Faltan menos de seis meses para las elecciones primarias en Iowa, consideradas el pitazo de la carrera presidencial en Estados Unidos. La pregunta que se hace todo observador de la política de EU es si Donald Trump logrará reelegirse. Los comicios presidenciales de noviembre del año entrante no sólo importan en aquel país, sino también en el mundo entero, por las consecuencias que pueden tener sobre el escenario internacional. Hay suficientes elementos para decir que, más allá de las fronteras de EU, las cosas pueden ser radicalmente distintas con o sin él.
Leyendo a los expertos en la prensa estadunidense, es muy difícil hacer pronósticos. En un mismo día uno puede encontrar a dos comentaristas avezados que argumentan, cada uno por su lado, por qué el republicano ganará o perderá la elección. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
Ella dijo que no. Él que sí. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México y su secretario de Seguridad se contradijeron el fin de semana pasado. El tema: los cuatro policías acusados de agredir sexualmente a una joven, a bordo de una patrulla en la alcaldía Azcapotzalco.
En una entrevista banquetera, tras la entrega de patrullas, Jesús Orta aseguró a los colegas reporteros que los elementos continuaban en sus labores de costumbre porque no había imputación en su contra y la Procuraduría de Justicia local no los había llamado a presentarse. Agregó que no podía violentar sus derechos laborales.
Pero su jefa, Claudia Sheinbaum, dio una declaración que chocó de frente: aseguró que los cuatro policías señalados no se reincorporarían a sus funciones y que ella se pondría del lado de la Justicia. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 5)
La reacción del gobierno mexicano a la incalificable masacre de connacionales en El Paso, Texas, ha suscitado las más diversas apreciaciones pero han sido muy pocas las dedicadas a analizar a fondo el planteamiento del Canciller Marcelo Ebrard en cuanto a que ese terrible episodio sea catalogado como terrorismo y
que nuestro país pueda intervenir en la investigación, así como en la eventual sanción del responsable. Las pocas que he visto tienden a descalificar superficialmente el planteamiento en virtud de que no alcanzan a comprender la implicación de su caracterización como acto terrorista y asumen como imposible nuestra intervención dado que el crimen se cometió en territorio extranjero.
No obstante, la propuesta encontró una interesante brecha que permite, sin chocar frontalmente con el gobierno vecino, conseguir resultados jurídicos que condicionen a dicho gobierno a modificar el enfoque aplicado a este tipo de acciones y cambien los procedimientos para su investigación y eventual sanción. (Eduardo Andrade, El Sol de México, Análisis, p. 17)
El concepto pigmentocracia estuvo en el debate público hace unos días y se difundió de manera amplia en redes sociales. Esta palabra nos refiere al uso del poder y el gobierno por personas con un color de tez, origen étnico o raza determinada. Un concepto más para hablar de discriminación, desigualdad y asimetrías.
La teoría moderna de los derechos humanos prohíbe cualquier tipo de discriminación desde hace 70 años por lo menos, incluida la famosa pigmentocracia. El problema a que se refiere esta idea ya se conocía hace cientos de años y también ha sido abordado por la teoría de los derechos humanos en miles y miles de hojas. Así mismo, el INEGI ya había publicado un estudio sobre los niveles de rezago social que se adjudican al color de la piel, dicho en otras palabras: nada nuevo bajo el sol.
Nuestro México no ceja en debatir las desigualdades en el país, los problemas sociales, usar y reutilizar conceptos viejos y nuevos para tocar el tema. El asunto es que se hace en tono de enfrentamiento, en dicotomías que no ofrecen soluciones, nos dejan el problema sobre la mesa y luego se marchan. Tenemos demasiados dilemas y muy pocas soluciones con discriminación y el cómo se ha construido nuestra comunidad política. (Javier Cruz Angulo, El Sol de México, Análisis, p. 19)
Resulta una contradicción fundamental que México, un país fundado en la mitología de que el centro de la mexicanidad, el corazón de nuestra identidad, es la negación de las razas por virtud del mestizaje, sea al mismo tiempo una sociedad tan racista. Pero lo somos. Tenemos a la mano evidencia de este racismo en todos los ámbitos de nuestra sociedad: en el lenguaje; en las categorías que usamos para definir la belleza de las personas; en los chistes degradantes; en la forma diferenciada como tratamos a los demás tomando en cuenta –aunque sea de forma inconsciente– el color de su piel.
Pero si el catálogo anecdótico y de experiencias de cada uno de nosotros no fueran suficientes para abrirnos los ojos, hay un tupido catálogo de experimentos, encuestas y estudios que sacan a la superficie algunas manifestaciones de ese racismo soterrado. Entre ellos está la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) 2010, de Conapred.
Cada uno de estos estudios, al momento de ser publicado, ha generado en cierta medida un debate público sobre el racismo en México, que en mi opinión no han logrado rebasar las expresiones de indignación y las minitormentas en redes sociales. (Benjamín Hill, El Financiero, p. 32)
La violencia que priva a lo largo y ancho del territorio nacional y, que lejos de amainar arrecia, tiene hartos e indignados a sus habitantes y ha llegado a niveles que abruman a los gobiernos federal, estatales y municipales: una de sus expresiones por la ola de feminicidios y violaciones a las mujeres en la Ciudad de México se registró en la Secretaría de Seguridad Ciudadana y en la Procuraduría General de Justicia de la CDMX.
