Giro. “Esto ya cambió”, repite Andrés Manuel López Obrador. Y es cierto: todos los rincones de administración pública han sido sacudidos por los efectos de la nueva administración, con sus políticas de austeridad y de combate a la corrupción. Hay grandes proyectos insignia que darán el sello a la 4T: reformación de la administración pública, el Tren Maya, el sistema aeroportuario, la refinería de Dos Bocas, la reordenación de Pemex, la lucha contra el huachicol, las inversiones extranjeras, la reforma laboral, la educativa, y las infaltables conferencias mañaneras, que son lo más cercano que los gobernantes han estado con sus gobernados; además, marcan agenda y resuelven problemas. Lo sabe Francisco Garduño, titular de Migración: tras una mañanera, se disculpó con sus policías fifís. (Excélsior, p. 13)
El flamante titular del Instituto Nacional de Migración (Segob), Francisco Garduño, doctor en derecho por la Universidad del DF, maestro en derechos humanos y licenciado en optometría, con “corta visión”, ofende a la Policía Federal llamando fifís y otras sandeces en una explosión temperamental que se antoja servil: su diatriba, además de violatoria de la dignidad humana, les propina a los que hoy atienden la urgencia migratoria, una conducta absolutamente reprobable. La ofensa y la burla son violatorias de los derechos humanos que también corresponden a todos y cada uno de los que hoy sirven con su entrega al combate contra la inseguridad y al control de nuestras fronteras. La atención al problema de la inseguridad que tiene sumida a la población en general en el temor fundado, el miedo grave y la desesperación exige que se destinen los mayores y mejores esfuerzos de las fuerzas del orden para combatir el fenómeno criminal. En contraprestación, dichas fuerzas requieren el respeto a sus derechos y necesidades básicas y a que se les proporcionen los instrumentos idóneos para atender la magnitud del problema. El fenómeno de la migración es una de las mayores preocupaciones internacionales que ha afectado severamente la soberanía de los países y la cooperación armónica entre ellos; el precio ha sido muy alto: la integridad física y la vida de las personas. Ningún ser humano debe morir en la búsqueda de mejores condiciones. (Federico Ponce Rojas, Excélsior, p. 12)
Impotencia. El gobierno Mexicano, mientras tanto, estrena la Guardia Nacional colaborando con Trump en la frontera norte. En el sur, México ha suspendido la entrada de quienes pretenden llegar a Estados Unidos y la crisis humanitaria ha rebasado la infraestructura y los recursos materiales, según Francisco Garduño, comisionado del INM. Lo primero que está rebasado es la estación migratoria Siglo XXI de Tapachula y después el cuestionado centro de detención para migrantes no continentales, sobre todo haitianos, que se improvisó en las instalaciones de la Feria Mesoamericana y que ha resultado una tragedia. No se pueden cerrar las fronteras de golpe. Ni cambiar en 15 minutos. Ni esperar a que las cosas cambien. Estamos ante uno de los grandes problemas de la época y hay que hacerlo todo. Las economías que originan migración crecen poco y lo hacen de manera muy desigual. Pobreza, corrupción, incapacidad para proteger a la propia población: mientras esto no cambie seguirá habiendo masas expulsadas en busca de alguna oportunidad. Tendremos que ser capaces de enfrentar crisis y cambios de fondo. (Luis Petersen Farah, Milenio Diario, p. 9)
Poco extraña de Francisco Garduño -actual comisionado de Migración el que les llamara Fifís a los policías federales que demandaron condiciones dignas. Garduño siempre ha sido hosco, duro y con las trazas del uniformado maldoso, del que poco quiere saber la ciudadanía. Se tuvo que tragar su dicho, cuando se le reclamó a AMLO y éste dijo que se disculparía. A lo Trumpiano (Por ahí les ha dado a nuestros flamantes funcionaretes) tuiteó una disculpa. Llegó a sustituir a un académico, gran conocedor del problema migratorio, a quien le dio salida la 4T, en vista de que no parecía de los que se fueran a doblegar a las órdenes del mandamás yanqui. Se acabó el apapacho del tabasqueño y su demagogia de los brazos y las puertas abiertas. De aquí, el rápido envío de la Guardia Nacional, con el fin de parar los ríos humanos que buscan el cruce. Y Garduño, fiel a la cantaleta cotidiana, se ve que decidió ahorrar en los viáticos y hospedaje de quienes tendrán que poner el alto y obligar a una migración ordenada. (Catalina Noriega, El Sol de México, p. 15)
