México es actualmente la cara de un conflicto que rebasa sus fronteras, justo en el momento en que sólo quiere mirarse a sí mismo: no es un secreto que lo que interesa a la 4T es una agenda nacional a la par de que miles de migrantes de las zonas más remotas del mundo le siguen llegando.
Y mientras el gobierno local intenta todavía enviar un mensaje buena onda, de que si bien no dejará pasar a los indocumentados a EU sí podría acogerlos en este territorio, en el remoto continente africano se siguen cocinando conflictos geopolíticos que van más allá del hambre y la miseria hasta la ambición y el desorden.
Entre ellos, la reciente reembestida rusa por “recuperar” su influencia en el continente negro. El presidente Vladimir Putin está decidido desde 2015 a volver a meter su cuchara y, según la Agencia de Investigación de Defensa Sueca, ha firmado alrededor de 20 acuerdos de cooperación militar para armar a los africanos, como lo hacen otras potencias, incluido EU.
El resultado armamentista –aunado a sempiternos conflictos políticos, democráticos y corrupción– genera desplazamientos y migraciones forzadas que tarde o temprano se estampan en México.
De los más de 17 mil africanos varados aquí (en los cálculos más conservadores) la mayoría son de tres países con problemas internos: Camerún, Congo y Angola.
En el primero, porque desde 2017 se desangra con la aparición de milicias angloparlantes que buscan frenar la “discriminación” de la mayoría de habla francesa; de Angola, por las divisiones políticas derivadas de la Guerra Fría; y el Congo, porque sus riquezas naturales atizan la ambición de internos y foráneos para la explotación del cotán, un elemento indispensable para la fabricación de computadoras, celulares y otros aparatos de las nuevas tecnologías.
En torno a la desgracia civil –que queda en medio de decapitaciones, agresiones sexuales, asesinatos, hambre y enfermedades como el ébola– rondan los traficantes de personas, prestos para lucrar con las rutas abiertas por Estados como Ecuador o Guyana, que no exigen visa y permiten así el paso al continente americano.
En las últimas horas, el Instituto Nacional de Migración reconoció que desde el 15 de junio a la fecha detuvo a 180 traficantes de indocumentados en fragancia que movían a los extranjeros a través de autobuses turísticos y camiones de carga. No dijo sus nacionalidades, pero ahí están.
En tanto, México asume solo el problema para no meterse en más líos, aunque genere una espiral infinita de flujos ilegales. ¿Debería liderar un movimiento mundial que, a diferencia del malogrado Pacto Mundial de Migraciones, firmado el año pasado, genere políticas vinculantes para afrontar seriamente el reto?
Hasta ahora parece más inclinado a comerse solo el problema, aunque así se quede más solo con poca plata y un lío más grande: entre la solidaridad y la ruindad de echar a gente que necesita ayuda. (Gardenia Mendoza, Heraldo de México, Opinión, p.35)
Al margen de la ignorancia, impericia y mentiras en el gabinete de Seguridad y con las proporciones debidas, el culiacanazo es para México lo que el 11/S para Estados Unidos: allá, con el demencial uso de aviones de pasajeros como misiles, acá con la súbita reacción de gente dispuesta a cometer una colosal carnicería que incluyera familias de militares adscritos a esa plaza.
En EU tuvieron que replantearse la lucha contra el terrorismo, en México habrá que modificar al menos la mecánica de captura de otros capos relevantes.
Como se sabe, el intento de detención de Ovidio Guzmán López respondió, jurídicamente, a una solicitud de extradición del gobierno gringo. (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Honduras pide seguridad para connacionales
Nos informan que representantes del gobierno de Honduras están en pláticas con las autoridades mexicanas para pedir que todos aquellos migrantes hondureños que son devueltos por Estados Unidos a suelo de México, no se queden en ciudades fronterizas que consideran de alta peligrosidad por sus altos índices de violencia criminal. La idea central, nos explican, es que la administración hondureña quiere acordar con su contraparte mexicana que sus connacionales sean ubicados en zonas seguras, para que no queden vulnerables frente a ciertos grupos delincuenciales dedicados a la extorsión y a la trata de personas. Todo un reto para ambos gobiernos, nos hacen ver. (El Universal, Opinión, p.2)
ES CURIOSO cómo a Andrés Manuel López Obrador le molestan más las opiniones que los hechos. Reclama que un funcionario norteamericano comente sobre la crisis de inseguridad, pero su optimismo mañanero permanece inmune ante el crecimiento inédito de las cifras de homicidios.
NO QUIERE que desde Washington le digan que las cosas no están funcionando, pero acata sin chistar las instrucciones de Donald Trump para convertir a la Guardia Nacional en un muro anti-inmigrantes.
LE INDIGNA más la mancha de una supuesta calumnia que tizna su halo de pureza, que las evidencias de que su hermano Pío está operando para reclutar alcaldes hacia Morena, ofreciéndoles tratos favorables del gobierno. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.10)
Se equivocan quienes opinan que detrás del operativo de Culiacán estuvo Estados Unidos, más allá de la solicitud de extradición de Ovidio Guzmán por sus actividades en el tráfico de fentanilo
Podrá ser de mal gusto, como dijo el presidente López Obrador, pero es inevitable que autoridades de unos países opinen sobre otros, particularmente cuando deben enfrentar un desafío multinacional como el narcotráfico y el crimen organizado. Lo hace México cuando le pide a Estados Unidos que controle el tráfico de armas y ellos, con toda razón, piden saber cuál es la estrategia de seguridad de nuestro país para trabajar en consonancia. Estamos hablando de dos caras de una misma moneda.
Decir que la política de seguridad de nuestro país la definimos solos y sin intervención está muy bien para que salga en los titulares de la mañanera, pero en realidad no es así. Cuando la administración Trump amenazó con aranceles comerciales si no se frenaba el flujo migratorio, se dio un giro de 180 grados a la política de puertas abiertas y terminamos empleando a 27 mil elementos de la Guardia Nacional para controlar las fronteras. Con más de 60 mil muertos al año por sobredosis de opiáceos, cada vez más por uso de fentanilo que proviene en un alto porcentaje de México, sería absurdo pensar que Estados Unidos no va a buscar opinar o intervenir en la política antidrogas de México, lo hará en forma diplomática o con rudeza, como en el tema migratorio, pero lo hará. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Opinión, p.16)