El Covid-19 ha puesto en alerta a autoridades nacionales, pero también internacionales, en México. Es el caso de la Agencia de la ONU para Apoyo a Refugiados (ACNUR) en territorio mexicano, la cual ha estado muy al pendiente de los migrantes, ya ahora hace recorridos por albergues de la sociedad civil, para —entre otras cosas— implementar medidas preventivas ante la enfermedad del coronavirus. Y en todo ello han podido detectar que hasta el momento no hay reporte de personas refugiadas que sean portadoras del Covid-19. (El Universal, p. 2)
Una cosa es que la opinión pública y los medios en México y en todo el mundo estén centrados, casi de manera obsesiva, en el famoso virus y otra es que no continúen realidades de riesgo que ameritan la atención de las autoridades, como es el caso de la continuada presencia de migrantes internándose por nuestras fronteras, transitando el país y varados en la frontera norte.
El reconocido académico, el doctor Carlos Heredia (ver su columna Historia de dos ciudades, Milenio, 13 de marzo 2020) escribe una oportuna cita relacionada con los migrantes varados en nuestra frontera norte: “La pandemia del coronavirus nos ha convertido, en un abrir y cerrar de ojos, en los discriminados, aquellos a los que no se permite cruzar fronteras, aquellos que transmiten enfermedades”.
Como he escrito en este espacio, los flujos migratorios de seres humanos son sorprendentes, cada persona que los integra cambia su destino de origen y llega a nuevos territorios a adaptarse, a integrarse. Este coronavirus es un mal migrante, no respeta fronteras, no avisa de su llegada, toma por sorpresa las ciudades donde aterriza, a sus autoridades, pero como los migrantes obliga a buscar soluciones imaginativas, solidarias e inevitables. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 8)
En los distintos foros de Naciones Unidas para asuntos migratorios, donde participan una mayoría de países receptores y algunos pocos emisores, el tema y el término de derechos humanos está prácticamente vedado. Se puede hablar de desarrollo humano, acuñado y aceptado por Naciones Unidas, pero no propiamente de derechos humanos
Lo que no dice, de manera explícita, es que toda persona tenga derecho a ingresar a cualquier país. En otras palabras hay un derecho universal a emigrar, pero no necesariamente a inmigrar.
En realidad la gobernanza migratoria es un sistema de lógicas superpuestas. Por un lado está el derecho de las personas emigrar, transitar y retornar, un derecho humano reconocido, que es la base de la convivencia internacional; al mismo tiempo y, por el simple hecho histórico de la conformación de los estados-nación, se establece el derecho soberano de legislar sobre el ingreso, tránsito y permanencia de extranjeros. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 13)
Hace un año, el Congreso aprobaba por fin modificaciones legales para dar paso a la Guardia Nacional. La oposición de organizaciones contra mantener a los militares en las calles, decenas de foros para escuchar centenares de posturas y la esperanza para que ésa, la estrategia estrella del gobierno de López Obrador redujera la inseguridad, castigara a los criminales y atendiera con nuevas forma y bríos a los cárteles, rodearon la polémica base legal que daría paso a una corporación que, a la fecha, genera auténtica lástima y opera más ficción que resultados.
La segunda, la Ley de Uso Legítimo de la Fuerza, un año después ha resultado una verdadera burla, una camisa de fuerza contra los propios policías, soldados convertidos a malos policías y a pésimos vigilantes de las fronteras como elementos migratorios. La cantidad de entrenamientos y cursos que las fuerzas armadas habían recibido en años anteriores sobre este tema resultaban mucho más claros en cuanto a la protección de los derechos humanos. A diferencia, lo que hoy se tiene son elementos boquibajeados, ofendidos, actos ignominiosos en su contra, indignación, humillación y deshonor, en nombre de esta mal traducida ley. (Ethel Riquelme, La Crónica, Opinión, p. 2)
Para el caso de las mujeres mexicanas incorporadas al mercado laboral de cuidados en Estados Unidos, también sirve para contener los salarios a la baja en dicho país. Es decir, las trabajadoras mexicanas también juegan un papel muy importante en esa economía, no es casualidad que en 2017 México fue el primer país a nivel mundial que arrojó mujeres migrantes internacionales. La mayoría de ellas se fue a EU, que es el mayor receptor de migrantes internacionales. De acuerdo al Anuario de Migración y Remesas 2019, México contribuyó al flujo de mujeres migrantes internacionales con 6.1 millones, equivalente al 2.3% de dicho flujo.
El artículo titulado Latinas en el mercado laboral estadounidense del cuidado, 1990-2014, explica que la gran demanda de mujeres latinas y sobre todo mexicanas, en el mercado laboral norteamericano, es debido al adelgazamiento del Estado y la reducción de servicios que éste proporciona en salud, educación y cuidados de los dependientes de las trabajadoras, aunado a la creciente incorporación y permanencia de mujeres estadounidenses en los mercados laborales (Roldán y Castro, 2018). Las inmigrantes mujeres y principalmente indocumentadas constituyen la fuente preferida para este tipo de actividades y se consolidan como una fuerza de trabajo que facilita la imposición de salarios bajos y nulos derechos. (Patricia Pozos Rivera, El Universal, Opinión, p. A12)