Se volcaron mientras seguían a AMLO.- Un gran susto se llevaron ayer quienes acompañan al presidente Andrés Manuel López Obrador en sus giras a lo largo del país. Durante un trayecto a Guaymas, como parte de la visita del mandatario a Sonora, una de las camionetas donde viajan los periodistas se volcó. Diez reporteros, camarógrafos y fotógrafos resultados heridos, algunos de ellos incluso requirieron hospitalización y cirugía posterior. Un día antes, los comunicadores ya habían advertido que la camioneta presentaba fallas porque se “coleaba”. Este es el segundo accidente que tiene la fuente presidencial mientras acompaña a López Obrador; la primera vez, el vehículo chocó con otros cuatro debido a que se quedó sin frenos. Si algo tan grave ocurre tan cerca del Presidente, ¿qué tan seguro está el propio mandatario? A veces, lo barato sale caro. (El Universal, Nación, p. 2)
Al rescate. A cinco meses de que Ricardo Peralta tomara la Subsecretaría de Gobernación ya es conocido por los pasillos de Palacio Nacional como el subsecretario 911, y no es para menos. En cuanto comenzó a trabajar se notó el buen camino, pues él mismo inició diálogos con ciudadanos sin importar condición social ni filiación política. No ha fallado. Su oficina se ha convertido en una especie de centro de atención de emergencias y Peralta ha sabido desactivar conflictos con ejidatarios, mineros, taxistas, estudiantes y hasta alcaldes. Él es consciente de que el diálogo debe estar siempre por delante, no por nada, dicen, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ve en él a un “buen gallo” y como tal, lo “está calando, pues sí le ve espolones”. Bravo, que siga así. (Excélsior, Nacional, p. 11)
Andrés Manuel López Obrador, ahora presidente, siempre ha dicho que no es un político convencional. Cierto, no lo es. Es más, su singularidad no solo se refiere al oficio, también a su persona. Es un individuo extraordinariamente seguro de sí mismo, pero no por preparación, formación o realizaciones. Su tarea ha sido la de un misionero en búsqueda de almas a convertir, no la de ciudadanos a representar. Por eso no escucha, sino habla y habla. Su mensaje es de verdades reveladas, certezas a modo, no hay lugar a las razones.
Más allá de su sentido de superioridad moral, su lucha le ha llevado a la Presidencia por su persistencia y la fortuna, es decir, la suerte de que su empeño se enmarcara en el desencanto con los gobiernos de la democracia y en la creencia ancestral sobre el regreso de Quetzalcóatl. López Obrador ha establecido un vínculo profundo con la población que se remite a la convergencia de actitudes y valores mucho más próximos a la religión que a la política. El país no es rehén de AMLO, sino de sí mismo, de sus fijaciones.
Su prédica es esencialmente moral, plagada de contradicciones, pero moral, por eso no admite duda, error o imprecisión. Lo que más fascina o indigna de López Obrador es su imaginario de certezas. Los números son referencia para un argumento moral, no para entender o lidiar con la realidad. Siempre habrá espacio para que su verdad se sobreponga a la evidencia y también, lamentablemente, a la ley. (Federico Berrueto, Milenio Diario, Al Frente, p. 3)
Centralizar la comunicación federal en la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador le ha traído sustanciales ventajas como fijar la agenda nacional con sus conferencias matutinas, hablarle de manera directa a la audiencia o marcarle línea al resto de su gabinete sobre temas esenciales.
Sin embargo, esta estrategia también tiene sus contras y es que el Presidente no se puede equivocar porque sus errores son magnificados y después de él, a nadie se le puede enmendar la plana.
El ejemplo más reciente fue con el Culiacangate, todavía sin poder salir de la crisis institucional y de comunicación en el que está hundido el gobierno y el Gabinete de Seguridad, el mandatario tuvo peligrosos resbalones. Ya había quedado claro que él no estaba enterado del operativo para capturar a Ovidio Guzmán, ni si tenía orden de extradición. Sin embargo, 6 días después dijo en su conferencia que no tenía información sobre si el otro hijo de El Chapo, Iván Archivaldo, había sido también detenido y liberado. Que el Ejecutivo, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, siguiera sin saber los detalles del operativo una semana después es algo que va más allá del debate si liberar a Ovidio fue buena idea o no. (Vianey Esquinca, Excélsior, Nacional, p. 8)
Se puede discutir si la revuelta chilena debió haber ocurrido hace 20 años –pronosticada por el economista del MIT y funcionario del FMI Rudiger Dornbusch, quien decretó otra década perdida para Latinoamérica, incluyendo Chile (https://bit.ly/31BaOsc)– o hace cinco años (https://bit.ly/35T9jJr) cuando aduje que el estallido del mito chileno era inevitable (https://bit.ly/2JilnKg).
Rudiger Dornbusch colocó en forma despectiva a Chile hace 20 años –con todo y el experimento de los Chicago Boys que Milton Friedman catalogó de milagro– como un restaurante de quinta.
