Y son dos personajes los que en estos días son objeto de la furia en las redes. Uno es el padre Alejandro Solalinde, a quien el bando calificado como fifí está lanzando fuertes reproches por haber ajustado su visión de defensa de los derechos humanos de los migrantes, y particularmente de las caravanas a las que el sacerdote señaló de tener la estrategia de lanzar a mujeres y a niños para confrontar a la Guardia Nacional. El otro es Porfirio Muñoz Ledo, a quien desde el bando chairo, como se llama en esos espacios del Twitter, le está lloviendo porque al ponerse del lado de los migrantes que vienen en caravanas, dicen, está cuestionando a los “hermanos integrantes” de la Guardia Nacional. Ahí están los polos extremos del debate. (La Razón, Opinión, p.2)
Las crónicas sobre la detención y deportación de migrantes centroamericanos en la frontera entre Guatemala y Chiapas, que aparecen en El Faro, documentan una guerra. Carlos Martínez y otros reporteros de esa publicación salvadoreña hablan de “emboscadas”, “engaños” y “capturas” de la Guardia Nacional, la policía federal y los agentes migratorios mexicanos contra miles de miembros de las caravanas.
Según esas notas, decenas de hondureños fueron subidos a autobuses con la promesa de ser llevados a estaciones migratorias, en Chiapas, donde serían procesadas sus solicitudes de internación, pero fueron devueltos a Guatemala. Las historias de los engañados recuerdan las de los náufragos que llegan a las costas de Cuba, Haití o República Dominicana, engañados por lancheros que les aseguran conducirlos a Miami. (Rafael Rojas, La Razón, Opinión, p.4)
Allí están, son los mismos de siempre, hombres y mujeres y niños -incontables niños- con rostros morenos y sudorosos, sonrisas imperecederas, pantalones raídos, camisetas estampadas y gorras de colores, la mayoría con nombres de estrellas de Hollywood o protagonistas de telenovelas que muy pronto olvidaremos, héroes y heroínas anónimos que han abandonado sus pueblos azotados por el hambre o la violencia, o ambas cosas, la furia de la policía o del Ejército, de los narcos o de la guerrilla, que han recogido al desgaire unas cuantas cosas, un crucifijo, una estampita o unas fotografías, para depositarlas en sus astrosas mochilas y que han emprendido el extenuante camino en busca de algo que desconocen y solo atisban, una larga jornada de trabajo pagada sin reservas o el remanso de una tarde de domingo frente al televisor, rodeados por los suyos, sin temor a una redada o la demencial represalia de sus enemigos, hombres, mujeres y niños -incontables niños- dispuestos a abandonarlo todo, sus abuelos, sus campos de labranza, sus iglesias o sus templos, sus precarias casas de adobe o ladrillo o lámina, sus recuerdos -eso: sus recuerdos-, todo lo que hasta entonces han acumulado a duras penas, para conservar otra cosa, la única que les sigue siendo importante, la única que los impulsa a soportar los azotes del sol o la tormenta, los pies callosos y las picaduras de los mosquitos, el maltrato y el desprecio, lo único que los mantiene en pie, ese bien intangible y esencial que podríamos llamar esperanza, la esperanza en un futuro mejor para ellos y sus descendientes en un territorio ajeno y hostil en ese norte gobernado por un energúmeno que los considera menos que animales, y aun así ellos enarbolan la esperanza. (Jorge Volpi, Reforma, Opinión, p.9)
Vemos que la migración se ha intensificado, significa movimiento y éste inicio y fin. Los humanos la ejercemos como algo natural más allá de la conciencia y percepción; los motivos pueden ser diversos, desde el deseo de mejorar hasta la defensa de la vida. Inevitablemente trastocará el comportamiento de pueblos establecidos y dependerá de la respuesta de los gobiernos si el ingreso es terso o rudo.
