Columnas de Opinión 110919

Rozones

Frenan ataques contra soldados.- La agresión a elementos del Ejército por parte de civiles parecía ser ya más constante, pero se acabó, pues la Secretaría de la Defensa Nacional, que encabeza Luis Cresencio Sandoval, advirtió ayer que personal militar o de la Guardia Nacional que sean objeto de agresiones cuando acudan a garantizar la seguridad y la paz ante la ocurrencia de un delito, podrán actuar en legítima defensa. Y es que a algunos soldados, cuando no les daban palazos les lanzaban piedras, como sucedió apenas el lunes en el municipio poblano de Acajete, donde presuntos huachicoleros los atacaron, lo que obligó a los militares a lanzar disparos al aire para disuadir a la turba. (La Razón, p. 2)

Plata o plomo // La Guardia Nacional no tiene plazas

El lunes pasado, al analizar la propuesta de presupuesto para 2020 en el sector seguridad, escribí lo siguiente:

“La Guardia Nacional (GN) es un ente raro. Se le está proyectando un presupuesto de 3.8 mil millones de pesos, de los cuales 2.8 miles de millones de pesos se dedicarían a servicios personales. Se ha mencionado que el sueldo mensual de un guardia nacional será de 19,000 pesos, más prestaciones. Eso implica, aproximadamente, un costo —solo para servicios personales— de 370 mil pesos al año por integrante. Dado eso, el monto presupuestado solo alcanza para 7,567 elementos de la GN. Pero, según lo dicho por el presidente López Obrador, la nueva corporación tiene 58 mil integrantes. Eso significa algo muy simple: el grueso de los miembros de la Guardia Nacional sigue teniendo plaza (y cobrando) en Sedena o Semar.

Pues resulta que la Guardia Nacional es aún más rara de lo que suponía. Al continuar el análisis del presupuesto, encontré lo siguiente:

El presupuesto para servicios personales de la GN solo incorpora dos conceptos: remuneraciones especiales y adicionales (es decir, bonos e incentivos), y seguridad social (pagos al ISSSTE o al ISSFAM). Dicho de otro modo, no se le está dando dinero a la GN para pagar sueldos. (Alejandro Hope, EL Universal, Nación, p. 10)

La infancia amenazada

En estos tiempos de turbulencia que vive México, los líderes políticos se han “enfrascado” en un debate que resulta inútil en cuanto a la forma en que la sociedad superará el clima de violencia, que cada vez escala con mayor grado de virulencia, el nivel de los delitos que se registran a diario por diversos rumbos del territorio nacional. Mientras unos hablan del rediseño de estrategias de combate a los criminales con trabajo de inteligencia y de contención a través de los cuerpos policiacos, otros hablan de atacar las causas que nos colocaron en la situación en la que hoy nos encontramos; es decir, las causas sociales de la violencia, como la pobreza y la desigualdad, que se fueron ampliando en los últimos años.

Más allá de los “fuchis” a los delincuentes, lo que pocos han visto en estos tiempos es el futuro inmediato que le depara a nuestros niños y adolescentes en los años por venir, si tomamos en cuenta los actuales indicadores entre los que se desenvuelve la niñez mexicana.

Veamos: en México viven 39.2 millones de niñas, niños y adolescentes de cero a 17 años, lo que representa 32.8 por ciento de la población total, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). (Martín Espinosa, Excélsior, Nacional, p. 18)

Educando a Mireles

El fruto envenenado de la crisis de las autodefensas en Michoacán fue el encumbramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación como la banda criminal más grande y peligrosa del país. El Mencho, líder de esa banda, aprovechó de maravilla la oportunidad que representó la extrema fragilidad del Estado mexicano, que por largo tiempo no cumplió con su parte del contrato social y dejó vastas regiones de Michoacán al garete.

