Anuncia otra consulta desde Sinaloa. Celebra Mandatario mitin en Los Mochis; vuelve a la jovialidad tras semana difícil
Los Mochis.- López Obrador vuelve a ser López Obrador, el Presidente recibido por multitudes en el aeropuerto, el ídolo en la plaza pública, el que anuncia que ya viene la Cuarta Transformación, el que señala la corrupción en el sexenio ajeno, el que toca las sienes y besa las frentes de sus seguidores.
Llega al aeropuerto de Los Mochis, en el estado de Sinaloa, y ya lo espera al pie del avión el Gobernador priista Quirino Ordaz.
En la sala, una multitud. “Señor Presidente los obreros del ingenio te damos la bienvenida a Los Mochis, eres nuestra esperanza”.
Empujan los seguidores del Presidente, empujan los guaruras del Gobernador, tres jóvenes de la ayudantía que cuidan al Mandatario tratan de sacarlo. Él sonríe, tranquilo, ligero. Una mujer se le arrodilla a los pies. Levántese y camine, le dicen los de seguridad, la jalan de los brazos.
“¡No queremos la planta asesina de amoníaco en Topolobampo!”, grita Ulises Pinzón, líder del colectivo “Aquí no”, el más numeroso en la protesta.
Una anciana entre el tumulto nada más quiere que el Presidente sepa que aún existe. “Le quitaron el seguro y la dieron por muerta, ahí traigo el acta de defunción que le hicieron ¡y está viva!”, grita René Sarmiento, el cabello gris, la gorra sucia hacia atrás, sujetando la silla donde Herminia Aragón Rábago, anciana, débil, callada, sujeta su acta.
Parado sobre la Suburban gris que lo espera, López Obrador dice adiós con la mano pero es atrapado de nuevo por sus seguidores. Una mujer cae casi entre las ruedas de la camioneta, el tumulto se alarma.
Un kilómetro más allá se acaba la bienvenida, el convoy acelera hacia la Ciudad Deportiva.
Tras más de una semana de amagos de Donald Trump sobre aplicar aranceles del 5 al 25 por ciento a México si no impedía la detención de migrantes, López Obrador luce festivo en Los Mochis, al igual que en Tijuana.
“Se la rifaron por México”, va a exagerar el Mandatario sinaloense en el mitin en Los Mochis.
El calor de 40 grados cubre el campo de fútbol.
Colgaron una lona para dar sombra y los que no caben se refugian en las carpas junto a los “Siervos de la Nación”, esos jóvenes vestidos con los colores de Morena que hacen las listas para entregar becas y pensiones.
Hay ventiladores gigantes y hasta a ellos se acerca un gordo que se alza la playera y se airea la panza.
López Obrador, con guayabera bordada y la sonrisa irónica constante, atraviesa el campo. Distribuye abrazos, pero también recibe peticiones, una playera de béisbol con su nombre y un cinturón de box del súper mosca Fernando Montiel.
Desde el templete se acomoda el pelo blanco y mira a su público, a la izquierda, a su derecha al fondo, todo repleto. Algunos traen matracas, otros tambores, otros mantas y cartulinas: “AMLO entre más te ataquen más te apoyo”, “Lic. Los ahomenses bateamos para 300 en defensa de la 4ta”, “AMLO: ¡No estás solo!”, “¡Fuera Quirino!”.
El Presidente dice que está cerrando una gira por el norte (Los Cabos, el viernes; Tijuana, el sábado) y también diez días de tensiones por los aranceles que iban a comenzar el lunes.
Ante la amenaza, el Presidente convocó a un acto de unidad nacional en la frontera. “Es más lo que vendemos a Estados Unidos que lo que les compramos. Si aplicaban ese impuesto iba a provocarse una situación, un ambiente de crisis en nuestro país. Pero ¿qué creen?, que no se pudo y se logró un acuerdo”.
Superado el amago, por ahora, retoma su papel de gran benefactor y presenta los programas sociales. Tres mil 302 millones de pesos, para adultos mayores en Sinaloa, 87 mil millones para becas escolares, más de 60 mil millones para apoyar a quienes no estudian ni trabajan…
Vuelve a acusar a los sexenios anteriores de la destrucción del sistema de salud, de educación; a decir que algunos están enojados con él porque ya no roban.
Como el colectivo “Aquí no” no ha dejado de gritar, promete una investigación seria porque insinúa que quienes están detrás de las protestas son los que no quieren que bajen los precios. Y si no hay acuerdo vendrá otra de sus consultas populares.
“En estos asuntos hay muchos intereses, no me estoy chupando el dedo. Ya miren como estoy, tengo la cabeza como un algodón, estoy como ‘el Peluche’, mi gran amigo, tremendo pitcher ‘Caballo'”. Todos ríen, incluido el beisbolista José “Peluche” Peña, entre el público.
Si López Obrador parecía preocupado hace unos días y hasta organizó un acto de unidad para hacer frente a la amenaza, hoy ha vuelto a ser el mismo. (Jorge Ricardo, Reforma, Nacional, p.5)