A pocas personas les gusta crecer y desarrollarse lejos de su familia, de su patria, de los lugares que les formaron identidad. Más si migraron por la falta de oportunidades para tener los satisfactores y darle una vida plena a su familia.
En Estados Unidos viven 38.5 millones de mexicanos; 12.3 nacieron en México y 26.2 son de segunda y tercera generación. Cifras impresionantes, sobre todo considerando que en el país del norte hay grupos extremistas que han sido alentados por un presidente que, al margen del equilibrio de poderes, mantiene ofensivas diarias contra la migración. Del total de nuestros compatriotas, solamente el 32.8% de ellos, 12.6 millones, cuenta con ciudadanía; y una quinta parte de ellos emigró entre los años de 2006 y 2016 ¿Por qué sucedió esto, por qué nuestro país expulsó a nuestros ciudadanos y los obligó a buscar mejores oportunidades?
En Estados Unidos, el promedio de horas de trabajo de los migrantes mexicanos es de entre 35 y 44 horas por semana y los salarios que percibió el 44% de ellos fue menor a los 30 mil dólares anuales (576 semanales). (Rocío Barrera Badillo, El Universal, Opinión, p.16)
Una de las tragedias paradójicas de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, El Salvador, Honduras y Guatemala, es que la abundancia de las remesas que reciben del exterior no se refleja en una mejoría de los niveles de vida, en inversiones productivas que generen empleos ni, por tanto, en una reducción de la pobreza y de la migración.
Los generosos flujos de dólares alientan un ciclo de importaciones y consumo de baja calidad, circuitos financieros de captura de comisiones y redes criminales de extorsión a las familias que reciben dólares de sus familiares en Estados Unidos.
En las últimas tres décadas, los países del Triángulo Norte han recibido la descomunal cantidad de 180 mil millones de dólares en remesas. El Salvador, 60 mil millones; Honduras, a partir de 2007, 40 mil millones y Guatemala, en ese mismo periodo, 60 mil millones. Sólo en 2018, los tres países recibieron casi 20 mil millones en remesas. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Opinión, p.3)