El gobierno estatal fue rebasado y de inmediato enganchado por bandas criminales que se convirtieron en el poder real, primero La Familia Michoacana y después Los Caballeros Templarios. Vimos, para vergüenza de todos, videos de dos gobernadores y del hijo de uno de ellos, conviviendo con los capos en una fraternidad propia de un Estado fallido. No fue tan raro que ante la traición de las autoridades los pobladores comenzaran a explorar opciones para defenderse ellos mismos, con sus propias armas. (Juan Manuel Asaí, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)

Historias de Reportero // Singapur quiere rescatar el aeropuerto

La sucesión de malas señales económicas del presidente López Obrador inició con la cancelación del aeropuerto en Texcoco. Lo reconocen hasta en el gobierno. Ahí empezó la desconfianza.

Lo del aeropuerto parecía validar los peores temores sobre qué tipo de mandatario sería. Para el presidente López Obrador lo del aeropuerto fue una señal política. Pero tuvo efectos económicos negativos.

Marcelo Ebrard se reunió con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong. Ahí quedaron que el asiático visitaría México. Ya hay fecha y ya hay agenda.

La fecha es el 18 de noviembre de este año. La agenda tiene dos ejes centrales: el tren transístmico y el aeropuerto de Texcoco. Sobre el aeropuerto, lo que me revelan fuentes diplomáticas es que Singapur quiere proponerle al presidente López Obrador que les permita diseñar un plan para rescatar esa terminal abandonada, terminar de construirla y sacudirla de cualquier corrupción.

Sobre el tren que busca conectar las dos costas mexicanas por el lado más flaco del mapa, el 14 de marzo le conté en estas Historias de Reportero el papel que estaba jugando Singapur. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)

Contra las cuerdas // Cierran gasolineras que boicoteaban al ejército

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) clausuró ayer 12 gasolineras en Nuevo Laredo, Tamaulipas, que se negaron a cargar combustible a convoyes del Ejército y la policia estatal por órdenes del crimen organizado, como se dio a conocer desde el martes en esta columna. Encontré ayer de manera casual en la Ciudad de México al procurador federal del Consumidor, Ricardo Sheffield, y me comentó que se trató de un operativo desde las primeras horas de este martes en contra de gasolineros que impedían el suministro a los efectivos de seguridad.

En este espacio se había contado que el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, tuvo que enviar pipas de combustible, custodiadas por tierra y aire, para que pudieran llegar hasta las unidades para que no fueran presa del crimen y entonces pudieran seguir con sus labores de patrullaje.

Scheffield me dijo ayer que los operativos van a continuar para impedir acciones de boicot contra las fuerzas federales y locales. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México)

Estrictamente Personal // No disparen, soy periodista

La violencia retórica de las mañaneras contra medios y periodistas ha sembrado el mal ejemplo. Fuera el diálogo, bienvenida la descalificación artera e impune. La soberbia del poder es lo que marca la hora política de estos tiempos agrios y oscuros, donde las normas se están desvaneciendo rápidamente en muchos campos. Entre los empoderados y los oportunistas, definidos por la falta de recursos dialécticos para discutir, replicar y defenderse –legítimo derecho de cualquier servidor público–, funcionarios de diferentes niveles se han sumado a la ola: si el Presidente saca la cimitarra para cortar cabezas por las mañanas y encabeza el Comité de Salud de Robespierre, ¿por qué no seguir su ejemplo?

El último en la lista de los que se formaron en la fila presidencial es el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien se quejó públicamente de que la cobertura de los medios sobre la violencia en la región le cargue la mano a su estado. Se refería a un incidente reciente en Jilotlán de los Dolores, que está en Jalisco, donde los medios hablaban únicamente de su turbulento vecino michoacano Tepalcatepec. El reclamo tiene fundamento, pero no como lo hizo. “Está bien que somos famosos”, dijo en una conferencia de prensa, “pero también es injusto que todos quieran que suceda en Michoacán… Ahí están la comandanta (Denise) Maerker y el comandante Ciro Gómez Leyva, que hacen apología de actos en Michoacán que están fuera de la ley”. Aureoles no sólo personalizó en ellos su molestia por la cobertura sobre la violencia en su estado –realidad objetiva–, sino que en la cotidianeidad de plomo de su tierra marcó sobre sus pechos un blanco para disparar. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, p. 38)

El “estate quieto” presidencial

Es difícil saber a ciencia cierta quiénes son los destinatarios del discurso presidencial reciente en Soto la Marina, Tamaulipas, donde el Presidente denunció la violencia que impera en la zona norte del estado. En especial, AMLO mencionó que en Nuevo Laredo opera un grupo particularmente beligerante, a quien el mandatario hizo un llamado de que ya le bajaran.

