Falto de timidez para hablar, el mandatario no deja de repetir y reiterar que lo suyo no fue un cambio de gobierno, sino un gobierno de cambio y, en su discurso del lunes -más allá del listado de los cien compromisos adquiridos, de los cuales supuestamente ha cumplido setenta y ocho, trastocando empeño en resultado-, hizo varias definiciones sobre los fines que pretende y los medios que utiliza. Aun cuando esas definiciones fueron referidas en el comentario de “Despierta. Con Loret”, vale recuperarlas. Son las siguientes:
Su movimiento no limita su propósito a un cambio de gobierno, sino a superar “el régimen corrupto y despiadado”. Su gobierno no es más de lo mismo. La política es, entre otras cosas, pensamiento y acción. Al concluir el año terminará de “arrancar de raíz el régimen corrupto y quedarán construidas las bases para la transformación política”. Su activismo -“loca pasión”- tiene fundamento racional. Es menester trabajar de prisa y con profundidad para evitar que, de regresar “el conservadurismo faccioso y corrupto”, eche atrás lo logrado. El proceso iniciado no tiene retorno, y tampoco lo caracterizan titubeos ni medias tintas. Una cosa es evitar la confrontación y garantizar las libertades, otra muy distinta la indefinición. En cuanto a honestidad, justicia y democracia, él y sus seguidores son radicales, no moderados. Los moderados son conservadores más despiertos. (René Delgado, Reforma, p. Nacional 8)
No sólo los policías federales en proceso de incorporación a la Guardia Nacional tienen quejas sobre ese nuevo cuerpo. Efectivos del Ejército que se están sumando a la guardia tienen varias objeciones. Y una de ellas, aunque pudiera parecer un tema menor o simplemente anecdótico, es que varios militares nomás no están de acuerdo con usar uno de los escudos que identifican a la nueva corporación federal. El tema es que, en buena parte de los brazaletes con las iniciales “GN” que deben colocarse los nuevos guardias, en vez del águila de perfil que aparece en el escudo nacional se utiliza un “Águila Republicana”… sí, la misma que aparece en el logotipo de Morena. Los militares no quieren que se malinterprete el hecho y que se vaya a pensar que le andan haciendo propaganda a un partido político… aunque sea el que está en el poder. (F. Bartolomé, Reforma, p. Nacional 8)
Monreal echa mano de su diplomacia.- Fiel a su estilo para lograr consensos, ayer, el senador Ricardo Monreal llamó a calmar las aguas en los dimes y diretes a los que se han subido algunos políticos y funcionarios sobre el tema de la Policía Federal; y agarró parejo, pues lo mismo le pidió al expresidente Calderón mantener la prudencia y la unidad, como a los agentes que no quieren adherirse a la nueva corporación, a quienes les recordó que la transición va a durar todavía un buen rato, tiempo en el que pueden analizar si se reincorporan a nuevas instancias, sin per der su empleo. Se nota el oficio del también coordinador de la bancada guinda. (La Razón, p. 2)
Los partidos de oposición y diversos organismos vinculados a la defensa de los Derechos Humanos, advirtieron al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y a su partido Morena, durante los debates en las cámaras de Diputados y Senadores, los inconvenientes de la militarización del nuevo cuerpo de seguridad.
Ahora, las protestas de los elementos de la casi desaparecida Policía Federal (PF), confirman que no todo mundo está de acuerdo en vivir y trabajar bajo un régimen castrense.
No es lo mismo ser policía que ser soldado, han dejado en claro los agentes federales que se niegan a integrarse a una Guardia Nacional organizada y dirigida por mandos surgidos de las filas del Ejército y de la Marina. (Ubaldo Díaz, La Razón)
La suerte de la Policía Federal Preventiva y la total animadversión de Andrés Manuel López Obrador hacia ese cuerpo policiaco se definió el 25 de agosto de 2018, cuando el entonces presidente electo anunció “en un viraje de 180 grados en su posición histórica y de la campaña sobre ese tema” que las fuerzas armadas no regresarían a sus cuarteles, como lo había prometido, y continuarían apoyando las labores de seguridad pública.
“La Policía Federal no está preparada para sustituir lo que hacen las Fuerzas Armadas por lo que éstas se mantendrán a mediano plazo en las calles. No se ha podido consolidar a la PF, no se avanzó. No se podría atender el problema de la violencia e inseguridad sin utilizar al Ejército y la Marina”, declaró López Obrador. Ese fue el diagnóstico que dos días antes, el 23 y el 24 de agosto, le habían dado al presidente electo los secretarios de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, y de la Marina, almirante Francisco Vidal Soberón.
Los dos mandos militares convencieron a López Obrador de que la Policía Federal, con la que tanto el Ejército como la Armada habían chocado y tenido fuertes diferencias durante todo el sexenio de Peña Nieto, “no servía, que no estaba consolidada y que la mayoría de sus miembros estaban metidos en la corrupción”. (Salvador García Soto, El Universal, p. Nacional 5)
Las fuerzas armadas son indestructibles. Y lo son, porque desde la más profunda realidad, en su naturaleza, en su historia, en su doctrina y en su disciplina solamente han servido a México.
El Ejército, la Marina Armada y la Fuerza Aérea mexicanos simplemente no pueden desaparecer, y no desaparecen por la amenaza que puedan representar para un proyecto de nación, más bien no desaparecen por la amenaza que representaría esa debilidad para el Estado mexicano. (Juan Ibarrola, Milenio Diario, p. 15)
No es un secreto que en la 4T miran con desdén la división de Poderes y a las instituciones autónomas. Sobran ejemplos de que muy republicanos no son.
Nos cuentan senadores de Morena, sí, de Morena, que a principios de semana llegó a esa Cámara Irma Eréndira Sandoval para dar línea sobre la controvertida Ley de Austeridad.
Es la que le devuelve al Presidente el manejo discrecional de los recursos que se logren con la rigurosa austeridad republicana. No es poco dinero. Van 113 mil millones de pesos ahorrados en siete meses, según cuentas del propio AMLO.
Es también la que impide a un servidor público que haya manejado información estratégica, trabajar 10 años en la Iniciativa Privada, a partir de su renuncia. (Francisco Garfias, Excélsior, p. Principal 4)
Hace exactamente dos meses, el seis de mayo, el titular de la Fiscalía General de la República, Alejandro Gertz Manero, afirmó que en este plazo la dependencia a su cargo judicializaría el expediente abierto contra el ex director general de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin, por su participación en el caso Odebrecht.
La palabra del fiscal se cumplió ayer, Con el anuncio de que la fiscalía obtuvo órdenes de aprehensión contra el ex funcionario, tres de sus familiares y una empresaria inmobiliaria por el manejo de recursos de procedencia ilícita -presuntamente provenientes de pagos que la constructora brasileña habría hecho durante la campaña electoral de Enrique Peña Nieto a cambio de futuros favores cuando éste llegara a la Presidencia.
El caso de Lozoya -quien ya se encuentra prófugo de la justicia para evadir la orden de arresto derivada de la investigación del desfalco a Pemex cometido en la compra de la empresa Agronitrogenados- es una de las muestras más contundentes del nivel de podredumbre alcanzado por la administración pública durante el sexenio anterior.
Primero, por la participación de familiares cercanos del funcionario (su madre, su esposa y su hermana) en la trama de lavado de dinero con los recursos obtenidos mediante sobornos, lo cual es indicativo de la formación de toda una red de beneficiarios del quebranto contra el Estado. (Redacción, La Jornada, p. 2)