Ejemplos sobre migraciones y motivos nos llevarían al origen de la humanidad. Observemos algunos posteriores como antecedentes. La obra de Esquilo (500 a. C.) “Las Suplicantes” nos permite observar la petición de asilo al rey griego de Argos por el rey Dánao para sus hijas, por amenaza de muerte sobre ellas de parte de los hijos del rey Egipto. El griego consideraba otorgar la protección o una posible guerra, ya que las relaciones entre ellos en esa época mítica eran fuertes y el pueblo griego soberbio. Sin embargo, pese al riesgo de confrontación, pérdida de comercio y esa suposición de grandeza, los acoge. Esto da el matiz sobre motivos de la migración y consideraciones sobre otorgar el amparo con todo lo que representa; respuesta a un dilema añejo y coincidencia actual. (José Joaquín Egea F., Reforma, Opinión, p.9)
El lunes, todo lo contrario. Lo contrario al papel anunciado de la Guardia Nacional, creada para pacificar el país. Lo contrario a lo planteado como políticas de migración frente a los vecinos centroamericanos. Lo contrario a lo discutido furiosamente en México ante las intenciones de Donald Trump de hacer un muro pagado por nosotros. Lo contrario a la forma como siempre hemos querido que traten a nuestros migrantes en la otra frontera. Lo contrario a lo que hemos discurrido en México sobre los derechos de quienes solo buscan un futuro mejor para sus hijos, o un futuro, punto. Lo contrario a lo que prometieron las campañas presidenciales y no solo la de Andrés Manuel López Obrador, ciertamente la más enfática en buscar y atacar las raíces de la migración: la pobreza y la violencia donde se originan. Lo contrario a lo que no hace tanto tiempo, aunque no lo parezca, muchos mexicanos hacían, contando con sus instituciones públicas: ayudar, buscar trabajos eventuales, poner a disposición fuerzas de seguridad y lugares públicos para aliviar el paso de las oleadas migrantes hacia Estados Unidos. (Luis Petersen Farah, Milenio, Opinión, p.3)
La realidad del fenómeno de las autodefensas en México tiene características diferentes a la que muchos piensan respecto a ellas.
Las imágenes de esta semana donde niños de entre 6 y 14 años se adiestran para enfrentar criminales que tienen asolada la región de la tierra caliente guerrerense son, sin duda, tanto alarmantes como conmovedoras; sin embargo, difícilmente son ciertas, por lo menos como nos las quieren presentar.
La aparición de las “autodefensas” o “guardias comunitarias” tiene en su mayoría objetivos distintos al que profesan como pretexto de su existencia. El control de acceso y “paso” a sus comunidades es el principal fuero del que quieren gozar; el segundo, asegurar el libre tránsito de grupos delictivos y sus mercancías. (Juan Ibarrola C. , Milenio, Opinión, p.15)
Tenía que pasar. La ONU reaccionó ante la política mexicana de contención a migrantes en la frontera sur. Por lo menos no hizo énfasis en el uso de la fuerza. Ahora el gobierno está, internacionalmente, con dos presiones paralelas sobre el tema: la del gobierno de Trump y la de Naciones Unidas. Le será difícil el acto de funambulismo. (La Crónica de Hoy, Opinión, P.p.)
Los más recientes datos sobre el asunto revelan que ya es mayor el número de mexicanos que regresan a México desde Estados Unidos que el de aquellos que salen hacia la Unión Americana. Esta tendencia es evidentemente contraria a la que predominó durante muchos decenios en la relación migratoria México-Estados Unidos.
La causa esencial de este cambio no se encuentra en una mutación en las condiciones económicas en ambos países. Sigue existiendo en EU la necesidad de mano de obra extrajera, y siguen existiendo en amplias capas de la sociedad mexicana el deseo, la necesidad o la voluntad de incorporarse al mercado laboral estadounidense.
En EU siguen siendo más altos los salarios y, en general, mejores las condiciones de trabajo. ¿Qué es, entonces, lo que ha cambiado? Indudablemente han variado las condiciones políticas y legales. Se ha vuelto más difícil el ingreso a EU y bastante más difícil la permanencia: es constante el riesgo de deportación. Y también es permanente el peligro que corren los patrones por contratar trabajadores indocumentados. Y debe agregarse, por estas razones, una caída sustantiva en la oferta de empleos. (Miguel Ángel Ferrer, El Sol de México, Opinión, p.16)
Los que lograron la detención fueron los estatales. AMLO no hace nada contra los cárteles, pero que tal contra los indefensos migrantes. (Reforma, p.4)