En México, bajo la legislación actual, es posible que a usted o a cualquier persona la puedan detener y revisar de manera arbitraria por su color de piel, su acento o su aspecto, si las autoridades consideran que “no parece mexicana”. Al amparo de la Ley Migratoria se han realizado detenciones discrecionales y claramente discriminatorias, incluso cuando se trata de ciudadanos mexicanos que, según la autoridad, “no se ven o no hablan como mexicanos”.
Esta situación se agrava más con la Ley de la Guardia Nacional, expedida en mayo de 2019, que le otorga a este cuerpo facultades en materia de migración, a pesar de que fue concebida como una autoridad encargada de la seguridad pública y la persecución de delitos, y no como autoridad migratoria. Si los propios agentes de migración, que tienen años de experiencia en el terreno, realizan inspecciones y detenciones discriminatorias y arbitrarias, ¿cómo podemos esperar que la Guardia Nacional, que no cuenta con la preparación, experiencia y capacitación necesaria en esta delicada tarea, pueda cumplir con esta función sin discriminar?
Por eso, como titular del Instituto para las Mujeres en la Migración, AC (IMUMI) promoví un amparo desde julio del año pasado para impugnar los artículos de la Ley de la Guardia Nacional que le conceden atribuciones en materia migratoria. Después de que este recurso se juzgó improcedente en primera instancia, mantuvimos la lucha y logramos escalar el caso al Noveno Tribunal Colegiado de Circuito en Materia Administrativa del Primer Circuito, el cual está programado para su análisis y discusión el 20 de febrero. (Gretchen Kuhner, El Universal, On line)
Hace cuatro años, desde el inicio de su campaña electoral por la Presidencia de las Estados Unidos de América, el entonces candidato Donald Trump usó como tema de sus discursos la construcción de un muro fronterizo con nuestro país habida cuenta que “somos un pueblo de migrantes salvajes, de delincuentes, de violadores, de productores y traficantes de drogas, etc.”
Es bien sabido que los Estados Unidos tienen intereses en muchísimos países del planeta. Pero el Trump de hoy tiene problemas, rivalidades, contratiempos, adversidades o contrariedades con Rusia, China, Siria, Irak, Corea del Norte, y otros países de Europa, Centro y Sudamérica. Ya no sólo existe México en su cabeza, el muro, los migrantes violadores y traficantes, afortunadamente; hoy manifiesta su cordialidad y afecto con nuestro presidente. La actitud de López Obrador cambió por completo aquella animosidad extrema.
Desde hace cientos de años los norteamericanos han volteado hacia el sur, buscando las riquezas, abundancias y el buen clima de nuestro país, y han hecho muchos intentos para adueñarse de más de la mitad de lo que fue, en su momento, el territorio mexicano. (Francisco Fonseca, El Sol de México, On line)
En el segundo año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el discurso presidencial del día del Ejército fue un repaso de lugares comunes donde no faltó el tono demagógico. Porque un comandante supremo que conoce bien la historia de la milicia, no tendría por qué hablar de “golpismo” y “agradecer” que hicieran caso omiso al “canto de las sirenas”.
La sobrecarga se explica porque las tropas son utilizadas por el actual gobierno para contener migrantes, transportar gasolina, vigilar ductos de Pemex, trasladar medicamentos, llevar dinero de programas sociales, distribuir libros de texto gratuito, y construir el aeropuerto de Santa Lucía. Sobra decir que ninguna de estas tareas son de su competencia.
En su rol de Guardia Nacional el proceso de desgaste se ha visibilizado con el incremento de accidentes y bajas en enfrentamientos, ante el creciente número de operaciones. Los tiempos de descanso, dicen militares consultados, se han reducido. Más allá de discursos y celebraciones con bailes folkclóricos, el desgaste del Ejército parece no importarle demasiado al comandante supremo. (Juan Velediaz, El Sol de México, On line)
Ahora que las primarias demócratas están llegando a los estados con grandes poblaciones de votantes latinos, permítanme enumerar cinco razones por las que el candidato del partido que está liderando las encuestas, el senador Bernie Sanders, podría ser malo para los hispanos.
Primero, si los latinos votamos por Sanders, de 78 años, estaremos ayudando a reelegir al Presidente republicano Donald Trump.
Por si no han estado prestando atención, Trump fue elegido y se está tratando de reelegir con una agenda antiinmigrante. El Presidente demoniza a la mayoría de los trabajadores indocumentados latinos como delincuentes, ha separado a las madres de sus bebés en la frontera y está limitando severamente la inmigración legal.
Trump ahora está tratando de aumentar 28 por ciento del voto latino que ganó en las elecciones de 2016 afirmando que hizo caer el desempleo, incluso entre los hispanos, a mínimos históricos. En realidad, el Presidente demócrata Barack Obama (2009-2017) redujo el desempleo de casi 10 por ciento al 4.8 por ciento, mientras que Trump solo lo ha reducido del 4.8 por ciento al 3.6 por ciento. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 15)
