SUBSECRETARIO Jesús Seade cayó en las arenas movedizas de su propios errores y mientras más se mueve… ¡más se hunde!
SI YA de por sí es grave que Estados Unidos se agandalle a México imponiéndole inspectores laborales que operen desde la embajada, la cosa se pone peor ante las contradicciones y tropiezos del funcionario y aplaudidores que le acompañan.
SEADE empezó negando lo que ya se sabía por la prensa, luego dijo “no sé nada” y de ahí pasó al reclamo al gobierno norteamericano. Ahora, vía Twitter, salió con que, bueeeno, los agregados laborales son un abuso y una muestra de desconfianza, pero que son ¡inofensivos! Habrá que preguntarle a los empresarios, que son quienes tendrán que lidiar con responder a dos gobiernos, como si fuéramos colonia.
LO PEOR del asunto es que Ricardo Monreal tenía tanta prisa por aprobar la addenda al tratado comercial, que el Senado no tuvo la precaución de esperar a conocer todo el paquete legal que presentó la Casa Blanca al Capitolio. Y ahora nadie sabe qué hacer, empezando por el zacatecano que dice que es inaceptable lo que él mismo dejó pasar. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
Los ojos sobre García Luna.- Nos cuentan que este martes, cuando se reanude la audiencia del caso del exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna, en la ciudad de Dallas, Texas, la Fiscalía General de la República pondrá mucha atención. Nos explican que la FGR tendrá bien abiertos los ojos y los oídos y tomará nota de todos y cada uno de los aspectos de los cargos que le imputan las autoridades de Estados Unidos a don Genaro, pues servirán para más adelante solicitar al Departamento de Justicia de aquella nación información que sirva para fortalecer la investigación que se sigue en México con miras a su consignación ante un juez y la posible solicitud de extradición del otrora hombre fuerte del sexenio de Felipe Calderón. El caso, nos hacen notar, se ha convertido en una prioridad para la fiscalía mexicana. (El Universal, Nación, p. 2)
QUE William Russell, alcalde financiero de Londres, comienza hoy una visita de dos días a México, en la que explorará una ruta para que empresas de Reino Unido puedan trabajar con socios mexicanos con beneficios mutuos. Su agenda es extensa e incluye la presentación del Programa de Servicios Financieros del Fondo de Prosperidad, en la que estará el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, y la embajadora británica, Corin Robertson, además de encuentros con especialistas en ciberseguridad, tecnologías y finanzas verdes. (Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Pretextos les sobran. No hay gobierno, ni viejo ni transformador, que pare la voracidad de los maestros. Han hecho de la toma de casetas de cobro una cátedra ante la complacencia de las autoridades. Normalistas de Tiripetío, Michoacán, tomaron la de Zinapécuaro, en la autopista Maravatío-Zapotlanejo, y piden 100 pesos a los automovilistas para dejarlos pasar. El Centro de la SCT del estado informó que la plaza de cobro fue tomada por la fuerza por un grupo de 50 personas, quienes dicen, además, ser integrantes del Movimiento Nacional por la Liberación de Presos y Perseguidos Políticos. Piden a los conductores no darles el dinero. Ajá. Como si fuera tan fácil negarse y exponerse a su ira. ¿Por qué no mejor Javier Jiménez Espriú, titular de la SCT, le pone un alto al despojo? (Excélsior, Nacional, p. 15)
Seade y las “letras chiquitas”.- Durante su comparecencia entre miércoles y jueves en el Senado, Jesús Seade fue interrogado por las bancadas de oposición sobre si las inspecciones laborales de estadounidenses en territorio mexicano estaban descartadas en el T-MEC. El funcionario aseguró que sí y que en su lugar se realizarían paneles paritarios de resolución de controversias. Ayer, vía Twitter, el subsecretario y negociador mexicano trató de explicar que “como concesión a los duros del Congreso (de EU), su proyecto de ley (de aplicación del T-MEC) incluye un mecanismo interno de monitoreo de nuestra Reforma Laboral, redundante a lo que dispone el tratado, 90% interno e inofensivo”. Y se quejó de que “muchos, con malicia o desinformación, hablan de las ‘letras chiquitas’ del Tratado”, que –aseguró– no existen. (El Financiero, Nacional, p. 39)
El presidente estadounidense, Donald Trump, envió el viernes pasado al Congreso de su país, para su ratificación, el texto del Tratado entre México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) o United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA).
Parte del documento que envió a los senadores y representantes, señala lo siguiente (la traducción es mía):
“Subtítulo B. Agregados Laborales en México
“SEC. 721. Establecimiento.
“El secretario de Trabajo: 1) contratará y fijará la compensación de hasta cinco oficiales adicionales a tiempo completo o empleados del Departamento de Trabajo; 2) y detallará o asignará a dichos oficiales o empleados a la Embajada de los Estados Unidos o a un Consulado de los Estados Unidos en México para llevar a cabo los deberes descritos en la sección 722. (Eduardo Ruiz – Healy, El Economista, Política, p. 48)
El martes 10 de diciembre fue el mejor día del joven sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador. Se firmaron los protocolos del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, que facilitaría la ratificación en el Capitolio en Washington y el Parlamento en Ottawa, y se detuvo en Dallas al exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Día feliz para el Presidente. Inyectaría algo de certidumbre a las inversiones y tenía el argumento perfecto para disfrazar su desastre en materia de seguridad pública echando la culpa de todo al pasado y, de paso, buscar el aniquilamiento político de su principal enemigo, el expresidente Felipe Calderón, con quien García Luna trabajó estrechamente. Todo lucía perfecto hasta que comenzó a salir información de que aquella jornada, más bien, podrá ser una más de ignominia.