La crisis de la migración masiva e indocumentada desde Centroamérica, la misma que hoy tiene a México contra la pared y sometido a enormes presiones en su relación con los Estados Unidos, amenaza con desbordarse y generar una crisis humanitaria en el territorio mexicano. El origen de la incómoda posición que hoy juega México en este conflicto regional entre Centro y Norteamérica, se remonta más o menos al mes de octubre, cuando comenzaron a registrarse las primeras caravanas de migrantes hondureños y guatemaltecos que vieron en la desordenada y caótica frontera sur mexicana una puerta de entrada hacia el ansiado “sueño americano”. Por esas fechas en México había dos presidentes en funciones, el que se iba, que ya no gobernaba ni tomaba decisiones, Enrique Peña Nieto, y el electo que llegaba, Andrés Manuel López Obrador, que ya dictaba la agenda, anunciaba políticas y nombramientos y hasta asumía ya parte de la negociación bilateral con el gobierno de Donald Trump, en el marco del nuevo Tratado de Libre Comercio. Dos figuras del futuro gabinete electo, Marcelo Ebrard y Jesús Seade, participaban en las definiciones de los términos y contenidos del nuevo T-MEC, aún coordinados con el equipo negociador del gobierno saliente y que lideraban Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo. (Salvador García Soto, El Universal, p. 9)
Creo relevante, sin afán de aburrir a mis lectores imaginarios, recordar algunos principios básicos en materia de derechos humanos de las personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas, que en el contexto de la “nueva política migratoria” mexicana resulta conveniente analizar. El artículo 11 constitucional dice que “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes. El ejercicio de este derecho estará subordinado a las facultades de la autoridad judicial, en los casos de responsabilidad criminal o civil, y a las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las limitaciones que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general de la República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el país”. Esto quiere decir, como lo reitera la Ley de Migración, que “El libre tránsito es un derecho de toda persona y es deber de cualquier autoridad promoverlo y respetarlo. Ninguna persona será requerida de comprobar su nacionalidad y situación migratoria en el territorio nacional, más que por la autoridad competente en los casos y bajo las circunstancias establecidos en la presente Ley”. Subrayo “autoridad competente”; no un chofer de autobús o un soldado de la Guardia Nacional, por ejemplo. (Santiago Corcuera, El Universal, p. 12)
Para nadie es un secreto que en el interior del gabinete se han gestado profundas grillas y divisiones. Cercanos al Presidente expresan que al mandatario —y a la conducción gubernamental— le pesan bastante tales rencillas. AMLO deberá dar un manotazo, mismo que podría generar fuertes reverberancias en su equipo. El canciller —y vicepresidente de facto— Marcelo Ebrard sigue acumulando (queriéndolo o no) responsabilidades. La SRE le queda chica y podría coordinar mucho mejor sus distintas tareas si ocupara la titularidad de Gobernación. Así, nada más eficiente administrativa y políticamente hablando, que oficializar las funciones que ya tiene. A Sánchez Cordero le pesa su puesto; se le ve cansada y sin duda se desempeñaría mucho más eficazmente y en beneficio del país siendo la consejera jurídica del Presidente. Si Ebrard, López Obrador y México logramos superar la crisis de migración, el principal reto del país pasará a ser la generación de inversiones, públicas y privadas, bancarias y sociales, y es precisamente en esa área (que tiene un fuerte “roce” internacionalista) en la que Romo tendría mayor capacidad para sumar como canciller de lujo. Hay otro frente que por decisión propia del Ejecutivo federal constituye la bandera de la 4T y que resulta de vital importancia: el sector energético. De no cumplirse en el corto plazo las expectativas en ese ámbito, no sorprendería ver salidas de Manuel Bartlett y Rocío Nahle. (Verónica Malo Guzmán, El Heraldo de México, p. 7)
