Los tres niveles de gobierno
No sólo hay disonancias en los mensajes del gobierno federal y los gobiernos estatales, sino que también en algunos estados el gobernador tiene una posición con respecto a la contingencia y los alcaldes otra diferente.
Eso abona a la confusión y a que la ciudadanía no construya un frente unido. Hoy más que nunca es necesario que la clase política deje de lado sus rencillas y que se conduzcan con responsabilidad.
Hay recomendaciones de profesionales de la salud y protocolos de aplicación general que se deben seguir.
Pero si los tres niveles de gobierno tienen tres mensajes diferentes las soluciones no tendrán el impacto positivo esperado. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, opinión, p. 3)
Mientras el mundo toma medidas radicales de prevención contra la masiva expansión del coronavirus, en México carecemos de una estrategia eficaz y efectiva de salud pública. Este sector se identifica por el desabasto de medicamentos, subejercicios presupuestales e improvisación en la toma de decisiones. Se ha marginado, en los hechos, al Consejo de Salubridad General que constitucionalmente representa un órgano colegiado que tiene carácter de autoridad sanitaria con funciones normativas, consultivas y ejecutivas, cuyas facultades son: “aprobar y publicar en el Diario Oficial de la Federación la declaratoria en los casos de enfermedades graves que sean causa de emergencia o atenten contra la seguridad nacional”. El gobierno se empeña en minimizar una realidad que impera en la salud pública, agudizada por la crisis económica, la volatilidad del tipo cambio y la caída de los precios del petróleo. (Isidro H. Cisneros, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
Ante la inexistencia virtual del titular Jorge Alcocer, Hugo López-Gatell funge como secretario de Salud. Epidemiólogo de claro hablar, suena convincente y da la impresión de que domina el tema de la nueva peste. Su perfil, sin embargo, no parece ser el adecuado porque la tarea que carga requiere de alguien avezado mucho más en infecciones y virus que en epidemias y pandemias. (Carlos Marín, Milenio, Política, p. 7)
En algún tiempo, esperemos que más pronto que tarde, la expansión del Covid-19 por el mundo cesará, los casos comenzarán a ser menos, se habrán acumulado tragedias y, uno supone, algunos triunfos para quienes actuaron bien y a tiempo. Ahí donde la salud y la prevención no está asegurada para todos habrá conciencia de que no importa, de nada sirve que unos puedan pagar el acceso a la salud, si no lo tienen todos. En particular en Estados Unidos, el país más rico del continente, con un poco de suerte aprenderán que sin un sistema de salud que proteja a todos al menos en el nivel básico, no hay manera. De nada sirve el sistema que protege solo a algunos, las epidemias no distinguen entre quienes tienen seguro y los que no. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
La Constitución prevé que en casos de grave riesgo para la salud pública, el secretario de Salud cumpla una función protagónica en la conducción y comunicación de la crisis a través del Consejo de Salubridad general. Es una disposición prevista en la Carta Magna y que vimos desplegarse en plenitud en la crisis del 2009; el doctor José Ángel Córdoba, quien no había tenido un papel protagónico en el gabinete, asumió las riendas de la situación con entereza y resolución. En esta ocasión eso no ha ocurrido. El secretario de Salud ha pasado a ocupar un lugar, entre decorativo y humillante, en la coyuntura actual por razones que me escapan pues curricularmente es solvente. Lo vemos empequeñecerse en las conferencias mañaneras ante una opinión pública que está inquieta por razones diversas y que requiere el discurso tranquilizador del experto. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p. 13)
Si en el agitado arranque de este 2020, las crisis de medicamentos y abasto en hospitales públicos junto con las protestas y movilizaciones de mujeres contra el feminicidio y la violencia ya le habían arrebatado al presidente López Obrador el dominio total que tuvo de la agenda pública en el primer año de gobierno, ahora la crisis sanitaria y económica derivada de la llegada del Covid-19 amenaza con afectar el liderazgo del jefe del Ejecutivo en la República.
