Llegó la hora. Muchos muertos y casos sin resolver después, Jorge Winckler Ortiz, fiscal de Veracruz, fue temporalmente separado del cargo por acuerdo de los diputados de Morena en el Congreso local. El presidente de la Mesa Directiva, José Manuel Pozos Castro, ordenó la lectura de un acuerdo para retirar todos los puntos del orden del día y discutir un único punto de acuerdo por el que separan temporalmente a Winckler. Su lugar será ocupado por la abogada Verónica Hernández. Ayer fue un caos, diputados panistas fueron a la Fiscalía General para presentar una denuncia, pero los accesos al edificio están sitiados por la policía. La parte más negativa de esta historia es que el derrumbe de WinckLer fue exigido por muchos sectores desde hace meses. Y la resolución la toman hasta ahora. (Excélsior, Nacional, p. 15)
Que ante la división en la bancada de Morena en el Senado por la disputa de la Mesa Directiva, el presidente Andrés Manuel López Obrador envió de regreso a Manuel Velasco con la encomienda de operar la aprobación de la iniciativa de revocación de mandato y calmar las aguas. Se sabe que el ex gobernador de Chiapas solo estará en su escaño tres meses, pues se perfila para integrarse al gabinete presidencial en diciembre. (Milenio Diario, p. 2)
A El Carrete lo atrapó Guerrero, replica Astudillo.- Quien se encuentra molesto por las declaraciones del gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, donde le echa la culpa de la inseguridad en su estado a su vecino, Guerrero, es el mandatario de esta entidad, Héctor Astudillo. Pues bien, ayer, el guerrerense le recordó que el delincuente más peligroso que operaba en Morelos no fue detenido precisamente por el exfutbolista, sino por las autoridades de Guerrero; y se refiere a Santiago Mazari Hernández, El Carrete. Aunque ésta no sería la primera vez que el Cuau prefiere echarle “la bolita” a otros de la violencia en su estado en lugar de apretar las tuercas donde se necesita, pues hay que recordar que luego de que arreció la ola violenta en Morelos, en noviembre pasado, Blanco dijo que todo era culpa de su antecesor, Graco Ramírez. (La Razón, p. 2)
Jorge Winckler fue removido de manera precautoria en una discutible sesión de la Comisión Permanente del Congreso de Veracruz en la que se modificó el orden del día y se argumentó que el fiscal general del Estado habría incurrido en un “presunto incumplimiento de manera constitucional de registro correspondiente y necesario para ingreso y permanencia del cargo”. En específico, se mencionó que no hay constancia de que haya cumplido con los controles de confianza a los que están obligados los servidores públicos de áreas como la citada fiscalía.
Por lo pronto, el gobernador García hace a un lado (habrá de verse con cuánto apego a la legalidad, durante cuánto tiempo y con cuál costo político) a su adversario sembrado, Winckler, a quien responsabilizó de detener órdenes de aprehensión relacionadas con determinado cártel del crimen organizado y de entorpecer, en general, las acciones de combate a esos grupos criminales que en la entidad están desbordados y retadores. En los hechos, la disputa entre el gobernador y el fiscal ha generado condiciones que benefician a los bandos criminales. El tema ha llegado a las conferencias mañaneras en Palacio Nacional y ha llevado al propio presidente López Obrador a decantarse en público a favor de su correligionario y hechura, Cuitláhuac García, y contra el fiscal yunista. (Julio Hernández, La Jornada, Opinión, p. 10)
El 30 de enero de 2019, durante la conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador recibió la siguiente pregunta: “¿Oficialmente se acabó la ‘guerra contra el narco’?”. Esta fue su respuesta: “No hay guerra, oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz, vamos a conseguir la paz”.
La oposición, a manera de crítica, parece compartir el diagnóstico. El 21 de agosto, el presidente del PAN, Marko Cortés, afirmó lo siguiente: “Llama la atención y preocupa, porque entonces hace sentido que hubiera algún tipo de acuerdo con los grupos delictivos, ya no solo por los dichos de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, sino por la drástica disminución en los decomisos de diferentes tipos de drogas”.
Entonces, ¿se acabó la guerra? ¿Se terminó la persecución vigorosa del narcotráfico? ¿Se han desplomado los decomisos de drogas?
En el anexo estadístico del primer informe de gobierno del presidente López Obrador, se incluye, como en años previos, una tabla titulada Esfuerzo Nacional contra el Narcotráfico, en la que se presenta información, de 2001 a la fecha, sobre erradicación de cultivos ilícitos, decomiso de drogas, aseguramiento de armas y vehículos, y detenciones de personas presuntamente involucradas con el tráfico de narcóticos y otros delitos federales.
Los datos son recopilados por el Cenapi (un organismo de la FGR) de todas las dependencias federales involucradas en el tema (Sedena, Semar, SSPC, FGR).
Como es habitual, las cifras para el año en curso se presentan con corte al 30 de junio, pero si se recurre a informes anteriores, es posible hacer las comparaciones pertinentes. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p.7)
El 4 de septiembre de 1997, en la Cámara de Diputados se consumó lo que hasta entonces parecía imposible. Por primera vez, el PRI dejó de ser mayoría.
Porfirio Muñoz Ledo fue el personaje del día. Como diputado del PRD, puso en juego todo su oficio político en la negociación con las bancadas del PAN, el PT y el PVEM para constituir el “grupo de los cuatro” y lograr lo que se llamó entonces “la mayoría opositora”.
El mexiquense Emilio Chuayffet, secretario de Gobernación, montó con el coordinador de la bancada del PRI, Arturo Núñez, y el vicecoordinador, Ricardo Monreal, una operación para evitar la pérdida del control tricolor. Llegó a calificarse como un intento golpista que retrasó la instalación de la legislatura, pero al final ganó la partida el bloque opositor y Muñoz Ledo asumió la presidencia de la Cámara.
