Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como un peligro. Semana trágica para el gobierno y para el país. No existen las argumentaciones difíciles porque el objetivo es comunicarlas para que los otros entiendan. Únicamente es difícil de explicar aquello que no se entiende colocando el debate, tal y como está planteado en estos momentos, a consecuencias no deseadas.
El daño en el núcleo verde olivo es un hecho. La señal para otras organizaciones criminales está enviada. La suerte de regiones controladas por la delincuencia muy organizada está echada. La confianza en las autoridades está lastimada. La respuesta de Estados Unidos pese a tuits y llamadas dista mucho de ser clara. El gobierno generó por incompetente su crisis que por cierto se suma a la del ámbito migratorio. De visas, empleos y bienvenidas a persecución, maltrato y expulsión. La contradicción, el desorden, la precipitación e ignorancia en estos 10 meses hicieron implosión en el gabinete de seguridad.
Y esto no es un dato menor. (Marcela Gómez Zalce, Milenio, Opinión, p.2)
Uno de los ingresos más importantes para México son las remesas que este año sobrepasarán los 33 mil millones de dólares. Sin duda representan una ayuda sustancial para las familias mexicanas, y también para el crecimiento económico del país. Sin embargo, se debe insistir sobre la importancia de reducir la dependencia de este ingreso y la pertinencia de generar crecimiento económico internamente.
Como lo he dicho en repetidas ocasiones, los contextos están cambiando rápidamente y los discursos localistas y nacionalistas se están exacerbando, particularmente en Estados Unidos, aún más en vísperas de las próximas elecciones. El discurso antiinmigración tiene una creciente aceptación en la población norteamericana y las medidas de Trump pueden resultar impredecibles como vimos con la crisis de los aranceles que por cierto resultaron benéficas para su discurso. (Jacques Rogozinski, El Financiero, Opinión, p.12)
Respuesta “congelada” en EU
El canciller Marcelo Ebrard anunció con bombo y platillo que durante una conversación entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador y su homólogo estadounidense, Donald Trump, se acordaron medidas para “congelar” el tráfico de armas. Sin embargo, ninguna confirmación de dicho acuerdo se ha dado por parte de autoridades del país del norte. Tampoco Trump ha comentado o dado algún RT al anuncio de la Cancillería de México. (El Financiero, Opinión, p.43)
Tanto en las organizaciones como en los individuos, el que se aprovecha de los débiles y se torna sumiso ante los más poderosos que él, además de aprovechado, es alguien que pierde todo respeto y autoridad moral. Agregado a esto tenemos la exhibida que se dio el Gobierno, que manifestó estar en condiciones de INFERIORIDAD, en tácticas, capacidad de armamento y operacionales.
Decía ayer un editorialista de CNN que México “acabó haciéndole el muro a Trump… ¡y pagando por él!”. ¿A qué se refiere? A que nuestra recién formada Guardia Nacional, fuerza de “pacificación”, en lugar de cumplir con esta labor, anda de azote de migrantes, parándolos y deteniéndolos, pasándose por el arco del triunfo sus derechos humanos. ¡Todo para pacificar a Trump! Mientras, en donde se necesitan ¡no están! Y si están, no pueden con el paquete. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p.9)
La relación con Estados Unidos es infinitamente compleja y lo será aún más en los próximos meses. ¿Una demostración?: casi al mismo tiempo que se informaba que Trump había dado su apoyo al gobierno mexicano por lo sucedido en Culiacán y que había aceptado “poner fin” al tráfico de armas hacia México (en realidad, en la versión que se dio de la conversación, lo que Trump dijo fue que estaba de acuerdo con la propuesta que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador, sin ninguna instrucción en concreto), el hijo de Trump, Eric, subía un tuit con imágenes de Culiacán, donde afirmaba: “Esto es una locura. La anarquía (la ausencia de ley) en México es la verdadera razón por la que necesitamos un gran muro”.
Pero la confusión aumenta porque la embajada en Washington no parece estar de acuerdo con lo decidido por el presidente López Obrador y el canciller Ebrard. Gutiérrez Canet, esposo de la embajadora, con amplio activismo público en México y en Estados Unidos (algo también insólito para los cánones diplomáticos, los esposos o esposas de los embajadores no opinan públicamente sobre los temas de su representación), no está de acuerdo con la política migratoria, hace críticas explícitas contra el presidente Trump y su administración y mueve sus relaciones en medios de aquí y de allí en un franco ataque contra Ebrard, responsabilizando al canciller de la política migratoria sin asumir que la misma es, le guste o no al esposo de la embajadora, la que decide y apoya públicamente el presidente López Obrador.
Todo esto no pasaría de algo quizás anecdótico o de luchas palaciegas a larga distancia, sino fuera porque México tiene en el corto plazo una agenda de enorme importancia estratégica que se debe decidir en Washington: la aprobación del T-MEC, los temas de seguridad bilateral potenciados por la crisis de Culiacán, la crisis migratoria, la de los opiáceos, cuya responsabilidad se le adjudica a nuestro país. Y eso es sólo lo más urgente en medio de un proceso político en el que está en debate el propio impeachment del presidente Trump, previo a las elecciones de noviembre del año próximo. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, p.14)
La visita del Presidente de Cuba a México recientemente dio pie a diversas especulaciones. Más allá de posiciones ideológicas o políticas, entre los dos países existe una situación que no se da con otros países de América Latina, y que los hermana en su dilema existencial.
Cuba y México son los únicos dos países latinoamericanos limítrofes con Estados Unidos. Ese dato los coloca ante dilemas y conflictos comunes desde el siglo XIX. La vida política de ambos países se ha definido, desde que son repúblicas independientes, por este hecho geo-político. A Cuba porque Estados Unidos le impuso la Enmienda Platt en su primera Constitución y a México porque le arrebató, en la Guerra de 1847, cerca de la mitad de su territorio.
En ambos casos, la colindancia geográfica fue factor determinante para que Estados Unidos viera la posibilidad de imponer sus condiciones a unos vecinos inferiores en su capacidad de fuego. Hoy, Estados Unidos ha vuelto a unir las dos naciones a través del conflicto migratorio y las amenazas económicas. Es cierto que todo ello es más agresivo en el caso cubano, pero las similitudes ahí están. En la cuestión económica, Estados Unidos trata de doblegar a Cuba políticamente con el embargo que aplica desde hace más de 50 años. Una de sus secuelas es la creciente migración de cubanos hacia Estados Unidos y otros países. Hoy, después de los hondureños y los salvadoreños, los cubanos son la tercera población más grande que intenta atravesar el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos. Este hecho, obviamente, se convierte, también, en un factor de tensión entre Cuba y México, porque los migrantes cubanos se han quejado del maltrato de las autoridades mexicanas. (Ricardo Pascoe Pierce, Excélsior, Opinión, p.40)