QUE si a los senadores de Morena les pasó de noche el llamado del Presidente a la calma, no se diga a los diputados, quienes protagonizaron en su plenaria el primer round por el intento de “agandalle” de la Mesa Directiva en San Lázaro y, en línea con el coordinador del grupo, Mario Delgado, Pablo Gómez se pronunció por cumplir la ley y los acuerdos para la rotación anual de la presidencia del órgano parlamentario.
Los morenistas opositores a entregar la Mesa Directiva al PAN acusaron al segundo de “reeditar el Pacto por México” suscrito por el ex presidente Enrique Peña Nieto con los principales partidos y hasta exhibieron la foto en la que su hoy vicecoordinador aparece en la firma, entonces en su calidad de negociador del PRD.
QUE mientras, en la reunión plenaria de los senadores de Morena, AMLO intentó calmar los ánimos entre Ricardo Morenal y Martí Batres al recordarles que los procesos “por muy limpios que sean, siempre dejarán resentimiento, porque muchos políticos no tienen madurez”.
Puso como ejemplo la elección de candidato presidencial del PRD en 2012, cuando él venció al hoy canciller, Marcelo Ebrard, en la que al principio “hubo enojo”, pero ahora son “amigos”. (Milenio, Opinión, p.2)
Debo confesar que tuve la esperanza de que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia con su triunfo contundente y sus mayorías legislativas traerían un cambio además de los que hemos visto en estos meses.
Creí que las condiciones estaban dadas para regresar al antiguo formato del Informe. Aquel en el que el presidente lo rinde, al menos el mensaje político, en la sede del Poder Legislativo frente los dos otros poderes y gobernadores.
El rito comenzó a cambiar cuando Vicente Fox se llenó la ropa y la cabeza de boletas electorales frente a Carlos Salinas. Y fue al final Fox el que suspendió el rito cuando la oposición de plano le impidió dar el Informe al final de su mandato después del intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador y las elecciones de aquel año. (Carlos Puig, Milenio, Opinión, p.2)
Hoy es un día definitorio para Morena en el Congreso de la Unión, donde las ambiciones reeleccionistas de los presidentes de sus respectivas mesas directivas han creado división y enfrentamientos en sus filas, que escalaron hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien hace dos días les mandó un mensaje diciendo que si el partido se desvía, él renunciaría a su militancia.
El conflicto comenzó en el Senado, donde todo indicaba que Martí Batres mantendría la Presidencia de su Mesa Directiva hasta que Ricardo Monreal, su coordinador de bancada y presidente de la Junta de Coordinación Política, Jucopo, decidió el relevo y operó por la senadora de Tabasco, Mónica Fernández Balboa.
Su bancada votó, primero, por la reelección de Batres, que tuvo 29 votos a favor y 33 en contra, y resuelto eso se eligió en una segunda ronda a la tabasqueña. (Joaquín López-Dóriga, Milenio, Opinión, p.3)
El qué es indiscutible: era imperativo resolver el tema de los gasoductos para permitir el flujo de gas (el más barato del mundo) a México. Además envía una señal de certidumbre a inversionistas que están en stand by, esperando para realizar proyectos en el país.
El cómo sí es discutible: después de dos meses de disputas con las compañías, la salida del problema en el que se metió el gobierno le resultó mala y cara.
Lo que se presentó como una negociación magistral es en realidad una salida financiera a una disputa de la que la actual administración tenía pocas chances de ganar. (Bárbara Anderson, Milenio, Opinión, p 3)
A las mañaneras acuden reales y supuestos “reporteros” que denigran el oficio que aparentan ejercer. Lo que menos buscan es información. Los hay que solo van a barbear y que quieren quedar bien con el Presidente para formularle preguntas tapete para su lucimiento, fanáticos de la 4T y mensajeros de peticionarios de todo tipo de servicios comunitarios o de plano personales.
Tomó ayer la palabra una decena de “periodistas”, en su mayoría patito, como ilustran estos ejemplos, el primero sobre contratos vigentes con Odebrecht:
–Descuidos como éste, ¿podrían meter ruido a su discurso sobre el combate a la impunidad y la corrupción? ¿Qué mensaje le mandaría a los michoacanos? (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
El próximo domingo 1 de septiembre, el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, presentará su primer Informe de gobierno. Por primera ocasión en la historia mexicana, un titular del Poder Ejecutivo Federal, proveniente de un movimiento popular que se volcó masivamente a las urnas el año pasado, informará el estado que guarda la Administración Pública Federal. Este informe será diferente a todos los anteriores, porque no se tratará de un simple trámite administrativo, al cual intentaron reducirlo algunos gobiernos anteriores. Tampoco será una reedición del día del señor presidente, como ocurría en los sexenios en los cuales todo giraba en torno a la figura presidencial. Aquí estamos en un nuevo momento de la República.