Porque ante la posición pasmosa y lenta de su gabinete para enfrentar y declarar una emergencia nacional por el coronavirus, algo que ya hicieron muchos otros países y gobiernos en el mundo, incluido nuestro principal socio comercial y vecino, Estados Unidos, el gobierno federal ha empezado a ser rebasado por decisiones de gobernadores estatales, instituciones privadas y empresas que decidieron anunciar e implementar sus propias medidas, suspensiones de actividades y restricciones, como una forma de evitar que se reproduzcan los contagios y disminuir la llamada curva de propagación del virus entre la sociedad mexicana. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 2)
No atienden los consejos del doctor López-Gatell
Podrá aparecer todos los días el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell con sus recomendaciones, pero al parecer en la 4T no aprecian mucho sus consejos, y algunos de plano lo ignoran. Es el caso del partido en el gobierno, que pese a las recomendaciones de evitar concentraciones para reducir riesgos de contagio por el coronavirus, realizó ayer su reunión de Consejo Nacional, en la que por cierto, no acordó gran cosa de su proceso interno. Según los morenistas, se trataba de una reunión inaplazable para dar continuidad a la acciones ordenadas por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de reponer su elección interna anulada, y a la que estaban convocados cerca de 300 consejeros. De este modo, el partido continúa con actividades normales, mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador, sigue repartiendo abrazos y besos en sus giras. (Bajo Reserva, El Universal, p. 2)
Ver el manejo de la pandemia del coronavirus en el país más rico y poderoso del planeta en el régimen Trump es como ser testigo de un crimen masivo. Desde que se detectó el primer caso en enero, hasta la fecha, Trump y su gente han mentido sobre este fenómeno, buscando engañar a personas vulnerables dentro y fuera de Estados Unidos, todo guiado por la siempre peligrosa mezcla explosiva de ignorancia y arrogancia, el manejo caótico de su equipo y sus familiares, el desprecio a las ciencias, y sobre todo el propósito supremo de evadir costos políticos. O sea, ha puesto en riesgo a millones por sus intereses personales y políticos. (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 21)
Hace once años, cuando una epidemia de influenza pegó a México y al mundo, un gobernante tuvo el valor de frenar la actividad económica de la capital del país para proteger a sus ciudadanos, sin importar el costo político y económico: Marcelo Ebrard.
Por recomendación de su entonces secretario de Salud, Armando Ahued, decidió parar las clases, limitar las reuniones públicas y hasta cerrar las salas de cine, entre otras cosas. Aguantó la presión de empresarios y comerciantes e impuso el polémico “toque de queda”. (Adrián Rueda, Excélsior, Comunidad, p. 19)
Población vulnerable
Vaya tarea tienen enfrente las autoridades respecto a los adultos mayores, la población más vulnerable frente al COVID-19. Si bien el subsecretario Hugo López-Gatell dijo que esta población debe evitar salir lo menos posible, hay actividades, como ir a un recital, una misa o un mitin político, que representan todo un reto. La gente sigue asistiendo a eventos “masivos”. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA 2, p. 2)
CUENTAN que los hermanos Felipe y Daniel Romero Siekman andan muy activos en la política, pero no en la mexicana. Como una especie de consultores, formaron parte del equipo que llevó a la Presidencia de Guatemala a Alejandro Giammattei.
DICEN QUE su papel fue conseguirle hartos recursos al candidato derechista. Lo que no se sabe es bien a bien cómo le hicieron. ¿Será que se apoyaron en los contactos de su padre, el diputado y ex gobernador Juan Carlos Romero Hicks? Es pregunta. (Templo Mayor, Reforma, Opinión, p. 8)
Trump debió ser el primero en demostrar la importancia de mantener las distancias sociales y la higiene, pero optó por lo contrario
Hasta finales del año pasado, parecía que la elección presidencial en Estados Unidos se definiría desde dos grandes temas: el buen rumbo de la economía y el desprestigio personal de Donald Trump. Desde hace meses, Trump ha apostado a que el bajo índice de desempleo y otros indicadores similares serían suficientes para contrarrestar sus paupérrimos índices de aprobación. Los demócratas apuntan hacia el escenario contrario: explotar una y otra vez la impopularidad del presidente para convertir la elección en un referéndum sobre la persona al mando, no sobre el rumbo de la economía. El resultado de la confrontación de esas dos narrativas concluiría con el triunfo de Trump o la elección de un demócrata. (León Krauze, El Universal, Nación, A8)