De pronto aparece en escena un tema completo y espinoso que provee de inesperada munición al antiobradorismo. Esos migrantes de diversas nacionaes son rechazados, detenidos y expulsados de EU hacia México. Pero ni quieren volver a sus sitios de origen ni desean permanecer en México, aunque la nación azteca les ofrece protección, asilo, refugio, residencia y trabajo. Obviamente esta situación no es un problema mayor para EU. Simplemente cierra su frontera sur y echa de su territorio a los que logran colarse por cualquier vía. El problema es para México. ¿Qué hacer con esos miles y miles de personas que se niegan a residir en suelo mexicano y que sólo desean internarse en EU? (Miguel Ángel Ferrer, El Sol de México, p. 16)
Lo que sucede con el crimen organizado en otros países importa porque no se trata de “otro” fenómeno, sino de un mismo fenómeno con diferentes tentáculos. Cortar uno o varios de esos tentáculos podría ayudar, pero solo limitadamente. Atacar esta manifestación de naturaleza transnacional requiere de colaboración con otros gobiernos y sociedades. La cuestión es que ese mismo tema hoy en día se encuentra altamente entretejido con la migración, uno más de esos asuntos que no pueden ser entendidos ni atendidos desde lo local. Los movimientos masivos de personas, ya sea porque buscan mejores condiciones económicas para vivir, o bien, porque huyen a causa de la violencia—en nuestro continente directamente vinculada con el crimen organizado en sus muy diversas facetas—afectan a las sociedades expulsoras, a las sociedades receptoras y a los países de tránsito. Las personas huyen de sus localidades porque en ellas existen condiciones de expulsión que van a seguir existiendo si no se resuelven sus causas, y migran principalmente hacia el norte porque ahí existe una gran masa de atracción que va a seguir existiendo independientemente de muros y guardias. Si la guerra siria sigue matando e hiriendo a las personas, y en Grecia o Hungría se construyen grandes rejas y se despliegan soldados para que esos refugiados no pasen, los refugiados tomarán otras rutas más peligrosas hacia Europa, como la del Mediterráneo, aún ante el riesgo de ahogarse en las balsas. Pero mientras los conflictos en sitios “lejanos” sigan ardiendo, esos refugiados seguirán intentando llegar a Europa del mismo modo que si la violencia sigue asediando a Centroamérica habrá olas de personas que estén dispuestas a correr más riesgos con tal de llegar a EEUU. ¿A quién corresponde resolver entonces el conflicto sirio o el afgano, o los que existen en África? ¿De qué país es el problema del crimen organizado? ¿Que cada nación resuelva sus asuntos de manera separada y priorice sus muy específicas agendas? ¿O en qué punto todas nuestras agendas se cruzan y conectan? (Mauricio Meschoulam, El Universal, p. 13)
Se cumple un año del triunfo de AMLO, pero en realidad sólo han transcurrido siete meses desde que el actual gobierno tomó posesión, aunque se empezaron a tomar decisiones desde el día siguiente de la elección. Mucho ha pasado desde aquél histórico 1 de julio, cancelación del aeropuerto, nombramiento y remociones de gabinete, nuevos aliados, viejos enemigos, T-MEC, Trump, muro norte y sur, cumplimiento de promesas de campaña y también tropiezos. Evaluar las expectativas para sexenio completo en tan pocos meses no sólo es aventurado, sino imposible, requeriría una bola de cristal, pero todos especulan. Su gabinete de arranque fue el que propuso desde la campaña, sólo un nombre cambio, Héctor Vasconcelos, que nunca dejó el Senado, llegando Marcelo Ebrard como Canciller, sin duda el secretario más posicionado dentro del equipo presidencial. Pero hubo bajas. Germán Martínez dejó el IMSS, la Secretaria del Medio Ambiente renunció forzada por un error propio, mientras que el Instituto Nacional de Migración también presentó un relevo a las primeras de cambio. Se especula de más reacomodos. (Arturo Maximiliano García, La Crónica de Hoy, p. 2)
