros cuatro años; el tema migratorio es tan sensible que sabe que tocando ese punto tendrá la presidencia en las manos. ¿Qué mensaje le lleva a Trump para que el Presidente López Obrador esté confiado en que su vecino se echará para atrás en sus intenciones de ponerle aranceles a los productos mexicanos? Nuestro país, se ha dicho una y mil veces, no tiene la capacidad para sostener a los miles de migrantes que cruzan todos los días las fronteras para agarrar a México como país de tránsito y adentrarse a Estados Unidos; si esa es la propuesta que dará el emisario Ebrard de detener a todos los indocumentados estaremos metidos en un conflicto interno que también tendrá costos para el Presidente López Obrador. (Elena Chávez González, Contra Réplica, p. 9)
A la relación que tiene nuestro país con el gobierno de Trump se le puede aplicar aquello de que cuando las cosas están mal, pueden estar todavía peor. El presidente de EU no ha bajado la guardia; ni la va a bajar. A su declaración de imponer 5% a todos los productos mexicanos que ingresen a EU en caso de que no se resuelva de fondo el tema migrante, se le ha sumado también el caso de los narcotraficantes, con un “vamos a ver quién gobierna México”. Sobre advertencia no hay engaño. El jueves pasado dijo que iba a hacer una gran propuesta para resolver el problema de la frontera; la llamó de “grandes ligas”. Ese mismo día señaló de qué se trataba: de la imposición de un impuesto acumulativo hasta que no resolviéramos el tema migrante y el del narcotráfico, como si todo esto fueran problemas de nuestra estricta y única responsabilidad. (Javier Solórzano, La Razón, p. 2)
Ante la actitud de tibieza, debilidad y medrosidad mostrada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador para responder a la anunciada imposición de aranceles a productos mexicanos si nuestro país no frena el flujo migratorio y de drogas a Estados Unidos, el presidente Donald Trump desató una nueva andanada; acuso al de México de ser un “narcogobierno”; y a la llegada de una delegación encabezada por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, para dialogar, advirtió: “queremos acción, no conversación”. En vez de una respuesta firme, enérgica, a la redoblada agresividad de su homólogo estadounidense, desde Paraíso, municipio de Tabasco en el que puso en marcha los trabajos de la polémica refinería de Dos Bocas, el mandatario mexicano le envió un “memorándum” a los habitantes del vecino país del norte, a los que pidió “juremos que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad”, lo que de inmediato le produjo críticas y mofas. (Francisco Cárdenas, La Razón, p. 10)
El presidente Trump hizo ver la semana pasada que los aranceles a México eran una suerte de castigo por la situación de descontrol que se vive con la migración y el tráfico de drogas. Cuando Jared Kushner vino a México en marzo, por pedido del equipo de López Obrador a fin de cabildear el T-MEC, el yerno de Trump manifestó claramente la posición de su suegro. Molestia porque poco o nada se había hecho para contener el avance de los inmigrantes y el trasiego de droga; también externó el enojo por apoyar, veladamente, el régimen de Nicolás Maduro. En ningún frente se hizo nada y ahora se están pagando las consecuencias. Era responsabilidad de Sánchez y Durazo enderezar el camino y nada. El plazo que marcó Kushner fue septiembre. (Darío Celis Estrada, El Financiero, p.6)
Una crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Un primer balance de seis meses de gobierno arroja que la cuarta transformación será mucho más compleja. La economía sí es foco rojo que tintinea en tableros de especialistas que se suma al agravante de que México está en el centro del discurso y debate electoral en Estados Unidos. Trump fustigará al gobierno mexicano en aras de complacer a su base sin importar qué tanto se arrastra al precipicio y la respuesta de López Obrador no ha tenido fondos en el banco del ánimo del inquilino de la Casa Blanca. Los resultados de las negociaciones del conflicto creado alrededor de los aranceles a productos mexicanos es obligar a México a ceder en el tema migratorio; la aceptación de tercer país seguro y endurecer el control (hemisférico) de la frontera sur de la mano del gobierno estadunidense. (Marcela Gómez Zalce, Milenio Diario, p.2)
La ofensiva llegó con una amenaza arancelaria y no ha parado. Como siempre, los lleva a los excesos con mentiras comprobables y con adjetivos torpes. No importa, hace temblar a los mercados y hoy tiene a una delegación de alto nivel de políticos mexicanos esperando una cita en la antesala de la tragedia. Se le hace fácil, toma su celular y escribe: “La gente ha estado diciendo durante años que deberíamos hablar con México. El problema es que México es un ‘abusador’ de Estados Unidos, tomando, pero nunca dando. Ha sido así durante décadas. O detienen la invasión de nuestro país por traficantes de drogas, cárteles, traficantes de seres humanos, los coyotes y los inmigrantes ilegales, que pueden llegar muy fácilmente”; “México está enviando una gran delegación para hablar de la frontera. El problema es que han estado ‘hablando’ durante 25 años. Queremos acción, no hablar. Podrían resolver la crisis fronteriza en un día, si así lo desearan. De lo contrario, nuestras empresas y puestos de trabajo regresarán a EU”. (Javier Risco, El Financiero, p.50)
