Hace 14 años, en septiembre de 2006, los senadores Orrin Hatch de Utah y Richard Durbin de Illinois propusieron una ley, llamada por su acrónimo DREAM Act, en español sería la Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros. Y a sus posibles beneficiarios les llamaron dreamers.
Se trataba de dar alivio y cierta seguridad legal a los jóvenes que habían llegado siendo pequeños con sus padres y se habían educado y socializado en Estados Unidos. El argumento principal de la ley era que se trataba de personas que habían cruzado ilegalmente la frontera, pero que legalmente no eran responsables por ser menores de edad cuando eso ocurrió. En todo caso, sus padres eran los culpables.
Muchos de estos niños llegaron como parte de un proceso de reunificación familiar que era consecuencia de otra ley, llamada IRCA, que legalizó a 3.2 millones de migrantes indocumentados. En muchos casos, se trataba de migrantes solos que tenían a sus familias en sus países de origen y que al ser ellos legales, optaron por traer al resto de su familia por la vía irregular.
Así se formaron las llamadas familias con estatus migratorio mixto, donde el padre o la madre son legales, los hijos mayores son indocumentados y los menores ciudadanos. Otros casos, fueron migrantes que llegaron con sus hijos menores a Estados Unidos y todos estaban en calidad de indocumentados. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión)
Dos derrotas técnicas ha sufrido el presidente Donald Trump. Entre otras, el fracaso de su política extremista sobre el abasto de gas a Europa. Y, la más reciente, la negativa de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos a la suspensión del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).
La salvación para los y las dreamers es un respiro, es un sueño temporal, pues lo que cuestiona el supremo tribunal no es que no se devuelva a su patria a cientos de jóvenes, sino que, Trump actuó arbitrariamente y por capricho.
Home is here es el lema que enarbolan los inmigrantes que llegaron desde su niñez. La suspensión del DACA viola el derecho de vivir en el país de asentamiento, donde crecieron y han estudiado, donde sus padres y madres contribuyen a la economía.
El supremo tribunal pone fin, por un tiempo, a la amenaza oficial de deportación masiva de inmigrantes. Amenaza que serviría para fortalecer la campaña presidencial republicana. De todas formas, el DACA se perfilaría como un botín polí-tico tanto para los republicanos como para los demócratas. (Antonio Gershenson, La Jornada, Opinión)
Consulados de México en Estados Unidos pidieron a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) reconsiderar el uso de mensajería y paquetería diplomática, conocida como valija diplomática, para el envío, entre otros, de cenizas, valores y bienes de connacionales en el exterior hacia el territorio mexicano.
La valija diplomática, advirtieron representaciones diplomáticas, funciona no sólo para el envío de cenizas de mexicanos que mueren fuera del país, también para valores y pertenencias de connacionales.
Las representaciones diplomáticas consideraron que tras la decisión de la Dirección General de Bienes, Inmuebles y Recursos Materiales de la SRE de disminuir el uso de la llamada valija diplomática por cuestiones de austeridad, parte de las labores de asistencia consular se darán en el traslado de las cenizas de los deudos.
“En cumplimiento del compromiso de la Presidencia respecto al traslado de mexicanos fallecidos en Estados Unidos, se recurría a la valija diplomática para dicho fin y así poder optimizar los apoyos económicos otorgados a los familiares, que a su vez estarían en posibilidades de cubrir un mayor porcentaje de los precios de servicios funerarios. (Ariadna García, El Universdal, Opinión)
Tal vez cuando usted escucha “personas refugiadas” se imagina a habitantes del Medio Oriente, huyendo de las guerras que azotan a esa región en convoyes de Naciones Unidas. O su mente puede irse hacia el Mar Mediterráneo, con embarcaciones repletas de personas de origen africano, corriendo grandes riesgos para escapar de la represión. Quizá la palabra le recuerde a las personas que, sorteando grandes peligros, llegan caminando en caravanas a la frontera sur de México.
En cualquier caso, usted tal vez está pensando en víctimas de situaciones de guerra, de violencia, de hambre o de persecución política. Y sí, su intuición es correcta: las personas refugiadas no emigran porque tengan ganas de dejar su país, o simplemente porque piensen que van a encontrar mejores empleos en otro lado. Son personas que se desplazan contra su voluntad, o, como dice la Convención de las Naciones Unidas Sobre el Estatuto de los Refugiados, son personas que, debido a fundados temores de ser perseguidas “por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”, tienen que salir de su país forzosamente. No tuvieron elección para salvar su vida.
Pero, contrario a lo que muchas veces nos imaginamos, las personas refugiadas son una fuerza que aporta a la economía, la sociedad, la academia, las artes y las ciencias en los países que les abren las puertas. Las y los refugiados españoles, argentinos, chilenos, sirios, venezolanos, colombianos, haitianos y de muchas nacionalidades más que han llegado a México a lo largo de las décadas han formado comunidades vibrantes, con destacados integrantes en todos los ámbitos. México, sin duda, es un país más diverso y más rico gracias a ellas y ellos. (Ana Lorena Delgadillo, El Universal, Opinión)