Mejora a estaciones migratorias
A pie juntillas, el director del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, tomó nota de las críticas por las malas condiciones en estaciones migratorias. Anunció la rehabilitación de 66 espacios y la remodelación de las estaciones Siglo XXI, Acayucan, Leona Vicario y Las Agujas. Con esto esperan enfrentar a la sobrepoblación y el hacinamiento. (El Heraldo de México, Opinión, p.2)
El pasado 3 de agosto un joven de 21 años, Patrick Crusius, entró al Walmart ubicado en el centro comercial Cielo Vista Mall de El Paso, Texas, armado con una versión semiautomática de un rifle AK-47, y abrió fuego. Acabó con la vida de 22 personas e hirió a otras 24. Entre los fallecidos se encontraban ocho mexicanos, cuatro hombres y cuatro mujeres. La mayoría de las víctimas tenían apellidos de origen hispano.
Como lo reportó en su momento The New York Times, 90 minutos antes de la primera llamada al 911 en la que se informaba del ataque, se publicó en línea un “manifiesto antiinmigrante” en el que se decía que este acto era una respuesta a la “invasión hispánica en Texas”, exhibiendo una motivación de “supremacía blanca”, odio y xenofobia. El “manifiesto” también señalaba que la comunidad hispana estaría dispuesta a volver a sus países de origen “si se les da el incentivo adecuado”, haciendo alusión al ataque mismo. Tal fue el terror generado con este acto, que en pocos días se registró un aumento en la venta de armas entre la comunidad hispana de El Paso, exacerbando tensiones en una espiral negativa y extremadamente peligrosa. La violencia siempre genera más violencia.
Ante estos hechos, la Cancillería Mexicana reaccionó oportunamente y con toda claridad, señaló que dicho ataque constituía un acto terrorista contra mexicanos. En su concepción semántica básica, la naturaleza de lo ocurrido no deja dudas: se trató de un acto de violencia ejecutado para infundir terror, es decir, fue un acto terrorista. No obstante, la dimensión jurídica y diplomática de tal posicionamiento requiere de una argumentación más elaborada. (Juan Ramon de la Fuente; El Universal, Opinión, p.16)
Trump tiene una boutique de amenazas. Se trata de la boutique del miedo.
Lo hizo a finales de mayo. Saltándose los candados legales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte fijó 5% la tasa arancelaria a todos los productos que México le exporta a Estados Unidos en caso de que México no disminuyera las entradas de inmigrantes centroamericanos.
Lo hizo durante su campaña: construir el muro a cargo del erario mexicano. Después dijo que de alguna manera México lo terminaría por pagar. Quizá a través de una tasa impositiva en las remesas (33,481 millones de dólares durante el 2018). Después ya no dijo nada.
En julio, Trump amenazó a Guatemala con aplicarle la misma receta: impuesto a las remesas en caso de que no firme un acuerdo de tercer país seguro para que impida la entrada de hondureños y salvadoreños a su país. Ciudadanos guatemaltecos que viven en Estados Unidos enviaron a sus familiares 9,000 millones de dólares el año pasado. La ministra de Exteriores del presidente (cómico) Jimmy Morales, Sandra Jovel, cometió un gravísimo error seguramente avalado por el cómico: no criticó a Trump por la amenaza sino a la oposición guatemalteca.
En su cuenta de Twitter, Jovel escribió: “Lamento el proceder de ciertos actores nacionales ávidos de protagonismo. Su ignorancia en la actual política exterior pone en riesgo lo que precisamente estamos tratando de evitar. La imposición de tarifas a nuestros productos y tasas a las remesas será su responsabilidad”. (Fausto Pretelin, El Economista, Opinión, p.45)
México merece crédito por convocar un encuentro iberoamericano el 28 de agosto para diseñar una “estrategia común” contra la xenofobia y el racismo hacia los latinos en Estados Unidos. Es una buena idea, pero sería mucho más convincente si México mostrara igual preocupación por otras atrocidades contra los derechos humanos en su país y otros, como Venezuela.
El Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, convocó a la reunión exploratoria de Embajadores extranjeros en México después de la reciente matanza en El Paso, Texas, donde un asesino solitario mató a 22 personas, incluidos 8 ciudadanos mexicanos. El asesino de El Paso había escrito previamente un manifiesto criticando la supuesta “invasión” hispana de Texas, haciéndose eco de los discursos del Presidente Donald Trump sobre una presunta “invasión” de indocumentados latinoamericanos.
El Secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, dijo que la reunión de países iberoamericanos es necesaria porque la matanza de El Paso fue un “punto de inflexión” en la lucha por la protección de los hispanos en Estados Unidos, “ya que fue un ataque terrorista doméstico, sustentado en un discurso de xenofobia en contra de nuestros pueblos”. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Opinión, p.16)
La corrupción, pandemia sin cura // No hay delitos naturales a la cultura // La migración según otro anfitrión de la Casa Blanca
Tengo tantos comentarios pendientes sobre informaciones ya bastante periclitadas que me siento obligado a iniciar con algunas de ellas los asuntos de este lunes.
Comienzo con la declaración de Eduardo Rovelo Pico, titular a la sazón, nada menos, que de la Contraloría General de la Ciudad de México. Rovelo Pico se inspiraba, o él inspiraba a Enrique Peña Nieto, en la idea salvadora de toda la delincuencia oficial: la corrupción es absolutamente connatural a la administración de la cosa pública. Una las flores perennes que sobreviven a las características de todas las estaciones del año y de todos los ámbitos ecológicos del país. Verdadera pandemia contra la cual no hay prevención o cura alguna. La corrupción, como la lujuria y los pecados todos relativos al sexo y al erotismo, son productos de esa característica que diosito, nada más de malora, inyectó en el género humano: la concupiscencia. ¡Vaya jugarreta! Por una parte, diosito nos inocula con una invencible inclinación al mal. Tan imposible de vencer que frente a ella nada pudieron profetas, patriarcas, apóstoles. Luego nos equipa (no muy igualitariamente, por cierto) con todo lo necesario como para que frente a la lujuria no tengamos más recurso que la rendición incondicional. Y así, indemnes, nos lanza a una guerra perdida que dura toda la vida. Menos mal que nos da la medicina y el trapito: cada vez que toda persona sea sometida a la marejada de la concupiscencia, le bastará acudir de inmediato con un padre de la Iglesia y confesar su debilidad. Su absolución lo dejará rechinando de limpio. Recordarán que el señor Peña Nieto afirmó, paladinamente, que la corrupción era “consubstancial a la cultura nacional”.
En ese orden de ideas, él y el presidente de facto don Luis Videgaray, Rosarito, “no te preocupes” y su secretario Ruiz Esparza, son víctimas de una maldición del eterno. Las mansiones, los aeropuertos, puentes, pasos, ferrocarriles, atajos o carreteras. Las adquisiciones multimillonarias de espacios, territorios, bienes inmuebles, metales, que más allá de su utilidad representan estúpidamente símbolos de riqueza y, peor aún, papeles, muchos papeles que dan constancia de que eres un poseedor, un dueño de bienes que seguramente te supervivirán o, desaparecerán antes, si “el destino nos alcanza.” Si la rapiña y la corrupción algo tuvieran que ver con cualquier esbozo de nuestra cultura, el señor Peña Nieto habría sido el presidente más honorable de la historia. Sobre todas estas cuestiones, ¡ni perdón ni olvido! Sigamos platicando.
Hay otro correo de antigua data que debo a la acuciosidad, agudeza y convicciones progresistas (rara avis), del magistrado Enrique Rábago de la Hoz, quien hace tiempo me envió un videotape con el siguiente mensaje: (Ortiz Tejeda, La Jornada, Opinión, p.16)