Da frío observar cómo el gabinete presidencial se hace chiquito ante la primera crisis fuerte del gobierno por un problema de seguridad, en la que nadie asume su responsabilidad ni aporta una idea para quitarle los golpes o abrirle puertas de escape al Presidente por el desastre en Culiacán.
Qué falta de oficio en ese equipo. Malísimos.
La Secretaría de Gobernación ha brillado por su ausencia, cuando es evidente que se trata de un asunto de seguridad interior que le compete.
Nadie le pide a la titular del ramo que diga algo sobre el caso concreto y cierre la conversación, porque una jurista como ella sabe que se pisoteó la Constitución, no hubo un sustento jurídico para el operativo y el Presidente violó la ley al ordenar que soltaran al preso. (Pablo Hiriart, El Financiero, Opinión, p.38)
El discurso presidencial continúa naufragando en contradicciones y confusiones. Con esto enrarece más el ambiente, genera más dudas, y muestra de manera creciente que la crisis por la humillación del gobierno en Culiacán por parte del Cártel de Sinaloa, pegó por debajo de la línea de flotación del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien entre más explica su orden –dejar en libertad a una persona que las fuerzas federales habían capturado para salvar vidas–, más alarma lo que dice. Ahora suplantó el derecho por la justicia, alegando que cuando se trata de vidas, la justicia está por encima de la ley. Veamos.
El martes pasado, a preguntas de Shaila Rosagel, corresponsal del Grupo Healy, y de Alejandro Lelo de Larrea, director de Círculo Digital, sobre la legalidad de su acción, cuestionada en este espacio ese día, afirmó: “Por encima de las leyes está la vida humana. No es un asunto de tipo legal, jurídico. No es un asunto que tiene que ver con el derecho, tiene que ver con la justicia… Es el equilibrio entre principios y eficacia, pero cuando hay que decidir, en los momentos difíciles, los principios, no los cargos, es como cuando hay que decidir entre la justicia y el derecho, pues la justicia”. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Opinión, p.40)
QUE en estos días no ha faltado el fuego amigo contra la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para achacarle los saldos del fallido operativo en Culiacán, pero los conspiradores del gabinete federal parecen soslayar que de acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, esa crisis solo pasa por un escritorio: el del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo.
QUE la Cámara de Diputados estrenó ayer el protocolo impulsado por la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Rojas, para garantizar el ingreso de los legisladores, por la estación Candelaria del Metro, en caso de bloqueos.Pero como no se les da eso del transporte público, al menos a los panistas les enviaron una guía por WhatsApp: entrar al Metro, comprar boleto, seguir por el pasillo y salir en puerta Palacio Legislativo. ¡Eureka! (Milenio, Opinión, p,.2)
Es tal la guerra civil en Morena, que ni siquiera puede cumplir con la renovación de su dirigencia nacional, los días 23 y 24 de noviembre, que ya bateó para el año que viene, aunque anoche dijeran que no. Ni con eso pueden.
Ahí se da una lucha tan equivocada como adelantada por 2024 con escala en 2021, sin entender aún la fuerza ni alcances del proyecto López Obrador, que tiene como candidata a Claudia Sheinbaum, su fuerza es la de él, la única que le garantiza la consolidación de su prioridad: la 4T.
Morena solo ha tenido dos presidentes electos y por asamblea, Martí Batres, el primero, del 20 de noviembre de 2012 al 20 de noviembre de 2015, y Andrés Manuel López Obrador de esa fecha al 12 de diciembre de 2017, cuando renunció para ser candidato presidencial, y Yeidckol Polevnsky asumió la presidencia interina, pero en su carácter de secretaria general, que hoy mantiene pero la quiere formal, en lo que también están Mario Delgado y Bertha Luján. (Joaquín López-Dóriga, Milenio, Opinión, p.3)
En la sesión final de la riquísima agenda de temas de la Cumbre de Negocios México, celebrada en Cancún esta semana, había una pregunta para la mesa final: “¿qué pueden hacer el gobierno y la comunidad empresarial para mitigar los riesgos inherentes a una realidad más polarizada?”.
