Ante la irresponsabilidad con que el presidente Donald Trump dispone de las fuerzas armadas más poderosas del planeta, el liderazgo de la oposición demócrata busca que exista un mayor control legislativo sobre las acciones militares ordenadas por el Ejecutivo. Por su parte, conscientes del peligro que los actos impulsivos del magnate representan para el conjunto de los intereses estadunidenses, pero decididos a cerrar filas en torno al mandatario (ya sea por lealtad partidista o por cálculos electorales), los legisladores republicanos han entrado en una dinámica esquizofrénica, en la que respaldan todas las medidas de Trump y al mismo tiempo llaman a reducir las tensiones generadas por el asesinato del general iraní Qasem Soleimani el pasado 3 de enero.
El mismo mandatario republicano parece haber cobrado finalmente conciencia de los alcances de su imprudencia temeraria, pues desde el martes emprendió un tour de malabarismo verbal para acallar los tambores de guerra que hizo resonar la semana anterior. En un discurso a cada momento más incoherente, Trump presentó los ataques con misiles lanzados por Teherán contra bases militares iraquíes que albergan a efectivos estadunidenses y de otros estados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como un ejemplo de disminución de las tensiones, y retomó la igualmente ilegal, pero menos explosiva, política de asfixia económica mediante sanciones. (La Jornada, Editorial, p.2)
No fue accidente, un misil derribó el avión con 167 pasajeros // Los celos del fiscal // El agua: descuentos para adultos mayores
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha pasado de la sospecha al convencimiento de que las fuerzas armadas de Irán derribaron, no intencionalmente, el avión de pasajeros de Ukraine International Airlines cuando despegaba del aeropuerto de Teherán con destino a Kiev, el miércoles pasado. En el siniestro perdieron la vida 167 pasajeros, de los cuales 63 eran canadienses, y nueve tripulantes. No hubo sobrevivientes. El gobierno iraní ha informado que fue un accidente provocado por fallas técnicas y se negó a entregar la caja negra, incluso al fabricante del avión. Trudeau dijo que los funcionarios canadienses tienen información de sus propias fuentes que muestran que el vuelo 752 de Ukraine fue derribado por un misil tierra-aire iraní. Irán está en conflicto con Estados Unidos, fue asesinado el jefe militar Qasem Soleimani por órdenes del presidente Trump; a este suceso han seguido acciones bélicas de los dos lados. El premier canadiense dijo que espera una investigación exhaustiva que produzca respuestas: ¿ por qué el avión se estrelló después del despegue de Teherán?
Crisis en Boeing
El avión Boeing 737 modelo 800, presuntamente derribado por un misil, es el antecesor del modelo Boeing XL, que ha sido protagonista de dos accidentes aéreos terribles. Este modelo XL tiene prohibido volar desde el año pasado. Se desplomaron dos naves por supuestos errores de diseño. Murieron 346 personas entre octubre de 2018 y enero de 2019. Con el siniestro de Teherán, la cifra se eleva a 522.La compañía aérea ya despidió a su principal directivo, Dennis Muilenburg. Precisamente el próximo lunes será remplazado por David Calhoun, un alto ejecutivo de la propia compañía.Pero el director que se va, se va con un tache en su currículum. Lo realmene importante es que en estos tres accidentes de la Boeing han muerto 522 personas. Un luto irreparable. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Opinión, p.6)
Pocos países como México han dado tantos bandazos en su formación. Pocos como el nuestro: Estados Unidos ha sido estable aún con su Guerra de Secesión. Argentina sólo una república, aunque con múltiples dictaduras. Francia fue reino, república, imperio, república, imperio y más repúblicas con denominaciones diferentes. España fue reino, imperio, dos repúblicas y regresó al reino.
México es tres siglos de colonialismo, guerras independentistas, imperio, dos constituciones, repúblicas, conservadurismo, invasiones y pérdida territorial, liberalismo, otra constitución y otra república, nuevo imperio, la república restaurada, otra dictadura, revoluciones, otra constitución, más intervenciones, cacicazgos, cuasi socialismo, corporativismo, dictadura perfecta, populismo, neoliberalismo y…nada. (Jorge Carrillo Olea, La Jornada, Opinión, p.15)
Hasta donde pueden aventurarse hipótesis, en una coyuntura donde es posible establecer hechos, hacer una interpretación razonable y anticipar potenciales dinámicas de los acontecimientos, para quienes hemos vivido en países árabes –en mi caso al frente de las embajadas de México en Argelia y Tunez– resulta claro que la secuela de la confrontación Estados Unidos vs. Irán habrá de proyectarse a escenarios ya históricos de lucha ideológica y política entre el occidente cristiano y el medio oriente musulmán. El liderazgo político-religioso interislámico, siempre en disputa, con toda probabilidad habrá de orientarse a buscar la unidad, la resistencia y la venganza frente al agresor rumi o pagano, sea israelíta, estadunidense, alemán, inglés, canadiense o ucraniano. Tal podría ser el caso del avión chocado que no alcanzó a despegar de Teherán (lleno de pasajeros occidentales) y del cual las autoridades iraníes han anticipado que no entregarán la caja negra.
