El Gobierno de México ha optado por privilegiar la salud con un enfoque de derechos humanos, sobre todo de los más vulnerables.
Para la población en condición de migración, se trabaja progresivamente en posibles alternativas al alojamiento a migrantes y refugiados; se analizan criterios y procedimientos de alternativas para menores no acompañados en la Ciudad de México y la liberación de personas solicitantes de la condición de refugiado, así como en propuestas liberación de personas privadas de la libertad, y para garantizar la no incineración de cuerpos sin plena identificación.
El reto, una vez concluida la emergencia sanitaria, será garantizar los derechos económicos y sociales de las personas, y por ello se trabaja ya en los foros multilaterales. Parte de este esfuerzo fue la presentación por parte del Gobierno de México ante la Asamblea de las Naciones Unidas de la resolución para garantizar el acceso global a medicamentos, vacunas y equipo médico frente a la pandemia actual, que fue aprobada con 93% de los votos. (Martha Delgado, La Razón, México, p. 10)
En el Plan Nacional de Desarrollo no hay nada concreto, dos o tres frases: alentar la inversión, fortalecer el mercado interno, crear empleos. El motor es el mercado norteamericano. Nadie está pensando en una integración política. Porque la frontera es el recurso básico, indispensable, del sistema productivo de la región. La frontera es lo que permite consumo masivo en los dos lados, mano de obra barata, migración indocumentada, envío de remesas, explotación “flexible” de los recursos naturales, y más: la frontera en sí misma es fuente de ingresos, genera ganancias.
La frontera es una pieza fundamental de la integración. Por sus características geográficas e institucionales, a la porción mesoamericana del territorio le corresponde parte de la industria pesada y sobre todo la actividad extractiva —y algo de turismo (por eso el Tren Maya es la opción para la península de Yucatán). (Fernando Escalante Gonzalbo, Milenio Diario, Política, p. 12)
Leo sobre el monto de las remesas de los migrantes a sus familias, que en este momento de crisis significan una gran ayuda para la economía nacional, me parece que es el gesto de gratitud más grande que pueda existir: no obstante haber sido expulsados de su patria por falta de oportunidades y vivir en un país extraño en condiciones precarias, convierten su esfuerzo y sacrificio en fuente de recursos en esta su nación y tanto, que me atrevo a proponer a los condóminos del Centro Urbano Presidente Alemán, quienes cada noche entonan sus cantos en honor del personal médico que lucha por salvar vidas en la pandemia de Covid-19 y a quienes tan bien se refiere Ortiz Tejeda en su más reciente columneta, que incluyeran alguna de estas noches a nuestros migrantes, sería una linda forma de resaltar y agradecer su esfuerzo. (Benjamín Cortés Valadez, Correo Ilustrado, La Jornada)