Participé en esa última mesa. Dije que la comunidad empresarial debe mantener abierto el puente de la comunicación con el gobierno y poner ahí la visión del desarrollo de México que falta en el proyecto gubernamental.
¿Qué falta? Creo que mucho. El leitmotiv de esta 17 edición de la Cumbre de Negocios, que preside Miguel Alemán desde su primera edición, da una idea de la complementariedad necesaria. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Opinión, p.3)
Si la resolución inicial que violó el derecho de Rosario Robles a capotear su proceso en libertad fue aviesamente sañosa (lo que implica inquina, ojeriza, tirria, encono, rabia), la ratificación de su encierro “preventivo” dictada por el mismo inexplicable juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna es un ruin acto de sevicia, puesto que el castigo anticipado por un delito pendiente de comprobación delata impiedad, maldad, ferocidad, encarnizamiento, al pasar por alto la piedra angular del que se antojó prometedor y civilizatorio nuevo sistema penal acusatorio: la presunción de inocencia.
Ante la orden del magistrado Ricardo Paredes de realizar otra audiencia para revisar si debía permanecer en prisión porque en la primera “se vulneraron sus derechos” y no se analizaron ni establecieron las razones para enchiquerarla, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, opinó la víspera que se debía mantener tras las rejas a la ex secretaria, y la institución a su cargo emitió un comunicado en el mismo sentido, arguyendo que la imputada y sus abogados han mentido y ella puede fugarse. (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Las opiniones del autor de la columna Sin ataduras son de su exclusiva responsabilidad y de nadie más, en el ejercicio de la libertad de expresión, derecho consagrado en la Constitución.
La libertad de expresión se garantiza en México por el artículo 6 de la Constitución mexicana y en Estados Unidos por la primera enmienda.
Sin embargo, recientemente arreció una campaña orquestada contra este columnista por periodistas, voceros oficiosos de algún funcionario (Templo Mayor, de Reforma; Ricardo Raphael, en El Universal; Jorge Fernández Menéndez, en Excélsior; Genaro Lozano, en Twitter, y Eduardo del Río, en 24 Horas, entre otros), cuyos principales argumentos coinciden y se han publicado de manera programada. En sus engaños, los detractores mezclan asuntos políticos y personales a fin de descalificar las críticas de este autor, en una muestra de intolerancia autoritaria. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Opinión, p.10)
Reflectores y riesgos en la lucha anticorrupción
Nos comentan que uno de los escritorios en los que hay mayor sigilo, pero un gran número de expedientes, es en el de la fiscal anticorrupción de la Fiscalía General de la República, María de la Luz Mijangos. Nos aseguran que algunos de ellos por su relevancia podrían marcar un parteaguas en el combate a la corrupción en el país. Sin embargo, nos explican que uno de los retos de estas investigaciones es evitar que estas sean politizadas y acaben con no tener consecuencias judiciales. Doña María de la Luz, sostienen, cuenta en estos casos con todo el apoyo del fiscal general, Alejandro Gertz Manero, pero ambos requieren de un gran sigilo y nula exposición de las investigaciones a los reflectores mediáticos y políticos para poder llevarlas a buen puerto y evitar la impunidad. Veremos si los dejan trabajar.
Se apareció el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, en los terrenos del Congreso: estuvo en la sesión solemne de entrega de la Medalla de Honor Belisario Domínguez, para acompañar al presidente Andrés Manuel López Obrador en su calidad de cabeza del gabinete de seguridad. Nos relatan que el sonorense se echó en los brazos de la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, y del coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado. Sin interpretaciones de por medio, nos dicen que se le vio distante de los secretarios de la Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, y de Marina, almirante José Rafael Ojeda, con quienes no cruzó palabra en el salón de sesiones. Forma es fondo, nos recuerdan, y el Senado todavía desangra en lo político por el fallido operativo del 17 de octubre en Culiacán, Sinaloa, y la liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán López. Y a ello deberá dar respuestas Durazo a los legisladores. “Ni perdón ni Ovidio” para don Alfonso, claman en la oposición. (El Universal, Opinión, p.2)
El número dos del ISSSTE, el director médico Ramiro López Elizalde, realizó con cargo al erario 13 viajes de fin de semana a Guadalajara, donde vive su familia, con el argumento de que estaba en comisiones de trabajo. Las autorizaciones para estas supuestas giras las firmó él mismo.
