Duro contra ellos. Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno, se apuntó un triunfo más, en coordinación con el Instituto Nacional de Migración (INM). Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México rescataron a 19 migrantes, entre ellos menores de edad, que se encontraban retenidos en un hotel. Fueron trasladados a la Fiscalía General, donde se averiguarán sus nacionalidades y el tiempo que llevan en el país. Dijeron ser hondureños y ser guiados por un hombre a quien apodan El Geovanni, quien quedó bajo custodia. “Vamos a trabajar con el Instituto Nacional de Migración en el procedimiento y la ciudad colaborará en lo que se requiera”, dijo Sheinbaum. Los polleros ya no respetan la capital. (Excélsior, Nacional, p. 9)
Durante esta semana una compacta delegación de funcionarios de México que me honro encabezar, estaremos en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra para sustentar el informe de las acciones que México ha tomado para implementar la Convención para Erradicar Todas las Formas de Discriminación Racial, que constituye uno de los más nobles esfuerzos globales por lograr la igualdad legal y sustantiva entre todas las razas.
Entre los preceptos que establece, se encuentran la definición de discriminación racial, la obligación de los Estados a prevenir la discriminación, la prohibición de los discursos de odio y la necesidad de que los países adop ten políticas públicas económicas, sociales y culturales, dirigidas a erradicar la discriminación. En lo relativo al discurso de odio, el artículo 410 del Código de Procedimientos Penales Federal establece que si la víctima de un asesinato pertenece a un grupo vulnerable por etnia o raza, el juez puede tomar medidas para considerar esto una motivación de odio e integrarlo como agravante. Además, en junio de 2018 se publicó una reforma al artículo 20 de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, con la finalidad de otorgar al Conapred atribuciones para prevenir y erradicar el discurso de odio. A partir de los movimientos migratorios recientes, el Conapred elaboró el documento Mitos y Realidades sobre la Caravana Migrante.
En este documento se analizan las expresiones de xenofobia, racismo y clasismo con el objetivo de erradicarlas. También en mayo de 2019 se instaló la Comisión de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes y Solicitantes de Refugio, la cual tiene como principal propósito garantizar el interés superior de la niñez durante todo el proceso migratorio. (Martha Delgado, El Universal, Nación, p. 12)
Pocos días antes del atentado por un seguidor de las ideas de Trump en El Paso, Texas, un grupo de médicos de Harvard y Johns Hopkins enviaron una carta al Congreso norteamericano, para invitarlos de forma urgente a investigar la muerte de seis menores migrantes que permanecían en custodia de la autoridad norteamericana, advirtiendo que se encontraban en condiciones tan deplorables que se incrementó el riesgo de contagios por influenza.
En condiciones normales, si la intención fuera noble y se tratara de limitar la migración no legal, por supuesto los niños y niñas estarían al cuidado de personal capacitado, en condiciones favorables para ellos, mientras se completa algún proceso rápido que permitiera la entrega a sus familiares, pero no es así. De nuevo nos queda la impresión clara de que se trata de campos de concentración para niños, algo que ni los nazis articularon. (Raymundo Canales de la Fuente, Excélsior, Nacional, p. 22)
Los ataques dirigidos a la comunidad mexicana en Texas (donde murieron 8 mexicanos), es el reflejo de una problemática bilateral que rebasa las fronteras del discurso de odio antiinmigrante, y que tiene que ver con el crecimiento desmedido del mercado legal e ilegal de las armas.
México está recibiendo de Estados Unidos los cadáveres y las armas. Si al crecimiento desmedido de la compra de armas sumamos el discurso de odio antiinmigrante, el resultado es fatal. Eunice Rendón, experta en migración y seguridad, afirmó que en el primer año de gobierno del presidente Donald Trump crecieron 18% los crímenes de odio con motivos de raza, etnia u origen.
