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El régimen de Trump –según cifras oficiales– ordenó y realizó el secuestro de más de 5 mil niños migrantes. El presidente y los encargados de implementar esa medida, desde su gabinete hasta los jefes de agencias migratorias, y los oficiales , sus padres, todos siguen impunes ante el mundo.
Los niños fueron separados cuando sus familias intentaban ingresar a Estados Unidos sin documentos y desaparecieron durante días, semanas y meses con la llamada política de cero tolerancia diseñada e implementada por este régimen.
Fue por una demanda legal de la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) que resultó en una orden judicial del juez federal Dana Sabraw, hace 16 meses, lo que obligó al gobierno a identificar el número de niños afectados para que fueran reunificados con sus familias.
El régimen de Trump primero reveló hace meses que eran 2 mil 814 niños los afectados por estas medidas. Hace una semana, casi año y medio después de la orden judicial para contabilizar a todos, resulta que detectaron otros mil 556 niños que habían separado de sus familias. La mayoría tenían 12 años o menos; unos 300 de ellos tenían sólo cinco años o menos. De los mil 556 recién revelados que fueron separados entre julio de 2017 y junio de 2018, cinco de ellos no habían cumplido un año de edad, 26 tenían un año, 40 tenían dos años, 76 tenían tres y 60 tenían cuatro. (David Brooks, La Jornada, Opinión, p.25)
SI ALGUIEN quiere saber realmente cómo anda la relación entre México y Estados Unidos, a partir de mañana se pueden dar una vuelta por Hermosillo para la reunión anual de la Comisión Sonora Arizona, organismo binacional que cumple 60 años.
CUENTAN que este foro se creó bajo la premisa “si Dios nos hizo vecinos, seamos buenos vecinos”. De ahí que se ha enfocado a lo largo de estas décadas en tratar de buscar el desarrollo viendo la zona como una “macrorregión” y no como estados fronterizos y distantes.
LA REUNIÓN obviamente estará presidida por los gobernadores Claudia Pavlovich y Doug Ducey y dada la importancia del aniversario, acudirá el propio embajador Christopher Landau. Ojalá que tome notas. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.12)
En su novela titulada 11/22/63 en su edición en inglés, Stephen King juega con las posibilidades de viajar por el tiempo. En concreto, al pasado: al jueves 9 de septiembre de 1958 para de ahí, impedir el magnicidio de John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas.
La ficción nos ayuda a jugar con posibilidades infinitas emanadas del “y si pasara esto” para de ahí, los laberintos del presente se multipliquen y deriven en futuros “alternativos”.
Pero es eso, un juego de la imaginación para escribir novelas, cine o por ejemplo la alemana Dark para Netflix, no una fórmula que de certidumbre para manipular la realidad y el tiempo.
Si, digamos, el primero de junio de 2015, a poco menos de un año y medio de las elecciones para suceder a Obama, un guionista hubiera plantado a un productor una historia donde una especie de junior neoyorquino avejentado, playboy, sibarita, liberal, divorciado y más demócrata que republicano, se convertiría en el presidente de Estados Unidos bajo el estandarte conservador y anti inmigrante que coquetea con una América perfecta (es decir, blanca), seguramente lo habría tachado de un burdo imitador de House of Cards. (Horacio Besson, Milenio, Opinión, p.23)