Según documentos oficiales, al menos entre el 5 de marzo y el 30 de junio de este año, el neurocirujano fue enviado por el ISSSTE quince veces en comisión para “visita de trabajo en Unidades Médicas para el fortalecimiento de los mecanismos administrativos y de atención”. De las quince comisiones, trece fueron a Guadalajara, y casualmente cayeron en fin de semana: unas veces de viernes a domingo y otras de jueves a lunes. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Opinión, p.2)
En Palacio Nacional, entre los integrantes de la cúpula del gobierno, circula una pregunta inquietante: ¿en qué momento y en qué día, en su conferencia mañanera, el presidente López Obrador anunciará su renuncia a Morena y que se va del partido que él mismo fundó y que lo llevó a la Presidencia de la República?
Porque los desacuerdos, el desorden y el enfrentamiento que prevalece en Morena, en el proceso de renovación de su dirigencia nacional, han ahondado la “molestia y la decepción” que el presidente expresó hacia su partido, en la advertencia que les hizo públicamente desde el pasado 29 de agosto. Los vicios y las prácticas tribales, sumadas a la confrontación interna y a las denuncias de funcionarios del gobierno federal que están desviando recursos federales para las campañas internas, hacen que la amenaza de López Obrador esté latente y que, si es que Morena no evita esas conductas y resuelve civilizadamente sus disputas internas, ocurra un hecho inédito en la vida política del país: que un presidente de la República en funciones renuncie a su militancia partidista (Salvador García Soto, El Universal, Opinión, p.11)
La Unión Tepito secuestró a un funcionario del gabinete de Miguel Ángel Mancera. Los hechos sucedieron en 2017. El gobierno capitalino había iniciado un proyecto para instalar una ciclovía en la calle República de Perú, que pasa frente a la Arena Coliseo.
Precisamente frente a este recinto existía una terminal de autobuses clandestina, en la que se efectuaban corridas diarias al sureste mexicano. En aquella terminal “pirata”, los registros tanto de viaje como de pasajeros se llevaban en cuadernos escritos con letra de molde: los seguros de viajero eran dudosos, todo carecía de garantía legal.
Alguien entró en la habitación. Comenzó a tablearlo con un libro grueso. En la espalda y en la cabeza. “En Perú no te metas, cabrón. Sálganse o se los carga la verga”. Vinieron más golpes. “¿Entendiste, o cómo quieres que te lo diga?”. Lo sacaron de la habitación, lo subieron a la camioneta y lo fueron a tirar a unos pasos de su casa. Sintió que habían pasado dos horas. Fueron solo 45 minutos.
Lo supo Mancera al día siguiente. Dispuso protección las 24 horas del día para el funcionario. Se inició una investigación. La obra quedó suspendida, pero la terminal “pirata” tuvo que moverse hacia la calle de Violeta. En el gabinete todos guardaron silencio.
EL UNIVERSAL reveló hace unos días que la terminal clandestina de Perú era el sitio en el que armas y drogas enviadas desde Belice llegaban a la Ciudad de México: un centro de acopio de la Unión Tepito frente a la emblemática Arena Coliseo. Las armas llegaban desarmadas, para no hacer bulto, “con la bendición de autoridades corruptas”, según la información del diario. Un escandaloso botón de muestra del poder de la Unión Tepito. Otra historia de la capacidad del narco para retar al gobierno, al Estado. (Héctor de Mauleón, El Universal, Opinión, p.14)
¿Cómo ocultar 2.5 toneladas de marihuana, 20 kilos de cocaína, 50 kilos de precursores químicos, además de armas, cartuchos y un lanzagranadas en la zona centro de la capital del país sin que ninguna autoridad policiaca lo registre? La explicación apunta a que existe una complicidad entre elementos de la policía y grupos criminales.