Al secretario de Relaciones Exteriores le pasó lo mismo y salió despavorido a Washington a entrevistarse con Mike Pompeo y Jared Kushner –esperando que no le den one more time con la puerta en las narices– para resolver el diferendo con Estados Unidos. El subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, sugirió que el gobierno de México responda enérgicamente y propuso aplicar la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente), o lo que es lo mismo, jalarle la cola al tigre. La secretaria de Economía se quedó perpleja y se escondió debajo de su escritorio, según los malosos. El único que se mantuvo firme, enhiesto y erecto fue el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien declaró que NO vamos a aplicar la Ley del Talión porque nos quedaríamos chimuelos o tuertos. Y en un tono más conciliador le dijo: “presidente Trump: Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas. ¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío. Con todo respeto, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema ‘Estados Unidos primero’ es una falacia, porque hasta el fin de los tiempos, incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la fraternidad universales”. Y al final del texto López Obrador le quiso decir a Trump: Para que nos agarramos a madrazos si podemos negociar. Y después le aclaró: “Recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato”. (Luis Soto, El Heraldo de México, p.15)
A raíz del anuncio de un arancel creciente para todas las importaciones mexicanas a Estados Unidos hecha por el presidente Trump, en medio de un juego electorero, que va a continuar hasta noviembre del 2020, la respuesta de México al problema de la emigración centroamericana hacia el país del norte debe ser contundente. Tanto en el corto como en el largo plazos. Recientemente el Gobierno de México y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) presentaron un Plan de Desarrollo Integral para la región, en el que la Cepal recomendó a los países de Centroamérica y México quitar subsidios principalmente a los combustibles, elevar la recaudación fiscal, y mejorar el gasto público para fomentar el desarrollo en la región y evitar la migración forzada. El gobierno de México anunció que, para realizar este plan de desarrollo en la región, se necesitará una inversión de 10 mil millones de dólares anuales que tendrán que recaudar entre los países involucrados, además de la comunidad internacional. (Ernesto O´Farrill Santoscoy, El Financiero, p.8)
Trump exhibe una equivocación muy común entre quienes no entienden de economía, la cual comparte Andrés Manuel López Obrador. Piensa que la balanza de cuenta corriente de un país es como un estado de resultados de una empresa e identifica las exportaciones como ingresos y las importaciones como gastos. Por eso cree en la autosuficiencia, en producir localmente todo lo que el país produce. No entiende que la autosuficiencia solo produce pobreza, como ocurre con Corea del Norte, el país más autosuficiente de la Tierra. Los aranceles que Trump quiere imponer tendrían que pagarlos los consumidores estadounidenses. Si se elevan a 25 por ciento, representarían un golpe importante para la economía mexicana, ya que algunas líneas de producción tendrían que mudarse a otros países. No se irían, sin embargo, a Estados Unidos. La caída del empleo en México, en cambio, sí podría generar una mayor emigración. A Trump lo que más le interesa es mostrarse agresivo contra México, un país del que muchos de sus simpatizantes desconfían. Tucker Carlson, el comentarista de Fox News, afirmó este pasado 31 de mayo: “Cuando Estados Unidos es atacado por un poder extranjero hostil, debe responder. Y no se equivoquen: México es un poder extranjero hostil”. (Sergio Sarmiento, Reforma, p.8)
Estados Unidos no sólo impulsó el libre mercado, sino también, la migración. El programa Bracero, iniciado en 1942, fomentó el traslado de campesinos mexicanos al territorio estadounidense. Ya que los hombres del norte estaban ocupados con la Segunda Guerra Mundial, necesitaron que los del sur trabajaran sus tierras para mantener estable la economía. Antes, fuimos bienvenidos en un país que hoy busca poner un muro para impedirnos el paso. ¿Y qué pasó entonces; dónde quedaron esos sueños de los Estados Unidos por un mundo globalizado en el que las empresas deben tener los mejores beneficios comerciales para incentivar el crecimiento económico? Pues parece que a Donald Trump ya no le gustó que las grandes corporaciones norteamericanas se llevaran su producción a otros países con salarios bajos para los trabajadores; ya no disfrutó el exportar conocimiento para comprar la mercancía terminada a un mayor costo. La sociedad norteamericana creció, ya no está en la guerra, y por eso ahora sí, necesitan los empleos que un día le ofrecieron a los mexicanos. (Miguel Alejandro Rivera, Edomex El Día, p.2)
Ayer domingo el Chief of Staff (Jefe de la Oficina) del Presidente Trump, Mick Mulvaney, declaró públicamente que su jefe está 100 por ciento decidido a que a partir del 10 de junio (en una semana) entre en vigor un arancel parejo a todas las importaciones provenientes de México del 5 por ciento. Mientras México no pare en seco las caravanas de migrantes a satisfacción del ogro norteamericano, lo cual en sí puede ser un blanco movible. Haga los esfuerzos que haga México, éstos siempre pueden ser declarados “insuficientes” por Trump, que claramente está basando su plataforma de reelección en el tema migratorio, insistiendo en su MURO y en la línea dura que ha adoptado y que le ha rendido buenos réditos entre el electorado: hoy día su índice de aprobación se mantiene sólido en un 43 por ciento y su base conservadora no lo abandona haga lo que haga, desde la devastadora guerra comercial con China, hasta la guerra a cocolazos con Irán, y ahora las represalias contra México por “no ayudar a solucionar la crisis en la frontera sur”. Cuco creado por él mismo para asustar al electorado y hacerle creer que sólo él puede solucionar este problema. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, p.10)