Luego de ver el video del ataque con drones estadunidenses al convoy encabezado por el general iraní Soleimani, y la débil reacción militar de Irán, y al escuchar las declaraciones de Donald Trump, la primera pregunta que viene a la mente es ¿y ahora qué sigue? Y la segunda ¿quién sigue ahora?. Desde el asesinato de Osama Bin Laden, por órdenes de Obama, hasta el de Soleimani, por Trump, si algo queda de manifiesto es la clara e intimidatoria prepotencia de Estados Unidos para mostrar el poder y la abierta arrogancia del gran hegemón. Las decisiones y los cálculos de política electoral interna están ahí, desde luego, pero el riesgo mayor para todo el mundo es la amenaza de muerte cumplida para quien, sin respaldo nuclear, ose tocar intereses o desafiar el poderío estadunidense. (Óscar González*, La Jornada, Opinión, p.16)
Lo que dice el dedito de AMLO
Hasta noviembre de 2018, nos recuerdan, la Oficina de la Presidencia de la República ocupaba el lugar 50 entre las dependencias que más solicitudes ciudadanas de información recibían, mediante la Plataforma Nacional de Transparencia. A noviembre 2019, se colocó en la quinta posición porque los ciudadanos quieren saber más del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien con sus mañaneras abrió el apetito de la sociedad. Pero, nos comentan, la mayoría de las respuestas viene acompañada con el clásico: la información es inexistente, situación que obliga a los usuarios a interponer recursos de revisión. Y está por demás decirlo: la 4T se lleva el primer lugar, de todos los tiempos, en recursos de inconformidad interpuestos durante su primer año de gestión. Ahora sí que como dice el mandatario: “lo que diga mi dedito”. (El Universal, Opinión, p.2)
Con un elevado porcentaje de popularidad, que en algunas encuestas rebasa el 70 por ciento, el presidente de la República tiene, en su segundo año de gobierno, el enorme reto de empezar a dar soluciones objetivas y tangibles a los grandes problemas nacionales, que ahí siguen.
Estos, comprenden una lista enorme y es claro que no se van a resolver todos. Algunos seguramente trascenderán el sexenio, como es el caso de no pocos que vienen de años atrás. (Óscar Mario Beteta, El Universal, Opinión, p.6)
Estimado usuario, le informamos que el fondo documental “Investigaciones Políticas y Sociales” estará fuera de consulta por encontrarse en proceso de revisión.
Este anuncio apareció esta semana en una sala del Archivo General de la Nación (AGN). Avisaba, sin previo aviso, que el fondo que contiene información de investigaciones políticas hechas por la Secretaría de Gobernación entre 1920 y 1985 no puede consultarse.
Este fondo conserva los datos de una dirección anterior y luego paralela a la Dirección Federal de Seguridad (DFS). En él pueden consultarse expedientes de luchadores sociales, intelectuales y militantes opositores, que eran investigados por Gobernación, y de políticos en activo que entonces militaban en el PRI, como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo o Manuel Bartlett. (Peniley Ramírez, El Universal, Opinión, p.8)
Hace unos días, la madre de la escritora y académica Denise Dresser fue víctima de una extorsión telefónica. Se trató de un caso como muchos otros: engaños, amenazas, vejaciones y pago de rescate por un secuestro que nunca sucedió.
Esa experiencia es compartida por millones de mexicanos. Según datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública (Envipe), se registraron 5.7 millones de intentos de extorsión en 2018. En 91.6% de esos casos, el delito se cometió por vía telefónica. Eso significa que, en un solo año, se realizaron 5.2 millones de llamadas de extorsión. Eso equivale a 14,305 llamadas por día en promedio, 596 por hora, casi 10 por minuto. (Alejandro Hope, El Universal, Opinión, p.9)
Evitar a toda costa su extradición a México –sobre todo durante este gobierno- es uno de los objetivos estratégicos de Genaro García Luna en la negociación emprendida con la justicia estadounidense para colaborar como testigo protegido a cambio de reducir la pena que le impondría si se llega a demostrar que recibió millones de dólares por proteger al cártel de Joaquín Guzmán Loera.