Ya sabemos que los detractores del gobierno de la República pondrán en duda y cuestionarán cada uno de los datos que el Presidente mencione durante su intervención. Sin embargo, lo realmente relevante serán las definiciones presidenciales de dos procesos fundamentales para el futuro de México: por una parte, del desmantelamiento del antiguo régimen y, por la otra, de los avances en la construcción de la cuarta transformación de la República.
El 1 de diciembre de 2018, el entonces presidente electo López Obrador entró al Palacio Legislativo de San Lázaro gracias al voto de 53 por ciento del electorado. Para el próximo domingo llegará con una evaluación positiva de 7 de cada 10 mexicanos, con un peso estable, con una inflación controlada, con un aumento real de los salarios y, sobre todo, con un gobierno cuya prioridad es el bienestar de los grupos mayoritarios de la sociedad. (Miguel Barbosa, Milenio, Opinión, p.8)
Luego de los aplausos y el reconocimiento que se escucharon en Palacio Nacional por el acuerdo con empresas transportistas de gas natural, han salido los “malintencionados” a preguntar si MANUEL BARTLETT, director de Comisión Federal de Electricidad, resolverá con la misma eficacia otros pendientes de la industria eléctrica del país. Otros preguntan que dónde anda escondida la secretaria de Energía, Rocío Nahle.
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Que Bartlett podría explicar cómo se utilizará “el gas natural más barato del mundo” cuando se seguirán invirtiendo más de 10 mil millones de pesos en plantas de carbón o cuando apenas hace unos meses se anunció que se construirán cinco plantas de ciclo combinado que estarán listas hasta dentro de tres años. Ya encarrerado, quizá el director de la CFE alcance a responder cuándo bajarán las tarifas de los recibos de luz en los hogares mexicanos, tal como prometieron en campaña. (El Sol de México, Editorial, p.2)
Economía moral vs. neoliberalismo // Frustran el monrealazo // Las ciudades más seguras del mundo
El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que está escribiendo un libro sobre economía moral y neoliberalismo. Probablemente lo tendrá en prensas el próximo diciembre. Ayer dio un anticipo de algunas de las ideas que son los ejes de su narrativa al referirse a una nueva reducción de la expansión económica que el Banco de México calcula por este año.El banco central tiene 25 años de ser una institución autónoma, y en ese periodo ha tenido cuatro gobernadores: Miguel Mancera Aguayo, Guillermo Ortiz y Agustín Carstens, y el actual, Alejandro Díaz de León. Es de llamar la atención que antes de ocupar el cargo, fueron empleados del prianismo. Mancera Aguayo coincidió con Ernesto Zedillo; Ortiz, con Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, y Carstens con Calderón y Enrique Peña Nieto. También el actual gobernador, Alejandro Díaz de León, de la incubadora neoliberal, fue empleado del prianismo, y hubiera coincidido con José Antonio Meade, pero la historia se escribió de otro modo: ganó la elección ya saben quién. Así que ha venido a ser el primer gobernador (involuntariamente) autónomo del Presidente. Esa condición le ha dado una distancia, una libertad que no tuvieron sus antecesores. La ha aprovechado, ha sido más crítico de lo que fueron Mancera Aguayo, Ortiz y Carstens.El próximo libro de Andrés Manuel será un espacio para contrastar sus ideas, el neoliberalismo versus la economía moral. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Opinión, p.6)
El control está en Palacio // Batres: “triunfo moral” // Monreal se sostiene // Encuestas manejables
A pocos días de rendir su primer informe protocolario como presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador mostró que el control de grupos y actividades de Morena está en sus manos, aunque sus labios y discursos digan lo contrario.
Recibió a diputados y senadores en un salón de un hotel capitalino, con los coordinadores de las bancadas legislativas a un lado: Mario Delgado, de los diputados (y presunto aspirante a presidir Morena, aunque no sabe todavía si le tocará el papel de convalidar o de “ganar”), y el muy sonriente Ricardo Monreal, de los senadores (y presunto aspirante a la candidatura presidencial de 2024, aunque no sabe todavía si lo sería por Morena). (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.8)
Mentiras y chivos expiatorios son las dos palancas fundamentales de hacer política del trumpismo. Se ha calculado que el presidente estadunidense emite 20 mentiras al día, con una casi insuperable productividad. El chivo expiatorio mayor para Donald Trump lo conforman los mexicanos, responsables de todos los males de Estados Unidos.
