La movilidad es algo que caracteriza a las poblaciones humanas en estos tiempos y si algo puede decirse de México es que es un país de emigrantes: para mayores señas, millones de conciudadanos nuestros se han afincado en los Estados Unidos. Es gente que emprende el camino por su cuenta y que tiene la entereza de afrontar las más extremadas adversidades para buscarse las condiciones de vida que este país no les puede ofrecer (lo cual, si lo piensas, es una auténtica vergüenza nacional, algo de lo que los mexicanos no podemos enorgullecernos en lo absoluto, por más que sea admirable el espíritu emprendedor de nuestros emigrantes) y que necesita, entonces, de una estructura de apoyo, más allá de la familia, cuando se establece ya en otro lugar. Dentro de nuestras fronteras ocurre un fenómeno parecido y son también millones los individuos que se desplazan a otros puntos del territorio para buscarse empleos y oportunidades. (Román Revueltas Retes, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Después de una gran presión social, en los últimos días del año pasado, la periodista Hajar Raissouni fue liberada después de varios meses de estar retenida por tener relaciones extramaritales y, supuestamente, haberse practicado un aborto.
La ley marroquí acuñada durante el colonialismo francés criminaliza cualquier comportamiento que se aleja del Islam, como beber (no obstante, es común hacerlo en restaurantes y bares reservados para la élite y los expatriados), consumir drogas, tener relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, la homosexualidad y la prostitución. El uso de la ley es todavía más enérgico cuando se trata de disidentes o críticos del régimen.
La libertad es un derecho fundamental que todos los seres humanos poseen. Es la condición alejada de la opresión estatal y eclesiástica. Ojalá que en el año que inicia resistamos y adquiramos un compromiso renovado con la libertad y los derechos individuales. Es indispensable poner límites al poder del Estado y la Iglesia, defender el libre comercio, la eliminación de las fronteras y los derechos de los migrantes, en casa y más allá de nuestras fronteras. (Alejandro Echegaray, El Heraldo de México, Estados, p. 12)

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 11)