La realidad del país es la globalidad. Así ocurre en las formas, reglas, acuerdos e instituciones. Los procesos sociales también son globales, como es el caso de los flujos migratorios. Los países desarrollados son un centro de atracción de los pobladores pobres y no muy pobres de los países pobres. La desigualdad y la pobreza son factores que subyacen en la migración. La posibilidad de vivir mejor, y no solo eso, de trasladar parte de ese beneficio a la familia del lugar de origen es la racional de mucho de lo que sucede en el mundo en materia de migración. Lo mismo ocurre en economía. La comunicación digital y las telecomunicaciones son una puerta grande al mundo global, es un fenómeno económico, pero también social. El comercio, la tecnología o la inversión obliga a los países a entenderse en esta nueva realidad que plantea oportunidades y riesgos. El paradigma de intransigencia nacionalista del pasado pertenece a otro mundo, agrado tal que hay jugadores que, sin suscribir los principios de la economía liberal, se han vuelto hábiles y prósperos actores en el entorno global, como China. (Liébano Sáenz, Milenio Diario, p. 2)
En política exterior hoy la invisibilidad de esa materia oscura que son los migrantes parece ser selectiva, porque las elites a las que alude la científica se valen del trabajo de una buena parte de esa tropa, que genera riqueza, crecimiento económico y dinámica a los mercados en cuanto a producción y uso de bienes y servicios, pero solo parecen advertir su presencia en la indiscutible condición que muchos otros suelen arrastrar: sin estudios ni papeles en regla, sin oficio, se convierten en “invasores”, “extraños”, “delincuentes”, “carga para el contribuyente”, “los no blancos”. La “grandeza” de la que habla Donald Trump se parece tanto a la “pureza” del discurso de la discriminación y del supremacismo que denota su ceguera sobre cómo esa condición de su país se fue construyendo, desde siempre, con la migración. Un estudio reciente publicado en Smithsonian Magazine detalla cómo dos estudios de ADN antiguo revelan una compleja historia del paso humano entre Siberia y América del Norte. Los primeros humanos cazadores de mamuts cruzaron el Estrecho de Bering hace más de 15 mil años y los paleoesquimales, que se movilizaron en la zona hace 5 mil, resultaron haber heredado sus genes, según uno de estos estudios, tanto a los pueblos antiguos como modernos en el Ártico americano y Siberia. Por eso la “grandeza” pasa más por las poblaciones que hoy son “materia oscura” y con orígenes tan diversos que por una cerrada ideología de raza pura. (Alfredo Campos Villeda, Milenio Diario, p. 29)
Rechazo al pobre
La migración representa uno de los problemas más serios en el mundo, alcanzando niveles muy preocupantes por la cantidad de hombres, mujeres y niñ@s que día a día intentan salir de sus países de origen, ya sea por guerras, pobreza, violencia, inseguridad y pocas o nulas condiciones para mejorar su calidad de vida. Una fotografía que apareció esta semana en la prensa internacional representa el drama y la tragedia que viven los centroamericanos en su intento por cruzar la frontera y llegar a Estados Unidos. Oscar y Valeria, padre e hija de casi 2 años procedentes de El Salvador, se ahogaron en la orilla del Río Bravo faltando muy poco para que consiguieran su sueño de pasar al otro lado de la frontera. Al ver que su padre la dejaba para ir por su mamá, la bebé se aventó de nuevo al río y todos los esfuerzos del padre por salvarla fueron inútiles. Dicha imagen nos recuerda la fotografía del bebé sirio Aylan, cuyo cadáver apareció en las orillas de la costa turca. Estos dramas nos obligan a replanteamos la condición humana de pueblos y gobernantes y el rechazo a los migrantes venidos de países pobres o en guerra que se ven obligados a salir para encontrar protección. (Alejandra Rangel, Reforma, p.9)