Sus seguidores intentan seguir ese mismo camino. Jair Bolsonaro y sus muñecos mienten todo el tiempo y pretenden atribuir al PT los problemas actuales del país, como si no heredaran tres años del gobierno desastroso de Temer. Asimismo, la derrota de su amigo Macri los ha dejado desconcertados. Un gobierno tan bueno, que los argentinos no han sabido valorar, prefiriendo volverse una Venezuela y exportar su población hacia Porto Alegre. (Él no sabe que todos los años los argentinos vienen a Brasil, pero a Florianópolis y no a Porto Alegre.)
En entrevista a Clarín, el ministro de economía pinochetista de Bolsonaro, Paulo Guedes, creyendo que los argentinos no están informados sobre Brasil, destila sus mentiras a todo vapor. Entre ellas, las más escandalosas tienen que ver con Lula da Silva. (Emir Sader, La Jornada, Opinión, p.18)
Las declaraciones hechas por Santiago Nieto al periodista Marcos Martínez Chacón, publicadas esta semana, revelan el tamaño del desafío que existe hoy en México en materia de combate a la corrupción del sexenio pasado.
El titular de la UIF reconoció, por primera vez de manera abierta, que está trabajando con pistas en el sistema financiero nacional e internacional sobre las finanzas del ex presidente Enrique Peña Nieto. Habló de una metodología para conectar posibles vínculos financieros en el entorno de sus más cercanos. A Luis Videgaray Caso, la materia gris del sexenio pasado, dijo, se le ha abierto un expediente. Eso no se sabía. Tampoco que la UIF se encuentra en procesos de colaboración con autoridades de otros países y que, según sus cálculos, en los próximos meses podrían tener algunos resultados. Si bien, en este momento, no tiene “…ningún elemento probatorio real” contra Peña Nieto, todo conduce a la figura del ex Presidente. “Creo que Peña estaba enterado… de los grandes actos de corrupción”.
El caso más claro que explicó Nieto Castillo se refiere a un total de 722 cuentas que habrían sido bloqueadas y después desbloqueadas desde la UIF sin haber sustento legal para ello y como parte de un esquema de sobornos maquinado entre 2014 y 2018. Al llegar a la UIF, detectó que esas cuentas habían sido congeladas bajo sospechas de lavado y que luego -mediante sobornos supuestamente cobrados por al menos cinco despachos de abogados, ligados al consejero Castillejos- hubo “un acuerdo (de desbloqueo), (que consiste en) tres hojitas, donde dicen que es porque ya están denunciados (los casos de cuentas bloqueadas), y porque ya están aseguradas las cuentas por el Ministerio Público, cuando hacemos el recorrido con el Ministerio Público para ver si esto era cierto, resulta que no era cierto”, reveló Nieto. El caso, de consolidarse, tendría efectos expansivos por las situaciones y por los personajes presuntamente involucrados, sin embargo, para que el caso camine, la Fiscalía General tendría que confirmar que efectivamente no hubo razones reales para congelar pero, sobre todo, descongelar esas cuentas. (Carmen Aristegui F., Reforma, Opinión, p.8)
–YA VIENEN los playoffs del beisbol y, como un home run, dicen que Jesús Orta se va, se va, se va… ¡se fue!
SEGÚN lo que se comenta en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, al jefe de la policía le van a tocar aquella de “Septiembre me gustó pa’ que te vayas”, pues Claudia Sheinbaum estaría pensando seriamente incluirlo en el paquete de ajustes al gabinete que tiene previsto.
SOBRE Orta pesan, por supuesto, los serios problemas de inseguridad en la CDMX, así como el mal comportamiento de sus elementos, peeero… también las grillas de sus compañeros en el gobierno. Y quién sabe por qué, pero dicen que algo debe de saber la procuradora Ernestina Godoy.
SI EN ALGO tiene razón el tamaulipeco Francisco García Cabeza de Vaca es en estar molesto con el incumplimiento del gobierno federal: a los gobernadores les prometieron que si apoyaban la creación de la Guardia Nacional, ésta los ayudaría a enfrentar el grave problema de seguridad.
