Transporte amafiado.- Los mandos de la Sedena sabían desde el principio que el tema de los camiones que transportan materiales de construcción, tezontle, grava y arena, sería un dolor de cabeza para el proyecto de Santa Lucía.
Se trata de grupos de presión que tienen bajo control un negocio pingüe al que le quieren sacar todo el provecho posible. Su voracidad quedó al descubierto desde el proyecto de Texcoco y se replica ahora en Santa Lucía.
Por eso la Sedena, metida a constructora, ideó el sistema de que los camiones dejaran el material a la entrada del aeropuerto y no se movieran por dentro de las instalaciones.
Si los hubieran dejado pasar, la acumulación de tráileres hubiera sido adentro del aeropuerto y no en el Zócalo o en la carretera de Pachuca. (La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)
QUE los gobernadores panistas harán una contrapropuesta al presidente Andrés Manuel López Obrador hoy durante la reunión de la Conago, pues buscan que el gobierno federal envíe recursos a los estados y así financiar los servicios médicos, sin que ello implique firmar el convenio con el nuevo Seguro Popular. Por lo pronto, serán los secretarios de Salud de las 10 entidades en manos del PAN los que afinarán el plan. (Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Firme Seade.- Los vientos que buscan colocar a Jesús Seade en una embajada en Asia ya se calmaron, y es que después de su desempeño en la negociación del T-MEC, quedó más que firme en la subsecretaría para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, por lo que no hay sustento para más especulaciones, aseguran desde el gobierno federal. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
Seade se queda en la SRE, dice.- El que salió a precisar que no lo están “renunciando” de la subsecretaría para América del Norte es Jesús Seade. El negociador del T-MEC por parte de la 4T puso en su Twitter: “Entre trifulcas mareadas me entero que ya me voy. ¿De dónde? El primer encargo con que me honró el Presidente @lopezobrador_ en lo básico ya salió. Pero queda mucho por hacer en esta noble Cancillería y en eso seguiré mientras así dispongan el Presidente y el Canciller @m_ebrard”. (El Financiero, Nacional, p. 29)
El defecto del subsecretario.- NO cabe duda que el subsecretario de SRE, Maximiliano Reyes, goza de todas las confianzas del canciller Marcelo Ebrard, y nos dicen que si dejara a un lado su prepotencia y soberbia que lo han caracterizado desde que era priísta, y que no rebasan su inteligencia, podría avanzar mejor en sus relaciones con los diplomáticos. ¿Dejará de ser divo?, se pregunta. ¿Será? (24 Horas, Nación, p. 2)
El pleito entre la embajadora Martha Bárcena y el canciller Marcelo Ebrard, cuyo supuesto móvil es la lucha para que éste sea destituido y ella lo reemplace, es sólo el más reciente, abierto y público en el confrontado y grillo gabinete de Andrés Manuel López Obrador, cuyos latentes ceses y reemplazos aún no tienen fecha.
Ante la mirada del Presidente, que la ha dejado escalar, la guerra de poder que libran la representante de México en Washington y Ebrard inició desde el arranque del gobierno, cuando el canciller la marginó de la estratégica relación con Donald Trump y el episodio más reciente fue el reclamo público de ella al ninguneo en la reunión anual del cuerpo diplomático.
Las desafiantes respuestas de Bárcena al supuesto maltrato del canciller podrían ser motivo de llamados de atención y aun de remoción por parte de él como su jefe jerárquico, pero en la SRE se atribuye esta conducta a su relación familiar: su esposo, el diplomático Agustín Gutiérrez Canet, es tío de la esposa de López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müller. (Álvaro Delgado, El Heraldo de México, País, p. 8)
Hay varios secretarios, de los que ocupan áreas clave para la administración pública, que no sólo están rebasados y desgastados, sino que ellos mismos han dado por hecho que están en sus posiciones sólo como figuras de adorno que salen en eventos y ocupan reflectores, pero cuyas funciones sustantivas les han sido arrebatadas en la mayoría de los casos por el propio presidente, que decide casi todos los asuntos importantes del gobierno federal, y en algunos casos por otros secretarios del gabinete como Marcelo Ebrard, quien realiza funciones extralegales en varias áreas gubernamentales, en algunos casos porque se lo ha pedido el presidente y en otros porque el canciller es un hombre de poder, con mucha más experiencia política que casi todos sus compañeros del gabinete.
