El Gobierno ha recibido una buena noticia.
Suficiente para olvidar por ahora los descarnados señalamientos de Carlos Urzúa al ser forzado a renunciar a Hacienda.
Luego se verán los efectos si no se atienden sus advertencias, y en el manejo económico persisten las “decisiones de política pública sin el suficiente sustento”.
Y si se mantiene la participación de “personajes influyentes del actual Gobierno con un patente conflicto de interés”.
Ahora demos la buena nueva:
Personalmente Donald Trump ha mandado el mensaje de su gran satisfacción por el trabajo de México para contener las corrientes migratorias hacia su frontera sur. (José Ureña, 24 Horas, Opinión, p.4)
Cuando culmine el plazo de los 45 días, solamente Trump tendrá la facultad de juzgar si la actuación de México contra los migrantes satisface o no sus expectativas. Así las cosas, dependiendo de cómo le vaya en la audiencia de Mueller, utilizará nuevamente o no la amenaza de los aranceles. Las acciones mexicanas han logrado disminuir el tráfico de migrantes de 140 mil en mayo a 90 mil en junio. No obstante, esto puede manipularse políticamente por parte de Trump y declararlo insuficiente. Así las cosas, la amenaza de los aranceles puede revivir en el momento que elijan en Washington, muy al margen de la efectividad del despliegue antimigrante mexicano. Hemos quedado como presa de los vaivenes y las necesidades políticas del vecino de norte y apenas comienzan las campañas. (Enrique Berruga Filloy, El Universal, Opinión, p.13)
Desde que Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República, los recortes presupuestales han estado a la orden del día. El discurso presidencial los justifica con el señalamiento de que se trata de una política de austeridad que pondrá fin a los privilegios de unos cuantos.
No. Sí ha habido dinero, y muy abundante, miles y miles y miles de millones, para destruir un aeropuerto de clase mundial que suponía un progreso enorme para el país y generaría cientos de miles de empleos y, en su lugar, erigir otro en el peor lugar posible.
También hay dinero para una refinería y un tren desaconsejados por los expertos, para entregar efectivo a manos llenas con fines clientelares, para atajar el paso de los migrantes centroamericanos. (Luis de la Barrera Solórzano, Excélsior, Opinión, p.15)
Casi diario conocemos más historias sobre el abuso y sufrimiento de los niños migrantes, la expresión más cruel de la emergencia humanitaria que se extiende desde Centroamérica hasta la frontera entre México y Estados Unidos.
Niños separados de sus familias y obligados a vivir en centros de reclusión donde se denuncia insalubridad, negligencia y hasta instancias de abuso sexual, como se reportó en al menos un centro de Yuma, Arizona, esta semana.
Niños que mueren por deshidratación tratando de cruzar a pie el desierto en pleno verano, sin agua y sin resguardo. Otros que buscan su versión del american dream en las espaldas de sus padres y que terminan ahogados, arrastrados por las corrientes del río Bravo. (Enrique Acevedo, Milenio, Opinión, p.3)