SIN EMBARGO, en Tamaulipas se quedarán con las ganas de ver a los uniformados de gris y blanco, pues la bronca seguirá siendo sólo de las autoridades estatales, con el respaldo de los soldados. Para el panista resulta ilógico que la nueva corporación se dedique a detener migrantes y no narcotraficantes.
Y AUNQUE García Cabeza de Vaca ya le pidió al Presidente un acuerdo formal para hablar del tema, Andrés Manuel López Obrador hace como que no oye. A ver si le hace un espacio en su agenda en su próxima visita al estado.
SEA COMO SEA, la Guardia Nacional ya está en 51 de las 266 regiones en las que se dividió al país y, de acuerdo con los cálculos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, para fines de año serán 150. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)
El presidente Andrés Manuel López Obrador otorga un gran valor al cumplimiento de su palabra. Prácticamente, todos los spots que se han difundido con motivo de su primer Informe de Gobierno tienen que ver con el aterrizaje de alguna promesa de campaña: su sueldo y su seguridad personal como mandatario, los programas sociales, etcétera.
Es verdad que una gran deuda de los políticos con los ciudadanos es cerrar la brecha entre lo que se dice y lo que se hace, y López Obrador ha buscado hacerlo. De hecho, más allá de lo que se piense de los compromisos que hizo como candidato, debe reconocérsele que muchos de ellos se han concretado desde que asumió el poder. Ahí están, por ejemplo, la cancelación de la “mal llamada reforma educativa” y la eliminación del Estado Mayor Presidencial.
Sin embargo, el cumplimiento de las promesas de campaña es bueno en abstracto, pero no siempre lo es en lo concreto. Si la promesa es dañina para el interés público, lo mejor es que no se cumpla. Y a veces el costo de respetar lo ofrecido es ver cómo se estrellan las intenciones contra la terca realidad. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Opinión, p.2)
Martí Batres quiso convertir en “victoria moral” lo que en realidad es una doble derrota para este hombre que buscó desesperadamente reelegirse en el cargo de presidente de la Mesa Directiva del Senado.
Lo hizo luego de que se diera a conocer la intempestiva resolución de la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena que ordena reponer la elección interna que dio un revés a las ambiciones de Batres.
La citada comisión sustentó la resolución en el hecho de que en la votación interna participaron “indebidamente” cinco senadoras del PES.
Estamos en posición de afirmar que Batres sabía de esa participación y que por lo menos dos de las cinco votaron por él: Sasil de León y Antonia Cárdenas. (Francisco Garfías, Excélsior, Opinión, p.4)
Más de una ocasión, en las últimas semanas y meses, escuché a integrantes del entorno más cercano a Andrés Manuel López Obrador, que despachan en oficinas contiguas incluso, que ni la ilegal y antidemocrática reforma que pretende ampliar de dos a cinco años el mandato del cínico Jaime Bonilla, ni la inconstitucional Ley Garrote, que para inhibir el derecho de manifestación y/o expresión contra obras del tabasqueño en su tierra natal impuso Adán Augusto López, sería finalmente validada o entraría en vigor pues, decían, “nuestros legisladores están listos para promover los recursos jurídicos necesarios para ello”.
Hoy, a 48 horas escasas antes de conocer el contenido del primer informe de labores del nativo de Macuspana, nada de lo dicho sobre el punto parece estar ocurriendo o que vaya a suceder y, menos, que temas tan polémicos y controvertidos, vayan a ser mencionados siquiera por el primer responsable de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen, en el mensaje que pronunciará el domingo…
Será, en los hechos, como pretender ignorar dos hechos que alentados por personajes afines al partido-gobierno y a él mismo, contradicen la obligación de toda autoridad de plegar su actuar al marco legal y, sin duda, abonar a la salvaguarda del Estado de derecho… algo similar, intentemos ilustrar, al ni los veo ni los oigo de Carlos Salinas de Gortari, buscando minimizar los abucheos del perredismo legislativo en su contra o, también, al clásico ¿y yo por qué? de Vicente Fox Quesada al ser cuestionado sobre el desalojo de instalaciones en el Cerro del Chiquihuite, como parte del diferendo existente entonces entre televisoras… (Enrique Aranda, Excélsior, Opinión, p.22)
El manotazo de AMLO en Morena
De manera contundente, el presidente Andrés Manuel López Obrador puso quietos a todos en Morena, calmó las ansias de pirata de los acelerados por la renovación de la dirigencia de su partido. En una jugada de dos bandas, nos comentan, dejó claro que no debe haber pleitos internos, para no llevar al morenismo a una crisis. Durante una reunión con los grupos parlamentarios en el Congreso, AMLO conminó a sus correligionarios para que resuelvan sus diferencias de manera civilizada (quizá por aquello del pleito de Martí Batres contra Ricardo Monreal), porque lo importante son los principios y los valores. Por supuesto, dijo que deben dejar al lado del camino la ambición por los puestos y pensar en servir al pueblo. Todo esto, nos dicen, en medio de los juegos de pirotecnia que lanzó don Martí en su intención de permanecer en la mesa directiva del Senado. Así que todos muy bien portaditos para que la 4T rinda frutos y no abra frentes internos. ¿Quedó claro el mensaje del tabasqueño?