A la Fiscalía General de la República fueron convocados los gobernadores de todas las entidades federativas para definir el marco legal de los elementos de la Guardia Nacional en ellas para hacer frente a los grupos criminales, y en las sedes capitalinas hubo vandalismo por parte de centenares de mujeres que exigieron que se investigue a policías señalados de violar a una menor de edad en Azcapotzalco. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, p. 10)
El día de ayer le enumeré algunos de los riesgos que vienen del norte en los próximos meses. Por ejemplo, el riesgo de una guerra comercial entre Estados Unidos y China ante la inminencia de que se impongan aranceles adicionales a 300 mil millones de dólares de importaciones provenientes de China.
Súmele el riesgo de una recesión en Estados Unidos en los próximos doce meses.
Agregue la posibilidad de qué el tratado comercial de México con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no sea ratificado por el Congreso norteamericano por razones de cálculo electoral de los demócratas.
Ponga sobre la mesa el comportamiento impredecible de Donald Trump y el riesgo de que vuelva a amenzarnos con aranceles. (Enrique Quintana, El Financiero, p. 2)
Estaba tan cantada la victoria de Alejandro Moreno en la elección para presidir al PRI, que se percibió como un hecho irrelevante. No generó expectativas ni inyectó ánimo. La carga negativa que arrastra el partido habría perjudicado a cualquiera que ganara, porque el lastre va más allá de las personas. Por lo mismo, Moreno tiene una enorme posibilidad y oportunidad para convertir la crisis en la que está el PRI a una etapa de vida, o será quien termine de enterrar al partido cuya hegemonía él vio en su fase terminal. Lo que tiene que hacer es aquello por lo que los gobernadores priistas le dieron su apoyo, al considerar que el partido requería de una cara diferente que tuviera, sobre todo, ganas de encabezarlo.
Moreno lo dejó entrever varias veces durante su campaña, cuando sus adversarios cambiaban su sobrenombre “Alito” por “Amlito”, dada la forma como el entonces gobernador de Campeche trataba al presidente Andrés Manuel López Obrador. En su defensa recordaba las declaraciones que hizo durante la campaña presidencial donde lo confrontó, buscando comprensión por la condición en que se encontraba y la necesidad que tenía para impedir castigos presupuestales. Eso ya acabó, y ahora deberá probar que ni es un apéndice de López Obrador, ni el PRI será un partido satélite de Morena. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, p.38)
¿Un respiro para Ana Guevara? La directora de la Conade, Ana Gabriela Guevara, le entregó ayer al presidente Andrés Manuel López Obradoruna medalla y la mascota de los Juegos Panamericanos a nombre de la selección nacional que participó en la justa deportiva para reconocerle “este esfuerzo que hace por apoyar económicamente al equipo” y acusó que hubo “grilla” contra la comisión que dirige por la falta de recursos a los atletas. La exvelocista y ahora funcionaria hizo caravana con sombrero ajeno puesto que durante toda la justa, la queja precisamente fue la falta de apoyo al deporte y la incertidumbre económica con la que participaron los deportistas. Uno de los ejemplos, nos comentan, fue que ni siquiera tuvieron uniformes de gala para participar en la inauguración del evento deportivo. Nos hacen ver que gracias al alto número de medallas que los atletas consiguieron, doña Ana pudo darse un respiro a las críticas y señalamientos que venía enfrentando, que incluso hablaban de su posible salida del cargo. Sin embargo, nos indican que la velocista tendrá que tomar mucho aire, pues las investigaciones sobre las presuntas irregularidades en la Conade siguen su curso. (El Universal, Nación, p. 2)
A ver, brinquen. Si se portan bien, para el próximo año se destinarán 42 mil millones de pesos para trabajos de seguridad y estímulos presupuestales a las entidades y municipios que cumplan en la materia. Es decir, nuevamente se les premia por hacer bien lo que, de raíz, deberían hacer bien. En una reunión entre la Conferencia Nacional de Gobernadores y el Gabinete de Seguridad del Gobierno de México se concluyó que habrá esa ayuda. Alfonso Durazo, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, explicó que los recursos se obtendrán del rediseño de la distribución tres fondos federales. Se comenzará a trabajar en la fórmula que permita la entrega de recompensas o estímulos fiscales a las entidades y municipios que realicen alguna actividad que mejore las condiciones de seguridad. Si con estos estímulos no lo logran, estamos fritos. (Excélsior, Nacional, p. 15)
Que a oídos de Andrés Manuel López Obrador llegaron reportes de que Elba Esther Gordillo sigue denostando los cambios educativos impulsados en este sexenio, a los que en público y privado se refiere como “la reformita esa”, comentarios que no cayeron nada bien en Palacio Nacional. A la maestra le ganó la sangre caliente y en el entorno presidencial ya se dio una orden: “está sola”. (Milenio Diario, p. 2)
Impulsa Silvano frente nacional anticrimen.- Ya se ve la experiencia del gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles. Y es que el mandatario estatal, convencido de que el trabajo en conjunto contra la delincuencia es la mejor respuesta para abatir la inseguridad, convocó ayer a un frente nacional. Para ello, pidió revisar la efectividad de la Guardia Nacional y mejorar la coordinación que hay en cada estado con este cuerpo de seguridad. El coordinador de la Comisión de Seguridad y Justicia de la Conago también trae una visión profunda del problema, pues pidió, además, impulsar un programa nacional contra las adicciones. Ojalá logre eco. (La Razón, p. 2)