Opinión Migratorio 241119

Esquilo y los migrantes

¡Qué cosa! A la hora de MeToo y demás movimientos de lucha contra los abusos sexuales, violaciones y asesinatos de mujeres, a la hora de las grandes migraciones hacia Europa y hacia EU, a la hora de las reacciones xenófobas, y de los muros, a la hora de la imposibilidad de desembarcar en Europa los que no se ahogaron en el mar Mediterráneo, el texto de Esquilo es de una modernidad, de un coraje extraordinario. Sin olvidar a los que mueren ahogados en el Río Grande o perdidos en el desierto de Arizona.

El coro de las Suplicantes nos dice que las muchachas tienen “los rasgos bronceados por los dardos del sol”, como los que vienen del Sur y atraviesan nuestro país, con la esperanza de llegar a EU, como los que huyen de las guerras, de la violencia cotidiana de Centroamérica, México, del Medio Oriente y de África. Nuestros Estados son bien miserables frente a la ciudad-Estado de Argos, a su pueblo y a su rey, que prefieren correr el riesgo de una guerra con Egipto, a la vergüenza de ofender a los dioses al negar el asilo.

En la tragedia de Esquilo, se habla mucho del color de la piel, de esa diferencia física que suscita, primero, angustia y tentación de rechazo; después de todo, esas mujeres son “bárbaras”, muy diferentes de nosotros. Poco a poco, este color moreno de la piel se encuentra subrayado, casi magnificado y se vuelve signo de victoria sobre el miedo y la cobardía entreguista. De modo que los cincuenta violadores (en intención), cuando desembarcan, seguros de la victoria y arrogantes, sufren la humillante derrota. Dánao, el padre que acompaña a las cincuenta, nos sigue interpelando: cuando se trata de un extranjero, todos tenemos listas palabras malvadas, y nada sube más pronto a los labios que un verbo para manchar. (Jean Meyer, El Universal, Opinión, p. 12)

De asilo, refugio e inmigración

Hace unos días, a raíz del asilo concedido a Evo Morales, el presidente López Obrador recomendó tres libros, pues según él, si quienes lo critican por eso los leen, comprenderán que dar asilo es una política de larga data en la historia de México.

Sin embargo, eso no es del todo cierto. Hay casos en que sí y casos en que no. La política de aceptar asilados, exiliados, refugiados, o como se le quiera llamar a los inmigrantes no ha sido ni es coherente. Por ejemplo, en el caso del cónsul Gilberto Bosques, al que AMLO menciona porque según dice, le dio visas a judíos, no fue exactamente así. El diplomático se las dio a republicanos españoles y resultó que entre ellos, como lo investigó Mardoqueo Staropolsky, hubo algunos judíos. O en el caso de los sudamericanos que llegaron a raíz de los golpes de estado militares de los años ochenta, se les dejó entrar pero no se les recibió como a los chilenos, a quienes por instrucciones directas del presidente Echeverría se les apoyó de manera especial.

Lo importante es destacar que hay una actitud ambigua frente a los extranjeros. (Sara Sefchovich, El Universal, Opinión, p. 12)

Campus // Refundar Aztlán

En las elecciones del próximo año podrán participar 32 millones de latinos en EU. Al desmenuzar los datos de la Encuesta de Latinos 2018, encontramos que 61 por ciento de los hispanos de origen mexicano está insatisfecho con la manera en la que se maneja el país; 65 por ciento considera que su situación económica es mala. Piensan que los mayores problemas que afectan a su comunidad son la migración, la economía y el presidente Donald Trump. Casi 80 por ciento se identifica con el partido demócrata o se consideran independientes. Los latinos tienen a capacidad de ser pivotales en la elección de noviembre próximo. El poder económico y la influencia política de la diáspora mexicana en el exterior hacen verosímil la noción de que el sueño mexicano se puede cristalizar en un nuevo Aztlán allende la frontera. (Alejandro Echegaray, El Heraldo de México, Estados, p. 10)