Dornbusch fue maestro de dos fracasados secretarios de Hacienda itamitas: Pedro Aspe y su pupilo Luis Videgaray encargado de la ignominiosa reforma energética en México y quienes, por lo visto, no le hicieron caso a su maestro en Boston debido a su adicción al pernicioso modelo neoliberal que hoy hace agua por doquier. (Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, Política, p. 12)
Más de 200 horas acumula ya la crisis en el gobierno López Obrador tras la fracasada detención del narcotraficante Ovidio Guzmán en Culiacán el jueves 17. Él ha ofrecido aclarar “minuto a minuto” lo ocurrido y resolver las contradicciones en las que él mismo y su gabinete han incurrido. Aquí cinco preguntas al Presidente:
1.- ¿Corregirá los sistemas que lo mantienen informado? Ningún mandatario en el mundo civilizado puede quedar aislado mientras toma un vuelo comercial. El país estuvo en vilo durante ese traslado presidencial a Oaxaca. ¿Cómo explicar a los ciudadanos que una peor evolución de los acontecimientos pudo atraer amenazas sobre el propio López Obrador y sus compañeros de vuelo, sin que él pudiera ser alertado ni consultado?
2.- ¿Cambiará su estrategia de comunicación? La convulsión nacional por Culiacán demostró las limitaciones de las “mañaneras” y la ausencia de un sistema profesional para informar a la nación durante una crisis. El tema confirma las enormes limitaciones no solo de los funcionarios a cargo, sino de sus atribuciones, del modelo mismo. (Roberto Rock L. El Universal, Nación, p. 6)
Tras la fuga de Joaquín Guzmán, El Chapo mayor, de la prisión de alta seguridad en Almoloya en 2015 —vigilada por Segob y Sedena—, el entonces comisionado de Seguridad, Alejandro Rubrido corrió a pedir apoyo a la Marina para recapturarlo “de inmediato”, la respuesta de la comandancia del Estado Mayor Naval fue una sonora carcajada. ¿Que quiere, qué? – “Las cosas no se hacen así, Señor. Lo haremos a nuestro tiempo y con nuestros protocolos”.
Un año después y por tercera ocasión, el mayor capo del país, el más buscado a nivel internacional y el líder de la organización criminal y financiera más fuerte del continente, fue recapturado por grupos de élite de la Armada de México, sin pérdidas de inocentes y tras una persecución férrea que motivó el respeto entre combatientes, por haberlo logrado “de ley”; mediante la inteligencia de unos (seguirlo por meses y conocer sus hábitos) y los errores de otros (enviar a su secretario por tacos y revelar que estaba en el refugio).
Pero al éxito habían antecedido muchos momentos de crisis. Una vez, en plena huida, El Chapo, acompañado por su esposa Emma Coronel, sus hijas gemelas y una nana, fueron captados por drones infrarrojos a través de la sierra de Durango poniéndose al centro de la diana. La operación, como todas las de ese nivel, esperaba sólo la orden de fuego, pero personalmente el secretario de Marina ordenó la suspensión para no matarlas a ellas, “ya caerá en otro momento”, dijo, sin dar conferencia de prensa para elogiar la vida sobre la detención, por cierto. (Ethel Riquelme, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 4)
Esto debiera ser un verdadero referente para los civiles tomadores de decisiones en el diseño y aplicación de los programas de seguridad pública y darse cuenta con la calidad de adversarios con los que se enfrenan sociedad y gobierno. No fue una especulación ni un rumor, fue una advertencia directa para que liberaran a su jefe criminal.
Hay que tener en cuenta que ni en armamento ni en adiestramiento, ninguna organización criminal puede siquiera hacerle sombra a los integrantes de las Fuerzas Armadas. Estos se encuentran maniatados para actuar, debido a leyes como la del uso proporcional de la fuerza –deben esperar a que primero les disparen a matar, para entonces responder al ataque. En ese sentido cabe resaltar la notable institucionalidad y lealtad al poder civil, al recibir órdenes de no actuar, tal y como sucedió en Culiacán.
El segundo aspecto inédito vivido ese fatídico jueves 17, es la ausencia de una comunicación gubernamental eficiente, oportuna y objetiva, lo que concedió a los testimonios enviados por la ciudadanía, toda la difusión y conocimiento a nivel mundial. No es posible controlar la información en estos días. La posibilidad de grabar y subir a las redes digitales es inherente al desarrollo de cualquier acontecimiento o evento. Allí tenemos la filtración del New York Times, sobre la presencia de una veintena de agentes y funcionarios en Sinaloa, un mes antes de los hechos, para supervisar en terreno la fortaleza del grupo de Guzmán Loera, Zambada y Esparragoza. (Javier Oliva Posada, El Sol de México, Análisis, p. 17)
El pasado viernes tuve la oportunidad de participar en una mesa auspiciada por el Posgrado de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para hablar sobre los retos que enfrenta la democracia en nuestro país, tema por demás interesante y relevante en el actual devenir nacional.
Durante la charla, uno de los ponentes exaltaba las virtudes que a su consideración caracterizan al Poder Ejecutivo Federal, particularmente la paciencia, las cuales incluso -dijo- mantiene frente a la delincuencia organizada, refiriéndose particularmente a los hechos del pasado 17 de octubre.
Esos dichos me hicieron reflexionar no sólo sobre lo sucedido en Culiacán, Sinaloa, sino sobre los diversos episodios de ataque que han venido afectando a nuestros soldados desde el 1 de diciembre de 2018.
Cuerpo disciplinado, preparado, leal e institucional, percibo que nuestras Fuerzas Armadas han sido objeto de un ataque sistemático no sólo por parte de la delincuencia organizada, cuyos fines evidentemente son quitar de en medio a quienes hoy no les permiten adueñarse de poblados y operar impunemente, sino también de las propias oficinas gubernamentales. (José Luis Camacho, El Sol de México, Análisis, p. 16)