Estados Unidos no hará nada por frenar el mercado de armas, es parte de su cultura y tienen permiso constitucional para portar una, y además porque ese sector tiene comprados a los políticos de ese país. En 2016, Trump recibió 11 millones 438 mil 118 dólares de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) para su campaña, pero no sólo eso, entregó, también, 19 millones 756 mil 346 dólares a grupos opositores a Hillary Clinton. (Fabiola Guarneros Saavedra, Excélsior, Nacional, p. 4)
En los años noventa tuve la oportunidad de estudiar y después de trabajar en los Estados Unidos. Durante este tiempo, nunca percibí o no tengo en la memoria algún incidente hostil en contra de mi persona o de la comunidad mexicana con la que interactuaba, por razón del color de piel, idioma, acento, origen étnico, nacionalidad, nivel socioeconómico, género, orientación política, ideológica o sexual.
No quiero decir que sucede todo el tiempo, ni en todos lados y mucho menos que es practicado por mucha gente, al contrario, creo que son los menos, pero ciertamente, hay suficiente evidencia del odio expresado contra inmigrantes no documentados, por el daño irreparable que se genera a una comunidad que trabaja ejemplarmente y que busca una oportunidad de integración de manera pacífica y civilizada.
Este punto es importante hacer entender, porque la palabra integración y no invasión, quiere decir que aquellos migrantes que han decidido dejar atrás sus países de origen lo hacen con la convicción de tener una mejora de vida y de formar parte de una nueva sociedad que ya tiene sus valores, principios y leyes propias, pero sin dejar de olvidar sus raíces y expresiones culturales que les dan identidad y orgullo. (Jorge Islas, El Universal, Nación, p. 13)
“Este ataque es respuesta a la invasión hispana de Texas”. Esta es la razón que esgrime Patrick W. Crusius en el documento “La verdad inconveniente” que colgó en internet antes de llevar a cabo una matanza —22 personas asesinadas y 26 heridas— en El Paso, Texas, el 3 de agosto.
¿De qué invasión hablaba Crusius? Hasta fines del siglo XVII, quienes poblaban Texas y que podían considerarse soberanos temporales del territorio eran los karankawa, caddo, coahuiltecas, apaches, comanches y una veintena más de comunidades seminómadas. Como sea, la misión de Nuestra Señora de Guadalupe quedó establecida en El Paso en 1659, mucho antes de que llegaran los anglos con lo que en ese territorio se asentó el poder político de la Nueva España —el México de entonces. Para la década de los 1820 ya habitaban Texas alrededor de 3,200 mexicanos, que se llamaban a sí mismos “tejanos”. Fue entonces que los norteamericanos empezaron a llegar. En los 1830 hubo una auténtica invasión de migrantes norteamericanos, pues para los estándares de la época fue masiva y desembocó en una guerra que México perdió junto con todo el norte del país. En suma, para cuando Texas se convirtió en parte de la Unión Americana, los mexicanos ya estaban ahí y los recién llegados eran los norteamericanos. (Lorenzo Meyer, El Universal, Nación, p. 8)
Sería torpe culpar exclusivamente a Trump de los brotes psicóticos de los pequeños monstruos que engendra la economía de guerra de Estados Unidos y el supremacismo ranger que la sostiene; sería igualmente torpe pensar que estos terroristas son desviaciones no deseadas de una ideología ultraconservadora. Estas execrables criaturas son consecuencia de una red que tiene líderes, estructura ideológica y programática con varios niveles de acción. Un estándar de medición, acaso no deseado por la ultraderecha yanki, son estas incubadoras de desquiciados que de cuando en cuando producen “asesinos solitarios” como el que hace ocho días hizo su debut en El Paso, Texas.
Cuando Trump condenó la barbarie del nuevo asesino “solitario” llamando monstruo a uno de los suyos, desde luego que las críticas no aguardaron porque su discurso de odio contra la migración y contra México lo convierten en un líder nato de los asesinos que matan por motivos de raza y que, como en el viejo Oeste, se van a cazar seres humanos que son considerados como enemigos o “invasores”. En ese sentido su discurso es hipócrita y con justa razón amplios segmentos de la sociedad norteamericana y mundial lo condenaron merecidamente. (David Gutiérrez, La Crónica de Hoy, Opinión, p.4)