Fue el preludio de la derrota del PRI tres años después en la elección presidencial. Terminaba “El Sistema”, como se llamaba al conjunto del gobierno y el PRI, que imponía su voluntad aunque la ley no le favoreciera y que demandaba “disciplina” de sus integrantes, es decir, sumisión al presidente de la república. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
El Presidente tiene por qué sentirse feliz, feliz, feliz a 9 meses de gobierno. Su popularidad alcanza en promedio el 70% y si hoy hubiese una consulta popular para refrendar su mandato, la ganaría con holgura. Además, la mayoría de la población, alrededor del 60 sigue optimista respecto al futuro.
Hasta el momento ni el supuesto desgaste que suele ocurrir conforme avanza el tiempo en el gobierno ni las crisis por las que ha atravesado, o incluso ha creado, le han quitado una sola pluma al gallo: ni Tlahuelilpan, ni el desabasto de gasolinas, ni las protestas de padres por la falta de medicamentos, ni las manifestaciones de descontento de la Policía Federal, ni los crecientes niveles de inseguridad, ni la matanza en Coatzacoalcos, ni el enojo de las víctimas por las desapariciones, ni la postura frente a Estados Unidos, ni la falta de medicamentos, ni el crecimiento de 0% en contraste con el 4% prometido, ni la caída en el empleo, ni la denuncia del superdelegado en Jalisco, ni su aval tácito a la ampliación del mandato del periodo del gobernador electo en Baja California o a la Ley Garrote en Tabasco ni Sigue manteniendo un absoluto control sobre el Congreso y sus quehaceres. La agenda legislativa la fija él.
Prácticamente todas sus iniciativas han sido aprobadas. La oposición tiene, si acaso, poder de veto (y sólo en el Senado y solamente unida La gran mayoría de los nombramientos en los que participa el Ejecutivo ha transitado sin dificultad. (María Amparo Casar, Excélsior, Nacional, p. 6)
Desde el Gobierno de la Ciudad corren versiones de que en breve se usará una de las múltiples carpetas de investigación, que desde hace tiempo tienen armadas en contra de destacados integrantes de la administración de Miguel Ángel Mancera.
Las apuestas en los pasillos de la política corren para ver cuál será la primera cabeza mancerista que será ofrecida al pueblo, ávido de circo ante los pésimos resultados del gobierno actual.
Las opiniones dentro del gabinete de Claudia Sheinbaum son encontradas, pues se barajan nombres y se discute también sobre el timing, pues para muchos el iniciar una lucha frontal contra Mancera significaría también abrir una caja de pandora.
Hay quienes opinan que sería un buen golpe hacer el anuncio antes de que la jefa de Gobierno acuda al Congreso de la Unión a dar un mensaje con motivo de su Primer Informe al frente de la administración capitalina.
Pero hay otros que se oponen, porque ello implicaría manchar la presencia de Sheinbaum en Donceles, donde seguramente la oposición le haría un numerito, pues si bien los manceristas presumieron sus largas uñas, hay muchos neo-morenos que participaron. (Adrián Rueda, Excélsior, Comunidad, p. 25)
En medio de la tormenta en la Cámara de Diputados por el control de su Mesa Directiva, Mario Delgado tuvo que operar para que Porfirio Muñoz Ledo permaneciera en su cargo, pero no contaban con él. Delgado me había declarado en Radio Fórmula que no habría agandalle, que la rotación sería conforme a la ley y se daría la alternancia. En estas condiciones, esa posición le correspondía al PAN, que en el momento más bajo de su historia contemporánea fue incapaz de designar una candidata competitiva. Cuando se votó el viernes pasado, Morena, que había comprometido su voto a favor, le dio la vuelta con 169 de sus legisladores, lo que impidió, sí, la construcción de la mayoría calificada para aprobar la propuesta panista y planteó la reforma legal para mantener la presidencia de la Mesa hasta el primer periodo ordinario del año que viene y que ya luego se la rotarían PAN, PRI y que el PT, aliado de Morena, cerraría esta legislatura. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, p. 3)
“Celebramos con un mundo de esperanza para todos” decía la invitación a la que respondieron cerca de mil personas, incluidos familiares, amigos, vecinos, todos reunidos bajo un mismo techo para festejar una boda que en minutos se volvió funeral.
Un terrorista suicida entró al salón de fiestas en Kabul, Afganistán, el pasado 18 de agosto, hizo explotar las bombas caseras que llevaba atadas al cuerpo y convirtió la recepción en una masacre en la que fallecieron 63 personas en la pista de baile o sentados en sus mesas.
La masacre se la adjudicó triunfalmente el llamado Estado Islámico, aquel que hace cinco meses las fuerzas armadas respaldadas por Washington sacaron del territorio que controlaban en Irak y Siria llevando al presidente Donald Trump a declarar que ese grupo terrorista, que llegó a tener bajo su yugo a más de doce millones de personas, estaba totalmente derrotado. Ahora se comprueba que no es así.
Los analistas aseguran que el Estado Islámico floreció gracias a la guerra civil en Siria y al vacío de poder y las armas que dejaron los Estados Unidos al abandonar Irak. El grupo, que ignora completamente fronteras internacionales, llegó a controlar un territorio del tamaño de Gran Bretaña y su mayor éxito en el pasado fue la captura de Mosul, la segunda ciudad iraquí en importancia, sorprendiendo con esto al mundo. (Concepción Badillo, La Crónica de Hoy, Mundo, p.18)