De la secuela de ese día se recoge la conferencia del subsecretario de Relaciones Exteriores, Jesús Seade, responsable de la negociación, quien después de la ceremonia en Palacio Nacional donde los tres países firmaron los protocolos con el Presidente de testigo, dijo que se “acababa de enterar” que Estados Unidos nombraría cinco agregados laborales en su Embajada en México para supervisar la implementación del acuerdo en ese capítulo, que no había sido consultado con México. Seade mintió o sencillamente nunca supo qué estaba firmando. Pero no es un novato en negociaciones comerciales, y extrañamente excluyó a todos, Embajada y sector privado, del tramo final de la negociación de la concesión. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 42)
De las promesas de campaña de López Obrador, es probable que la más singular y quizá difícil de cumplir, haya sido la del “borrón y cuenta nueva”.
Desde donde se vea, era una promesa que iba a enfrentar la terca realidad. Si el candidato durante años fustigó, criticó y señaló al pasado y las “nefastas” consecuencias del neoliberalismo, no había de otra que enfrentarlo.
No podía pasar de largo a quienes fueron responsables de lo vivido y padecido por años. No aplicaba el “borrón y cuenta nueva” porque se puede pasar por alto a quienes hicieron lo que está tratando de revertir. (Javier Solórzano, La Razón, La Dos, p. 2)
“Bueno, estaba debajo de mi hermano Mayo y era el líder en Ciudad de México”, dijo durante el interrogatorio Jesús Zambada García, en la Corte de Brooklyn, cuando le preguntan por el organigrama del Cártel de Sinaloa.
Gina M. Parlovecchio, asistente del Fiscal del Distrito Este de Nueva York, Richard P. Donoghue, lo cuestionó el 14 de noviembre de 2018, en el juicio de Estados Unidos contra Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, El Chapo. Las declaraciones que hizo El Rey Zambada, al menos en México, se han tratado de desestimar desde que comenzaron a hacerse públicas.
“Controlé el aeropuerto en la Ciudad de México y controlé que las autoridades brindaran seguridad a los movimientos del narcotráfico que tuvieron lugar en la ciudad y también para dar seguridad a los líderes del cártel”, reveló Jesús Zambada García. (Hiroshi Takahashi, El Sol de México, Nacional, p. 6)
La comandante María Sonia Arellano Mendoza era una policía ejemplar del municipio de Irapuato. Hace cuatro meses, recibió de manos del alcalde un reconocimiento al mérito policial por su valor en el combate a la delincuencia. “Era entrona, no le tenía miedo a nada, siempre fue inteligente y actuaba mejor que cualquier policía hombre”, la describió un colega.
Pero su carrera de 15 años en la corporación se vio truncada la semana pasada cuando un grupo de pistoleros, presuntamente vinculados con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, la secuestró junto con su esposo y su hijo. El niño y el padre vivieron para contarla, pero ella no. Su cuerpo descuartizado fue hallado en un camino de terracería a las afueras del municipio. (El Universal, Nación, p. 18)
Demasiados lugares comunes contribuyeron a desarrollar y legitimar el paradigma que alimentó la guerra contra las drogas. Si bien el rol de Estados Unidos fue decisivo en el proceso de imposición de esa “guerra” en México, la dinámica alcanzada tiene una responsabilidad compartida; la presión de Washington como condición sine qua non para exentar al país de los requerimientos de certificación en los que se evaluaban los esfuerzos mexicanos en el combate al tráfico de estupefacientes. En 2002 el Congreso estadunidense aprobó la ley pública 107-228 que eliminaba la exigencia anual de la certificación a raíz del viaje presidencial de Fox en 2001, donde urgió a los legisladores a tener un gesto de fe en su nuevo gobierno afirmando que “cuando hay confianza, un socio no juzga unilateralmente a otro”. México abrazó el nuevo paradigma durante tres sexenios haciendo implosión con la captura, extradición y juicio contra Joaquín Guzmán Loera. (Marcela Gómez Zalce, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Históricamente la embajada de México en Washington ha tenido hasta dos agregados laborales en su personal. Y aunque al parecer ese tipo de agregados no han estado entre los miembros de la representación estadounidense en México, ahora los Estados Unidos se proponen poner hasta cinco para monitorear el cumplimiento de los compromisos laborales establecidos en el marco de Tratado México, los Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que eventualmente sustituirá al aún vigente Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN).
El gobierno mexicano grita foul, pero sabía que el tema de los agregados laborales estaba en la jugada y que si bien no son inspectores o algo así, ni pueden visitar fábricas sin permiso o sin invitación, su papel sería mantener ojos y oídos abiertos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)