Los mandatarios estatales del PAN, finalmente, le meten la pluma a su organización, la Asamblea Nacional de Gobernadores. Nos mencionan que se reúnen hoy en Querétaro, gobernado por Francisco Domínguez, para formalizar la constitución del mecanismo, un espacio que se abrió camino para empezar dentro del mismo partido, pues no contaban con un espacio de representación interna. Ahora, nos explican, los gobernadores azules buscan algo muy simple en el espectro de la vida política nacional: ser contrapeso, sin estridencia pero basados en la propuesta y la razón. (El Universal, Opinión, p.2)
En los últimos días hemos visto a un presidente López Obrador que de pronto parece animarse a explorar los caminos de la rectificación.
Es cierto que es un discurso inconsistente y con poca vigencia, porque más tarda en apuntar hacia la rectificación que en regresar al sendero original.
Pero me parece que debe destacarse que en la mente de un hombre que se ha definido a sí mismo como “necio”, aparezcan brochazos de que algo lo está llevando a evaluar la posibilidad de enmendar: (Carlos Loret de Mola, El Universal, Opinión, p.11)
Los hechos del pasado, a no dudarlo, abren el entendimiento de lo que ocurre en el presente.
Lázaro Cárdenas del Río, con el aplastante peso político de Plutarco Elías Calles a cuestas, tomó posesión de la presidencia el primero de diciembre de 1934. Llegó a la ceremonia “vestido con un sencillo traje oscuro, lo que proscribió para siempre el jaquet y el sombrero alto de sus antecesores” (El Jefe Máximo, Ignacio Solares, 2011).
En su discurso de investidura, Cárdenas puso en el centro de su plan de gobierno al México de los indios, los campesinos y los trabajadores mal pagados o desempleados, que contrastaba dolorosamente con el de los poderosos, el de las grandes fortunas producidas por la Revolución. Lo cerraría con esta frase: “¡He sido electo presidente de México y habré de ser presidente de México!”. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, p.13)
El 19 de abril de 2019, tres hombres armados irrumpieron en una fiesta familiar, celebrada en la palapa “Los Potros”, en Minatitlán, Veracruz. Dispararon a mansalva y dejaron a 15 personas muertas, incluyendo un bebé.
El 24 de agosto de 2019, el bar “Caballo Blanco”, ubicado en Coatzacoalcos, a 20 kilómetros del sitio de la masacre de Minatitlán, fue incendiado deliberadamente por un grupo de delincuentes. Al menos 28 personas perecieron en las llamas.
¿Qué pasó en los cuatro meses que median entre esas dos tragedias? Pues pasó que la Guardia Nacional (GN) llegó y luego se fue. O al menos eso dicen las fuentes oficiales. (Alejandro Hope, El Universal, Opinión, p.14)
A punto estamos del primer informe oficial de Andrés Manuel López Obrador, luego de los cotidianos mini informes mañaneros, del informe a los 100 días de gobierno y del informe al año de haber ganado las elecciones. En cuanto a presencia, el presidente no tiene precedente.