El gobierno de AMLO ha considerado factible presentar la solicitud de extradición y el tema seguramente será tratado durante la visita que en los próximos días hará a nuestro país el fiscal general estadounidense, William Barr.
En el proceso para solicitar la extradición de García Luna jugará un papel central el fiscal general mexicano, Alejandro Gertz Manero quien a lo largo del tiempo se convirtió en uno de sus más acérrimos enemigos. Su enemistad se remonta a los días en que Gertz fungió como secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas (1997-1999) y García Luna empezó a escalar posiciones en la recién creada Policía Federal Preventiva (PFP). (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, p.10)
Como todo presidente ambicioso de la historia de México, como Cárdenas, como Alemán, como Echeverría, como Salinas, López Obrador no quiere sólo jugar el juego de gobernar, sino cambiarlo: crear un “nuevo orden”.
Esto en política quiere decir generar una nueva generación de intereses y lideratos en todos los ámbitos: nuevas leyes, nuevas clientelas sociales, nuevas generaciones de empresarios, de líderes obreros, de intelectuales, y, desde luego, una nueva clase política, una nueva alta burocracia, secretarios, legisladores, gobernadores, la famosa circulación de las élites que en México se practicaba a machetazos: entraban a saco los del nuevo gobierno y se iban por el caño los del anterior, sin miramiento alguno, salvo por la tolerancia a los caudales que pudieron levantar los que salían, si quisieron levantarlos, mientras tuvieron los puestos. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Opinión, p.3)
En Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha sido claro y severo con el gobierno federal y su decisión de construir el Tren Maya y ha anunciado no solo su oposición, sino acciones para detenerlo. Han convocado a marchas y protestas el 20, 21 y 22 de febrero en Ciudad de México, Morelos y “acciones dislocadas”.
El 23 de enero el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que lidera Javier Sicilia arrancará una marcha de Cuernavaca al Zócalo exigiendo que se cumpla el programa de justicia transicional al que el gobierno, en los meses de transición, se había comprometido. (Carlos Puig, Milenio, Opinión, p.2)
QUE si hay un personaje clave en el seguimiento a todos los casos que investiga y a veces difunde el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda, Santiago Nieto, es María de la Luz Mijangos, cabeza de la Fiscalía Anticorrupción adscrita a la FGR.
Es por eso que el miércoles ambos se reunieron en Palacio Nacional para compartir datos y afinar su estrategia contra los corruptos con casos bien armados, pese a los alegatos ese mismo día de Alejandro Gertz, quien reaccionó fuerte luego de que se conociera que la UIF investiga a Marta Sahagún y los Legionarios de Cristo. (Milenio, Opinión, p.2)
Por años, los gobiernos del PRI y del PAN rechazaron que México formase parte de la fuerza de los Cascos Azules de las Naciones Unidas, porque, decían, se violaba el principio de no intervención. En esto coincidían las alineaciones de izquierda.
Fue el presidente Enrique Peña Nieto quien en 2014 hizo las adecuaciones legales para que México formase parte del grupo de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU y a partir de esa fecha, policías, soldados, marinos y civiles mexicanos han participado minoritariamente en 83 misiones, básicamente en tareas de adiestramiento. En la actualidad hay 15 elementos de las fuerzas armadas desplegados en distintas partes del mundo, una representación simbólica.
Ya antes hubo intervención de militares mexicanos en operaciones de paz, en 1947 y 1950 en India, y en Pakistán en 1949. Luego desaparecería esta práctica, aunque se apoyó brevemente a los Cascos Azules en El Salvador, en 1992. Pero en los tres casos fueron decisiones excepcionales, no una política de Estado. (Joaquín López Dóriga, Opinión, p.3)
Por aberrante que parezca, los activistas que acompañan a los padres de los 43 de Ayotzinapa constituyen el obstáculo mayor para el esclarecimiento del caso porque siguen alentando la fantasía de que los normalistas no fueron victimados en términos como los reseñados en la verdad histórica, sino tuvieron otro destino del que no aportan un solo dato. Según insisten, ninguno de los jóvenes fue sacrificado en el basurero de Cocula porque todos fueron llevados “a distintos lugares” de Guerrero y porque siguieron activos algunos de sus teléfonos celulares después de aquella noche remota de crimen.
