Opinión Migración 181119

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Bernie Sanders.- Bernie nos gusta para Presidente, lástima que nuestra opinión, en este caso, de poco valga. Pero lanzar el tema de los DACA justo cuando sabe que eso sólo atraerá a un sector del electorado (el mejor, sin duda) da muestras de un político que está comprometido con sus principios. Esos son los políticos que nos gustan… lástima que no nos toque aquí. (La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)

Andanzas // Hace 30 años se cayó el muro y ahora hay 70

Todos los muros se construyen con cierta soberbia, pero los inspira el miedo. ¿A qué le temen los países que construyen muros? Básicamente, a los migrantes y a las guerras.

Dice el estudio canadiense, dirigido por la académica Elisabeth Vallet, que el propósito de detener la migración es la principal intención al construir muros. Nosotros lo sabemos: hay ya mil kilómetros de muro entre Estados Unidos y México, en tanto que los otros dos mil kilómetros viven en la fantasía de Donald Trump, que los anuncia desde hace años como un muro nuevo, grande y hermoso.

Desde que cayó al Muro de Berlín hasta la fecha, particularmente en los años recientes, en la Unión Europea se han construido mil kilómetros de muros, la mayoría al sur para contener a los migrantes de África, Medio Oriente y Asia, mientras que en todo el mundo hay 27 muros por motivos de guerra.

Al parecer, sin embargo, los muros se construyen, independientemente de su razón visible o reconocida, por una más profunda: la repulsión, el rechazo, la xenofobia. (Mauricio Farah, El Heraldo de México, Opinión, p. 19)

El Cristalazo // “Evito y el miedo”

Verdaderamente don Evito ha sido un vendaval. Tanto como impulsar en la portada del influyente semanario Proceso, en algunos sectores algo así como una biblia de la crítica zurda, una pregunta sugerente y hasta cierto punto provocadora: ¿Por qué tanto miedo a Evo?

La polarización en torno de la figura del caballero andino, no está relacionada ni con sus condiciones étnicas, de las cuales presume tanto como si fueran su mérito único, ni con su orientación “ideologicopopulistaindigenistacocalera”. Más bien se rechaza la forma como México, el gobierno de México, lleva las condiciones del asilo.

La garantía de refugio no está a discusión. Es un precepto legal, constitucional y hasta de arraigada tradición. Es una cuestión de humanidad a favor de un perseguido. Bajo esas mismas consideraciones se le pudo haber brindado a Somoza o a Pinochet. No fue necesario. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)

Frentes Políticos

De lo que no se habla. Luis Arellano Romero, alias “Bichi”, “Bichy” o “Helio”, fue extraditado a Estados Unidos, informó el fiscal federal John Bash. Enfrentará cargos federales de crimen organizado en el Distrito Oeste de Texas. Es considerado uno de los líderes operativos del Cártel del Pacífico y colaborador cercano de Joaquín El Chapo Guzmán. Una fichita del tamaño del hijo de El Chapo. Pasará casi inadvertida la extradición. Como siempre, a los detractores de Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, y del presidente Andrés Manuel López Obrador, los éxitos en la Cuarta Transformación no les reditúan. No pueden hacer ruido. (Excélsior, Nacional, p. 19)

Fuera de registro // A la de a Evo

El presidente Trump, de cuya opinión parece estar tan pendiente el gobierno mexicano, ha descrito la renuncia de Morales como “momento significativo para la democracia en Occidente”, lo que llevaría a pensar que la decisión mexicana de recibirlo con honores resultaría en tensiones entre nuestro país y su principal aliado estratégico. Ni tantas: México parece más dispuesto a jugarse la relación con Estados Unidos por un dictador depuesto que por una crisis de derechos humanos, y Estados Unidos a hacerse de la vista gorda —verbigracia el silencio del presidente Trump al respecto, que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha agradecido— ante el respaldo brindado por un presunto país aliado a un presunto enemigo. Mientras tanto, 64 mil migrantes centroamericanos permanecen en el limbo. (Nicolás Alvarado, Milenio Diario, Al Frente, p. 3)

Línea estratégica // Evo se refugia en México

En el año 2004 entrevisté, en un hotel de Polanco, aquí en la Ciudad de México, a quien entonces era presidente de Bolivia, resultado de la renuncia de Gonzalo  Sánchez de Lozada, quien había ganado la elección. Una serie de protestas encabezadas por el entonces líder cocalero Evo Morales lo obligó a renunciar. En el año 2003 las protestas reprimidas por el ejército dejaron 64 muertos y 228 heridos.