El predominio de Morena en el Congreso y el alto índice de aprobación de AMLO, bien pudieron ser capitalizados para luego de 14 años restablecer la tradición de acudir personalmente a rendir cuentas ante la nación. Como sea, en el mensaje anual, cada mandatario en turno al exponer la situación del país, seleccionó y acomodó datos y cifras, realzando lo conveniente, omitiendo lo incómodo. AMLO, antes crítico de la utilización de spots previos a un informe de gobierno, considerándolos estrategia para encubrir propaganda, hoy en diversos spots se jacta: “No es por presumir, pero soy un hombre de palabra”, alardeando trabajar desde temprano en temas de seguridad, haber eliminado pensiones a expresidentes, además de salarios y prebendas oficiales, haber prescindido de 8 mil elementos del Estado Mayor Presidencial para su custodia, haber mantenido sin alza los impuestos, gasolinas, gas y luz, todo ello sin aumentar la deuda pública, haber elevado el salario mínimo sin precedentes, haber apoyado a la gente humilde, agradecido por el respaldo del pueblo en la transformación pacífica del país, separando el poder económico del político. AMLO es cuestionado principalmente por la cancelación del NAIM, la imposición de Santa Lucía y demás proyectos de particular preferencia, por el estancamiento económico, la disminución de inversión extranjera, la precaria generación de empleos formales, los cuales descendieron a 69.4% al pasado julio, el aumento de homicidios, principalmente. AMLO tiende a difundir controvertidos datos y cifras, discrepantes a los publicados por expertos en distintas materias, aduciendo “tener otros datos”. (José Rubinstein, El Universal, Opinión, p.18)
López Obrador llega a su Primer Informe de Gobierno, acto todavía cargado con buena parte de la fuerza simbólica del presidencialismo de toda la vida, con una colección nutrida de varias peleas reales y otros tantos rounds de sombra.
Por ejemplo, podría yo gastarme todo el espacio de esta y varias columnas haciendo el recuento de las descalificaciones del Presidente hacia distintos organismos que están para limitarlo, para pedirle cuentas, evaluarlo y fijar cuáles son sus ámbitos de competencia y cuáles son transgresiones a sus atribuciones legales. El Presidente los desestima porque los considera poco útiles, onerosos, burocráticos acaso, y porque en su concepción del poder, cuando este recae en las manos correctas, no necesita quien lo mire, lo vigile y lo controle. Él es el Estado.
Me temo que para un ‘público’ acostumbrado a décadas de relato presidencialista, los argumentos de López Obrador son sólidos. Y peor: me temo que no contamos con suficientes municiones para rebatirlos. (Edna Jaime, El Financiero, Opinión, p.32)
Las noticias no podían ser peores. Desabasto de medicinas causadas por la burocracia en su gobierno que ponían en riesgo la vida de cientos de niños. El crecimiento en picada, dos puntos debajo del paraíso prometido. El peso que tanto presumía como sinónimo de prosperidad, escalando a más de 20 por dólar. La violencia como nunca, matanzas y decapitados pintando de rojo el país y él, en plena confusión, defendiendo a los criminales del Ejército mientras a los soldados los humillan porque sus instrucciones son aguantar las vejaciones. Todo en una semana, donde los cañonazos partirían cualquier blindaje. Pero el de Andrés Manuel López Obrador no. Su figura sigue siendo refractaria. El presidente más poderoso que se tenga en la memoria sigue recibiendo altas dosis de vitamina.
La última encuesta nacional de Buendía, Laredo y Asociados, dada a conocer el miércoles, muestra la confianza en López Obrador. El 71% apoya su trabajo, y en un mismo porcentaje se dicen optimistas sobre el futuro. Todavía más. Si hoy se realizara una consulta ciudadana sobre la revocación de mandato, el 77% –ocho de cada 10 mexicanos–, marcarían la casilla para que continuara en el cargo. El que el 51% considere que los problemas ya lo rebasaron y vaya cayendo el porcentaje (40%) que piensa que tiene todo bajo control, no le afecta. La luna de miel de que goza se ha prolongado con un éxtasis a veces ascendente.
Este es un fenómeno que se ha visto en América Latina en los últimos años, recuerda Felipe Noguera, uno de los consultores políticos más reconocidos en la región. Lo ha visto con presidentes populistas, como Néstor Kirchner en Argentina o Rafael Correa en Ecuador, que iniciaron sus gobiernos con políticas fiscales conservadoras, vigilando el superávit y la macroeconomía, al tiempo de inyectar presupuesto en programas sociales, como lo está haciendo López Obrador. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Opinión, p.38)
Los causantes de la masacre en Coatzacoalcos no son el gobernador García ni el fiscal Winckler, que se pasan entre ellos la responsabilidad como dos adolescentes.
Ese crimen lo cometieron el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Los Zetas.
No se vale que el presidente López Obrador quiera culpar al pasado, luego de nueve meses en el poder, de las matanzas que ocurren en este sexenio.
De manera muy poco valerosa apunta hacia el fiscal a quien el gobernador, de su partido, señala como la persona que liberó hace un par de meses a un tipo que al parecer participó en la masacre donde ya van 29 muertos. (Pablo Hiriart, El Financiero, Opinión, p.36)