Luego de una reunión de casi tres horas con el presidente Andrés Manuel López Obrador, el representante Vidulfo Rosales informó: “Lo que se tiene ahora es la construcción de un andamiaje jurídico institucional con la consolidación del fiscal especial, con la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia y con una actividad muy importante de búsqueda para poder caminar de manera más rápida en el 2020…”.
A esa tumultuaria tarea súmese a los integrantes de otros organismos (retorna el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) y la imprescindible Fiscalía General de la República. Pero no solo: al activismo para necear con buscar otra verdad se apunta la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, cuya titular, Rosario Piedra Ibarra, tuiteó hace una semana la consigna: “Este 2020 continuamos en pie de lucha. ¡Vivos los llevaron! ¡Vivos los queremos…!”. (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Hace 13 meses y diez días que Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República, y es la hora que no se ha reunido ni con legisladores de oposición ni con los líderes del PAN, PRI, MC o PRD. Algo inusitado en un país que se presume democrático.
Es cierto que la oposición está desarticulada, maltrecha, dividida. No hay estrategia para levantarse. Los desilusionados de Morena crecen y crecen, según las encuestas, pero no se pasan a ninguno de los partidos de oposición.
Hay un gran vacío de liderazgos.
El Presidente hizo oídos sordos, hasta ahora, al llamado de Laura Rojas, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, para que se siente a dialogar con la oposición sobre la inseguridad y el nulo crecimiento económico —los talones de Aquiles del régimen—, y se construya la unidad.
Lo confirmamos anoche con la propia diputada del PAN, quien, prudente, se abstuvo de hacer mayores comentarios, por la posición que ocupa. (Francisco Garfías, Excélsior, Opinión, p.4)
Un país que tiene regiones —Guanajuato— en donde se contabilizan 14 asesinatos por día —vaya inicio de año— dista mucho de ser uno en vías de pacificación. No hay curvas aceptables ni justificación alguna ante un clima de violencia tal. Un tema presente desde hace tanto y que, a pesar de los cambios de personajes y estrategia, no ha encontrado la vía correcta que arroje datos, que mejore la percepción de que la que se tiene contra el crimen es una guerra que se está ganando. Y menos se aporta a esto con un mensaje que, lejos de conciliar, opta por la división y la descalificación fácil. Ese señalamiento que pone como enemigos a quienes tendrían que ser aliados.
“Imagínense que voy a estar esperando aquí y la prensa conservadora, fifí y, nuestros adversarios, dándose vuelo… yo haciéndole el caldo gordo a los conservadores. ¡El gran encuentro!, ¿cuántos días de notas en la prensa fifí, sobre la marcha y el encuentro para que me sienten en el banquillo de los acusados y todo México se dé cuenta? ¡Qué barbaridad! Vilipendiado el Presidente, hasta que alguien le dijo sus verdades…”, son palabras dichas por Andrés Manuel López Obrador hace unas semanas, cuando Javier Sicilia anunció una Tercera Caravana por la Paz —el próximo 23 de enero— y su intención de ser recibido por el presidente en Palacio Nacional. Dijo lo anterior seguido de un “qué flojera”. Lo retoma el poeta en su anuncio oficial de esta movilización que presentó ayer junto a integrantes de la familia LeBarón, quienes se sumaron a su llamado. Las razones las conocemos todos. (Yuriria Sierra, Excélsior, Opinión, p.12)
Desde julio, cuando tras una reunión del presidente Andrés Manuel López Obrador con el representante de México ante la Organización de las Naciones Unidas, Juan Ramón de la Fuente, se anunció que México presentaría este año su candidatura para ocupar uno de los cinco asientos, de un total de 10 que se renuevan cada dos años en el Consejo de Seguridad, el máximo cuerpo político de esa organización, Estados Unidos comenzó a investigar si México pudiera ser una nación confiable para sus intereses. El Departamento de Estado empezó a preguntar qué tanto influía en la política exterior el Partido del Trabajo.
La preocupación estadounidense es si la estrecha relación que tiene el PT y su líder, Alberto Anaya –parte de la coalición de gobierno–, con el gobierno de Corea del Norte que encabeza Kim Jong-un, pudiera generar una desventaja para Estados Unidos dentro del Consejo de Seguridad. El PT no tiene influencia para cambiar ninguna línea estratégica en política exterior, pero el gobierno del presidente López Obrador se ha vuelto poco fiable y últimamente, desconcertante. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Opinión, p.35)