Hoy, el país está más militarizado que nunca y, al mismo tiempo, vive una de sus peores olas de violencia. Entre las más notables es posible hablar de la Presidencia de Donald Trump, en Estados Unidos, pues, dado el carácter mercurial e irresponsable de su desempeño, en cualquier momento es posible que ocurran cambios irracionales en su relación con México y ello se agravará en la medida que nos acerquemos a la elección presidencial de noviembre de 2020. En lo que hace a la migración, el brevísimo interludio representado por la estancia de Tonatiuh Guillén al frente del Instituto Nacional de la Migración, acabó antes de que pudiera notarse su mano y ahora caminamos por una ruta tan despiadada y dolorosa como las que recorrimos con Calderón y Enrique Peña. Somos, en ese sentido, la imagen viva del refrán que habla del hombre como el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. En el tercero de nuestros grandes problemas nacionales, el de la migración, el peso del primero (Trump) es determinante. Lo es también la legislación vigente en Estados Unidos desde antes de Trump, que ofrece incentivos perversos para que las personas crucen México para entregarse ante las autoridades de Estados Unidos e iniciar así el proceso para solicitar asilo. También lo es el que países como Honduras le apuesten a resolver sus problemas con proyectos descabellados, como las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, que buscan crear en medio de la nada ciudades en un país que padece por pésimos caminos, escasez de agua, corrupción galopante, falta de inversión privada propia y un sistema educativo tan malo que hace ver bien al sistema educativo mexicano. (Manuel Granados, Excélsior, p. 12)
Nadie puede negar el hecho de que el ahora presidente; Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones de hace un año, ganó con los votos de 30 millones de mexicanos, que constituyen el 53% de los ciudadanos que acudieron a las urnas, lo que le otorgó bastante legitimidad. Esa arrogancia de muchos de los miembros de la también autoproclamada Cuarta Transformación —antes de que la juzgue la historia— ha derivado en la toma de decisiones precipitadas sin estar basadas en diagnósticos bien hechos, por lo que no hay semana que los nuevos funcionaros federales no generen una crisis. La cancelación de importación de hidrocarburos en diciembre pasado derivó en desabasto de gasolina en todo el país, con pérdidas millonarias que ya se reflejan en la economía. En turismo, al eliminar el Consejo de Promoción Turística de México, los números de ingreso de extranjeros —legales— han caído, así como dicha actividad. La inexperiencia de llevar a cabo cambios importantes sin planeación en las licitaciones sobre medicinas del sector salud está por generar una crisis de desabasto en los hospitales públicos. En migración y relaciones internacionales, ya vimos el desastre que ha ocurrido después de que Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, dijera que el tema había quedado resuelto en cinco días. Y en seguridad, probablemente el problema más grave que tiene el país, derivado de no escuchar a los expertos y tomar decisiones precipitadas, como el desmantelamiento de la Policía Federal, hemos tenido el peor periodo de violencia en la historia, con 17 mil 500 homicidios en el último semestre. (Ricardo Alexander Marqués Padilla, Excélsior, p. 8)