O sea que el estate quieto presidencial pareciera estar dirigido muy particularmente al crimen organizado de Nuevo Laredo. Como el crimen organizado de todo el país suele ocupar a los medios y a las redes sociales, se entiende que estará también atento a los medios y, por tanto, al discurso del Presidente, cosa que difícilmente estaría garantizado si se tratara de un ladrón común.

Las críticas que han proliferado contra estas declaraciones del Presidente las presenta como si AMLO estuviera apelando inocentemente a la conciencia del crimen organizado; sin embargo, creo que el llamado del Presidente de la República debe haber sido interpretado por los capos del crimen organizado más bien como una amenaza. Ya bájenle por las buenas, o terminará por haber una campaña militar. Una amenaza así será tomada en serio, y producirá efectos, porque las fuerzas armadas han demostrado repetidamente que tienen la capacidad de desbaratar cualquier organización criminal. (Claudio Lomnitz, La Jornada, Opinión, p. 20)

¿Felices?

¿Se considera usted feliz, querido lector? ¿Cree usted que vive en un país feliz? ¿Se imagina usted cuáles son los factores que contribuyen —o restan— a la felicidad de un pueblo, del suyo tal vez?

Hace algunos días el presidente López Obrador dijo , palabras más, palabras menos, que la gente en México estaba “feliz”. De inmediato llovieron las reacciones en los medios y las benditas redes sociales, como con casi cada declaración presidencial. Las burlas y el sarcasmo no se hicieron esperar, con los memes acostumbrados, aunque me atrevería a decir que con un poco más de ácido que el habitual.

Poco después, en una de esas ironías que yo me saboreo como pan dulce sopeado en café, apareció la fuente de la afirmación lopezobradorista. El Inegi, el mismo que ha sido vilipendiado por López Obrador, en un estudio cuyos orígenes datan del igualmente vilipendiado sexenio anterior, mostraba los resultados de un estudio según el cual los mexicanos somos felices. Qué digo felices, requetefelices. El “promedio de satisfacción con la vida”, de acuerdo con la metodología, era de 8.3 en una escala de 10 en julio de 2018. Exactamente un año después la encuesta de la felicidad arrojó la misma calificación: 8.3. (Gabriel Guerra Castellanos, El Universal, Opinión, 17)

La inseguridad mata

Además de que te puede mandar directo a saludar a San Pedro, la inseguridad arruina el alma, el carácter. Vivir con miedo es deleznable, máxime cuando ya ni en tu hogar te sientes a salvo.

Entraron a robar a la casa de un anciano de 87 años, en una colonia popular. Se encontraba solo y los asaltantes lo golpearon brutalmente. ¿Qué tanto se podían llevar en una zona en la que, los vecinos son personas que apenas alcanzan a mal comer? Lo dejaron medio muerto: lleva dos semanas con el cerebro inflamado, en estado casi de coma y con pocas probabilidades de sobrevivir. Uno de sus hijos me contaba que habían puesto la denuncia, lo que les tomó horas de espera y que, hasta ahora, ni luces de que se haya abierto investigación.

Los hechos sucedieron en la Ciudad de México, en esta Capital en la que, la actual Jefa de Gobierno, culpa de la problemática a su predecesor e insiste en que le dejaron un tiradero. Cierto que, el miniMancera fue un desastre, pero mientras estuvo al frente jamás se llegó a estos extremos. (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p. 18)