La conclusión y salida de Morales ya más o menos la sabemos. Unas elecciones cuestionadas, precisamente contra Carlos Mesa, en la que se ponía en duda 10% que obtuvo de diferencia sobre el periodista y empresario, además de su negativa a ir a una segunda vuelta, motivos para que estallaran las protestas que, según el último saldo, habían dejado nueve muertos y un número indefinido de heridos. Si a esto le sumamos la intervención de la OEA, que determinó graves irregularidades, tenemos como resultado la renuncia de Evo que, momentos antes de su dimisión, anunció la convocatoria a nuevas elecciones y, ante la presunta intervención del ejército boliviano, su retiro del poder.

Ante esto, el canciller mexicano Marcelo Ebrard, en nombre del gobierno de la República ofreció a Morales y a miembros de su gobierno, asilo político. El lunes 11 de noviembre, en conferencia de medios, Ebrard anunció que, de conformidad con las leyes mexicanas y ante la petición verbal y escrita de Evo Morales, el gobierno de México le había concedido el asilo. (Francisco Zea, Excélsior, Nacional, p. 4)

A favor del asilo

El gobierno de México hizo muy bien concediéndole asilo político a Evo Morales: honró una de las mejores tradiciones de la política exterior del país, cambió el curso de la conversación pública, puso el acento en temas que habían sido ignorados y recordó lecciones que no debemos olvidar nunca. En medio de tantos problemas acumulados, la presencia del presidente depuesto de Bolivia tendría que ayudarnos a cobrar conciencia sobre la cercanía de esos desenlaces brutales que han poblado la historia de los países que son como espejos del nuestro. O al menos, darnos un respiro para pensar.

Soy partidario incondicional del derecho de asilo, por principio y por experiencia. Saber que las fronteras del mundo pueden volverse flexibles para albergar a quien está amenazado de muerte por sus adversarios políticos es, ya de suyo, un argumento que nadie debería desdeñar: nadie que considere que convalidar las balas como recurso para resolver las diferencias políticas es siempre una derrota a la civilización. Por ese mismo motivo, me parece lamentable que México no haya diseñado una política más humana y más solidaria para proteger a la migración centroamericana de todas las violencias que afronta, pese a la diferencia entre un jefe de Estado y un éxodo que no quiere vivir en México sino moverse hacia los Estados Unidos. La presencia del presidente Morales nos recuerda que albergar a las víctimas de la violencia política es, sin más, una cuestión de principios. (Mauricio Merino, El Universal, Opinión, p. 20)

El discurso de odio que mata

Desde tiempo inmemorial se sabe que el lenguaje violento precede a la conducta violenta. Lo anterior nos obliga a ser conscientes de sus implicaciones actuales: nuestros días son los de la realidad líquida y virtual, los de las redes sociales, con su enorme capacidad de incidir en nuestras vidas. El discurso de odio como problema global ha escalado al grado que, el Secretario General de la ONU António Guterres, ha sometido a la consideración de los países una estrategia y un plan de acción para contenerlo. El llamado ha sido para unir voces contra el odio y la intolerancia. Se van sumando adeptos, pero hay que apretar el paso. A veces queda la impresión de que la batalla se pierde.

Y es que en los últimos tiempos han aumentado los atentados contra personas o grupos, sea por su religión o sus creencias, su raza, su lengua, su orientación sexual o para el caso, cualquier rasgo que los identifique como diferentes. Lo mismo se han asesinado a judíos en sinagogas (Pittsburgh, Pennsilvania), que a musulmanes en mezquitas (Christchurch, Nueva Zelanda), o a mexicanos y a norteamericanos de origen latino en los centros comerciales a los que suelen ir (El Paso, Texas), o a miembros de la comunidad LGBTI en sus bares de preferencia (Orlando, Florida), o a los migrantes en sus penosas travesías (en cualquier punto del planeta). El común denominador es la intolerancia, el discurso de odio que los victimarios usan para reivindicar sus atrocidades. El odio se aprende y mata. (Juan Ramón de la Fuente, El Universal, Nación, p. 9)