Al anunciar la Casa Blanca el cierre parcial de la frontera, el pasado viernes 20 de marzo, el secretario de Salud de Estados Unidos, Alex M. Azar II, señaló “cuando los migrantes llegan a nuestras fronteras sur y norte significa un incremente en nuestros riesgos de salud… estos migrantes están esparciendo el virus a otros migrantes, a nuestros agentes de CBP, a nuestro personal médico y a la población en general”.
Lo que Trump y su equipo diplomático y de salud se callaron es que en ese momento la cifra oficial de infectados en Estados Unidos era de 16, 600 personas y en México y el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) de sólo 204 casos. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Opinión, p.36)
Hugo López-Gatell subsecretario y vocero del gobierno mexicano para la pandemia no suele responder a quienes le critican en redes sociales. Pero es visible que está muy atento a lo que se dice. “Se supone que me tenía que regañar el Dr. Tedros porque la OMS decía que hay que hacer contención y que yo estaba aferrado con que solo mitigación. Nada me quita el sueño, son los escenarios esperables de una epidemia. Esta vez, literalmente, aquí y en China”.
Va también contra otros presidentes: “Empezamos a recibir el embate de ‘¿cuándo cierran la frontera y el aeropuerto? Ya no dejen bajar a los chinos’. Quiero disipar cualquier duda respecto a esta idea fantasiosa de que las epidemias se controlan cerrando las fronteras”. (Peniley Ramírez, El Universal, Opinión, p.2)
Personalmente comprometido a activar mecanismos que posibiliten el retorno a México de cientos de connacionales que a consecuencia del estallido de la crisis del coronavirus/COVID-19 quedaron “atrapados” en otros países, Marcelo Ebrard Casaubon parece estar comenzando a chocar con una problemática mucho más compleja a la prevista, agravada por políticas de “contención sanitaria” y “toques de queda” de gobiernos extranjeros e, incluso, por la inexperiencia y falta de sensibilidad de algunos de sus colaboradores más cercanos, para el cumplimiento de tal oferta.
Lo que apenas ahora mismo ocurre en Honduras con algo más de un centenar de mexicanos que se encuentran varados, 66 de ellos misioneros católicos de la organización Laicos Servidores de la Palabra, que viajaron a la nación centroamaericana para realizar actividades de apoyo —atención a enfermos, educación de niños y/o desarrollo de alternativas de organización y acción social— en comunidades de alta marginación, es un ejemplo de ello. (Enrique Aranda, Excélsior, Opinión, p.16)