No sería la primera vez que se revelara un caso de ese tipo, pues el país ha conocido de corporaciones municipales de seguridad al servicio de la delincuencia, pero marcaría un precedente en la policía capitalina. (El Universal, Editorial, p.16)
El descubrimiento de 39 cadáveres en un contenedor refrigerado, que habría cruzado por seis o siete países de la Unión Europea antes de ser descubierto en un polígono industrial al este de Londres, irrumpió en las noticias de ayer por la mañana y provocó indignación en gran parte del mundo.
Los detalles de la información no estaban claros al momento de escribir estas líneas, aunque parecía haber un consenso de que los cuerpos eran de migrantes que trataban de internarse en Europa ocultos de ese modo y que habrían encontrado la muerte por buscar una vida más digna. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Opinión, p.2)
Tenía mis dudas sobre los méritos de doña Rosario Ibarra de Piedra para recibir la Medalla de Honor Belisario Domínguez, que otorga el Senado a los mexicanos más eminentes. Parecía una cuota a la 4T.
Esas dudas se borraron con el gesto de esta “mujer símbolo” que hace cuatro décadas lucha por los miles y miles de desaparecidos en México.
Doña Rosario no se quedó con el galardón. Lo puso en custodia del presidente López Obrador, al tiempo que le pidió que se lo devuelva con la verdad sobre el paradero de los desaparecidos. (Francisco Garfias, Excélsior, Opinión, p.4)
Sí se hubiera podido establecer un cordón que protegiera al comando y a su detenido en el trayecto hacia una base aérea, pero existía la convicción de que en el camino habría innumerables combates
Estaban siguiendo a Ovidio Guzmán López desde hacía casi un mes. La razón es que Ovidio, el hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, controlaba los laboratorios para procesar fentanilo en Culiacán, uno de los cuales había sido descubierto semanas atrás, esta droga es enviada a Estados Unidos y ha causado miles de muertes en ese país. Pero ésa es otra historia que contaremos puntualmente.
Lo cierto es que el jueves 17 de octubre en la mañana una unidad militar especializada, que ha detenido decenas de narcotraficantes importantes en los últimos años, en la mayoría de los casos sin disparar un solo tiro, tenía ubicado a Ovidio: iría a comer a una de sus casas, donde vive su esposa con sus tres hijas. Ovidio se movía con tranquilidad porque no tenía orden de aprehensión. No sabía que ya había una orden de extradición e, incluso, que estaba en camino ese día hacia Culiacán personal de la Interpol para cumplimentarla una vez que fuera detenido. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Opinión, p.16)
El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas tiene la responsabilidad de conocer y dar su aprobación para los operativos militares más importantes que se llevan a cabo en el país. Si no es así, se rompió la cadena de mando
Con la novedad que el Presidente no sabía del operativo que se llevaría a cabo el jueves pasado para arrestar al hijo de El Chapo Guzmán en Culiacán. Eso es lo que dijo López Obrador. Una de dos: o está mintiendo o el Ejército efectivamente no consultó ni pidió autorización a su comandante en jefe para llevar a cabo uno de los operativos más importantes de este sexenio.
