Alfonso Durazo no ha participado en ninguna mañanera para informar sobre feminicidios o mostrar solidaridad para estas mujeres y para las familias de los muertos que suma en su escritorio todos los días. Esconde la cara detrás de la reacción de su jefe supremo ante este movimiento, pero luce sonriente con el anuncio del nombramiento como comisionado del Servicio de Protección Federal a Manuel Espino, un hombre que en el pasado señalaba a López Obrador como un peligro para México, recordemos que esta administración ha sacado del purgatorio a muchos traidores del pasado que con sólo ser tocados por la 4T, se dignifican para seguir pegados a las ubres del erario.
Cuidar los edificios del gobierno por encima de las mujeres es lo que importa, sobre todo ahora que osaron las feministas pintar las puertas del Palacio. No existen los hechos, ni palabras ni las voces que puedan cambiar la realidad y que puedan por lo menos ser consideradas para rectificar. Hace apenas unos días, Durazo vivió vergonzosos momentos en la Reunión Binacional de Planeación y Seguridad fronteriza en donde el embajador Christopher Landau olvidó la diplomacia y el respeto de no intervención para culpar a México de todo lo que sucede, sin tomar en cuenta la responsabilidad de EU en el tráfico de armas y el consumo de drogas de su población, para decirle contundentemente que han existido demasiadas reuniones sin ningún resultado. Ante estos hechos, Durazo no tuvo nada que decir, ni en la reunión ni a la opinión pública, justo ahora cuando al presidente Trump no le basta con promover su reelección intimidando a sus ciudadanos con los migrantes en su territorio, sino ahora con la violencia de nuestro país. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Opinión, p.13)
Frente a la disminución de la migración mexicana indocumentada y el incremento de la contratación temporal legal para el campo y oficios (con visas H2A y H2B) en Estados Unidos, el papel de los reclutadores de campesinos y gente empleada para oficios de baja calificación no debería seguir tal y como se encuentra ahora: bajo acuerdos de palabra con múltiples abusos.
Los “intermediarios”, “reclutadores” o “enganchadores” son gente que los empresarios de EU contratan para que busquen en México a gente que sacará adelante cosechas millonarias de vegetales y frutas o reparará juegos mecánicos en ferias, soldará hierro o empacará sus jaibas. El problema es que los servicios de esos intermediarios, como el proceso del trabajo temporal, no está regulado debidamente. Entre México y EU no existe un convenio que obligue a sus gobiernos a responsabilizarse de vigilar, a pesar de que el primer país aporta más de 90% de la gente con visas H2A y H2B. (Gardenia Mendoza, El Heraldo de México, Orbe, 30)