En la semana que termina hay dos ausencias preocupantes que muestran soberbia e inocencia. La primera ausencia es la del presidente López Obrador en la reunión del G20, que refleja cierta arrogancia con respecto a este tipo de foros. Aunque México busque hacerse pequeño, no podrá en un entorno globalizado y conectado. Un país que se ubica en la décima posición por el tamaño de su población y que, por lo tanto, es una de las 15 principales economías del orbe, así como uno de los mercados de consumo más relevantes y que además cuenta con una posición geográfica relevante no puede estar ausente. Aunque el gobierno actual reniegue de las responsabilidades que conllevan las dimensiones de México, éstas se hacen presentes y el no atenderlas genera problemas ineludibles que aumentan de manera proporcional a la voluntad de ignorarlos. Un ejemplo evidente es el fenómeno de la migración proveniente de Centroamérica que requiere que México tome en cuenta su papel preponderante en Centroamérica y ocupe los espacios que ha dejado vacíos en la región. La reunión del G20 en Osaka, Japón era una espléndida oportunidad para que el Presidente concitara el apoyo económico de Europa para el plan de ayuda a Centroamérica para aliviar los problemas que genera la migración. Aunque Marcelo Ebrard es competente en su labor como canciller, no puede sustituir el peso diplomático que tiene el Presidente. (Rodrigo Pacheco, Excélsior, p. 20)
A casi siete meses de la toma de protesta de AMLO, y a un año de su victoria, tenemos avances en materia de combate a la corrupción –sin transparencia– y de reducción de la desigualdad. El peso se mantiene firme por las altas tasas de interés y la popularidad del Presidente sigue arriba, pero muestra abolladuras. Hay problemas en economía y seguridad y una crisis humanitaria sin precedentes por el flujo de migrantes hacia EU. Estamos muy lejos del 2 por ciento de crecimiento prometido para este año y del 4 por ciento prometido para el sexenio. El tema de los migrantes lo apartó de sus convicciones. Allí están las desgarradoras escenas de la forma como viven en los “centros de migración”. ¿Y su cuate Solalinde? Calladito. A Donald Trump le bastó amagar con los aranceles a las importaciones mexicanas para doblarlo. Y aunque lo niegue, México paga el muro policiaco-militar que, por instrucciones de la Casa Blanca, se recorrió al Suchiate. Además, le regaló 30 mdd a El Salvador y ofrece 40 mil plazas a los centroamericanos en las maquiladoras. Faltaría mucho por comentar, pero no hay espacio. (Francisco Garfias, Excélsior, p. 4)
Además de la adversidad de ofertas de trabajo mal remunerado, los migrantes son sometidos a diversas prácticas de odio por parte de las sociedades civiles. El rebrote de enfoques nacionalistas en las políticas europeas, como las oleadas de antisemitismo de hace un siglo, está relacionado con visiones excluyentes de las identidades nacionales, pero también con una lucha por el mercado de trabajo y la asistencia social del Estado. La derecha europea moviliza a los pobres con el argumento de que los migrantes los desplazarán como beneficiarios de ofertas laborales y programas sociales. Algo similar están haciendo Donald Trump y la derecha republicana en Estados Unidos. En el discurso trumpista se mezclan la grosera criminalización del migrante y el aliento a un cierre de filas de los sectores de bajos ingresos, especialmente, en estados fronterizos sureños como Texas, Nuevo México, Arizona y California, contra la migración de trabajadores centroamericanos y caribeños. La fuerza del mensaje trumpista tiene que ver con una transversalidad que convoca a sectores de clase alta y clase baja, en una misma ofensiva racista. Lamentablemente, una versión menos descarnada de ese racismo comienza a observarse en México. No me refiero a nuestro horrible racismo cotidiano sino a una tendencia cada vez más visible de autoprotección del mercado de trabajo, que rechaza el asilo o lo utiliza como método de empleo mal pagado. El asilo explotador es la otra cara de la muerte de los migrantes en la frontera: una forma de exclusión dentro del propio espacio nacional, que reproduce la xenofobia por otras vías. (Rafael Rojas, La Razón de México, p. 4)