En el caso de que esto fuera una mentira, no sería la primera ni la última vez que un político falseara la información para sacudirse los efectos negativos de un acontecimiento fallido. Para la narrativa de control de daños funciona la idea de que el Presidente no sabía, que no lo consultaron. Sobre todo porque López Obrador se ha concentrado no en la primera decisión (enviar un operativo chafa a detener a un capo del crimen organizado en su territorio), sino en la segunda (abortar el plan y liberar a Ovidio Guzmán para evitar violencia generalizada que dejaría muchos muertos en Culiacán). Minimiza, entonces, su papel en la parte fallida del plan y la maximiza en la razonable donde prácticamente nadie lo ha criticado sino que, al revés, le han aplaudido. En este sentido, es una mentira eficaz para el spin comunicativo que, con su talento natural comunicativo, ha ejecutado López Obrador desde el viernes pasado. (Leo Zuckermann, Excélsior, Opinión, p.17)
LO MALO de los lugares comunes es que provocan que la gente haga unos osos terribles, como el presidente Andrés Manuel López Obrador que se quejó de la supuesta beligerancia de los alcaldes panistas que fueron a Palacio Nacional a exigirle mayores recursos para sus municipios. Deberían de ser como Gandhi y como Mandela, les recriminó el mandatario.
LO QUE López Obrador al parecer no sabe es que Nelson Mandela antes de ser símbolo pacifista fue un guerrillero que recibió entrenamiento militar en Argelia y luego fundó un movimiento armado en su natal Sudáfrica. Posteriormente estuvo preso 27 años. ¿Qué es lo que quiere AMLO? ¿Que los alcaldes tomen las armas o que se pongan a protestar detrás de las rejas? Es pregunta en son de paz… no de gas. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.10)
El Senado de la República reconoció con la Medalla Belisario Domínguez a Rosario Ibarra de Piedra, la luchadora social que por primera vez puso en el centro del interés nacional y de la vida política de México el problema de los derechos humanos; es decir, de los delitos cometidos contra los ciudadanos desde el poder público.
La legendaria luchadora social empezó su lucha de 45 años tras la desaparición forzada de su hijo Jesús Piedra Ibarra, quien en 1974 fue detenido de manera ilegal en Monterrey por una docena de agentes policiales que posteriormente lo entregaron a instancias castrenses. Ha sido imposible dar con su paradero, pese a las más de cuatro décadas de incansable labor de búsqueda y recopilación de evidencias. (La Jornada, Editorial, p.2)
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¿Es broma? Alberto Bazbaz fue el procurador de Justicia del estado de México en el sexenio de Enrique Peña Nieto, de 2008 a 2010. Estuvo a cargo de la investigación de la niña Paulette que fue encontrada muerta en su cama, pero Bazbaz no la vio. Luego fue designado titular de la Unidad de Inteligencia Financiera y creció el lavado de dinero. Terminó el sexenio como director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y no se dio cuenta de que las tendencias favorecían a Andrés Manuel López Obrador. Sus investigaciones daban como favorito al candidato que quedó en tercer lugar, José Antonio Meade. Entre sus antecedentes figura haber sido asesor del ex ministro Eduardo Medina Mora. Ahora resulta que, de acuerdo con una denuncia anónima, Bazbaz encabeza una red de espionaje, junto con Alfredo Castillo Cervantes, otro ex funcionario del peñanietismo. Fue el mariscal encargado de pacificar Michoacán y agitó el avispero. Como agentes 007 no la hacen, pero lo que pudiera ser es que estén vendiendo la información confidencial a la que tuvieron acceso. Y eso amerita una investigación. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Opinión, p.6)
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Con elegancia política, doña Rosario Ibarra de Piedra convirtió el acto protocolario de la entrega a su persona de la medalla Belisario Domínguez en una devolución de responsabilidad histórica a las instancias de poder que le homenajearon, en especial al Presidente de la República, a quien entregó en custodia la presea en mención en espera de que se cumplan los objetivos reales de la lucha por la aparición con vida de quienes fueron tomados violentamente por órganos del Estado mexicano, y por la impartición de justicia verdadera en cada caso.
Así lo planteó la señora Ibarra de Piedra: “Señor presidente Andrés Manuel López Obrador, querido y respetado amigo: No permitas que la violencia y la perversidad de los gobiernos anteriores siga acechando y actuando desde las tinieblas de la impunidad y la ignominia. No quiero que mi lucha quede inconclusa (…) Dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me lo devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares, y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los ha cubierto con su velo protector”. (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.8)