En la política pública siempre se requieren ajustes y nuevas calibraciones para responder a realidades cambiantes. La agilidad y capacidad de cambio son esenciales. Pero a veces los mismos ajustes también van al extremo y requieren recalibrarse también.
Así es en la política migratoria de hoy entre México y los Estados Unidos. El aumento muy notable de flujos migratorios de Centroamérica, Haití, Cuba y países africanos y asiáticos durante los últimos meses (desde agosto del año pasado hasta mayo de este año) fue una llamada de atención de la necesidad de cambiar de ruta.
El gobierno de Estados Unidos efectivamente eliminó la posibilidad de asilo a los migrantes que llegan a la frontera, mandó otros a esperar sus casos en México y con amenazas económicas impuso su voluntad a México y los países centroamericanos. Mientras tanto, el gobierno mexicano echó toda la carne al asador con la Guardia Nacional para cerrar el paso a los migrantes en la frontera sur y la frontera norte. (Andrew Selee, El Universal, Nación, p. 12)
Se ha dicho cientos de veces, en materia de migraciones no hay soluciones a la vista, sino la perpetuación de una crisis cuya salida no se encuentra. Los migrantes siguen llegando por decenas de miles, y lo que ocurre no tiene soluciones nacionales porque en su conjunto la migración hacia Estados Unidos, ya sea proveniente de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Belice o de México (aunque en menor medida), es la principal válvula de escape a las tensiones y tragedias nacionales y regionales en las que destacan la inseguridad, la violencia, la pobreza, el hambre, el cambio climático que se acelera… factores fuera de control de las personas y que hacen de la vida de millones un infierno.
Por eso la migración cambió radicalmente: de ser una migración de hombres jóvenes en busca de trabajo para mejorar, pasó a ser de hombres y mujeres jóvenes. Ahora es una migración de familias en busca de asilo para escapar de condiciones de vida insostenibles. Son decenas de miles. Es un fenómeno regional cuyos orígenes están en la explotación “bananera”, la imposición de dictadores y luego en las guerras de EU en Centroamérica que llevó las armas y la violencia…
(Enriqueta Cabrera, El Universal, Opinión, p. 13)
Las fricciones de Trump con China no son, en absoluto, ideológicas. Con este presidente ha llegado a la Casa Blanca la versión extrema del pragmatismo estadounidense. Un pragmatismo que ya prescinde, sin mayor escrúpulo, del meollo de la tradición realista en la política exterior de ese país. No es el interés nacional, sino el interés estrechamente corporativo, lo que guía el pleito de Trump con China.
Es paradójico pero comprensible que el único nacionalista latinoamericano de izquierda que logre un entendimiento con Trump sea Andrés Manuel López Obrador. Después de tres años de incesante retórica antimexicana, Trump parece adoptar una visión positiva de México por la política de contención migratoria en la frontera sur. Habrá que ver qué tanto preserva ese trato respetuoso durante una campaña electoral en la que intentará cortejar, nuevamente, a su base nativista. (Rafael Rojas, La Razón, p. 4)
Alemania, Estados Unidos y México tienen 3 temas comunes en su historia moderna; muros, migrantes y refugiados. En la Unión Americana y entre mexicanos, se apoya o repudia el control fronterizo dependiendo a quién se le pregunte. En distintos puntos del mundo se defiende o se culpa a los desterrados y los que piden asilo político. Sin embargo, las personas comunes de todo el planeta no saben cómo medir si la migración les afecta o les ayuda. Es cotidiano, nadie quiere revisar datos.
¿Realmente Estados Unidos está en contra de los migrantes? No siempre, las personas que migran tienen enemigos, pero también aliados. ¿México da la bienvenida a los latinoamericanos como lo hacía durante las dictaduras en los años 60 y 70? No lo sabemos. México es ahora el mayor receptor de migrantes dentro de la OCDE.
Este dato hay que verlo con cautela, no significa que esos extranjeros se queden en tierras mexicanas, consigan asilo, o que siendo refugiados sean aceptados plenamente. El reporte Panorama de Migración Internacional 2019, OCDE confirma el aumento de flujo de personas centroamericanas y venezolanas. En 2017 México recibió 32 mil migrantes, cifra congruente con las 48 solicitudes de asilo recibidas en 2018. Estados Unidos sigue siendo un país de migrantes pero las puertas de la integración se vuelven más estrechas. Los rechazos de visas laborales aumentan para los menos educados. Las visas para inversionistas (EB-5) han subido a $ L3 millones de dólares y se limita el conseguirlas. (Horacio Saavedra, El Universal, Opinión, p. 13)
Es indispensable dimensionar la otra narrativa, la de Trump, que ha encontrado eco en una buena parte de la población estadounidense, y que tiende a nutrirse precisamente de eso que pretende golpearla o desacreditarla. Esa narrativa conecta fuertemente con una capa de la población podríamos pensar en la base dura de Trump una ciudadanía que no solo desconfía de los medios de comunicación y las instituciones.
Para esta base, es natural que el Estado Profundo esté cocinando un complot en contra del presidente, y que los medios, los liberales y los radicales respalden esas acusaciones falsas. Pero fuera de esa base dura, hay otro tipo de electores. Por ejemplo, hay republicanos que comulgan con la agenda conservadora de Trump, o con su política económica o migratoria, aunque no le respaldan en varias de sus ideas sobre política exterior. Y luego está otro sector que votó por Trump o que podría votar por él en las próximas elecciones, pero que no tiene siempre las cosas tan claras. Una parte de este electorado es muy difícil de medir en las encuestas. (Mauricio Meschoulam, El Universal, Nación, p. 12)