“La realidad —dice un político encumbrado de la 4T— es que el presidente es el gabinete. Él asume todas las funciones y las decisiones importantes. Por supuesto que hay secretarios que ameritarían ser cambiados porque o no dieron el ancho o no han aguantado el ritmo de trabajo del presidente; pero a muchos de ellos no les cambia porque les tiene cariño o respeto y prefiere mantenerlos ahí, mientras él asume el control real de las secretarías”. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 11)
Addendum.- ¿Quién será el interesado o interesada en cimbrar el terreno diplomático de nuestro país en EU? Jesús Seade tuvo que salir a negar su salida como subsecretario para América del Norte. Información falsa sobre la llegada de Javier López Casarín habría salido de Héctor Ortega, jefe de la sección del Congreso de la Embajada de México en EU. Con el T-MEC a punto de ser aprobado en todos sus frentes, ¿a quién le conviene manchar el trabajo del equipo liderado por Marcelo Ebrard? Al menos Ortega tuvo quién lo defienda, no vayamos a pensar mal. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)
La estrella de Marcelo Ebrard se está apagando. O cuando menos, emergen señales que el poderoso secretario de Relaciones Exteriores, un vicepresidente al estilo europeo con toda la fuerza para las funciones transversales que le encargó el presidente Andrés Manuel López Obrador, está siendo sometido a un golpeteo intenso desde Palacio Nacional. En privado ha recibido críticas desde finales de noviembre, por temas en donde se involucró pese a no ser de su responsabilidad directa. En público, las cosas brincaron la semana pasada durante la reunión de embajadores y cónsules, al estallar en las redes sociales el viejo conflicto que tiene con Martha Bárcena, embajadora de México ante la Casa Blanca. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 29)
El Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Administración General de Aduanas (AGA) arrancarán el segundo año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador con una nueva correlación de fuerzas, pues las añejas pugnas entre la hoy ministra de la Suprema Corte de Justicia, Margarita Ríos-Farjat, y el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, serán sustituidas por las que se vaticinan ahora entre Raquel Buenrostro y Ricardo Ahued.
En las oficinas del SAT se asegura que no pasarán muchos días para que se dé el primer encontronazo entre la recién nombrada titular del organismo y el encargado de los puntos aduanales, toda vez que en breve deberán elegir de manera conjunta a un nuevo encargado para la Administración Central de Operación Aduanera. Esto, luego del fallecimiento el fin de semana del Almirante Juan Ramón Alcalá Pignol, quien se desempeñaba en el cargo desde abril de 2019.
La llegada a un cargo administrativo del marino en situación de retiro fue resultado de una asignación directa de la regiomontana Ríos-Farjat, en medio de una confrontación abierta con Peralta Saucedo, que en los hechos revelaba una lucha de intereses entre el equipo del Consejero Jurídico y del Jefe de la Oficina de Presidencia, Julio Scherer y Alfonso Romo, con el de la encargada de la secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. (Mario Maldonado, El Universal, Cartera, p. 30)
El presupuesto básico de cualquier investigación, desde periodística hasta criminal, se basa en unas pocas preguntas: quién, cuándo, dónde y, sobre todo, porqué y para qué. Todo esto viene a cuento porque después de la reunión que mantuvo el presidente Andrés Manuel López Obrador con los integrantes de las familias LeBarón y Langford, se dijo que tanto el FBI como la Fiscalía General de la República tienen ya prácticamente resuelta la investigación sobre el crimen que dejó seis niños y tres mujeres muertos en un ataque cometido en la frontera entre Sonora y Chihuahua.
