Donald Trump.- El presidente de Estados Unidos ahora prevé firmar una orden ejecutiva que, ante la pandemia de COVID-19, suspenderá por un plazo inicial de 60 días la inmigración legal a su país. Dicha medida ha causado gran repudio entre diferentes comunidades del vecino país, que lo han calificado como racista y xenófobo. (La Crónica de Hoy, Opinión)
Uno de las cosas que más extrañó cuando Andrés Manuel López Obrador conformó su gabinete fue que a Horacio Duarte Olivares no lo hubiera ubicado en el gabinete al frente de alguna Secretaría o, cuando menos, al menos al frente de alguna paraestatal.
Pero la capacidad y la solidez de Duarte se hicieron sentir desde esa posición aparentemente menor (aunque tuviera a su cargo el Programa de Jóvenes construyendo el futuro) en momentos críticos de la 4T. La crisis de los migrantes fue uno de ellos.
El texcocano fue enviado en apoyo de Marcelo Ebrard para tratar de controlar y encauzar el problema dentro del territorio nacional.
Logró hacer una buena mancuerna con el canciller y su equipo, y se convirtió –desde diciembre pasado- en responsable del Plan de Atención a Migrantes en la frontera Norte.
A partir de entonces, Horacio Duarte se ganó un espacio en las reuniones del gabinete de Seguridad de las seis de la mañana en palacio nacional. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p. 6)
Aún hasta hace mes y medio, cuando tanto Elizabeth Warren como Bernie Sanders mantenían un pulso con Joe Biden por la nominación en la primaria Demócrata, era entendible que a algunos en México les alarmase una candidatura enarbolada por cualquiera de los dos senadores: en el caso particular de Sanders (y me incluyo como uno de los consternados), por su intención manifiesta de renegociar el TMEC, su oposición inmutable al TLCAN y las posiciones que ha mantenido en el pasado en temas e intereses fundamentales para México en Estados Unidos como son la reforma migratoria y el control y la regulación de armas.
La aprobación del TLCAN en 1993, el paquete financiero de 1994, la eliminación del proceso unilateral de certificación legislativa sobre drogas en 2001, el apoyo a la iniciativa de ley bipartidista Kennedy/MCain para la reforma migratoria en 2007, o la construcción de un andamiaje de cooperación en seguridad, inteligencia y procuración de justicia desde el Senado y luego el Ejecutivo. Del otro, Trump y su política de chantaje, embestida, diatriba, emboscada y contaminación permanente de la relación con México, con el caminito que encontró y que ya se aprendió de amenazar con medidas unilaterales punitivas para obtener concesiones en la agenda con su vecino al sur. Ya lo hizo con la migración y el comercio, y de ahí se siguió con el narcotráfico y el terrorismo.
Alcanzada la renegociación del TLCAN, a éste lo único que le importa con relación a México son los temas de seguridad fronteriza, la migración y ahora el trasiego de drogas ilícitas y del fentanilo en particular. Fuera de esos asuntos que forman parte de su narrativa política-electoral frente a su voto duro, Trump no va a levantar ni el meñique para defender en México las premisas de una democracia liberal y de un sistema de pesos y contrapesos. Todos estos temas le importan un reverendo pepino a Trump. (Arturo Sarukhán, El Universal, Opinión)
El Estado mexicano va a salir debilitado de este trance. La crisis económica que se viene va a generar unas restricciones presupuestales mayúsculas en todos los ramos, incluyendo el de seguridad y justicia.
La relación con Estados Unidos se va a volver más compleja. Es posible que la pandemia deje como legado un endurecimiento estructural de nuestra frontera común. Eso probablemente signifique, con o sin Trump en la presidencia estadounidense, crecientes fricciones tanto en el tema migratorio como en el de seguridad. (Alejandro Hope, El Universal, Nación)
El comandante supremo, López, apuesta el futuro de México a las “glorias” pasadas del petróleo, para ello se apoya en una Secretaría para el Desarrollo Nacional, mejor conocida como Sedena, que, en sus ratos libres, se disfraza de Guardia Nacional. Insiste en construir su línea defensiva en un modelo que, si bien en este 2020 no es obsoleto, ignora que el mercado internacional está haciendo avances tecnológicos a pasos agigantados, para ello, además, ha hecho uso de la fuerza, porque el Ejército representa la fuerza pública, según las leyes mexicanas, en todos los flancos donde le ha sido posible.
Las Fuerzas Armadas están a punto de ser rebasadas, no por el enemigo, sino por el escritorio. Tienen demasiados frentes abiertos: contra el crimen organizado, contra el COVID-19, contra los migrantes, contra Santa Lucía, contra los Bancos del Bienestar, contra el Tren Maya, contra el Desarrollo de México. No se malinterprete, yo confío en la capacidad de las Fuerzas Armadas, pero, como he sostenido muchas veces, un soldado no causa alta para convertirse en policía, mucho menos en albañil o, peor aún, guardia de seguridad. (Daniel Gómez – Tagle Hernández, Excélsior, Coronavirus alerta, p. 10)