Los asesinos materiales son integrantes del cártel de La Línea, una derivación del cártel de Juárez, han sido identificados y la mayoría ya están detenidos, dos de ellos en Estados Unidos. El caso, en ese sentido, parece estar a punto de ser resuelto y, sin embargo, persisten las dudas, sobre todo por una pregunta que no
es respondida por nadie, ni siquiera por los criminales detenidos: ¿por qué?, ¿por qué matar a mujeres y niños indefensos y quemar los cuerpos?, ¿qué es lo que realmente está en el fondo de esta historia? (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
Si esculcar en las pertenencias de niños realmente evita tragedias, como la del Colegio Cervantes, la resistencia a esta acción autoritaria será poca. Más aún, si enviar perros a olfatear sus pupitres, suéteres, zapatos elimina el peligro que los acecha en casa, en la calle, en la escuela, nadie se quejará.
Sin embargo, la realidad es más compleja. El operativo Mochila Segura, rechazado por organismos como la CNDH y Save The Children, revictimiza a los menores. Coloca la crisis y su presunta solución en ellos, mientras diluye la responsabilidad que tienen las autoridades.
¿Por qué se lavan las manos y hablan de videojuegos y loncheras cuando sus estados arden en homicidios y parte de “las fuerzas del orden” han sido penetradas por la delincuencia? ¿Cómo llegó un arma de uso exclusivo del Ejército a un niño? (Elisa Alanís, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Hace apenas 10 días, cuando la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que la entonces Procuraduría General de Justicia (PGJ) local había librado una orden de aprehensión contra Raymundo Collins –ex titular del Instituto de Vivienda (Invi)–, quedaba claro que el ex funcionario habría de comparecer, más temprano que tarde, para rendir cuentas de las irregularidades detectadas durante su gestión.
Ni siquiera el amparo contra la orden de captura y comparecencia que, curándose en salud, había interpuesto el 23 de diciembre ante un juez de distrito de amparo penal parecía suficiente para evitar que acabara por declarar sobre un millonario desvío de fondos detectado por el órgano de control interno del Invi. (La Jornada, Editorial, p. 2)
Durante el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador se han instrumentado acciones que han frenado el impresionante derrumbe y quiebra técnica, operativa y financiera de Pemex, que adquirió niveles de corrupción sin precedente en la administración de Enrique Peña Nieto, pero que comenzó, paradójicamente, desde José López Portillo con Jorge Díaz Serrano como director de esa empresa estratégica*.
Conforme a lo que anunció el Presidente de México el pasado 1º de diciembre se detuvo la caída progresiva de la producción de petróleo, la producción del sistema nacional de refinación pasó de 32 a 40 por ciento de su capacidad y se abatió el robo de combustibles. Por su parte, el director de Pemex anunció la incorporación próxima de reservas localizadas en el campo Quesqui, en Tabasco, por aproximadamente 500 millones de barriles de hidrocarburos. En el ámbito financiero se destinaron mayores recursos para inversión, amortizar deuda y se pactó con deudores reprogramación de vencimientos. Se presionó para que renunciara Carlos Romero Deschamps ante investigaciones por corrupción. (Francisco Colmenares, La Jornada, Opinión, p. 13)
Uno de los temas que dominarán la escena política internacional en 2020 es el proceso electoral en Estados Unidos. En él no sólo se juega el futuro del país (todavía) más poderoso del mundo, sino también la manera en la que se articulará con el resto de las naciones, por lo que también influirá en todas ellas.
Desde hace años —al menos desde la llegada de Barack Obama a la presidencia y la aparición del Tea Party como oposición dura de derecha—, en EU se ha llevado a cabo un proceso de polarización política, que ha trastocado la manera como se decantan candidaturas y elecciones. En esa polarización, acelerada a partir del arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, el partido demócrata se ha movido hacia la izquierda y el partido republicano, cada vez más hacia la derecha. (Francisco Báez Rodríguez, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 1)